Críticas
Reversión: Volver a lo de antes

Stills de 'Reversión'. ©AF Films. Montaje: ©Cine con Ñ
Estamos en el año 2007. Reversión sigue la vida de Mario, un joven de 27 años que se prepara unas oposiciones mientras lidia con algunos problemas de salud mental que le mantienen medicado. Una noche, tras mudarse con su familia a una casa nueva en la que empiezan a ocurrir cosas extrañas, su hermano es secuestrado. Diez días después, su hermano vuelve a casa sin recordar nada del secuestro y actuando de forma distinta. Mario empieza a sospechar que algo muy turbio está pasando.
Película capitaneada por AF Films, la productora de Frank Ariza que en 2025 ha protagonizado un gran crecimiento en la industria audiovisual española. El propio Ariza es guionista principal de Reversión, que es una versión española —un remake, vaya— de la coreana Forgotten (2017) y que ha dirigido Jacob Santana, profesional veterano que debuta ahora en el puesto de director.
Reversión es un thriller psicológico de los de varios giros y enganche a la trama. En cierta forma puede recordar al cine deOriol Paulo — sobre todo aEl cuerpo (2012)— pero le falta una línea más clara y menos cargada (sobre todo en un arranque que desbarata parte de su efecto) para que sus juegos de ingenio funcionen como divertimento. Aun así, su segunda parte gana en fluidez y tiene sus momentos inspirados de ambientación para que no se sufra.
Revertir a los 2000

Una de las cosas que llaman la atención de Reversión es que tiene corte de película de los 2000. Tiene sentido (la película se ambienta en el año 2007) y es evidente que han buscado apelar a ese estilo de la época. Se ve en el tratamiento de la imagen, valores de producción (arte, decorado, vestuario…) y en el tono de las interpretaciones.
Es una pena que la película no vaya más por allí, porque tiene cierto encanto esa forma de destacar, entre lo nostálgico y lo estereotipado, un cierto espíritu de la década. De hecho, le habría venido muy bien para establecer una cierta distancia con el material. Así, aceptando su condición de artefacto puro de guión y juego, la película habría sido mucho más disfrutable.
Reversión y otras tensiones del montón

Pese a que tenía un referente claro en la original, Reversión se complica la vida innecesariamente. El error principal es meter desde el inicio una dimensión de extrañeza, tensión y oscuridad. Eso ya anticipa demasiado lo que va a ocurrir en una película en la que todo va de sorprender con el argumento. Estamos en un plano muy incómodo desde el minuto 0, trufado además por momentos de terror inmediatos que lastran la progresión de la historia y el efecto del giro. En Forgotten (disponible en Netflix) esto estaba mucho mejor planteado: empezar desde una cierta luz, una normalidad cotidiana, para ir enrareciendo la trama. Si todo ya es raro, poco se puede enrarecer. Efecto perdido.
La segunda parte de la película mejora sustancialmente en uniformidad y solidez narrativa, con un objetivo y unos raíles claros. Así se llega a un clímax final bastante más entero, en el que la atención que le ha puesto Jacob Santana a la ambientación se nota un poco más en pantalla y deja un cierto poso que sí va a favor de la tragedia del personaje de un Jaime Lorente que, pese a que igual no siempre le sale la mejor secuencia, no se puede decir que no se esfuerce al máximo por conseguirla.
Por ir dejando la medicación: Reversión es un entretenimiento pasable y hasta con buenas secuencias (destaca la de la persecución en el mercado, que esa sí gana a la original), pero que podría haber sido mucho más disfrutable si hubiese abrazado de verdad su halo dosmilero y hasta de producto de casi serie B para el mercado hispanohablante. Pero sus malas decisiones tonales y de género (aquí el terror pinta poco) la lastran demasiado como para que sus inconsistencias evidentes sean mucho más habitables y perdonables.
Dónde ver

Arturo Tena