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De la infrarrepresentación al techo de cristal del largo: tomando el pulso al cine LGTBIQ+ español

En la última década, el cine patrio ha incrementado en sus historias la presencia de las diversas opciones sexo-afectivas e identidades de género. La sensación predominante de sus creadores, no obstante, señala que aún queda mucho camino por hacer

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A pesar del avance en materia de políticas de diversidad sexo-afectiva y de género en España, la visibilidad LGTBIQ+ en el cine español está en mínimos. Los mínimos actuales no son los mismos que los de hace 15 años, cuando se acababa de aprobar la Ley 13/2005 que reformaba el Código Civil para permitir el matrimonio igualitario, pero, si nos atenemos a las cifras de presencia LGTBIQ+ en ficciones y no-ficciones audiovisuales, cabe reconocer que los datos son frustrantes.

El recién presentado tercer informe del Observatorio de la Diversidad en Medios Audiovisuales (ODA) sobre la representación de personajes LGBTIQ+, con discapacidad y racializados en la ficción española de 2021 arroja datos reveladores. En materia de producción fílmica de ficción, el informe recoge que “el porcentaje de personajes del colectivo ha crecido significativamente”, pero no están distribuidos de manera equitativa, ya que «el 63% de todos los personajes LGBTIQ+ pertenecen únicamente a 3 películas de las 51 analizadas: ¡CORTEN!, Poliamor para principiantes y Donde caben dos».

Si bien las cifras recogidas por el ODA se refieren solo a las ficciones del año pasado, el panorama apenas difiere del de 2020, del mismo modo que el de 2022 tampoco va a suponer un giro copernicano de la situación en relación con la del año previo, a tenor de las impresiones que al respecto del cine LGTBIQ+ español manifiestan creadores y creadoras del colectivo, recogidas por Cine con Ñ.

Dos cuestiones clave aparecen en la conversación con diversos agentes del ecosistema fílmico LGTBIQ+ español sobre el estado del cine queer y/o preocupado por las representaciones LGTBIQ+ realizado dentro de nuestras fronteras. La primera, la infrarrepresentación de estas realidades en el cine, sea ficción o no ficción. La segunda cuestión, los techos de cristal. Sobre estos dos escollos y otros aspectos exponen, desde su experiencia, el statu quo creativo y de la industria en el ámbito de la diversidad.

Nuevas voces LGTBIQ+, nuevos caminos del cine español

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‘La amiga de mi amiga’, de Zaida Carmona

Mónica Rovira, Marc Ferrer, Adrián Silvestre, Jesús Pascual, Enric Ribes, Zaida Carmona, David Moragas o Alba Cros, entre muchas otras nuevas voces, forman parte del actual relevo generacional que está alimentando el cine español con historias LGTBIQ+. Esta mirada autoral se ha ido incorporando a la producción independiente a lo largo de la pasada década –sumándose a títulos como 80 egunean (Goenaga y Garaño, 2010), Ander (Roberto Castón, 2009) y a nombres como el de Valeriano López, Albacete y Menkes, Inés París, el Lluís Miñarro cineasta o, en una generación anterior, Ventura Pons y Pedro Almodóvar-, y, con ello, creando nuevos relatos sobre el colectivo.

Entre 2021 y 2022, esta nueva ola ha estrenado sus obras o están a punto de hacerlo, ya sea pasando por festivales o en salas. Jesús Pascual logró en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el Premio a la Mejor Película de la sección Panorama Andaluz con ¡Dolores, guapa!, un documental que ahonda en la expresión de la religiosidad popular en Andalucía por parte del colectivo LGTBIQ+ y las identidades disidentes, que se estrenó en salas el pasado mayo.

Del mismo modo, Enric Ribes, Zaida Carmona y David Moragas participaron en el D’A Film Festival con varios trabajos. El primero presentó el documental de autor Cantando en las azoteas, en salas desde el pasado 1 de julio, que sigue a Gilda Love, mítica transformista de los años dorados del Barrio Chino barcelonés y casi la última de una estirpe de artistas de un fenómeno cultural en vías de desaparición.

La comedia romántica ‘bollera’ La amiga de mi amiga, el debut en la ficción de Carmona, es uno de los hypes indies del año y, tras su éxito en el certamen barcelonés, premio de la sección Un Impulso Colectivo incluido, llegará a salas en otoño; mientras que Moragas fue reconocido con el Premio del público al mejor cortometraje del festival con la aproximación romántica intimista que protagoniza Demà ho deixem.

Por el Festival de Málaga pasó Juana la Lorca, del veterano Valeriano López, protagonizada por el artista transformista Juan Moreno y un viaje reivindicativo de la sexualidad homosexual lorquiana, para estrenarse en salas seleccionadas desde su paso por el certamen. Silvestre, por último, está labrándose un estupendo recorrido internacional con Mi vacío y yo, una autoficción protagonizada por Raphaëlle Pérez que llegará a salas el 9 de septiembre y continua el sólido trabajo del documental del autor de Sedimentos (2021), que ahondaba en los anhelos vitales de seis mujeres trans.

Cantidad y ¿calidad de la diversidad?

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‘¡Dolores, guapa!’, de Jesús Pascual

No obstante, y como confirman los datos del informe de la ODA, el cine sigue sin reflejar la diversidad sexo-afectiva y de género de la realidad española. El número de creadores y de historias LGTBIQ+ aumenta, pero sigue siendo escaso. «Se están generando nuevas miradas», explica Carmona en relación con el estado actual del cine preocupado por la representación del colectivo LGTBIQ+, pero, añade, «siguen faltando referentes». «Que solo sean tres las voces del colectivo en vez de una es un salto, pero siguen siendo pocas», insiste para recordar que, en el caso del lesbianismo, «la representación siempre ha sido desde la mirada exploit».

Cantidad, en este sentido, no suele ser sinónimo de calidad. Sobre esta cuestión Jesús Pascual, reflexiona: «Hoy sí hay más referentes de cuando yo era pequeño, pero es importante pensar en las historias, en qué representación del colectivo LGTB+ queremos hacer». El cineasta cree que hay que ir más allá de los relatos habituales asociados al colectivo -las historias dramáticas de iniciación y de salida del armario, por ejemplo- y pensar historias más complejas con personajes «menos monolíticos» y «menos angelicales».   

«El cine independiente siempre está sufriendo las consecuencias de la crisis del momento»

Para Valeriano López, «el cine más industrial sí está incorporando identidades LGTBIQ+, aunque de manera más estereotipada». El artista granadino considera una buena noticia la suma de nuevos públicos, pero lamenta que las historias giren siempre sobre lo mismo, «estereotipos escabrosos, de rechazo, de mala vida y sufrimiento». En el fondo, continua, «no hay reflexión sobre lo queer».

Igual de crítico se muestra Moragas, quien considera que el cine actual español está constreñido a unos códigos de representación muy concretos. «En España hay una línea editorial. Es algo sistémico y condiciona el cine que hacemos. No necesariamente el cine queer» cuenta. «El cine independiente», añade Moragas, «siempre está sufriendo las consecuencias de la crisis del momento».

Sus palabras se alinean con las declaraciones del periodista Borja Terán durante la presentación del informe de la ODA el 6 de julio cuando ha manifestado su preocupación sobre el estado actual del cine independiente LGTBIQ+: «Nos estamos perdiendo una gran cultura independiente con diversidad de autores real porque estamos dejando que se invisibilice el cine independiente», señalaba en el acto el periodista.

El salto al largo: el gran escollo

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‘A stormy night’, de David Moragas

Los lamentos de Moragas sobre lo que considera «un cine independiente conservador» abren la puerta a la reflexión sobre lo mucho que les cuesta a muchos de los creadores y creadoras LGTBIQ+ dar el salto al primer largometraje o continuar con un segundo largometraje, y el desgaste que todo ello supone. Moragas, cuyo primer largometraje A stormy night tuvo una muy buena recepción en los circuitos indies, señala como techo de cristal el cuello de botella del largometraje en España: «El ámbito del largo no se corresponde con la diversidad que sí existe en el cortometraje».

Tanto los datos como las fuentes consultadas confirman que la verdadera anomalía del cine LGTBIQ+ español es la escasez de largometrajes sobre el colectivo. Repasar los diversos intentos previos de la historiografía o desde la crítica y la academia por cartografíar el cine queer español, y por tanto, establecer un canon, también confirman lo que podría entenderse como una resistencia histórica de la industria del cine a la hora de hablar de estas realidades.

Jorge Vaño, co-coordinador junto a Jorge Humberto Gil de FIRE LAB!!, laboratorio de desarrollos de proyectos de Mostra FIRE!!, veterano festival de cine LGTBIQ+ organizado por el histórico Casal Lamda de Barcelona, expone la situación de manera clara y meridiana: «Nos cuesta mucho programar cine LGTBIQ+ español porque hay una baja producción». Vaño explica que ese es el motivo por el cual, desde las últimas dos ediciones, se celebra el FIRE LAB!!, cuyo principal objetivo es el desarrollo de largometrajes sobre el colectivo y sus realidades.

No es la única iniciativa por parte de los festivales especializados para apoyar a las nuevas autorías fílmicas LGTBIQ+. El festival madrileño LesGaiCineMad lleva tres ediciones organizando el QueerCineLab, abierto a títulos en fase de preproducción, largos y cortometrajes; mientras que Zinegoak tiene en funcionamiento la sección profesional ZGPRO/WIP. Los tres certámenes son los únicos espacios dedicados al asesoramiento específico de proyectos LGTBIQ+ estatales y colaboran entre ellos para promover el buen desarrollo de los trabajos que apoyan.

«Hay cineastas que quieren contar sus historias, pero no llegan»

Del mismo modo, espacios de asesoramiento y desarrollo de cine independiente como Abycine Lanza, The Screen, Mafiz–Festival de Málaga, las Residencias de la Academia del Cine Español o su Campus de verano, un nuevo programa que acaba justo de arrancar en Valencia su primera edición, siguen una tendencia similar y cada vez son espacios más inclusivos a las historias que muestran la diversidad sexo-afectiva y de género y con cineastas LGTBIQ+.

«Las historias están ahí. Hay cineastas que quieren contar sus historias, pero no llegan», señala Vaño, quien detalla que, en su primera convocatoria, FIRE LAB!! recibió 37 propuestas; un número que aumentó hasta 41 en su segunda edición, celebrada este 2022. Como aspecto relevante, recuerda la infrafinanciación con la que salen adelante las propuestas: «Muchas de estas películas son muy underground, hechas en el marco de la universidad, como trabajos académicos, o mediante crowdfunding, y eso es algo de la industria que nos preocupa».

En busca de más y otras historias LGTBIQ+

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‘Las infantas’, de Andrea Herrera Catalá

«Si no tienes historias no eres nadie. Y la comunidad LGTBIQ+ tiene historias, pero no se han contado», afirma Almudena Monzú, cineasta y tercer vértice de la productora Amor y lujo, conformada también por Andrea Herrera Catalá y Javi Ferreiro, que se está haciendo un espacio propio gracias a sus producciones centradas en historias del colectivo o de identidades no normativas.

Entre sus trabajos, el documental Passion, de Maja Borg, sobre los paralelismos emocionales entre la práctica del BDSM y la del cristianismo, presente en numerosos festivales internacionales, o el cortometraje Las infantas, de Herrera Catalá, a concurso en Toronto, Seminci y candidato al Gaudí al mejor corto de 2021. En desarrollo se encuentra la serie Picadero, thriller detectivesco que dirigirá Isabel Coixet, y el documental Alteritats (Otredades), de Alba Cros y Nora Haddad, que investiga sobre la diversidad de la expresión sexo-afectiva del lesbianismo.

Amor y lujo, cuyas fundadoras y trabajadoras no sienten que operan en una «productora activista» dentro del cine LGTBIQ+ español, puede verse como ejemplo de que hay caminos abiertos. Por supuesto, existen las dificultades y las dudas, y Monzú las expresa frontalmente -«estamos instaladas en la tensión de crear audiovisual LGTBIQ+ y el alcance universal de esas historias», confiesa-, pero no hay duda de que poco a poco se van abriendo vías.

«El reto es que estas historias no se sientan que están metidas con calzador»

De nuevo, no obstante, aparece el gran reto que el cine tiene por delante en materia de representación LGTBIQ+: «Es una obviedad que cada vez hay más presencia, pero el reto es que estas historias no se sientan que están metidas con calzador», dice Monzú. “Es algo que sucede cuando alguien que no pertenece al colectivo salpimienta sus historias para darle ese toque diverso, lo que no deja de ser una visión muy superficial».

«Otro riesgo», continua, «son las visiones paternalistas de los personajes que pertenecen a una minoría. Es fácil caer en la tentación de ser muy buenos con estos personajes, porque ya es tan jodida la realidad que empiezas a ver al personaje desde su condición de minoría oprimida y no desde su condición humana».

Categorías sin limitaciones

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‘Juana la Lorca’, de Valeriano López Domínguez

Sobre este proteccionismo a la hora de imaginar ficciones LGTBIQ+ también alerta Jesús Pascual, en tanto que coarta la representación de la diversidad sexo-afectiva y de género: «Me encantaría que se trataran los problemas del colectivo gay en toda su profundidad y que los personajes no fueran meros arquetipos”, indica para enseguida poner sobre la mesa un aspecto controvertido del que no se habla: «Me gustaría que en el cine se tratara la misoginia que existe entre el colectivo, por ejemplo».

«Cada vez hay más posibilidades, pero es cierto que estas se dan en los circuitos más marginales e independientes», reflexiona Valeriano López. Optimista y combativo, confía en que la valentía del cine a la hora de representar las identidades LGTBIQ+ se traduzca en una valentía en el lenguaje cinematográfico, y apuesta por la normalización que ha de venir con las nuevas generaciones, que viven el género y las opciones sexo-afectivas «de manera más tranquila».

«La gente se sorprende porque mi película es una comedia sobre lesbianas. ¡En 2022!»

«Mi visión es optimista», cuenta Zaida Carmona, «aunque me llama muchísimo la atención que la gente se sorprenda porque mi película es una comedia sobre lesbianas. ¡En 2022!». Con todo, y pese a la expectación que ha creado su ópera prima, la directora, guionista y actriz tiene los pies en la tierra: «No hay que dejar de lado la realidad una vez pasada la frontera de la primera película. ¿Qué pasa con la segunda o la tercera, que suelen ser más elaboradas y por tanto más complejas? Es importante continuar, porque los referentes jamás van a sobrar».

Moragas comparte opinión con Carmona sobre continuar buscando un lugar y creando referentes, aunque su reflexión final es algo más escéptica. «El proceso creativo de una ficción audiovisual es un proceso muy lento y largo, y es imposible que el cine sea capaz de tomarle el pulso a las dinámicas de la sociedad». «Yo siempre apuesto por el público», concluye con confianza.

«En el caso de Amor y lujo» cuenta, finalmente, Monzú, «la diversidad forma parte de nuestro mundo». Su intención es «no ser adalides de nada» y confían en el poder de la ficción para llegar y emocionar a los demás. «Simplemente queremos compartir nuestras historias con otros seres humanos, con buenos personajes, heteros o LGTBIQ+, pero buenos personajes. Habrá categorías, pero nosotras queremos que no sean limitantes. Queremos hacer lo que nos dé la gana con ellas».

Foto de portada: Mi vacío y yo, de Adrián Silvestre.

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