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¡Dolores, guapa!: Esta es mi madre y esta soy yo

El documental de Jesús Pascual aborda la religiosidad popular en Andalucía Occidental desde los márgenes y tratando de explicar el origen de los tópicos

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¡Dolores, guapa! repasa la creación de la figura del «mariquita andaluz» o «mariquita sevillano» y su asociación a un determinado tipo de religiosidad popular expresada en Semana Santa. A través de entrevistas con vecinos, activistas y antropólogos, la película intenta desgranar los códigos mediante los cuáles diferentes expresiones culturales han permitido la integración o la infantilización de la homosexualidad, además del clasismo inherente a determinados tratamientos cómicos de la misma. También explora las identidades no normativas en la Semana Santa actual.

El documental de Jesús Pascual forma parte de la pequeña oleada de «cine cofrade» desde los márgenes que se ha dado en Andalucía en los últimos, del que sería uno de los ejemplos más rompedores pero que incluye comedias como Mi querida cofradía (2018), de Marta Díaz de Lope Díaz;  Por la gloria del hombre (2019), de Luis José Grande Septién, o Los Negros (2022), de Antonio Palacios. Su reconocimiento en el último Festival de Cine de Sevilla y un cierto reconocimiento crítico permiten hablar de una acogida que ha roto con los tópicos sobre intolerancia de otras épocas.

¡Dolores, guapa! se promociona en estos momentos con un cartel de diseño similar a los que utilizan las hermandades sevillanas para actos solemnes religiosos y el subtítulo ‘Historias maricas en la Semana Santa de Sevilla’. Por alguna razón inescrutable, posee la virtud de no provocar polémicas y al mismo tiempo conectar con un sector del público, al menos en Andalucía Occidental, que parecía desear un filme como este. Así, entre el documental que implica excesivamente a los responsables y pierde distancia y la energía de quien desea «traducir» un tema al lego, acaba teniendo todas las ventajas e inconvenientes más que salvables.

Crítica de ¡Dolores, guapa! sin encerrar a la Macarena

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El origen de ¡Dolores, guapa!, ya se ha contado, es el famoso vídeo viral de un grupo de jóvenes jaleando a una virgen en Martes Santo en un barrio de Sevilla. Convertido en meme, el director Jesús Pascual decidió abordar los temas que se reflejaban en él y que alguien ajeno a la Semana Santa sevillana (o andaluza, pero sobre todo sevillana) no podía entender. Lo curioso es que luego el documental tiene pocas concesiones con ese espectador ajeno y cargado de prejuicios homófobos o clasistas, y nos sumerge en el mundo de los célebres capillitas sin mucha piedad.

Lo que lo salva es la naturalidad de sus testimonios y la guasa juguetona con la que se llena el montaje, capaz de mantenerse en el límite delicado entre no ofender a un religioso estricto y transmitir la alta carga de sensualidad y juerga salvaje que subyacen bajo la religiosidad popular. Además, el tópico se desmonta fácilmente con el salto generacional: los jóvenes LGTBI criados con mayor libertad que los «mariquitas» del Franquismo viven su fervor y su sexualidad sin ver contradicción y sin más represión que la media.

Eso… en cuanto a la aceptación de las personas LGTBI o codificadas por su expresión de género como LGTBI en la Semana Santa -ya saben, la fina línea que separa ser mariquita de ser sevillano-, porque en cuanto al análisis antropológico en sí de la religiosidad popular en Andalucía Occidental no tiene piedad. Los antropólogos que aparecen en ¡Dolores, guapa! no están hablando solo ya de la codificación de lo no normativo en la España de otros tiempos, sino del secuestro de los símbolos de las clases populares y su imposición de vuelta en forma de control social.

Y aunque los protagonistas, los «mariquitas sevillanos», son retratados con respeto -quizás ternura, pero sobre todo en la distancia necesaria para verlos como seres humanos-, no se hurta el espacio de represión, infantilización y clasismo del que vienen. Las décadas en las que la religión sirvió como arma para canalizar la homofobia y el clasismo tienen su resultado en esos tópicos y es de lo que quiere hablar realmente ¡Dolores, guapa!, aunque le imprima una sana ironía. Ironía, además, en el sentido clásico: la que desmonta la solemnidad impostada del poderoso.

¡Dolores, guapa!, en fin, es un documental interesante por atreverse a tratar el tema que trata y por intentar ir más allá de la reivindicación facilona o la mirada condescendiente sobre el mismo que se aleja de ciertos tópicos culturales oficiales. Es posible que su público se encuentre más entre personas LGTBI que entre los capillitas de turno, pero el que se considere ajeno a cualquiera de los dos grupos probablemente le descubra bastante cuestiones que desconocía.

Imágenes: Fotogramas de ¡Dolores, guapa!

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