Reportajes
Los límites del ‘Cine Vecino’ o el dilema de cómo llevar el cine a los pueblos y, además, que sea de autor

Imagen promocional de la iniciativa Cine Vecino. ©Ministerio de Cultura - Gobierno de España
El pasado mes de mayo el Ministerio de Cultura presentaba su programa Cine Vecino, que este verano ya echa a andar en pueblos de toda España. Un proyecto para llevar el cine independiente de autor a municipios de menos de 10.000 habitantes, enmarcado en el Plan de Derechos Culturales, que se anunció como una vía para recuperar los «cines de pueblo» de toda la vida, de hecho presentado como un «programa de acceso al cine en zonas rurales», con un presupuesto de 747.000 euros durante dos años.
Una iniciativa que ha sido recibida con escepticismo por el sector de la distribución que ya trabaja en la ‘España vaciada’, y plantea la cuestión de qué significa llevar el cine al rural. Para Cultura la apuesta es por el acceso a una diversidad cultural, pero para las empresas gestoras de salas o cines itinerantes, cuya cartelera y cuota de pantalla es a escala la de los cines tradicionales de las grandes urbes, la prioridad está en los títulos de estreno y, sobre todo, disponer de la infraestructura física.
A preguntas de Cine con Ñ, Jazmín Beirak, directora general de Derechos Culturales del Ministerio de Cultura, señala que Cine Vecino surge para «recuperar la plaza del pueblo, el centro cultural o la casa de la cultura como espacios de encuentro» y con el objetivo de «democratizar el acceso a la cultura audiovisual y apoyar la oferta cultural de calidad en la España vaciada». Y añade que «independientemente del código postal, cualquier persona tenga la oportunidad de disfrutar de un cine que invite a la reflexión».


Jose A. Cano