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Sedimentos: Trans en el pueblo

Silvestre ha hecho una película de contrastes y diversa, que se acerca a sus seis protagonistas tanto en sus vivencias personales como en la relación que mantienen con su identidad de género

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Sedimentos es la historia de seis mujeres trans que deciden hacer un viaje y pasar unos días juntas en un pueblo leonés. Su identidad, su personalidad, sus vivencias y experiencias se mezclarán y chocarán durante esta experiencia colectiva. Una película de Adrián Silvestre (Los objetos amorosos) que llega a su estreno en la cresta de la ola: acaba de ser preseleccionada entre las 15 películas que optan al Goya al Mejor documental y de haber recibido la Espiga Arcoiris en la Seminci, además de otros premios en festivales internacionales.

La película se introduce en la corriente del cine de no ficción narrativo que tan bien están trabajando distintos cineastas españoles desde hace décadas. El paralelismo reciente y evidente se podría hacer con la película La Mami, que tiene a su directora también implicada en Sedimentos -Laura Herrero Garvín, esta vez desde la fotografía- y que demuestra, de la misma forma, que la realidad puede ser el mejor punto de partida para hablar de nosotros mismos.

Sedimentos ofrece un acercamiento sobre qué significa ser una mujer trans en España que no se veía en cine de forma tan amplia y verdadera desdeVestida de azul (Antonio Giménez-Rico, 1983). Silvestre ha hecho una película de contrastes y diversa, que se acerca a sus protagonistas tanto en sus vivencias personales como en la indisoluble relación que mantienen con su identidad de género. Lo hace de forma natural, sin apartar la mirada de los momentos incómodos y dejando que sea la humanidad de estas mujeres la que respire.

Sedimentos, el entorno y el discurso

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La película de Silvestre abandona el entorno de la ciudad, el habitual en los retratos trans en el cine, y se coloca en uno rural. No interesa tanto insertar a estas mujeres en una rutina urbana para ver problemas y contrastes sociales sino crear una experiencia íntima, intensa y de semiaislamiento fuera de ella. Sedimentos rompe el esquema mental asociado a estos espacios (la ciudad moderna e inclusiva vs. el pueblo tradicional y cerrado) y coloca a las 6 protagonistas en un entorno tranquilo y nada hostil en el que pueden estar juntas, expresarse sin cortapisas y relacionarse con el entorno.

A lo largo de estas vacaciones en común se tratan distintos temas, situaciones y conversaciones. Tanto con lo que quería tratar Silvestre como lo que se ve que surge naturalmente, las mujeres hablan entre ellas de su vida, su transición y sus inquietudes. Vienen de generaciones, lugares o pensamientos distintos, y se aconsejan, se apoyan y se pelean. Hay excursiones, encuentros y fiestas. Y nosotras, como espectadoras, estamos en medio de todo ello, viviéndolo como si fuéramos una más, sentadas en una de las sillas de la casa.

Emerge, como discurso de discursos, la idea que la experiencia de ser mujeres trans no se puede encerrar en una caja determinada, sino que es felizmente -y contradictoriamente- diversa. Pese a su experiencia común con su identidad de género, la idea del colectivo se expande y se hace más rica en esta diferencia. Al final, es el compromiso de querer contarse a ellas mismas y su empatía lo que las une. Todo se condensa claramente en el personaje de Cristina, que emerge como heroína y villana al ser la que está menos en sintonía con el resto y consigo misma.

En su naturalidad y empatía, Sedimentos es también una película muy divertida. Aunque se traten temas duros, Silvestre sabe mantener esa ligereza que tiene que haber en unas vacaciones. Hay bromas, pullas y situaciones muy graciosas. Quizá su gran mérito como director haya sido encontrar ese equilibrio entre los grandes temas (identidad, pertenencia, experiencias vitales…) con los más mundanos (una tarta de marihuana, un vaso que se cae, un repartidor…). Sin solemnidad, pero también sin resultar nunca superficial.

En los últimos compases, la simbiosis con la España Vaciada se cierra con una bonita decisión de una de sus protagonistas. El final de fiesta, en el que las raíces se funden en tolerancia con la identidad, termina de ponerle el lazo al mensaje de la película. Sedimentos es una bonita y simpatica experiencia cinematográfica y, a la vez, un documento social de primer nivel.


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