El Festival de Cine de Sevilla acaba de avanzar algunas de las películas que estarán en la Sección Oficial de su XVI edición en noviembre. Entre ellas tenemos un trío de películas españolas. La primera que se anunció fue Madre, de Rodrigo Sorogoyen, que se encargará de inaugurar el certamen el día 8 de noviembre, y ahora se conoce que Liberté, de Albert Serra, yLonga noite, de Eloy Enciso, también optarán a hacerse con el Giraldillo de Oro. Tres de las propuestas autorales con más trayectoria internacional del año para el cine español estarán en la capital andaluza para hacerse con el premio más importante.
Madre llegará a Sevilla lista para presentarse oficialmente al público en las salas de todo el Estado. Tras pasar por Venecia con un premio para su actriz protagonista, Marta Nieto, la inauguración en el Festival es el último paso antes de que se estrene en cines el día 15 de noviembre. Rodrigo Sorogoyen vuelve -siempre junto a Isabel Peña en el guion- a un drama más íntimo tras los thrillers Que dios nos perdone y El reinocon una secuela de su cortometraje del mismo nombre, que estuvo nominado a los Oscar. El duelo por la pérdida de un hijo en la cuarta película del director.
Fotograma de ‘Madre’, de Rodrigo Sorogoyen
Albert Serra vuelve al certamen andaluz un año después, edición en la que presentó su Roi Soleil en la Sección Revoluciones Permanentes. Ahora el cineasta catalán pasa al espacio de más visibilidad en el Festival con su Liberté, ganadora del Premio Especial del Jurado en la Sección Un Certain Regard de Cannes en mayo. Una nueva propuesta libre y extrema del autor que sucede, una vez más, en el siglo XVIII en Francia. Un grupo de libertinos huye del nuevo gobierno de Luis XVI proponiendo el libertaje como filosofía de vida y oposición al régimen.
La tercera gran representante del cine español en la Sección Oficial será Longa noite, la última película de Eloy Enciso. Como la otras dos, viene de tener reconocimiento en el circuito internacional: Boccalino d’Oro al Mejor Director en el Festival de Locarno para Enciso. El director de Meira, uno de los representantes más destacados de lo que se ha llamado como Novo Cinema Galego, repite en Sevilla como le ocurrió en 2012 con su anterior trabajo, Arraianos. Ahora en su tercera propuesta cuenta el regreso de un hombre a su pueblo tras el final de la Guerra Civil, con el conflicto entre vencedores y vencidos muy latente.
Fotograma de ‘Longa noite’, de Eloy Enciso
Estas tres no serán las únicas nuevas propuestas de nuestro cine en Sevilla hasta el momento. En la Sección Oficial fuera de concurso, el certamen ha programado ya Je te tiens, un cortometraje del artista español Sergio Caballero, fundador del Festival Sónar, que ya había pasado por la Quincena de Realizadores de Cannes con este viaje en coche de ciencia-ficción que protagonizan Ángela Molina y Virgina Rousse. Caballero, que ya tiene dos largos en su curriculum (La distancia y Finisterrae), tendrá una Sesión Especial dedicada por el Festival en la que se repasará su obra.
Otras apuestas españolas del 2019 tendrán proyecciones especiales en el certamen. Es el caso de Buñuel en el laberinto de las tortugas y de La inocencia. En el caso de la película de animación de Salvador Simó, la proyección llega después de su paso por los cines y grandes festivales del año. Para la primera obra de Lucía Alemany puede ser una fecha cercana a su llegada a las salas, que aún no tiene fecha.
En las próximas fechas conoceremos nuevos detalles y más títulos españoles que seguro serán seleccionados para exhibirse en la ciudad andaluza. Por ejemplo, en la citada Revoluciones Permanentes, una parte del Festival que tradicionalmente ha acogido al cine español más independiente, y en la que se esperan algunas de las propuestas rompedoras nacionales de la temporada. Habrá que estar muy pendientes también de la Sección Panorama Andaluz, que reserva su lugar a los nuevos talentos locales que buscan enseñar sus nuevas creaciones.
La nueva película de Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra, va de bien a mejor. Tras un fin de semana de estreno en lo más alto, la película sobre Miguel de Unamuno ha mejorado sus resultados en su segundo examen: crece un 8% en recaudación, se queda con 1,3 millones de euros y hace un promedio de 3.319 euros por pantalla, según el periodista de El País, Gregorio Belinchón. Estos números, junto a los que ha hecho durante el resto de la semana pasada, hacen un acumulado de 3,2 millones ya para la obra ambientada en la Guerra Civil.
Con estos números, Mientras dure la guerra supera ya a Perdiendo el este y se convierte en la quinta película española más taquillera del año. Son unas más que buenas cifras iniciales para la producción original de Movistar +. Con el cuarto puesto asegurado (Bajo el mismo techo hizo 3,5M), Amenábar aspira ahora a quitarle el tercero en esa lista a Almodóvar: Dolor y gloria lleva acumulados 5,7 millones y es la tercera española más vista de la lista en lo que llevamos de año. Por encima, sólo están las inalcanzables Lo dejo cuando quiera y Padre no hay más que uno, que lidera la lista en solitario con más de 13M.
El resultado en taquilla de Mientras dure la guerra durante este pasado fin de semana (4-6 de octubre) tiene más mérito si se tiene en cuanto a sus competidores en cartelera. Especialmente significativo era el caso del estreno de Joker, que ha barrido con unos grandes 4,4M de apertura. Sin embargo, el filme de Amenábar ha mantenido el tipo mucho mejor ante el villano de DC que otros grandes títulos internacionales como Ad Astra (0,4M), Rambo: Last Blood (0,3M) o Downton Abbey (0,3M), que han hecho números muy discretos, y más teniendo en cuenta que tienen más pantallas a su disposición que la película española.
El triunfo de Mientras dure la guerra también es una buena noticia para la variedad de géneros en los éxitos españoles. En un campo dominado por las comedias, la película del director de Abre los ojos se añade a una selecta lista de películas nacionales alejadas del género humorístico que están teniendo impacto positivo en taquilla. En ese grupo, dentro del TOP 15 de este año, sólo podemos encontrar otras cuatro no adscritas directamente a la comedia: la mencionada Dolor y gloria, Quien a hierro mata,La gran aventura de Los Lunnis y el Libro Mágico y la coproducción Los hermanos Sisters.
Daniel Sánchez Arévalo ha vuelto. En realidad no se había ido a ninguna parte, aunque los seis años que han pasado desde el estreno de La gran familia española han parecido mucho para alguien que irrumpió con fuerza en el cine español cuando lanzó AzulOscuroCasiNegro en 2006. Quizás el ligero pinchazo de su último largo le ha hecho tomarse con más calma el siguiente. Pero eso ya es pasado. Diecisiete ha devuelto al Sánchez Arévalo que impresionó con sus tres primeras películas. Un cine cercano y sentido que respira vida.
Bajo el paraguas de Netflix y preestrenada en el Festival de San Sebastián, Diecisiete es la historia de dos hermanos, Héctor (Biel Montoro) e Ismael (Nacho Sánchez). El pequeño, Héctor, es conflictivo, vive en un centro de menores y tienes unas enormes capacidades intelectuales relacionadas con un síndrome de Asperger que no se llega a nombrar en la película. El mayor se encuentra a la deriva en la vida malviviendo en una caravana. Los dos iniciarán un viaje en búsqueda de un perro, del que se había encariñado el pequeño, que hará que retomen una relación hace mucho tiempo abandonada.
Sánchez Arevalo ha querido reducir en esta ocasión la historia y los personajes a lo mínimo e indispensable. Dos hermanos, un objetivo declarado –la búsqueda del perro- y otro que necesitan tiempo para describir –entenderse el uno al otro-. Uno de los grandes aciertos del film es el respeto que el Arévalo director tiene con el buen trabajo que ha hecho el Arévalo guionista.
Diecisiete siempre se toma su tiempo para presentar y desarrollar a sus personajes y también aplica con acierto el minimalismo en lo que se refiere a la información que tenemos de ellos y sus pasados. Las criaturas del director de Gordos o Primos tienen la autenticidad de quien tiene problemas reales y la humanidad de quien piensa que el fallo nunca viene de uno mismo.
Esta cercanía y autenticidad salvan a la película de caer en el exceso melodramático y lacrimógeno, un peligro que roza en todo momento. La película abraza sin complejos su condición de feel good movie sumergiéndose en el modelo con honestidad e ingenio. Parte de la culpa de esto la tienen unos diálogos que consiguen hacernos reír en unos intercambios frenéticos que recuerdan al mejor Woody Allen, pero sobre todo Biel Montoro y Nacho Sánchez, que se entregan a sus personajes con unas grandes actuaciones que son capaces de dar sentido a la propuesta.
Sencilla y sentida. Dice Daniel Sánchez Arévalo que estos fueron los dos conceptos que guiaron su trabajo en esta película. Objetivo conseguido: Diecisiete mezcla drama y comedia para contar una bella historia a partir de pocos y reconocibles elementos. Dos poderosas actuaciones y el campo de Cantabria potencian esta road movie que vuelve a conectar a Sánchez Arévalo con su mejor cine y le devuelven a la primera línea del cine español.
Germán Areta, el detective que protagoniza la saga El crack, es un héroe clásico de esos a los que el hedor insoportable que le rodea no llega a nublar un código moral firme. Le mueve una idea de justicia en un mundo injusto y no se va a doblegar. José Luis Garci en el fondo es igual. En un mundo audiovisual en constante evolución él sigue apegado al clasicismo formal y a la admiración infinita por Ford, Hawks o Wilder. Guionista antes que director, su poesía es fundamentalmente hablada. Este tipo de cine que ha hecho, comentado y alabado durante su carrera es el que está de vuelta con El crack cero.
El punto de partida de este regreso al personaje de German Areta surge de una conversación con Maite Imaz, viuda de Alfredo Landa -que interpretó las dos primeras películas a principios de los 80- en la que animaba al director a completar la trilogía. Una vez decidido a abandonar el retiro que pensó definitivo después de Holmes&Watson. Madrid days, Garci decidió situar esta nueva entrega antes de las dos anteriores. El crack cero está ambientada en el final de 1975, es decir, en los días inmediatamente anteriores y posteriores a la muerte de Franco (algo que, más allá de alguna frase del estilo empieza un mundo nuevo, tampoco tiene mayor importancia). German Areta, que ya ha dejado la policía y abierto su agencia de investigación, recibe el encargo de investigar las circunstancias que rodearon a la muerte de un sastre seis meses atrás.
Dedicada a James M. Cain en vez de a Raymond Chandler, El crack cero nos devuelve a ese Madrid de cine negro que ya no existe y que seguramente nunca existió de la manera que Garci lo representó hace ya casi cuarenta años. El cine mejor que la vida, como lleva diciendo y demostrando muchos años. El universo es el mismo que creó en los 80: cafés cortados y humo de cigarros, partidas de mus y conversaciones de boxeo, banda sonora de Jesús Glück. Un regreso que es un efectivo ejercicio de nostalgia y de amor al cine clásico.
La única novedad, además de un blanco y negro que le sienta estupendamente bien a la propuesta, es el reparto. Los zapatos de Alfredo Landa son gigantes para cualquiera, pero Carlos Santos sale vivo del intento, lo cual no es mucho sino muchísimo. Acostumbrado a papeles cómicos, Santos calca bien la pose de ojos siempre atentos y silenciosos que esconden a un personaje contenido y en constante alerta. El tiempo dirá qué lugar ocupa este trabajo en su carrera, y lo mismo puede decirse del trabajo de Miguel Ángel Muñoz en el papel que hizo hace años Miguel Rellán.
A El crack cero se le pueden reprochar cierta inconsistencia en la trama o algunas escenas y diálogos que parecen ser una búsqueda a gritos y desesperada de su propio “siempre nos quedará París”. Pero nunca la honestidad y la coherencia en sus intenciones. Será cine de museo, pero es cine de museo orgulloso de serlo. En una época de películas sugeridas por algoritmos hay mucho valor en desarrollar una propuesta claramente a contracorriente. El absoluto desinterés de Garci por gustar al precio de renunciar a sí mismo es admirable.
Se ha hablado mucho de Mientras dure la guerra. Sobre todo, y como ya es costumbre, por nadie que haya visto la película. Su argumento -Unamuno en la Guerra Civil- ha generado amenazas de la Plataforma Millán Astray, tweets en contra de diputados y llamadas al boicot. Todo, por supuesto, antes de que se estrenase en cines. El viernes pasado llegó el día, y por fin se puede hablar de la obra en sí, que es de lo que debería de ir esto. Y hay motivos para ponerse en contra de ella, aunque sea por unos muy diferentes a los de Juan Carlos Girauta.
Lo último de Alejandro Amenábar no se puede descartar simplemente por tratar la Guerra Civil o por sus fallos históricos, pero tampoco por ser equidistante en sí misma como se le ha achacado también. No es verdad que trate a los dos bandos por igual. Lo que se cuenta en Mientras dure la guerra es la represión de los golpistas en Salamanca, cada vez más dura a medida que se asentaba el conflicto. No aparece ni un soldado republicano en todo el filme, pese a que el guion se empeñe -una y otra vez- en poner en boca de algún personaje que los republicanos están cometiendo los mismos crímenes que los nacionales. La violencia que vemos en pantalla es franquista, y darle una representación, recrearla, es ya una toma de posición. La imagen, elegir qué está en plano, nunca es neutral.
En lo que el director de Tesis patina para caer de culo es en su manera de proponer una «tercera vía» alternativa e inofensiva a las dos Españas. Sin entrar a valorar la legitimidad ideológica de defender un camino alejado de unos y otros para llevar la reflexión hasta nuestros días, Amenábar se equivoca en la forma de expresar ese mensaje a nivel cinematográfico. Aunque pueda parecer valiente el ponerlo sobre la mesa a través de las contradicciones y vivencias de un pensador como Unamuno, lo que hace Amenábar es más bien cobarde. Primero, por intelectualizar su posición con muchas palabras y no a través de las imágenes (por ejemplo, con las conversaciones que mantiene el escritor y su amigo Salvador Vila, el alma republicana de la película) y, segundo, por dramatizarla a medida que Unamuno «despierta» y hay que llegar al clímax del famoso episodio en el paraninfo de la Universidad.
El resultado es que la teoría se queda a un nivel superficial como acercamiento a la filosofía de Unamuno y la parte dramática del Miguel persona no conecta porque no se ha creado la intimidad necesaria a lo largo del metraje (unos cuantos sueños-flashbacks tampoco lo arreglan). Amenábar lleva su inocente tercera vía incluso a su forma de hacer cine, y toma la inútil carretera del medio. Es cierto que era complicado hacerlo bien porque hay distintas explicaciones a lo que hizo Unamuno en aquellos turbulentos meses del 36, pero la forma de expresarlo de Mientras dure la guerra es estéril en las dos lecturas.
Donde Amenábar no tiene por qué elaborar ninguna teoría y se guía por lo que intuitivamente le interesa, la película crece. Eso pasa en las partes en las que vemos los entresijos del bando nacional y la paulatina escalada de Franco para hacerse con todo el poder al inicio de la guerra. Además de que se cuentan unos meses que en cine de ficción nunca se han contado (la previa del golpe la encontramos en Dragon Rapide), lo más interesante y con matices de la película es el retrato que se hace de Franco. Bastante más parecido al de Dragon Rapide que al de otras ficciones donde el retrato psicológico del dictador es casi inexistente, aquí vemos a un Franco dubitativo, cauteloso -o cobarde, según se mire- y calculador. Incluso a un protodictador muy influenciado por su mujer.
Los tramos donde aparecen los golpistas son los más sutiles, simbólicos y potentes de toda la película, aupados por las buenas interpretaciones de Eduard Fernández (Millán Astray) y Santi Prego (Franco). La sensación que queda es que a Amenábar, en realidad, lo que le interesaba era contar esa parte de la historia. De hecho, el título elegido para la producción de Movistar + da esa idea: el nombramiento de Franco como Jefe del Estado por parte de la Junta de Defensa Nacional incluía ese «mientras dure la guerra». Un día más tarde, en el decreto final, esa parte fue suprimida. Franco se aseguraba el poder más allá del conflicto bélico.
Unamuno parece entonces el pretexto para contar una trama político-militar mucho más estimulante. La mala noticia para la película es que Unamuno es el protagonista y sobre el que pivota toda la trama principal de Mientras dure la guerra. Ni la pericia técnica, ni el dominio formal del que hace gala un talento como Amenábar tapan el hecho de que estamos ante una película que apunta muy alto, y luego no dispara en el blanco. Es más que legítima la crítica política o histórica, pero hay razones cinematográficas suficientes para criticarla sin recurrir a ellas.
La nueva película de Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra, se ha convertido en la cuarta película española con más éxito durante su primer fin de semana en los cines. Con 1.233.497 € de recaudación y 182.439 espectadores según Buena Vista, se coloca detrás, por muy poco, de Dolor y gloria como el 4º mejor estreno español del 2019. La historia del escritor Miguel de Unamuno al estallar la Guerra Civil ha sido la primera opción del viernes, sábado y domingo para el público, muy por encima de Ad Astra (0,8 millones) o el estreno potente del viernes pasado, Rambo: Last Blood que se quedó en 0,7M.
Después de pasar por el Festival de San Sebastián y el de Toronto, la producción de Movistar + ha conseguido llamar la atención de los espectadores recaudando casi 4.000 euros de media por cada uno de los 283 cines en los que se proyecta. Como apunta el periodista Javier Zurro en el diario El Español, se trata de la segunda película española del año que debuta en lo alto de la lista comercial sin ser una comedia (la otra es Dolor y gloria). Previamente, Lo dejo cuando quiera y Padre no hay más queuno, películas humorísticas de Mediaset y Atresmedia, se llevaron el gato al agua.
Pese a los buenos números de Mientras dure la guerra -que no cuenta con el apoyo de ninguna televisión en abierto-, también hay que resaltar que se coloca lejos de los mejores debuts de Alejandro Amenábar en taquilla. Su anterior película, Regresión, hizo casi el doble en su fin de semana de estreno en 2015 (2,5 millones), y está también a mucha distancia de los grandes resultados que dejaron al principio Mar adentro (2,3M), Los otros (5,2 M) y Ágora (5,3M), que es hasta ahora la mejor cifra de estreno en cines. En cualquier caso, tanto Regresión como Ágora contaron con la ventaja de ser aupadas por Mediaset.
La polémica en torno a la temática de la película y sus consiguientes llamamientos al boicot en redes sociales parecen, por tanto, no haber afectado demasiado a que el público se decida a verla. Incluso hacer Trending Topic a Amenábar por sus declaraciones puede haber beneficiado a su campaña de publicidad. Ahora Mientras dure la guerra se enfrenta en el horizonte al inminente estreno de una de las películas más sonadas del año: Joker. La flamante ganadora en Venecia será la gran contrincante para que la película española pueda seguir teniendo una vida comercial exitosa.
Manolo Munguía se estrena en el largometraje con H0us3, un thriller que explora las consecuencias negativas que puede tener la amplia presencia de la tecnología en nuestras vidas. La película cuenta el reencuentro de un grupo de amigos y amigas que se conocieron estudiando informática en la universidad. Los años han pasado y lo que antes era una relación diaria se ha reducido hasta casi no existir ya. Ley de vida. Así que se juntan en una casa rural a pasar unos días. La intriga empieza cuando uno de los integrantes del grupo comparte un revelador descubrimiento que ha hecho, que llevará al grupo a un estado de estrés y miedo.
Munguía consigue plantear de forma clara -y, por momentos, didáctica- un problema que nos toca de lleno en el mundo contemporáneo como es el de la privacidad en un mundo hiperconectado por la tecnología. A través de un thriller que avanza hacía una inquietante distopía descubrimos lo fácil que puede ser intervenir en nuestras vidas a través de nuestros dispositivos, que a estas alturas forman parte de nuestro día a día y permiten que estemos completamente localizados y analizados. H0us3 muestras las peores consecuencias posibles de este modo de vida actual, y lo hace además de una manera plenamente anclada en la realidad (se parte de uno de los archivos encriptados de Julian Assange).
La película podría haber entrado en esta línea de thrillers estimulantes que abundan últimamente en el cine español, y además sobre un argumento bastante poco visitado, de no haber sido por unos importantes problemas de base. El guion no consigue plantear unos personajes y unas situaciones que creen un mundo orgánico en el cual se desarrolle la trama. Así que hasta que la intriga no empieza a tomar el protagonismo, con buenos resultados, todo se percibe como forzado y poco natural, haciendo que la película tenga que remontar una situación desfavorable que se ha creado ella misma.
Un problema que podría haberse minimizado con un reparto más curtido que pudiera sostener a la película en sus momentos iniciales. Pero no es lo que ocurre. El joven grupo de intérpretes, provenientes fundamentalmente de la televisión, no consigue dar fuerza a un texto demasiado llano. También habría ayudado el no abusar de un hilo musical que invita a la intriga desde el principio del film. Este constante ritmo elevado no termina de sentarle bien al conjunto, que sin embargo se eleva en el tramo final. Una pena que para cuando llegue ese momento, que consigue trasmitir una poderosa sensación de inquietud y desasosiego, la película acumule ya demasiados debes.
H0us3 es por lo tanto un debut digno, que se puede disfrutar y que toca un tema de plena actualidad (y además lo explica, no está de más insistir en este aspecto didáctico que cuenta cómo funcionan las contraseñas y cómo de accesibles somos realmente). Sus últimos minutos son muy inquietantes y su final eficaz. Es una película que revuelve y asusta. Pena que tenga que partir no ya de cero sino de una tumba que se ha cavado ella misma en sus primeros minutos.
La película brasileña Pacificado se ha hecho con la Concha de Oro de la 67 edición del Festival de San Sebastián. El premio principal se suma a los de mejor actor para Bukassa Kabengele y mejor fotografía para Laura Merians. Esta película de Paxton Winters que se adentra en una favela no entraba, a priori, entre las favoritas, lo que ha provocado reacciones de sorpresa en la sala de prensa al conocerse su victoria.
El cine español se lleva un buen botín aunque también la sensación de que podía haber conseguido algo más. La trinchera infinita se hizo con la Concha de Plata a la mejor dirección y el Premio del Jurado al mejor guion, mientras Greta Fernández se llevó la Concha de Plata a la mejor actriz compartida con Nina Hass (The audition). Tanto la producción de Moriarti como La hija de un ladrón partían entre las mejor valoradas por la crítica.
Más allá de los premios, el cine español cierra una participación destacada en el Festival de San Sebastián. Las diferentes secciones han visto desfilar propuestas diferentes entre sí y de mucha calidad. Os dejamos con el palmarés final de la 67 edición del Donostia Zinemaldia.
Sección Oficial
Concha de Oro: Pacificado, Paxton Winters
Premio Especial del Jurado: Proxima, Alice Winocour
Concha de Plata a la Mejor Dirección: Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, La trinchera infinita
Concha de Plata a la Mejor Actriz: ex aequo Greta Fernández, La hija de un ladrón, y Nina Hoss, The audition
Concha de Plata al Mejor Actor: Bukassa Kabengele, Pacificado
Premio del Jurado al Mejor Guion: Luiso Berdejo y Jose Mari Goenaga, La trinchera infinita
Mejor del Jurado a la Mejor Fotografía: Laura Merians, Pacificado
Otros premios
Premio Kutxabank-New Directors: Algunas bestias, Jorge Riquelme
Premio Horizontes: De nuevo otra vez, Romina Paula.
Mención especial: La bronca, Diego Vega y Daniel Vega
Premio Zabaltegui-Tabakalera: Ich war zuhause, aber, Angela Schanelec
Mención Especial: Les enfants d’Isadora, Damien Manivel
Premio Orona-Mejor Cortometraje de Nest Film Students: Em caso de fogo, Tomás Paula Marques
Mención especial: Fiebre austral, Thomas Woodroffe Silva
Premio del Público Ciudad de Donostia: Hors Normes, Olivier Nakache y Éric Toledano
Premio del Público Ciudad de Donostia a la Mejor Película Europea: Sorry we missed you, Ken Loach
Premio Irizar al Cine Vasco: La trinchera infinita, Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga
Premio TCM de la Juventud: Las buenas intenciones, Ana García Blaya
“Intentar quitarme elementos, contar una historia sencilla, sentida, con muy pocos ingredientes, creo que es algo que solo me he atrevido siendo más mayor”. Daniel Sánchez Arévalo ha presentado hoy en San Sebastián Diecisiete, su primera película desde que en 2013 estrenase La gran familia española. Se trata de la primera producción de Netflix en participar –aunque fuera de concurso- en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián.
El director ha comentado que sus anteriores películas tienen más personajes y tramas, “cosas a las que agarrarte, por si acaso esto no te gusta no te preocupes que tengo otra”. Efectivamente, en Diecisiete no es así. Tenemos la historia de dos hermanos, Héctor (Biel Montoro) e Ismael (Nacho Sánchez). Héctor es conflictivo y vive en un centro de menores en el que no se relaciona con nadie. Aunque no se diga explícitamente, tiene Asperger, lo que explica sus dificultades para socializar pero también sus altas capacidades intelectuales. De Ismael se nos dice menos, aunque es fácil intuir que se encuentra a la deriva y perdido en la vida. Juntos inician un viaje en busca de un perro que les permitirá recomponer una relación hace tiempo abandonada.
Diecisiete es a la vez una road movie y una feel good movie. El proceso de reconciliación de los dos hermanos avanzará con los kilómetros y lo hará a través de secuencias en las que, como en las anteriores películas del director, conviven la tristeza y las risas, el drama y la comedia. Hay un ejercicio de depuración (“todo el trabajo ha sido de quitar, quitar, quitar”) para reducir al mínimo los personajes y las tramas de la película y centrarla en los dos hermanos. El mundo que ha creado en su querida Cantabria en la que se siente muy a gusto es pequeño en tamaño pero grande en intenciones. Al final la dificultad de las relaciones familiares y de la comunicación son problemas que están ahí para todo el mundo.
Al igual que destacamos positivamente de La hija de un ladrón, la película no nos cuenta el pasado de los protagonistas, que suponemos dramático. Otra vez una feliz decisión para transportarnos a su estado anímico. Los diálogos funcionan muy bien para definir a sus personajes, y arrancan más de una carcajada con sus afilados intercambios. Con ritmo y naturalidad, la película desprende vida y autenticidad. Aunque lo bienintencionado del film está cerca de jugar en su contra y el giro final de guion lo hayamos visto en muchas ocasiones, Diecisiete siempre consigue resultar entrañable.
Mucha culpa de esto la tienen las actuaciones de Biel Montoro y Nacho Sánchez. En una película de estas características es fundamental creerse a los actores, y los dos defienden sus personajes con firmeza. Dos nombres que bien podríamos encontrar en los próximos Premios Goya en la categoría de actores revelación. Diecisiete llegará a las salas el próximo viernes y dos semanas después estará disponible en Netflix. Sánchez Arévalo ha agradecido a la plataforma la libertad y los medios que le dieron para sacar adelante el proyecto y a la vez ha reivindicado el cine en salas –“voy al cine todas las semanas”- apostando por el entendimiento entre las dos opciones. “Mi fantasía es que puedan convivir y creo que se puede conseguir” ha rematado.
Una película inesperada ha llegado con fuerza a la cartelera catalana. Se trata de Barcelona 1714, de la directora y guionista Anna M. Bofarull, un drama histórico centrado en el asedio a la ciudad de Barcelona por parte de las tropas de Felipe V durante la Guerra de Sucesión Española. La pequeña producción, estrenada únicamente en salas de Cataluña el viernes pasado, es la cuarta película española más vista del pasado fin de semana con únicamente 23 pantallas a su disposición. Acumuló 40.162 € de recaudación en total para unos fantásticos 1.746 € de media por pantalla.
El público ha respondido positivamente a la película de Bofarull, que tiene la particularidad de haber sido rodada mediante tecnología digital (CGI) para resolver su modesto presupuesto. Cuatro años de postproducción que parecen, por el momento, haber llamado la atención de los espectadores lo suficiente -que nunca es poco- para ir al cine. Su buen inicio se entiende mejor si se compara con los resultados de recaudación que ha hecho Litus (44.816 € ), una cinta que tiene nueve veces más pantallas que Barcelona 1714 y que únicamente se ha embolsado 4.000 euros más que esta última.
Padre no hay más que uno salva los muebles
La de la obra de Bofarull es la buena noticia de la taquilla española durante el pasado fin de semana, además de los habituales grandes resultados de Padre no hay más que uno, que sigue arrasando y mejorando sus prestaciones. La comedia de Santiago Segura, la película española más taquillera del año, salva una vez más la recaudación total del cine español del 20 al 22 de septimebre (851.072 € ) con unos 548.602 € y 88.995 nuevos espectadores. Es un +5% con respecto al anterior recuento en su 8º examen. Sencillamente espectacular.
El resto de novedades comerciales para las películas españolas son duras. Después de un inicio poco prometedor para Litus y Sordo en salas, su segundo fin de semana no ha sido propicio para mejorar sus números. Aunque había remontado durante la semana, la película de Dani de la Orden (Litus) ha bajado un 68% su recaudación si se compara con el mismo período anterior, llegando a unos pobres 232 € de media por pantalla. Su bolsa de dinero total acumulado es de 248.871 €, y parece complicado que llegue a los 350.000.
Pero lo de Sordoha sido aún peor. El western ambientado en la Guerra Civil se ha derrumbado definitivamente tras un mal fin de semana de estreno. -82% del 20 al 22 de septiembre, acumulando únicamente unos malos 139 € por pantalla; su botín total se coloca en unos decepcionantes 80.770 € y 13.777 espectadores. No es la taquilla que esperaban ni en Filmax ni desde La Caña Brothers, la productora que ha puesto en marcha la película que ha dirigido Alfonso Cortés-Cavanillas.
En cuanto a Quien a hierro mata, también hay un retroceso. El thriller de Paco Plaza se acerca al mes en cartelera llevándose 168.725 € y 26.142 espectadores; un 48% menos que lo que había acumulado el fin de semana anterior. Discretos 559 € por pantalla que frenan las expectativas de la película desuperar a Perdiendo el este (3,5 millones) como 4ª película española más taquillera del año. Ahora mismo está en 2,2 millones.
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