Si yo fuera rico, la película de Álvaro Fernández Armero para Telecinco Cinema, ya es el mejor estreno español del año. Todavía con cifras provisionales, sus dos millones de euros de recaudación están por encima de los 1,58 M€ de Lo dejo cuando quiera, los 1,48 de Padre no hay más que uno, los 1,23 de Dolor y gloria y los 1,21 de Mientras dure la guerra. Si yo fuera rico ha conseguido superar al Joker, que llevaba en cabeza de la taquilla desde su estreno el pasado 4 de octubre.
A la espera de los datos definitivos que conoceremos el jueves, Si yo fuera rico habría obtenido una media por copia superior a los 5.550 €. Unos números fantásticos que podrían situarla en el podio de las películas españolas más vistas del año siempre que mantenga un buen comportamiento durante las dos próximas semanas y llegue en buena forma al puente de diciembre. Y todo esto pese a las tibias críticas.
¿Son todavía posibles los 100 millones?
Hace ya tiempo que parece claro que el cine español no alcanzará los 100 millones de recaudación por primera vez desde 2013. Pero el buen rendimiento de las últimas semanas, con Mientras dure la guerra a la cabeza, junto al potente estreno ahora del film de Telecinco hacen que valga la pena volver a plantearse la cuestión.
Los últimos datos disponibles, que cubren hasta el 10 de noviembre, muestran una suma total de 73,4 M€. Después de su potente estreno no parece exagerado pronosticar una recaudación total de 10 millones para Si yo fuera rico. El problema para alcanzar la simbólica y redonda cifra es que no hay muchos más estrenos españoles de aquí hasta el final de año, especialmente en el mes de diciembre (de hecho no hay ninguno previsto para la segunda mitad del mes).
Adiós, de Paco Cabezas, que se estrena este viernes 22 de noviembre, Legado en los huesos, la segunda parte de la trilogía del Baztán dirigida por Fernando González Molina que llegará el 5 de diciembre y la comedia Salir del ropero, de Ángeles Reiné, que se estrenará el 13 de diciembre, parecen las mejores apuestas de cara a la taquilla. La odisea de los giles, una coproducción con Argentina que también podría conectar con el público, y que llegará el 29 de noviembre, es otra opción para sumar.
Estos pocos títulos –junto a otros de menores expectativas de taquilla, como La hija de un ladrón o Longa noite– tendrían que sumar entre 15 y 20 M€ entre ellos para alcanzar el objetivo. Complicado, pero no imposible.
Tenemos que ir acostumbrándonos. Los mayores éxitos españoles en taquilla este año (Padre no hay más que uno y Lo dejo cuando quiera) son remakes, lo que nos garantiza que las grandes televisiones seguirán apostando por rehacer comedias europeas o latinoamericanas durante un buen tiempo. Adaptar éxitos foráneos es la nueva gallina de los huevos de oro para dar aire al visible agotamiento comercial de la ‘fórmula Ocho apellidos‘. El razonamiento de las compañías es sencillo: situaciones humorísticas originales que han triunfado fuera pueden conquistar al público también aquí. Y, por el momento, lo están haciendo.
Esta nueva realidad en la que invierte la parte más comercial del sector, a pesar de ser muy preocupante en cuanto a originalidad, no debería decirnos gran cosa sobre la calidad del producto. Dos ejemplos claros de esto son, por el lado bueno, la bien resulta comedia de Santiago Segura y, por el malo, la errática Si yo fuera rico. La película de Telecinco no consigue dar vida en ningún momento a una premisa poco elaborada. Pese al esfuerzo de sus actores, casi nada funciona en esta vuelta al clásico tema cinematográfico de la «riqueza por sorpresa».
Aquí se trata de un treintañero (Álex García) en proceso de divorcio al que, de repente, le toca la lotería y no puede compartirlo con nadie para no tener que dividir los millones con su futura exmujer (Alexandra Jiménez). Aunque es un punto inicial que puede resultar divertido, casi ninguna situación cómica derivada de él aporta nada fresco a nivel temático. Todo resulta familiar y no irrita, pero precisamente porque no hay equívoco u ocultamiento con una mínima elaboración. Además, a esta línea argumental principal se le añaden elementos humorísticos que tampoco encajan. Ni siquiera el clásico grupo de amigos (García junto a Adrián Lastra y Franky Martín) da ningún desahogo cómico efectivo.
El filme dirigido por Álvaro Fernández Armero, a diferencia del cosmopolitismo del de Segura, se apoya además en la particularidad regional. En este caso, en la de Asturias. Olas, cachopo y sidra. En este marco, aún deudor del estilo de los Ocho apellidos, es donde la película coloca su historia. Pero es más un decorado con acento distinguible que una característica de la esencia de la película. Lo único realmente asturiano es cierto deje del carácter norteño de su protagonista, Santi (Álex García); por el resto bien podría pasar todo en Albacete.
Pero que lo local se quede sin aprovechar no sería problema si la trama principal tuviese un mínimo de dinamismo. No lo hay. Lo que vemos en la comedia de Fernández Armero son situaciones cómicas estancas, sin enganche actual, que no dan pie a nada. Una sucesión de gags simples que tienen consecuencias mínimas para sus personajes a lo largo de la historia. El arco psicológico de los protagonistas es de cartón piedra porque lo que hacen les importa poco a ellos y a los demás. Y si les importa no lo vemos porque hay siempre prisa por plantear una nueva circunstancia potencialmente graciosa.
Si yo fuera rico tendrá cientos de salas a su disposición y se puede convertir en un nuevo éxito de taquilla para el cine español. Pero que el dinero no tape la posibilidad de reflexionar con ella sobre cómo adaptar bien historias que vienen de fuera. No todo está hecho con el dispositivo que crea la narración porque ya ha funcionado previamente. Hay que preocuparse de aportar algo más, de conectar con otros temas y sensibilidades para conseguir el toque humorístico indicado. Eso es lo que inteligentemente ha conseguido Segura este año. Confirmado: Atresmedia (Padre no hay más que uno) le gana la partida a Mediaset (Si yo fuera rico) en 2019.
El cine español sigue cosechando buenos números en taquilla, pero más por la acumulación de propuestas que por el buen rendimiento de estas. Los numerosos estrenos que han ido llegando en las últimas semanas están sumando a la recaudación total pero su rendimiento individual no siempre está siendo bueno. De hecho, las dos películas que señalamos la semana pasada, El hoyo y Ventajas de viajar en tren, han cuajado resultados discretos en su primer fin de semana.
El hoyo, la flamante triunfadora en Sitges, ha arrastrado a las salas a 11.694 espectadores para una recaudación total de 75.820 €. Con una discreta media por copia de 830 €, ha sido la sexta película española más vista del pasado fin de semana y la decimosexta en general. Flojos resultados para una película que, más allá de la buena recepción crítica, tiene ingredientes para conectar con el público y se estrenaba con los premios en Toronto y Sitges bajo el brazo.
Algo mejor le ha ido a Ventajas de viajar en tren, que llegó también desde Sitges con buenas críticas. El debut de Aritz Moreno se ha saldado con 77.629 € de recaudación y una media por copia de 1.049 en su primer fin de semana. Números ligeramente mejores que los de El hoyo -además con 16 pantallas menos- pero que tampoco indican que haya conseguido abrirse hueco en la poblada cartelera.
Mientras dure la guerra empieza a decaer
En su séptima semana la película de Amenábar sobre los primeros meses de la Guerra Civil ha empezado a bajar su rendimiento en taquilla. La caída del 52% respecto al fin de semana anterior es similar a la del resto de películas del top 10 -el puente justo después de la Fiesta del Cine hizo que mucha gente fuera al cine en esos días- pero la bajada de posiciones a manos de estrenos más recientes sí es reveladora. Por primera desde su estreno fuera del top 5 del fin de semana, Mientras dure la guerra sumó 363.542 € y presenta una recaudación total de 9.638.474 €. Los 10 millones son seguros, pero los 11.376.111 € de Lo dejo cuando quiera, segunda película española más vista del año, parecen más difíciles que en semanas anteriores.
Amenábar también ha perdido el liderazgo de la media por copia nacional, en este caso a manos de Los Rodríguez y el más allá (1.344 € vs 1.188 €). El filme familiar de Paco Arango ha protagonizado el mejor mantenimiento del top 10 general, acabando el fin de semana como la séptima película más vista y acercándose ya al millón de recaudación (836.685 €). La trinchera infinita (717.343 €) también tiene cerca llegar al millón de recaudación, pero, teniendo en cuenta su media por copia de 705 €, será muy difícil que su taquilla esté a la altura su paso por el Festival de San Sebastián y su recepción crítica.
Avalancha de estrenos españoles
Tampoco una apuesta de vocación más comercial como El silencio de la ciudad blanca está cumpliendo las expectativas. Aunque haya conseguido superar los dos millones de euros de recaudación, ha caído un 60% en su tercera semana y, con una media por copia de 717 €, lo más probable es que vea reducido su número de copias. Acabamos nuestro repaso semanal con Reevolution. El film de David Sousa Moreau, que vio la luz después de años de trabajo en los que exprimieron al máximo sus escasos recursos, ha conseguido 2.202 € en su primer fin de semana. Números muy bajos, pero meritorios si tenemos en cuenta que solo se ha proyectado en una sala en todo el país (y además solo con un pase diario y en una sala pequeña).
Mañana viernes volverá a haber avalancha de estrenos. Seis películas españolas -contando Liberté, de Albert Serra, que es una coproducción con Francia- llegarán a las salas el viernes. Destacan principalmente dos: Madre, de Rodrigo Sorogoyen, que continúa el corto que estuvo nominado al Oscar (para saber más sobre el proyecto puedes leer nuestra entrevista con su productora, María del Puy Alvarado), y Si yo fuera rico, la comedia de Álvaro Fernández Armero para Telecinco con un reparto lleno de caras conocidas que apunta a buena apuesta de cara a la taquilla.
María del Puy Alvarado fundó Malvalanda en 2006 para producir el corto Luminaria y desde ahí han seguido trabajando cortometrajes, documentales y encargos comerciales. En 2016 produjeron el cortometraje Madre, de Rodrigo Sorogoyen, que fue recogiendo premios por festivales antes de ganar el Goya y ser nominado al Oscar el año pasado. El corto se ha convertido en largo y hemos hablado con su productora para que nos cuente cómo ha sido el proceso, la actualidad del cine español, la potente escena de cortometrajes y la entrada de las plataformas.
Va camino de Sevilla donde Madre va a inaugurar el festival. Aunque 13 años dan para mucho, estamos seguramente ante vuestro trabajo más ambicioso, por lo menos en términos de exposición.
Sí, hemos producido muchos cortos y hemos participado en otras películas pero sí que Madre es el trabajo más grande y el que más visibilidad va a tener. El corto ha sido un proyecto que nos ha dado mucha visibilidad y todo lo que ha cosechado es un arrastre para el largo.
¿Cómo ha sido el salto del corto al largo?
Desde el primer momento estuvo la idea de hacer un largo. En la primera conversación que tuvimos con Rodrigo (Sorogoyen) lo hablamos y él también lo tenía en la cabeza. Vi claro cuando leí el guion del corto que había más historia. Lo que pasa es que cuando nos juntamos en 2016 él estaba escribiendo El reino y la iba a rodar al año siguiente. Entonces decidimos hacer el corto, que se rodó hace tres años, en noviembre de 2016. Lo estrenamos en el Festival de Medina, luego fue a Málaga, empezó a recoger premios y a ser seleccionado en festivales, en el de Toronto para su premiere internacional y luego los Forqué, el Goya… cuando ganamos el Goya teníamos una primera versión del largo. Se estuvo puliendo y en paralelo financiando, aprovechando el empujón del corto. Rodamos en octubre y noviembre del año pasado y un año después estamos estrenando. Siempre en noviembre (risas).
¿Qué expectativas comerciales tenéis con Madre? ¿Con cuántas copias vais a salir?
Vamos a salir en España con entre 80 y 100 copias. Y respecto a la recaudación no nos atrevemos nadie a dar una cifra. Tal y como está la taquilla en España, el otoño pasado que fue bastante desastre en términos globales con el cine español…nos da pánico, nadie nos atrevemos a dar una cifra. Sin ser una película enorme sí que tiene cierta ambición comercial. Es una coproducción con Francia y rodamos cuatro semanas allí. Tenemos aspiraciones de hacer algo en taquilla, pero…me encantaría dar una cifra pero no me atrevo a apostar. La taquilla es muy caprichosa y muy poco predecible, con el cine en general y con el cine nacional y de autor más. Nos queda confiar en nuestro trabajo, en la distribuidora, en el equipo de marketing, en la película que tenemos, que me parece una buena película, obviamente (risas) y bueno por el recorrido que tenemos en festivales. Estuvimos en Venecia, donde Marta (Nieto) ganó el premio a mejor interpretación y confiar en los valores de la peli y ver qué pasa.
Precisamente de esto hablamos en nuestra página hace poco, de la concentración de estrenos en el trimestre final del año. Entendemos que hay motivos de calendario y se quieren colocar películas determinadas, sobre todo en estas fechas, pero creemos que no termina de beneficiar al conjunto del cine y del cine español.
Es muy difícil encontrar una fecha de estreno para una película, en general, y en concreto para una de autor o española. En el verano se concentra un tipo de cine que suele funcionar más, como viene diciendo la taquilla, aunque hay una excepción con Verano 1993 que se estrenó después del Festival de Málaga y tuvo un largo recorrido durante el verano. Fue un éxito. Los productores nos vemos muy condicionados también por el circuito de festivales, que tiene mucho que ver en todo esto. Nosotros queríamos, al ser una coproducción internacional, entrar en algún festival fuera de España. Queríamos intentar algo muy difícil con el cine español que es cruzar fronteras. Nos seleccionaron en el Horizontes de Venecia y decidimos ir allí. Eso ya te está condicionando totalmente. Vas a Venecia en septiembre y tienes que encontrar una fecha. Cuando estás esperando festivales para estrenar tu película no puedes decidir la fecha con antelación. Nosotros llevamos hablando de la fecha desde hace un año pero siempre era ¿y si nos cogen en tal festival? No es fácil cuando tienes estos condicionantes elegir la mejor fecha. Para lo mismo con las películas que fueron a San Sebastián. La otra opción es aguantar hasta 2020. Pero el 2020 es muy tarde, y en enero-febrero empezamos con los Oscar.
Al final os respetó el tiempo durante el rodaje, que era uno de los problemas que podía haber por las fechas.
Sufrimos al principio con el tiempo. Nos habría gustado rodar en verano o en septiembre pero por cuestiones de financiación el año pasado fue inviable. Todo se paró, hubo un cambio de gobierno,…entonces nos pusimos a preproducir a finales de julio y agosto. Cuando llegamos a octubre habíamos hecho un análisis del clima que decía que en octubre esa zona era la más estable de clima, muy buen tiempo, nunca llovía, teníamos como un histórico de 20 años que decía que era una zona de microclima, buenísima de sol y sin lluvia. Y pasó lo de siempre, la ley de Murphy. Los días antes de empezar a rodar hizo un tiempo buenísimo y de repente dos días antes llovía como si no hubiera un mañana y había olas de metros. Fue un momento de cortocircuito en el que nos preguntábamos qué hacer. Y de repente al día siguiente, el primero de rodaje, medio nublado, y luego el clima mejoró y tuvimos días muy buenos de sol cuando en todo Francia y en España había gota fría. Llamaban los socios franceses y nos decían que era el único sitio del país en el que no estaba lloviendo.
Volviendo a los principios de Malvalanda, que nació en 2006 para producir el corto Luminaria, y ha seguido trabajando ese formato, ¿cómo ve la escena del cortometraje español?
Me encanta el formato corto porque da una gran libertad, da la posibilidad de conocer nuevos talentos, directores, lo puedes producir casi un poco cuando quieras, conocemos muy bien las vías de financiación y si no lo hacemos con recursos propios, que ahora mismo es algo que podemos hacer. De hecho el pasado puente rodamos un corto nuevo con José Manuel Carrasco que se llama Pentimento. Creo que el cortometraje español vive un momento muy bueno. Hay un gran apoyo al mundo y a la distribución del corto desde instituciones nacionales y regionales. De ahí que en los últimos años haya habido ocho cortometrajes nominados al Oscar. Empezando por Esposados de Juan Carlos Fresnadillo en 1996 hasta Madre. Eso dice mucho. ¿Y por qué hay ocho cortos nominados a los Oscar? Porque hay nivel. Y hay nivel porque ha habido apoyo institucional al corto. Para mí el corto es el claro ejemplo de cómo cuando riegas, recoges.
Estaría genial que este respaldo institucional existiera también para los largometrajes.
Ahora mismo los recursos que están destinados a la producción de cine en España son muy pequeños, somos de los países europeos con menor apoyo a la producción cinematográfica. Por supuesto no me comparo con Francia, donde son enormes, pero otras países de nuestro alrededor, como Italia, …vas leyendo cifras y es que se necesita ese apoyo. Se necesita mucho el apoyo en el desarrollo y en España no tenemos una buena línea de apoyo al desarrollo, algo fundamental para que se puedan hacer laboratorios creativos, se pueda dedicar tiempo al guion y pagar bien a los guionistas. Las productoras pequeñas y medianas –y supongo que las grandes también, pero ellas tienen más recursos- necesitamos apoyo al desarrollo. Es una línea que existió en el ICAA y esperemos que en algún momento vuelva. Ahora tiene la Comunidad de Madrid pero no es suficiente. Necesitamos ayuda, a la producción por supuesto, pero al desarrollo también.
Como productora, ¿cómo valora la entrada de las plataformas?
Las plataformas son otra vía de financiación. Si es un original estás produciendo exclusivamente para una plataforma, que me parece totalmente lícito, y si entran con una participación, en coproducción o de financiación, están ayudando. Las plataformas han activado mucho la producción audiovisual de ficción en España. Creo que están haciendo una labor de inyectar capital para que salgan películas. Hay películas pequeñas independientes que gracias a las plataformas han visto la luz. Yo estuve en Money que es una película de Martín Rosete de la que soy productora ejecutiva y que se hizo desde Estados Unidos con un modelo americano que no tiene nada que ver con el español. Fue financiado todo con inversión privada y Netflix lo compró luego, hizo una buena compra y fue un empujón a posteriori buenísimo para la película y los números. Entonces, bueno, cuanto más se produzca mejor para la industria. Todos los agentes que lleguen para hacer que el cine sea realidad, bienvenidos sean.
Francisco Paesa tiene madera de héroe nacional, pero de esos que gustan a los españoles: pícaro y marrullero. Es inteligente, sociable y si puede robar, lo hace, como se supone que haríamos cualquiera en este país (“el que no roba es porque no quiere”). Por eso era el personaje perfecto para construir una película a su alrededor y celebrar (sí, celebrar) su figura. Y, lamentablemente, Alberto Rodríguez no sale del todo airoso.
El hombre de las mil caras es un quiero y no puedo. Es una emulación de un lenguaje hollywoodiense que se queda corto, que apunta maneras, pero no llega a florecer. En primer lugar, no consigue captar el interés completamente, solo por momentos, creando zonas de metraje yermo en las que el espectador se descubre pensando en qué va a cenar esa noche.
Si se hace una película entretenida al estilo americano se necesita más intensidad, más acción, más localizaciones, más planos y, sobre todo, unos diálogos mucho más ingeniosos. Hay escenas que se sostienen a duras penas (y alguna que ni siquiera) precisamente por la ausencia de unos diálogos más creíbles por parte del talentoso tandem Rodríguez-Cobos, pero también más inteligentes, capaces de mezclar humor con la idiosincrasia española. Paesa posee una astucia sin igual, ¿por qué no se nota en su forma de hablar?
Otro de los problemas de la cinta es la comprensión de una trama que a aquellos que no la vivimos cuando sucedió nos suena a chino. Es posible que los cineastas cuenten con que el pasado reciente de la historia sigue en las mentes de los espectadores y eso ayudará a rellenar los huecos. Pero El hombre de las mil caras debería sostenerse por sí misma, sin necesidad de complementar acudiendo a la hemeroteca o a la Wikipedia.
Hay un filme hollywoodiense, El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2014), que demuestra en la práctica cómo combinar humor, ritmo y, sobre todo, inteligibilidad. La narración en primera persona de Leonardo di Caprio nos permite seguir el entramado de acciones, bonos, empresas e inversiones en el Wall Street de los ochenta. Y el guionista, Terrence Winter, es lo suficientemente inteligente como para abandonar las explicaciones técnicas cuándo se vuelven demasiado complejas y sustituirlas por lo que realmente interesa al espectador: la cuestión humana de la historia.
Por último, todos conocemos a Alberto Rodríguez, y su última intención sería la de glorificar a Francisco Paesa. Sin embargo, el retrato que hay de él en la película lo deja en bastante buen lugar, demostrando no celebración pero sí una gran admiración por su figura. Hay que reconocerlo: Paesa es el prototipo de ídolo español. Y tanto por parte de Rodríguez como de Eduard Fernández se nota esa ligera idolatría, esa sensación de “éste sí que sabía lo que hacía”. Aunque todo hay que decirlo: Francisco Paesa era un personaje tan digno de admiración como cinematográfico. Una lástima que esta no haya sido su gran ocasión.
Este texto se publicó originalmente en La Verdad Extática
Las películas españolas destacan en el continente. Las anunciadas nominaciones de los 32 Premios del Cine Europeo (EFA) dejan siete títulos españoles que optan a galardón en seis categoría distintas. El principal responsable de esta buena representación española en los galardones europeos es Pedro Almodóvar: Dolor y gloria entra como finalista en cuatro apartados (Mejor película, mejor director, mejor guion y mejor actor), colocándose como una de las favoritas en la gala del 7 de diciembre en Berlín. A ella se le han sumado Buñuel en el laberinto de las tortugas (Mejor película de animación), Zumo de sandía (Mejor cortometraje) y The Christmas Gift (Mejor cortometraje), una coproducción con Rumanía. Únicamente el cine francés tiene más nominaciones que el español en los EFA de 2019.
Habían pasado tres años desde que el cine español no acumulaba tanta presencia en estos premios. Fue en 2016, y con otra película de Almodóvar, Julieta, como punta de lanza. En aquella ocasión, el filme del director manchego también amontonó cuatro nominaciones europeas pero se fue de vacío. ¿Qué opciones tiene ahora con Dolor y gloria? A priori, más que entonces: su buen paso por Cannes y su presencia en todas las quinielas para los Oscar le están garantizando una fantástica visibilidad en el circuito internacional. Con, además, buenos resultados comerciales en distintos países vecinos como Francia e Italia. Si se lleva el premio a la Mejor película europea, sería el tercer galardón continental en esta categoría para una película de Almodóvar, que ya los ganó por Hable con ella y Todo sobre mi madre.
La animación española, presente una vez más
Otra presencia ineludible en estos premios es la de la animación española. Buñuel en el laberinto de las tortugasbusca repetir el éxito que logró el año pasado la también española Un día más con vida en su categoría. Se trata de la única película que no es francesa -al menos parcialmente- de la categoría: ¿Dónde esta mi cuerpo?, La vida de Marona y Les hirondelles de Kaboul completan el cuarteto de candidatas finales a hacerse con el premio. Dura competencia para la obra dirigida por Salvador Simó, que obtuvo reconocimiento internacional con la Mención del Jurado en el festival especializado de Annency.
La mera nominación, en cualquier caso, certifica el buen estado de salud de la animación española en Europa. Ha habido seis nominaciones para una película de producción nacional en los Premios del Cine Europeo durante la última década, dos de ellas con premio final (la citada Un día más con vida y Chico y Rita en 2011). Únicamente el imponente cine francés de animación supera al español en nominaciones, y empata en dos premios en estos últimos diez años.
Dos cortometrajes dispuestos a llevarse el premio
Otro sector de nuestro audiovisual que también hace muestra de su fuerza en Europa es el cortometraje. Este año es el turno de Zumo de sandía (Suc de síndria), de la catalana Elena Moray, que está llamando mucha la atención. Y también hay representación española en la coproducción The Christmas Gift, de Bogdan Muresanu. Ambas buscan hacerse con este galardón, que ya consiguió en 2017 Juanjo Giménez Peña con Timecode. Dentro de menos de un mesa sabremos qué se lleva el cine español de Berlín.
En la ganadora del Festival de Cannes, Parásitos, de Bong Joon-hoo, vemos entrecruzarse las vidas de una familia pobre y otra rica. En Joker, que triunfó en el Festival de Venecia y ahora lo está haciendo en taquilla, también encontramos una sociedad con unas desigualdades crecientes. Galder Gaztelu-Urrutia lleva la propuesta aún más lejos en El hoyo, la flamante ganadora del último Festival de Sitges. Una película surcoreana, otra estadounidense y una española coinciden en mostrar, cada una a su manera, un mundo que cada vez funciona peor y al que no se le parecen intuir salidas.
En El hoyo, la distopía es directamente la única realidad que vemos. No está ambientada en ningún sitio ni en ningún lugar concreto, sino en el interior de una estructura con más de cien niveles (tampoco de la propia estructura sabemos demasiado: para algunas personas funciona como cárcel pero por ejemplo el protagonista ingresa de forma voluntaria). En cada uno de estos niveles hay dos personas y cada mes aparecen en una planta nueva, que puede ser más alta o más baja. En el medio de esta estructura hay un agujero por el que baja una mesa llena de comida. Una mesa que, evidentemente, se va vaciando según va bajando de piso, de manera que cada nivel come las sobras de los superiores.
Aunque la analogía con la división en clases, la desigualdad y las relaciones norte-sur sea evidente, a donde realmente apunta la película es a las relaciones entre individuos. Vemos como cada piso desconfía del de arriba y desprecia al de abajo, creando así un individualismo feroz en el que solo importa la supervivencia de cada uno. El hoyo no busca presentar una tesis sino plantear situaciones para que nos hagamos preguntas. Aunque esto acabe lastrando su final, acelerado y un poco confuso, el planteamiento prevalece: ¿qué harías tú? El hecho de que la pregunta se plantee en términos individuales también es reflejo de los tiempos.
Galder Gaztelu-Urrutia, en su debut en el largo tras los cortos 913 y La casa del lago, hace un buen uso de los humildes medios de los que dispone para ponerlos al servicio de la historia. La oscura fotografía, el cuidado sonido y una sencilla pero efectiva banda sonora contribuyen a potenciar la sensación de inquietud y confusión. Al thriller de ciencia ficción se le añaden momentos sangrientos propios del cine de género pero también desahogos cómicos, enriqueciendo así la propuesta y haciendo que la hora y media de duración se pase volando. Iván Massagué, más acostumbrado a los registros cómicos, hace un buen trabajo en el papel protagonista. Su desgaste físico fue más allá de la ficción, ya que el actor perdió doce kilos durante el rodaje. Entre los secundarios destaca Zorion Eguileor, que protagoniza gran parte de los momentos cómicos pero también ejerce de transmisor de información en los minutos iniciales.
El hoyo está destinada a convertirse en un filme de culto al estilo Cube (Vincenzo Natali, Canadá, 1997), su comparación más evidente. Netflix lo olió rápido y se hizo con sus derechos durante el Festival de Toronto. El hoyo es una producción pequeña que a la vez tiene todos los ingredientes para gustar y seducir a un público amplio: una original intriga bien ejecutada con un problema político reconocible de fondo. Cine de género como medio para una reflexión política. Y en clave de cine español, una nueva muestra de la variedad de intereses y géneros para seguir redondeando un 2019 muy rico en calidad y diversidad.
Siguen funcionando los estrenos españoles en taquilla. Dos de los estrenos del pasado viernes, La trinchera infinita y Los Rodríguez y el más allá, se combinaron para atraer a las salas a más de 100.000 espectadores y sumar una recaudación superior a los 800.000 €. El silencio de la ciudad blanca y la incombustible Mientras dure la guerra mantienen su buen ritmo, por lo que nos encontramos cuatro títulos españoles en el top 10. Ayudado también por la Fiesta del Cine que se celebró al principio de la semana pasada, el cine español ha superado los 70 millones de euros de recaudación en lo que va de año.
Los Rodríguez y el más allá ha sido el mejor estreno de la semana. Con una recaudación total de 436.099 € gracias a 70.077 espectadores, su media por copia (2.307 €) se queda a apenas 90 € de la de Mientras dure la guerra, otra semana más la mejor de las películas españolas en ese aspecto.
Inmediatamente después aparece La trinchera infinita, que ha evitado la triste tradición de películas aplaudidas por la crítica que luego no funcionan en taquilla. Preestrenada en salas limitadas durante la Fiesta del Cine antes de su estreno definitivo el jueves, ha sumado un total de 401.070 € con una media por copia de 1.720 €. Cifras no espectaculares pero sí sólidas y que apuntan a un buena vida comercial (en los últimos días ha mejorado su posición en los rankings diarios). La otra película que llegó la semana pasada, Love me not, saldó su estreno con unos testimoniales 334 € tras proyectarse en solo tres salas.
La Fiesta del Cine impulsa a El silencio de la ciudad blanca y Mientras dure la guerra
Más de dos millones de personas aprovecharon la Fiesta del Cine que se celebró entre del 28 al 30 de octubre para ir al cine por un precio menor del habitual (2,90 €). Aunque no hay datos sobre el rendimiento particular de cada película, sí conocemos el top 10 de esos días, en el que encontramos a Mientras dure la guerra en el cuarto puesto y a El silencio de la ciudad blanca en el quinto. También sabemos su recaudación durante el pasado fin de semana y la total, o sea que comparando estos datos con los que ya teníamos la semana pasada podemos estimar que estas dos películas sumaron más de medio millón de euros cada una durante la Fiesta del Cine.
El nuevo film de Daniel Calparsoro suma 1.681.439 €, con una caída del 23% respecto a la semana anterior, lo que habla de un buen mantenimiento. A Mientras dure la guerra le ha sentado bien el puente y el frío: en su sexta semana subió un 9% respecto al fin de semana anterior y ya supera los 9 millones de euros totales de recaudación. Dos últimos datos: Lo que arde supera los 50.000 espectadores y El crack cero hizo una meritoria media por copia de 1.134 € en su quinta semana en salas.
Esta semana llegan a las salas cinco nuevas películas españolas, entre las que destacan El hoyo, la sorpresa inesperada de la temporada después de ser premiada en Toronto y arrasar en Sitges, y Ventajas de viajar en tren, la adaptación de la conocida novela de Antonio Orejudo a cargo de Aritz Moreno. El cine español ha vuelto a concentrar los estrenos en el trimestre final del año, y aunque la mayoría de películas hayan encontrado su público durante las últimas semanas, queda la pregunta de si no habría sido mejor distribuir los estrenos a lo largo de los meses.
Es un fenómeno que se repite todos los años. En los meses finales del curso, los aficionados al cine se encuentran con que hay demasiados buenos estrenos al mismo tiempo en los cines. Esta circunstancia parece afectar especialmente a las películas españolas: temporada tras temporada, parte de lo mejor del cartel estatal se amontona en septiembre, octubre y noviembre. El resultado es que las obras se ven obligadas a competir entre sí -además de con algunas potentes apuestas extranjeras-, lo que acaba perjudicando su casi siempre difícil vida comercial.
El año pasado esta sobrecarga de oferta de renombre dañó claramente la taquilla de nuestras películas. El reino, Viaje al cuarto de una madre, La sombra de la ley, Petra, Quién te cantará o El árbol de la sangre acabaron compitiendo en los cines y no consiguieron atraer del todo a su público objetivo, que, en muchos casos, tenía que elegir entre alguna de ellas -además de con los oscarizables estrenos norteamericanos-. Ni siquiera las apoyadas por una gran televisión (El reino y La sombra de la ley) llegaron a los 1,5 millones de euros. Únicamente Todos lo saben (3,1M) y, dentro de sus posibilidades, Carmen y lola (326.208 €) consiguieron funcionar bien en taquilla.
En este 2019, la coincidencia española se repite. Sólo en noviembre llegarán: Ventajas de viajar en tren, El hoyo, Madre, Adíós, Intemperie o La hija de un ladrón. A ellas hay que sumarles las obras que todavía aguantarán en cartelera, como la muy reciente La trinchera infinita,Mientras dure la guerra, o los policíacos El asesino de los caprichos y El silencio de la ciudad blanca. En diciembre el grifo se calmará bastante, aunque aún habrá tiempo para un nuevo policíaco de Atresmedia (Legado en los huesos) y un estreno independiente más (Longa noite) en las dos primera semanas del mes.
Este escenario señala directamente a las distribuidoras, que son las que deciden el calendario de estrenos españoles. Pese a que este año la variedad de géneros es mayor y ya hay un éxito destacado (Mientras dure la guerra), noviembre va a ser un mes muy difícil para algunas películas españolas que están destinadas a competir por grandes premios. En un año en el que va a ser muy complicado que se llegue al tradicional objetivo español de los 100 millones de recaudación al final del año, ¿por qué se siguen arriesgando las compañías a que se pisen películas de perfil similar?
Las restricciones del calendario
Hay diversos factores que entran en juego a la hora de elegir una fecha, algunos de ellos relacionados con algún tipo de urgencia temporal. El primero tiene que ver con los contratos que se firman. Muchas películas nacen con una serie de compromisos con los que tienen que cumplir, como el de estrenar en año natural. Algunas películas que estaban “en cola” se aceleran cuando llegan los últimos cuatro meses del año; eso ayuda a la precipitación y contribuye a la acumulación.
Otra razón, recuerdan desde Caramel Films, son los Goya. Seguramente una de las más decisivas. Si se quiere optar a los importantes premios de la Academia de Cine española, la obra tiene que haberse estrenado antes del 31 de diciembre de 2019, según las propias bases del concurso. Para algunas de estas películas, con aspiraciones de llamar la atención de la Academia y recoger prestigio, es fundamental poder cumplir con estos plazos. Y ocurre lo mismo también para otros galardones como los Premios Feroz o los Gaudí.
Fotograma de ‘Intemperie’, de Benito Zambrano
En la misma línea va otro de los motivos: los festivales. El escaparate en los medios de comunicación y el recorrido que da un festival es algo valioso, y las distribuidoras quieren aprovechar un impulso de ese tipo a la hora de estrenarlo. Festivales potentes como San Sebastián, Sitges, Seminci o Sevilla suceden durante este tiempo, y aprovechar una ola de promoción de este tipo para lanzar la película es muchas veces fundamental para llegar al público. Es lo que les ha sucedido a películas como La trinchera infinita, Mientras dure la guerra, La hija de un ladrón, presentes en Donostia, o Ventajas de viajar en tren y El hoyo, ganadora en Sitges.
Los clásicos ciclos del año en taquilla
Por otro lado, los 12 meses del año tienen una serie de ciclos cinematográficos más o menos predefinidos y tradicionales. Diciembre y, sobre todo, enero y febrero son meses de estrenos potentes norteamericanos e internacionales. Son las fechas de los premios norteamericanos y británicos (Globos de Oro, Óscar, BAFTA, premios de la crítica…) que más atención acaparan entre el público cinéfilo. Las distribuidoras españolas, que también tienen sus premios en estas fechas, intentan no sobrecargar esa temporada, pero también buscan llegar un poco antes para que la película siga en la mente de todos.
Los veranos (junio, julio y agosto) suelen ser considerados poco dados al cine de autor y más aptos para películas de puro entretenimiento. Descanso, menor actividad relacionada con el cine, salida de las rutinas de las grandes ciudades, eventos deportivos…una serie de razones desaconsejan a las distribuidoras gastar sus balas más prestigiosas en los meses más calurosos del año. El éxito de una comedia familiar y comercial como Padre no hay más que uno, la española más taquillera del año, iría a confirmar esta creencia.
Pero los meses de marzo, abril y mayo, temporada baja en el imaginario de las distribuidoras, han sido escenario de la segunda película española más taquillera de este año (Lo dejo cuando quiera, estrenada en abril), de la película española más taquillera del año pasado (Campeones, estrenada en abril de 2018) y de otros éxitos como 8 apellidos vascos (estrenada en marzo de 2014). Y no sólo a las comedias les ha ido bien: Dolor y gloria, es la cuarta película española más vista de 2019 y llegó en marzo. La redistribución de los estrenos hacia estos meses tiende a ser alternativa al acopio de los meses finales del año.
Con un ojo en la competencia
Además de las condiciones temporales, para tomar una decisión que puede significar miles de euros se tienen en consideración otro tipo de elementos. Por ejemplo, es decisivo saber qué van a hacer y cuándo van a estrenar los demás. Elisabeth Ortega de Fílmax (que estrenará este viernes ) explica a este medio que ellos tienen una herramienta que se va actualizando con las fechas de estreno de todas las películas cada semana para así poder prever y calcular posibles modificaciones en su calendario.
¿Cuánto antes se sabe lo que va a hacer la competencia? “Con meses de antelación”, comenta Ortega. Una previsión que va variando y que algunas veces se queda en el aire. El productor de Adiós, Enrique Lavigne, se lamentaba de esta falta de cálculo en Twitter el año pasado, a lo que aducía “puro desinterés” de los implicados.
“Se suele hacer una reunión con los directores de las diferentes líneas de negocio, programación y marketing, y ahí se busca posicionar la película en el calendario”, explican en Fílmax. En esas reuniones se determina el target, y se ve qué coincidencias temporales existen. Para Ortega, “una película de una major te puede hacer más daño”. Ahí es fundamental también el número de copias con el que se vaya a lanzar el filme; eso permite hacer cálculos de inversión, distribución geográfica y grandes apuestas por lugares concretos. La tendencia de distribuir por zonas es ahora más habitual porque las películas españolas están remarcando su esencia local.
Fotograma de ‘Madre’, de Rodrigo Sorogoyen
Más allá de balances, competencias y estimaciones, la razón fundamental para decidir una fecha o no es la seguridad en las posibilidades de la película. “Es importante tu nivel de confianza en ella”, concluye Ortega. Si se sabe que la película va a funcionar por sus propias características o cualidades, el resto de factores pueden ser menos decisivos. Con la dura experiencia del año pasado como referencia, veremos qué ocurre con los estrenos españoles en un otoño de 2019 que se prevé complicado.
Retrasar la fecha de los Goya, ¿una solución?
El pasado tres de noviembre, el director de cine Polo Menárguez, que en enero estrenará su segunda película (El plan), volvía a avisar desde su cuenta de Twitter del día de la marmota con respecto a los estrenos españoles y su terrible coincidencia.
Cada año se repite y nunca le ponemos solución. El aluvión de estrenos en salas de la mayor parte del cine interesante, tanto patrio como internacional, no beneficia a nadie. Los primeros afectados son los espectadores:
Pero además de soltar su particular lamento, Menárguez ofrecía una posible solución a este problema: retrasar la fecha de los Goya hasta después de los Oscar. «De esa manera, moveríamos nuestros estrenos fuertes a una fecha que anda más desierta en la taquilla: el final del invierno y principio de la primavera», asegura el director.
Cientos de inmigrantes cruzan cada año Centroamérica para llegar a la tierra prometida: Estados Unidos. El viaje, lleno de penurias, se hace en lo alto de un tren o por las propias vías y de los cientos que salen varios cientos se quedan por el camino. Es una realidad oculta pero palpable por la que muchos hispanos pasan en algún momento. El detonante de este viaje es la situación de pobreza que vive la región, con graves casos de chabolismo, analfabetismo e insalubridad. Las políticas poscolonialistas tanto de EEUU como de otras potencias occidentales han rebajado la calidad de vida al mínimo. Por eso, cuando en Guatemala, Perú o Ecuador se oye hablar de ese paraíso que hay al norte, nadie duda en colgarse una mochila al hombro y perseguir el sueño a ciegas.
El viaje, igual que el que realizan cientos de africanos para llegar a Europa a través de España, requiere estar hechos de una pasta especial, y aun así nadie asegura llegar al final. Y aquí el cine también tiene su papel como denunciante de una situación aberrante. Por eso es tan importante prestar máxima atención a cineastas como Diego Quemada-Díez, cuyo filme La jaula de oro retrata lo más crudo de esta realidad. Nacido español y nacionalizado mexicano, conoció la situación de los migrantes cuando fue a vivir una temporada con un conocido: su casa se encontraba junto a las vías del tren y todos los días veía a los migrantes de camino al norte. Esto sucedió en 2003, y desde entonces Quemada-Díez no ha parado de documentarse y luchar por levantar este proyecto.
La historia es la de tres adolescentes que salen de un pueblo chabolista de Guatemala soñando con Estados Unidos. Quemada-Díez quería actores no profesionales que viviesen esta realidad, por lo que recorrió asentamientos chabolistas y en el casting siempre hizo la misma pregunta: ¿quieres ir a Estados Unidos? La respuesta de los 6.000 candidatos fue unánime: sí. ¿Qué lleva a tanta gente a querer huir de sus casas de esa manera? En el caso de nuestros protagonistas es su día a día en hogares precarios y salarios ínfimos o inexistentes que les empujan a vivir de lo que da el vertedero más cercano. La precariedad de la vida propiciada por potencias extranjeras que expolian a los países y diezman sus recursos fuerzan a los habitantes a abandonar sus casas y buscar sitios mejores donde vivir.
Lo más paradójico de todo es que la ignorancia inducida por esta situación los hace emigrar precisamente a los países causantes de su desgracia. En el filme se puede apreciar cómo se vive en estos lugares, en casas construidas con uralita y de apenas unos metros cuadrados, basura por las calles, enfermedades… En seguida se crea una empatía hacia ellos y la urgente necesidad de huir se convierte en un anhelo compartido por personaje y espectador. Lo que no conocen los protagonisas es la dificultad de un viaje peligrosísimo, lleno de robos, accidentes, secuestros, violaciones… Enfrentarse a esta travesía significa con frecuencia la muerte.
Lo valiente de La jaula de oro no es solo el hecho de abordar un tema tan complejo si no la forma en que se lleva a cabo. El director español utiliza un lenguaje cercano al documental para darle ese realismo crudo que introduce aún más al espectador. El filme se grabó cronológicamente y por tanto el equipo llevó a cabo ese mismo viaje, pasando por tres países de Centroamérica. Con un estilo muy cercano al neorrealismo, una parte del equipo siempre avanzaba con varios días de ventaja para seleccionar localizaciones reales y contratar a verdaderos migrantes como extras. En cuanto a la cámara, siempre va al hombro, sigue a los personajes y da la sensación de ser uno más de la acción.
Pero más allá de un envoltorio sobrio no hay concesiones, la realidad se retrata tal y como es, con sus momentos alegres y sus momentos desoladores. No existe la condescendencia del occidental hacia el tercermundista, solo la rabia y la denuncia más firme. Lo peor de todo es que ninguno de los personajes sabe lo que encontrará al final del viaje, ninguno se da cuenta de que su soñado paraíso es otro lugar más donde el hombre caza al hombre, donde unos se explotan a otros. Nadie imagina que su lugar de ensueño no es más que una jaula de oro.
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