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La española ‘El hoyo’ gana un premio del público en el Festival de Toronto

 

La película española El hoyo se lleva recompensa de su paso por el Festival Internacional de Cine de Toronto: Premio del Público en la Sección Midnight Madness. Dirigida por el debutante en largo Galder Gaztelu-Urrutia, nuestro filme distópico ha conseguido ser el más votado por los asistentes a una de las secciones más populares de Toronto. Midnigh Midness consiste en proyecciones nocturnas (la gran mayoría, en una sala de la Universidad de Ryerson) de una nueva hornada de cine de género y underground internacional. Famosas películas como Lo que hacemos en las sombras o Siete psicópatas ganaron este mismo galardón.

La producción de ciencia ficción vasca había llegado al Festival sin hacer mucho ruido y se había programado de forma discreta en los primeros compases del mismo. Pero ya en sus primeras proyecciones hace más de diez días llamó la atención de distintos críticos, que la trataron de forma favorable. Incluso Norman Wilner, crítico de la publicación canadiense ‘Now Toronto’, presagiaba que podía ganar el Premio del Público. En estos momentos, la película tiene un 70% en Rotten Tomatoes sobre 10 críticas, que no cuenta, por ejemplo, con la positiva de Daniel Mantilla en ‘Fotogramas’.

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Al finalizar el Festival, se ha podido comprobar que ha convencido también al público que ha acudido a las proyecciones en Toronto. Distopía de una sociedad dividida en una prisión por niveles, El hoyo también ha seducido a Netflix, que ha comprado sus derechos a Latido Films para poder emitirla en todo el mundo (menos en los países asiáticos). El acceso a la gran plataforma de streaming puede ofrecer una buena oportunidad para la película de Gaztelu-Urrutia de ganar relevancia internacional, algo que ya ocurrió con las españolas La enfermedad del domingo o Verónica.

El hoyo seguirá ahora, con el impulso del premio en Toronto, su camino por los festivales. La próxima parada es Sitges, donde competirá en la Sección Oficial del famoso festival de cine fantástico. Allí se enfrentará por el premio a Mejor Película con las también españolas Amigos, CuerdasVentajas de viajar en tren y Paradise Hills. Protagonizada por Ivan Massagué o Antonia San Juan, la película está producida por Basque Films, que obtuvo en 2017 el Premio Goya y el Premio Platino al Mejor Largometraje de Animación por Psiconautas, los niños olvidados.

Su director, Gaztelu-Urrutia, tiene una larga trayectoria como director de publicidad desde Basque Films, y había hecho incursiones en el cine en el pasado con dos cortometrajes: 913 (2004) y La casa del lago (2011). Ocho años después, el bilbaíno está recorriendo el mundo con su primer largometraje, El hoyo, que, por el momento, está haciendo el ruido que esperaba.

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Litus: Exitosa repetición de un modelo probado

Después de trabajar en la comedia de factura televisiva en El pregón y El mejor verano de mi vida, Dani de la Orden vuelve a un cine más similar al de sus dos primeras películasBarcelona, noche de verano y Barcelona, noche de invierno– con Litus. A partir de la obra de teatro de Marta Buchaca, que también participa en el guion de la película, y con Los amigos de Peter como referencia cinematográfica explícita, Litus narra el reencuentro de un grupo de amigos meses después del suicidio de uno de estos.

Como comentamos en su momento con Perfectos desconocidos, encerrar a los personajes en un espacio cerrado siempre ha sido un fértil punto de partida para el cine. Si le añadimos los elementos de drama generacional y personaje recientemente fallecido, tenemos una receta para una película que, si bien ya hemos visto en bastantes ocasiones, podemos volver a ver con gusto siempre que esté bien planteada y bien ejecutada. Y Litus lo está. Sus temas de fondo (la dificultad, no ya solo de decir adiós, si no de saber a quién se lo decimos, la incomunicación o el componente generacional de “crisis de los 30”) forman parte de esas preguntas que el ser humano nunca dejará de hacerse.

Dani de la Orden sabe cómo aprovechar cinematográficamente estos elementos. Sabe dónde colocar a sus personajes, como marionetas dentro del espacio cerrado de un piso, y elige bien cuando usar los primeros planos para resaltar el dramatismo de la situación. Algo a lo que ayuda el buen trabajo de un reparto de primer nivel formado por Álex García, Adrián Lastra, Belén Cuesta, Miguel Fernández, Quim Gutiérrez y Marta Nieto. Aunque se habría agradecido menos música para ampliar el impacto de los silencios, en general el conjunto sobrevive sin problemas a sus puntuales excesos melodramáticos.

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Después de un tramo inicial más cómico, en el que destaca Adrián Lastra, el drama se adueña de la segunda parte, en la que sobresalen Quim Gutiérrez y su impactante monólogo, que seguramente tuvo mucho que ver con su premio a Mejor Actor Secundario de la Sección Oficial del pasado Festival de Málaga. Tras explotar la comedia surgida de la incomodidad de las situaciones durante la primera mitad, la película se pone seria, y enfrenta a sus personajes con problemas nunca afrontados y verdades nunca dichas. Al final, se llega a un clímax final en el que estos abrazan su dolor con la alegría de quien ha entendido que es parte inseparable de la propia vida.

Litus es la reproducción exitosa de un modelo ya probado. Una película que aprovecha un buen texto inicial y las buenas capacidades de Dani de la Orden en la dirección y un carismático reparto. El resultado final no descubre nada nuevo pero sí plantea cuestiones relevantes para una generación que vive un mundo menos atractivo del que esperaba encontrarse. Una generación que además va encontrando su hueco en nuestro cine, lo que hace que cada vez veamos más retratos generacionales de este estilo.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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‘Padre no hay más que uno’ supera a ‘Lo dejo cuando quiera’: película española más taquillera del año

 

La última comedia de Santiago Segura, Padre no hay más que uno, ya es la película española más popular del 2019 en los cines. Es el filme producido en España que más entradas ha vendido y que más espectadores ha tenido en lo que llevamos de año, superando los 11,3 millones de euros de Lo dejo cuando quiera, la anterior líder en la lista. Aún sin datos oficiales, Padre no hay más que uno ronda ya los 12 millones de euros de recaudación y supera los 2 millones de espectadores.

La clave del éxito de la película de Segura está siendo su capacidad de aguante; semana tras semana, no baja de la lista de lo más visto en las salas. Después de un inicio prometedor (1,48M €) y casi calcado al de Lo dejo cuando quiera (1.58M€), la sátira del padre «cuñado» sólo sufrió una caída reseñable en su venta de entradas durante su tercer fin de semana (-31%). Desde entonces, se ha mantenido muy regular, y nunca bajando de los 500.000 € de recaudación.

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Tampoco va a bajar de esos números en el próximo balance de este recién pasado fin de semana. En su último avance, Comscore le da unos nuevos 500.000 € en su séptimo fin de semana en salas. La empresa de ranking taquillero la coloca de nuevo como la tercera más vista de este pasado fin de semana, mejorando incluso en dos posiciones su resultado del registro anterior. Para entender su capacidad de arrastre, basta ver que la otra película española que la acompañaba en el TOP 5, Quien a hierro mata, sí que se ha caído de esa lista privilegiada llevando menos de la mitad de tiempo en cartelera.

Después de un mes de agosto de vacaciones muy propicio, la vuelta a la rutina no está parando los grandes resultados de la película de Atresmedia, que consigue superar así en lo más alto a la producción de la competencia (Lo dejo cuando quiera está producida por Telecinco Cinema). Una nueva victoria para el grupo de comunicación naranja, que está ganando la batalla comercial española en taquilla del 2019 al otro gran conglomerado: también cuela en el TOP 5 de películas españolas en lo que llevamos de año a Perdiendo el este.

El producto de Segura se ha convertido en la película del verano por su gran capacidad para atraer a un amplio público familiar, de edades muy diferentes, que la sigue considerando una gran opción para ir al cine en compañía. Aún presente en más de 300 salas españolas, su recorrido final en lo alto apunta a que es muy improbable que alguien le arrebate el título de película española más taquillera del año en los tres meses y medio que quedan de 2019.

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Sordo: Una película felizmente diferente

En 1944, con la Segunda Guerra Mundial acabando y la esperanza de una intervención estadounidense contra Franco en el horizonte, los guerrilleros opositores al régimen, conocidos como maquis, empezaron a planear y ejecutar acciones de sabotaje en el norte de España. Sordo, la segunda película de Alfonso Cortés-Cavanillas, empieza siguiendo a uno de estos grupos. Anselmo (Asier Etxeandia), uno de estos maquis, perderá la audición después de una explosión intentando volar un puente. Lleno de miedo y dudas, con sus facultades mermadas y el ejército siguiéndole los pies, Anselmo luchará por sobrevivir.

Alfonso Cortés-Cavanillas, a partir del cómic de David Muñoz y Rayco Pulido, envuelve en códigos del cine del oeste esta épica historia de supervivencia ambientada en la postguerra civil (para los de la “otra vez la guerra civil”, decir que aquí es poco más que telón de fondo, y buena suerte buscando otro que sea tan reconocible y se acerque a su potencial dramático). En Sordo conviven el western clásico de John Ford con el moderno de Peckinpah y Leone, sin quedarse en el tributo impersonal. El tratamiento del sonido hace que sintamos lo mismo que el protagonista y nos mete en la historia y en su angustia y miedo. Daniel Rodrigo, responsable del sonido, hace que escuchemos el silencio.

Sordo es una película diferente antes incluso de sus propuestas formales. Producida de forma autónoma desde La caña brothers, su lanzamiento es la culminación de un proceso que inició en 2010 cuando el director se hizo con el cómic. Su misma existencia es una prueba más de que en el cine español se pueden hacer cosas distintas y de gran calidad. Además de un trabajo excelente en el sonido, que está en la base de la propuesta del film, también destaca la fotografía de Adolpho Cañadas y el trabajo de vestuario y maquillaje para reproducir la época. Asier Etxeandia hace un fantástico trabajo en un papel muy exigente y lidera un talentoso reparto en el que también encontramos a Marián Álvarez, Aitor Luna, Imanol Arias, Hugo Silva, Olimpia Melinte y Stephanie Gil.

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Y aunque el tramo final no esté a la altura de sus más que notables primeros minutos, la película llega con fuerza a la línea de meta gracias a su gran factura técnica y al buen trabajo de un reparto de mucha calidad. Los bellos paisajes de Cantabria se ponen al servicio de una historia épica que enfrenta al ser humano a la supervivencia, y pone sobre la mesa el problema de la incomunicación y sus consecuencias. La decisión de contar esta historia como un western hará las delicias de los amantes del género y quizás consiga que quienes no tienen especial interés en él cambien de opinión. En cualquier caso, Sordo es una película vibrante, llena de acción y de emociones fuertes que mantiene un buen nivel incluso en la menos redonda parte final.

Alfonso Cortés-Cavanillas y el equipo de La caña brothers han creado una película que derrocha amor al cine y a su historia. Solo el hecho de haber sacado el proyecto adelante a lo largo de tantos años ya es en sí mismo meritorio. Sordo revisita nuestra historia desde una apuesta formal bastante diferente a lo habitual, exhibiendo un gran aparato técnico y con un reparto de primer nivel. Una película felizmente diferente.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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Alfonso Cortés-Cavanillas: «Siempre había querido hacer un western en España»

 

Alfonso Cortés-Cavanillas es uno de los fundadores de la productora La caña brothers, que desde 2010 ha hecho trabajos para televisión (con periodistas como Jon Sistiaga, Iñaki Gabilondo o Ana Pastor), documentales (Nacido En Gaza, Deconstruyendo a Dani García), publicidad, videoclips,…y también cine. En 2012 Cortés-Cavanillas dirigió Los días no contados y ahora vuelve a la carga con Sordo, un proyecto que, nos cuenta, ha pasado años incubando. Alfonso es una persona apasionada de su trabajo, y cuando nos reunimos con él en el tramo final de una mañana de entrevistas seguía hablando de su trabajo con la pasión y la alegría de quien disfruta dedicándose a lo que le gusta.

En cuanto a la producción, en Málaga dijiste que no había ninguna televisión detrás ni ninguna plataforma, o sea que está producido desde La caña brothers. Cuéntanos un poco más de este proceso. Cómo es, ventajas, dificultades.

Las ventajas no las sé porque solo sé esta. Dificultades muchas: tienes que trabajar mucho para tener el presupuesto que quieres. Pero también tiene la parte satisfactoria de conseguir y pelear cosas, buscarlas, y eso es importante. Nosotros creíamos mucho en esto y sabíamos que teníamos que mostrar lo que podíamos hacer. Y una vez que lo mostrásemos teníamos confianza en que iba a entrar más gente, como Filmax para la distribución y TVE ahora, y hay visos de que vaya a entrar más gente. Creíamos que teníamos un producto que iba a ser diferente.

En Málaga al verla por primera vez nos sorprendió lo diferente que es de lo que se suele ver en el cine español, más aún pensando en la época en la que está ambientada. Dijiste que la propia idea del western estaba ya en el cómic. ¿Cómo llegaste al cómic y qué te atrajo de él?

Yo me compro muchos cómics, soy un tarao de los cómics a lo bestia. Y siempre había querido hacer un western en España, pero sin tener que irme a Almería a hacer un spaguetti western. Sin la necesidad de justificarlo. Y eso me lo dio el cómic. Cuando lo leí dije: es que está ahí. Entonces cogimos esos elementos, por eso me enamoró. Nosotros empezamos con La caña brothers en 2010 y ahí me compré el cómic. Vine a las oficinas y les dije que había que hacer esa película. Pero que había que prepararse para hacerla porque es complicada y hay que trabajarla mucho. Hicimos la otra anterior, Los días no vividos, para coger experiencia y aprender, que es lo divertido también de esto, y nos pusimos con ella. Y ya luego es trabajarlo. En Los días no vividos conocí a Asier, y Asier era Anselmo claramente. Y nos pusimos a escribir, a trabajar, a darle vueltas, a leer mucho, a ver, a darle otra vuelta otra vez al cómic. Es un proceso.

Hablando de westerns. ¿Qué referencias cinematográficas manejabas? ¿Qué pelis viste en ese periodo?

Ninguna en especial. He visto mucho y me gusta mucho. Desde el clásico John Ford americano hasta el Tarantino de ahora, pasando por Sam Peckinpah, que para mí es el puto amo. Sergio Leone, Kevin Costner, Clint Eastwood por supuesto…siempre que sale algo de western me gusta verlo. Entonces almacenas y eso luego va surgiendo, pero no vi nada concreto. Sí que tenía claro que quería que la primera hora fuese más clásica, más John Ford (sin ser yo John Ford), y luego entrase Sam Peckinpah. Esa era la idea, trasmitir ese giro. Ver el género más clásico hasta el más moderno. Una violencia diferente, que empieza a crecer hacía un punto más cercano a Leone, Peckinpah o Tarantino, estando yo muy alejado de ellos, pero en la intención.

Alfonso Cortés-Cavanillas: "Siempre había querido hacer un western en España" 3
Fuente: Sordo, la película. Facebook

Uno de los temas de fondo de la película, a partir de la sordera del protagonista, es la incomunicación. ¿Es un problema que nos afecta ahora mismo? ¿Hay incomunicación ahora mismo en España? ¿Gritamos demasiado y nos escuchamos poco?

Para mí la hay claramente, por eso no tenemos gobierno. Me parece algo tan simple como eso. Aquí en La caña brothers hemos trabajado con muchos periodistas (Jon Sistiaga, Ana Pastor, Mamen Mendizabal, Iñaki Gabilondo, que es brutal, cada vez que hablas con él te abre la cabeza) y conocemos mucho esa incomunicación. En los conflictos bélicos más, pero esta película sí es una metáfora de lo que vivimos. Es escucha al de al lado, quítate tus egos y tus mierdas que hacen que no escuches.

La incomunicación de Anselmo es un reflejo de eso. Cuando no estás comunicado no sabes quién es tu enemigo, quién es tu amigo, quién te quiere ayudar, quién te quiere perjudicar. Porque no estás escuchando. ¿Y qué acaba haciendo Anselmo? Perjudicando. Por ese mismo aislamiento ¿Qué acaba haciendo un político ahora mismo? Perjudicando.

Hablando de cine español, y aprovechando tu doble visión como espectador pero también desde dentro, cómo lo ves ahora mismo. ¿Ves alguna evolución desde que empezaste?

Veo evolución. Por ejemplo las plataformas abren eso un poco, no son de aquí, venden en todo el mundo. Entonces se ha creado otra mentalidad de ampliar las miras. Creo que hay mucha gente, por ejemplo me gustan mucho Sorogoyen o Alex de la Iglesia, que buscan otras cosas. Y creo que hay que ser valiente en eso, en buscar. Y a veces aciertas y a veces no, es que eso pasa aunque vayas a algo fácil. Hay comedias, porque parece que en el cine español al público solo le interesan las comedias, que se dan un batacazo. No se trata de eso. Creo que se pueden seguir haciendo comedias, dramas, lo que te dé la gana, a la gente le mueven sentimientos, me río, estoy triste, depende del momento. Pero hay que ser valiente, intentar. Yo el día que deje de buscar algo diferente, sinceramente, me monto otra cosa, porque me va a dar igual. En el camino está la diversión, no en la meta.

No sé lo que va a pasar con Sordo, está ya para los espectadores. Pero el camino ha sido brutal. Aprendo cada día, estoy creciendo desde que monté La caña brothers, no soy la misma persona. Eso es lo divertido, la búsqueda de sueños, las metas. Y si te las quitas, o te las marcan, te estás limitando. No limitemos. Entonces creo que al cine español le falta un poco eso pero también creo que se está abriendo. Las grandes empresas se están abriendo, porque la zona de confort ha crecido, hay muchas plataformas y muchas empresas, y si no se mueven se mueren. Creo que eso es bueno y alimenta.

¿Queréis mantener este modelo de producción independiente para futuros proyectos?

Vamos a ver dónde nos lleva esto, no tenemos unas expectativas marcadas. Lo primero ha sido hacerla, que el equipo esté contento y se sientan orgullosos de la película, eso está y lo he sentido así. Que la gente la vea y le guste y luego ya veremos a dónde nos lleva. Creo que se puede colaborar, una cosa no quita la otra. No se trata de bajo y alto presupuesto. Creo que cuando escribes no tiene que haber limitación y no hay que estar pensando en los números, porque estás creando. Y luego ya se verá si hay que juntarse con veinte empresas para llevarlo a cabo o lo puedes llevar tú solo.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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Asier Etxeandia: «Me hice unos tapones ergonómicos para los oídos que me quitaban la audición»

 

Asier Etxeandia (Bilbao, 1975) es un artista en toda la extensión de la palabra. Músico e intérprete, ha trabajado en teatro, cine y televisión durante los últimos 20 años. Después de una pausa desde sus últimas apariciones en el cine –La novia y La puerta abierta, sus anteriores películas, son de 2015- ha vuelto con fuerza en este 2019 con Dolor y gloria y Sordo. En este última, una producción de La caña brothers que se estrena mañana, encarna a Anselmo, un maqui que se ha perdido la audición después de una explosión. Nos hemos sentado con él a hablar de cómo fue la preparación de una película tan exigente, trabajar con Almodóvar y sus proyectos futuros.

Haces una interpretación muy física. ¿Cómo fue la preparación?

No tengo respuesta. Estuve buscando desde que Alfonso me enseñó el cómic y me dijo que iba a ser Anselmo. La emoción, la ilusión y el miedo se me pusieron al mismo nivel, porque había que dignificar al personaje y hacerlo de verdad hasta el final, dejándose la piel hasta el final. Estuve buscando durante meses, documentándome históricamente, me hice unos tapones ergonómicos para los oídos que me quitaban la audición. Estuve viviendo con ellos durante dos meses aunque tampoco me quitaban la audición completamente. Cada vez me desesperaba más. Investigaba, me tiraba al monte yo solo, buscaba y me desesperaba más. Era muy difícil.

Entonces empezó a atacarme una sensación de terror, de miedo, de estar perdido y de no ser capaz que incluso me dio fiebre. Dos semanas antes de empezar la película tenía 40 de fiebre. Siempre somatizo pero en este caso mucho más. No sabía qué orden seguir para prepararme el personaje. Buscaba y buscaba y me desesperaba mucho, la verdad. Supongo que eso hizo que me obsesionara brutalmente y que inconscientemente me metiera en Anselmo. Un día le dije a Alfonso que estaba aterrorizado y que no sabía cómo hacer el personaje, y me dijo “Asier, ¿no te das cuenta de que esto es lo que le pasa a Anselmo?”

Al final el propio proceso y la propia duda fue la que te llevó al personaje.

Es que Anselmo está aterrorizado, perdido, es un animal herido, no sabe a dónde ir, qué va a hacer, cómo va a sobrevivir. Es aquí y ahora todo el tiempo. Está sordo pero tiene intuición, se convierte en un animal. Así que al final todo fue encajando y Anselmo se creó solo. Lo único que he sido es un canal entregado a muerte para poder hacerlo.

Repites con Alfonso después de Los días no vividos. ¿Cómo ha sido volver a trabajar juntos?

Yo es que Alfonso donde me diga voy. Creo muchísimo en él y me siento muy identificado con cómo vive la profesión. Es como un niño jugando, ama su profesión y es lo que más disfruta. A mí me pasa exactamente igual. Aunque tenga muchísimo oficio y sepa muchísimo de cine y de todos sus elementos y herramientas es completamente libre para arriesgarse a hacer lo que sea, no tiene miedo en absoluto y esto hace que trabajar con La caña brothers sea una aventura siempre. Y no solo para las películas, también para los videoclips de Mastodonte, lo hago con él todo. Y sueño con algún día dirigir una peli juntos. Me siento parte de La caña brothers porque admiro muchísimo su forma de trabajar.

Asier Etxeandia: "Me hice unos tapones ergonómicos para los oídos que me quitaban la audición" 4

Os reunisteis en una casa en el campo durante el rodaje.

La puso La caña brothers. Son muy inteligentes. Nos metió en una casa a todos los actores, creo que también para no aguantarnos porque los actores somos muy pesados (Risas). Pero lo que creó también es que estábamos en constante análisis y vivíamos la película, hablábamos de cómo teníamos que enfocar cada escena…vivíamos muy concentrados y estábamos trabajando constantemente. Eso no siempre sucede. Pasa mucho con La caña brothers, porque tienen muy dentro el sentimiento de equipo y de comunidad. Entonces no hay jerarquías y no es frío en absoluto. Me gusta mucho trabajar con ellos, me lo paso muy bien.

Estás teniendo un gran año en el cine, además de Sordo has hecho Dolor y gloria. Queríamos preguntarte cómo ha sido trabajar con un director tan importante como Pedro Almodóvar, además en una película tan especial.

Es un director icónico y único en el mundo al que admiro profundamente. Pedro te pide y te exige lo máximo, porque estás jugando en primerísima división. Entonces tienes que hacer lo que te pide y tú verás cómo te lo curras. Pero también escribe muy bien, así que en cuanto lees un guion suyo es sencillo. Cuando estás rodeado de talento tu talento y tus capacidades florecen, no disminuyen. Es más difícil cuando te juntas con gente mediocre y es imposible sacar adelante un guion cuando está mal escrito. Con Pedro al final es fácil porque está muy bien escrito y la historia y el personaje son maravillosos. Yo estaba cumpliendo un sueño en ese momento trabajando con él porque le admiro muchísimo.

Después de este año tan bueno en el cine, ¿qué proyectos tienes para el futuro?

Estoy completamente entregado a mi banda, Mastodonte. Hemos hecho sello independiente, Enrico Barbaro y yo nos hemos convertido en un matrimonio profesional de aquí para siempre. Hemos sacado nuestro primer disco, que ha ocupado todo mi vida y ocupa todo mi tiempo y mi creatividad, y estoy enfocado ahora mismo en Mastodonte, de la misma forma que con la interpretación. Si soy artista es por Mastodonte sobre todo, contando y cantando lo que quiero hacer. Estamos de gira, y estoy muy feliz y muy estresado (Risas).

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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Sony domina la taquilla del cine español

 

Fin de semana (6-8 de septiembre) sin grandes cambios comerciales para el cine español en salas. Esas no news, good news son buenas para Sony Pictures, la gran distribuidora norteamericana que ha llevado a los cines las dos películas españolas más taquilleras del momento: Padre no hay más que uno (509.010 € de recaudación) y Quien a hierro mata (416.400 €), que siguen liderando la clasificación en películas españolas -intercambiándose el liderato- y se mantienen en el TOP 5 de las más taquilleras en la lista general.

La gran multinacional está ganándole la partida este año a su gran competidor, Warner Bros, en sus apuestas españolas. Las cuatro películas españolas con más recaudación y público este año son de Sony. Además de las dobles cifras de los éxitos de Padre no hay más que uno y Lo dejo cuando quiera, también se ha hecho con los derechos de distribución de Dolor y gloria, que cierra el podio con 5,7 millones. Incluso Bajo el mismo techo (3,5 M) ha batido a las dos grandes películas españolas de la Warner hasta el momento en 2019: Perdiendo el este (2,9 M) y Los Japón (2,7M).

En líneas generales, los números del cine español se mantienen, con una ligera bajada, similares a los del fin de semana pasado con poco más de 1 millón de euros en total para las películas españolas del 6 al 8 de septiembre, según los datos de Comscore. Padre no hay más que uno se convertirá en la película española más taquillera del año en los próximos días gracias a su bajada mínima en recaudación (-11%  en su sexta semana), mientras Quien a hierro mata aguanta con un -30%, aunque parece descartado que pueda entrar en el TOP 5 español de este año pese a su gran distribución (377 cines).

El estreno español de la semana pasada, Vivir dos veces, aterriza de forma discreta en su debut en la cartelera. El filme distribuido por Filmax ha acumulado en sus primeros tres días 113.350 €, con unos decentes 986 € por pantalla para las 115 que tiene. Unos números por pantalla calcados a los que obtuvo otra película de Filmax en julio, Lo nunca visto. Vivir dos veces llega sin pena ni gloria, pero tendrá difícil mantenerse en lo alto para cerrar bien su balance final.

En cuanto a La virgen de agosto, sigue haciendo números dignos para su limitado alcance. La película de Jonás Trueba suma 9.049 € de recaudación y un -33% con respecto al fin de semana anterior. Acumula 133.423 € y 22.282 espectadores en total. Para entender su buen desarrollo sostenido en el tiempo, es útil compararla con la taquilla que hizo una película de su mismo corte como Los días que vendrán. La obra de Carlos Marqués-Marcet lleva ya 167.951 € de bote, pero hay que recordar que tuvo bastantes más pantallas que la de Trueba durante sus primeras tres semanas en cartel.

Este viernes tendremos dos nuevas obras españolas significativas a nivel de distribución en los cines y que buscan hacerse un hueco entre los 12 estrenos que llegan ese día. Son Sordo, de Alfonso Cortés Cabanillas, y Litusde Dani de la Orden. Después de pasar de forma sólida por el Festival de Málaga, las dos películas buscan causar impacto en un fin de semana sin grandes estrenos norteamericanos a los que hacer frente.

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El ciclo sobre la corrupción en el cine y las series españolas

 

“Encajo en una maquinaria que lleva funcionando desde los tiempos de mi abuelo”. Así resume lo que hace Manuel López Vidal, el político corrupto interpretado por Antonio de la Torre en la reciente El reino. La película de Rodrigo Sorogoyen consolidó con premios el año pasado el espacio propio de esa “maquinaria” llamada corrupción dentro de nuestra ficción reciente. En los últimos ocho años, se han acumulado las series y películas que tratan este asunto de frente y no sólo de decorado fondo; hablando de sistemas organizados y no de algunas manzanas podridas, algo sin precedentes en la joven historia del cine español.

En realidad, la corrupción ha estado siempre en nuestras pantallas desde que llegó la democracia -veladamente, “desde los tiempos de mi abuelo”-, aunque de forma bastante intermitente y colateral. Uno de los grandes de nuestra cinematografía, Luis García Berlanga, retrató con humor el podrido tráfico de influencias durante los últimos coletazos del franquismo en La escopeta nacional (1978), y lo actualizó para satirizar los escándalos de los últimos gobiernos de Felipe González en Todos a la cárcel (1993).

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Fotograma de ‘Todos a la cárcel’

Otros destacados directores españoles también trataron el tema con su particular punto de vista: la degradación moral de la sociedad española en El crack (1981), de José Luis Garci, la especulación inmobiliaria durante los gobiernos del PSOE y PP en Huevos de oro (1993), de Bigas Luna, o los tentáculos de esa burbuja en La caja 507 (2002), de Enrique Urbizu, que introduce el tema dentro del formato del thriller, género que la vincula directamente con otras producciones posteriores.

Pero más allá de estos ejemplos puntuales directos, la corrupción no se había tratado de forma continuada, simplemente, porque antes importaba poco. El arte y la ficción son siempre – o deberían serlo- reflejo de la sociedad en la que se desarrollan, y la percepción extendida de que la corrupción es un mal del que tenemos que ocuparnos es relativamente reciente en España.

En 2009, ya con el Caso Malaya haciendo un ruido importante en los medios, los datos del CIS señalaban que únicamente el 0,4% de los encuestados lo colocaban entre los 3 principales problemas del país. Este número empezó a ir en aumento a partir del 2011 (estallido del movimiento 15-M) y terminó por dispararse en 2013 con los papeles de Bárcenas.

Desde entonces hasta hoy (últimos datos, septiembre 2018), por lo menos 1 de cada 4 españoles (el pico fue en noviembre de 2014, 63,8%) lo coloca entre los 3 principales temas a solucionar. La corrupción pasó de ser una anécdota, un -a veces- mal necesario para que todo funcionase, a algo inaceptable en el contexto de una grave crisis económica asolando el país.

La inauguración de Crematorio y el impacto de Alberto Rodríguez

Precisamente de 2011 es la primera ficción que inauguró este ciclo en el que nos encontramos: Crematorio. Basada en la novela homónima de Rafael Chirbes, esta serie fue pionera para Canal + (ahora Movistar +) por ser su primera serie original española y porque puso el foco, por primera vez de forma tan profunda y pegada a realidad, en la connivencia entre el poder público y el privado en la creación de la burbuja inmobiliaria. La historia de cómo se corrompió e hizo fortuna Rubén Bertomeu (un genial Pepe Sancho que también interpreta a un corrupto en Cuéntame), un empresario de éxito en el litoral valenciano, detalla bien ese tipo de tratos y funcionamientos sin cariturizarlos.

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Pepe Sancho, en un fotograma de ‘Crematorio’

Un año después, un director andaluz empezó a repasar la historia de España con la corrupción: Alberto Rodríguez. En Grupo 7 no era ya sólo la corrupción policial, motivo muy -pero muy- común dentro de nuestro cine, sino también los tentáculos institucionales que se tocaban en Sevilla con motivo de la EXPO del 92. Rodríguez siguió profundizando con La isla mínima (2014) en los pactos oscuros de la Transición entre franquistas y los nuevos demócratas para proteger a los patrones, pasando por encima incluso de los peores crímenes.

El mismo año en el que La isla mínima manchaba el pacto entre españoles también se producía un reflejo cinematográfico por el otro lado, el de los ciudadanos. El hartazgo social creciente con la corrupción se extendió rápidamente a una clase política y económica percibida como privilegiada, corrompida y culpable de la crisis. En 2014 se produjo, como decíamos, el momento más alto de indignación al respecto, según los datos del CIS. Dos películas de ese año son paradigmáticas en este sentido: Justi&Cia y Murieron por encima de sus posibilidades, dos películas sobre individuos que deciden rebelarse y repartir justicia a los culpables ante la incapacidad de las instituciones de ofrecer una respuesta a la gente.

La primera película que se atrevió a retratar la corrupción en la ficción de forma directa fue (2015). Este proyecto independiente, financiado principalmente a través de una campaña de crowdfunding, recoge la declaración del extesorero del PP, Luis Bárcenas, frente al juez Ruz en julio de 2013, el día que cambió su declaración. Basada en una obra de teatro, los juegos psicológicos y morales hacen de esta película un espejo doloroso sobre la financiación irregular del PP, aunque reflejan una cierta fe en el funcionamiento de la justicia.

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Pedro Casablanc, en un fotograma de ‘B’

Alberto Rodríguez volvía a agitar el avispero en 2016 tratando un famosísimo caso concreto de corrupción de los 90: el de Luis Roldán (El hombre de las mil caras). Esta vez, se trataba del funcionamiento de las cloacas del Estado y sus tentáculos, que llegaban  -con una referencia muy directa- hasta el ministro del Interior del momento. Los trucos del ex agente secreto Francisco Paesa nos acercan al funcionamiento mafioso de las estructuras de presión que se mueven en la sombra, siempre con la complicidad del poder. También es del mismo año Cien años de perdón, un thriller -el género favorito para tratar la corrupción – en el que se ven cristalinas las tramas que salpican de arriba a abajo a todo el mundo, sin saber bien de quién es la culpa.

La última producción de Alberto Rodríguez, La peste (2017), se va hasta la Sevilla del siglo XV para hablarnos también de la España corrupta de hoy. El propio director ha declarado que la investigación de Mateo Nuñez en la serie de Movistar + entre tabernas, palacios y ratas es una “metáfora sobre la crisis y la corrupción”. Este otoño se estrenará la segunda temporada, que volverá a contar el dominio de las instituciones por parte de una mafia.

Y llegamos hasta El reinoun preciso retrato de la corrupción desde dentro en forma, otra vez, de thriller. Esta película va detrás de los frenéticos pasos de Manuel López-Vidal (Antonio de la Torre), un político que es muchos reales al mismo tiempo, para reflejar hasta qué punto todo el sistema puede estar podrido. Una de las novedades más interesantes que introduce el filme de Sorogoyen es la variante de la corrupción en los medios de comunicación. Mediante las redes de sus dueños, el filme cuestiona el papel que juegan los encargados de, supuestamente, destaparlo todo para que el público conozca o no estas tramas. Como dicen en la película, el poder protege al poder. 

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Vivir dos veces: Dramedia digna sin brillar

 

En su ficha promocional, donde pone género, Vivir dos veces se define como «una comedia emocionante». Es una forma original de llamar a lo que se ha venido definiendo como dramedia (del inglés, dramedy) o comedia dramática, una larga tradición de mezclar códigos en cine en la que esta película quiere insertarse sin rubor. Y lo hace con mimo y buen hacer. La lástima es que esta historia de un hombre (Óscar Martínez) con alzheimer en busca de su primer amor no de con la tecla que la haga resaltar por encima de otras propuestas en la misma línea.

La película es, además de «comedia emocionante», una road-movie en su parte central. Darle una forma ágil y coherente a esos elementos tiene «su aquel», y el resultado general de ese encaje es bastante sólido. Primero, por cómo está estructurada la historia de la película. La guionista María Mínguez ha resuelto bien su esquema de introducción, nudo y desenlace, que está marcado sin perder fluidez (a pesar de los reiterativos flashbacks). A eso le añade un buen cuidado de las conversaciones que, a base de naturalidad, simpatía y sensibilidad, discurren sin problemas por temas complicados como el alzheimer o la discapacidad física.

La segunda razón de que tenga un empaque evidente tiene que ser mérito de María Ripoll. La directora se separa de sus trabajos recientes de comedia romántica pura (Ahora o nunca y No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas) para adentrarse en este terreno mestizo de comedia y drama, algo que ya había hecho con clase en Tu vida en 65 minutos. Lo hace ahora dándole una buena capa de coherencia, sentido y elegancia a los planos, dejando discurrir la banda sonora a tiempo y llevando a los actores (muy bien Óscar Martínez e Inma Cuesta) a los lugares que mejor se adaptan a su personaje.

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Pero el filme de Ripoll, pese a sus varios méritos, no tiene el empuje necesario para brillar con luz propia y destacar. Su problema está principalmente en sus personajes. En una película de contrastes, de mezcla de emociones y búsqueda de efectos en el espectador, lo más complicado es construir unos protagonistas que resulten humanos, sinceros y vulnerables. Un buen ejemplo de ello, en esas mismas claves, está entre Ricardo Darín y Javier Cámara en Truman, de Cesc Gay. Aquí, pese a lucir unas interpretaciones de primer nivel, la familia no termina de cuajar en sus vínculos.

Las relaciones entre los personajes no están cimentadas ni se plantean lo suficiente, especialmente la clave: la de padre (Martínez) e hija (Cuesta). El arco por el que pasa ese espacio personal no se desarrolla con la atención que necesita, especialmente en su primera parte. La dureza, incomprensión y cambios que tienen que vivir entre los dos no se tocan de verdad aunque se vayan colocando menciones estratégicas a lo largo de la película. Lo mejor en ese sentido es lo que ocurre entre abuelo y nieta (Mafalda Carbonell), donde se percibe una relación de verdad entre dos personas en etapas de su vida en las que no tienen nada que perder.

Vivir dos veces llega a su parte final -la más dramática- con demasiadas cosas aún que resolver, pero sin un bagaje emocional construido como para hacerlo. Pese a la valentía de mostrar lo más incómodo en su epílogo, la película se queda sin fuelle y recoge poco fruto de todo lo bueno que tiene, que no es poco. Una obra tierna, hecha con inteligencia y mimo, pero a la que le falta profundidad para sobresalir y definirse.

 

Arturo Tena (@artena_)

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Marta Nieto y Théo Court vuelven de Venecia con un premio bajo el brazo

 

Buenas noticias para el cine español desde Venecia. Sin representación en la Sección Oficial, que ha dejado un palmarés muy interesante -con Joker de Todd Phillips como León de Oro y El oficial y el espía de Roman Polanski como Gran Premio del Jurado- ha sido la Sección Horizontes, la segunda más importante del festival, la que ha tenido reconocimientos para nuestro cine. Marta Nieto ha sido elegida como mejor actriz por su trabajo en Madre, de Rodrigo Sorogoyen, mientras que el hispano-chileno Théo Court ha sido premiado como mejor director por Blanco en blanco, una coproducción entre España y Chile. Este último premio para Court se suma al Premio Fipresci de las Secciones Paralelas (Sección Horizontes y Semana de la Crítica) que se anunció la tarde del viernes. Recordemos también que Pedro Almodóvar recibió el León de Oro de Honor en reconocimiento a su carrera al inicio del certamen.

Madre, la película por la que ha sido premiada Marta Nieto, es la continuación del corto del mismo nombre que el año pasado estuvo nominado al Oscar. El largo empieza donde acababa el corto, con Elena (Marta Nieto) buscando a su hijo, que se ha perdido en un playa de Francia mientras estaba de viaje con su padre. La película ha recibido críticas dispares, aunque sí que hay un gran consenso en el gran trabajo de la actriz (y en el talento de Sorogoyen para la dirección). Madre inaugurará el Festival de Sevilla el próximo 8 de noviembre y llegará a las salas el día 15 del mismo mes.

Este premio impulsa la carrera cinematográfica de Marta Nieto antes del estreno de su primer gran papel protagonista. Hasta ahora la actriz murciana había trabajado principalmente en televisión (Hermanos y detectives, Cita a ciegas) y en papeles secundarios en películas como El camino de los ingleses, de Antonio Banderas, o Litus, de Dani de la Orden, que se estrena el próximo viernes. El reconocimiento en Venecia también será un gran impulso para la temporada de premios que empezará a partir del cambio de año.

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Fotograma de ‘Blanco en blanco’

El reconocimiento de la Biennale de Venecia también es un impulso para la carrera de Théo Court. Nacido en Ibiza hijo de padres chilenos -país al que volvieron cuando el ahora director tenía 16 años- estudió en la Escuela de Cine de San Antonio de Los Baños en Cuba y estrenó su primer largometraje, Ocaso, en 2010. Blanco en blanco, un drama histórico con elementos de western, narra la llegada de un fotógrafo a la Tierra de Fuego para fotografiar el matrimonio de un latifundista, es su segunda película. La crítica ha destacado la fuerza de sus imágenes y el choque que se muestra entre la naturaleza y la modernidad. De momento no hay fecha para su estreno en España (algo a lo que, nuevamente, este premio puede ayudar).

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