En los últimos meses el hype (la expectación) había ido creciendo con cada imagen que trascendía de Adiós. Y con mucha razón. El regreso del sevillano Paco Cabezas al cine español después de haberse pasado los últimos años haciendo las Américas con series como Penny Dreadful era muy prometedor. Reparto de nivel (Natalia de Molina, Mario Casas, Ruth Díaz, Carlos Bardem, Vicente Romero, Mona Martínez), rodaje en las 3.000 viviendas de Sevilla y un director que ha demostrado su valía al frente de grandes producciones. El resultado, que se lanzará al mundo el próximo 8 de noviembre, se ha podido ver por adelantado en San Sebastián, donde Adiós se emitirá esta noche en la gala de RTVE.
Paco Cabezas, que ha asistido telemáticamente a la rueda de prensa al encontrarse en Los Ángeles haciendo Penny Dreadful, ha destacado la ilusión que le hacía volver a casa y aplicar lo aprendido en estos años de profesión en una historia local. “Es la película de las que he hecho que está más cerca de mi corazón y de mi alma” ha declarado con una energía admirable teniendo en cuenta que en su actual parte del mundo eran las tres de la madrugada.
Su participación ha sido lo más estimulante de una rueda de prensa en la que RTVE ha hecho también balance de su trabajo en el cine español de este año 2019. La cadena ha estado representada por el director de contenidos, canales y producción de programas Fernando López Puig y la periodista Elena S. Sánchez, que ha conducido las intervenciones
Ambientada en el narcotráfico de las 3.000 viviendas de Sevilla, Adiós cuenta la historia de venganza de Juan Santos (Mario Casas, en un apreciable esfuerzo por hablar con acento andaluz), que pierde a su hijo en un accidente de tráfico cuando su coche es arrollado por otro que escapaba después de pegar un palo a unos traficantes. Su familia enseguida se involucrará para buscar justicia, mientras la policía empezará a hacer su trabajo, a lo largo del cual empezará a aflorar una red de corrupción.
Adiós tiene un ritmo tan vibrante que consigue que tardemos en darnos cuenta de que es una película que ya hemos visto muchas veces. Todo lo arrollador que Cabezas ha conseguido levantar durante los primeros dos tercios de película se viene abajo en un tramo final que, sencillamente, no se sostiene. La espiral de violencia que había desencadenado la familia Santos difícilmente podría tener un final feliz. Y aunque caigan peones por el camino no hay por dónde coger que Casas y de Molina acaben la película con el mismo saludo y en el mismo sitio que la empezaron.
La película se quiere dar una trascendencia que sí tienen otros thrillers exitosos recientes como Quien a hierro mata o El reino, y este intento acaba por resultar artificial y forzado. Clásica historia de redención imposible por un destino ya determinado por sus orígenes. Sin embargo, sus méritos son muchos y fuertes. Empezando por una brutal fotografía de Pau Esteve, siguiendo por el gran trabajo de Cabezas coreografiando la violencia hasta el esfuerzo de un aplicado reparto en el que destacan la siempre estupenda Natalia de Molina y una Mona Martínez de ecos lorquianos. Un regreso no redondo pero sí muy valorable.
Había expectación por ver La hija de un ladrón, la ópera prima de Belén Funes que es la última película española a concurso en la Seccion Oficial. Y ya podemos decir que ha estado a la altura. Quienes se han podido acercar a los diferentes pases que ha habido durante la jornada de hoy han disfrutado el que probablemente sea el debut más potente en el cine español desde Verano 93. El trabajo de Funes tiene una madurez apabullante a todos los niveles.
Enlazando con su cortometraje de hace cuatro años Sara a la fuga, premiado en el Festival de Málaga, el film nos presenta a Sara Garrido, una joven de veintipocos años que se encuentra sola en el mundo, con un hijo a su cargo y un hermano que vive en un centro de menores al que intenta atender siempre que puede. Una “niña con ojeras”, en palabras de la directora. Instalada en la precariedad material y emocional, Sara solo quiere una vida normal. Algo aún más complicado cuando se encuentra con su padre recién salido de la cárcel.
Lo primero que sorprende positivamente es el guion, que Funes firma junto a Marçal Cerbián. Se nos arroja directamente al día a día de Sara, y lo mismo ocurre con sus relaciones personales y familiares. No hay flashbacks ni escenas metidas con calzador para hacer más fácil la comprensión de la película (en la rueda de prensa se comentó que sí que tenían una secuencia de este tipo preparada pero que finalmente y, añadimos, felizmente, consideraron que no hacía falta). Esta búsqueda y construcción de sentido que propone Funes es la misma que vive la protagonista.
Aunque muestra una realidad material difícil y bebe de lo mejor del cine social europeo, La hija de un ladrón es fundamentalmente una película intimista que investiga las complejas relaciones familiares. Aunque Sara querría dejar todo atrás y empezar de cero en el fondo también quiere que su padre la quiera. El film retrata la soledad pero también, como ha apuntado la directora, la necesidad de ser queridos (“nadie me llama” dice en un momento de la película).
La familia Fernández completa el gran trabajo del resto del equipo. Greta deslumbra con una brillante actuación llena de dolor y de frustración en el que es su primer gran papel protagonista. Fuerte candidata a la Concha de Plata. Y Eduard, su padre en la ficción y en la realidad, le da un contrapunto perfecto con una interpretación contenida propia de un personaje que no sabe cómo expresar sus sentimientos. Su gran labor termina de redondear una gran película que hace que nos apuntemos desde ya mismo el nombre de Belén Funes, una directora que promete darnos grandes alegrías en el futuro.
Después de un inicio arrollador con las proyecciones de la decepcionante Mientras dure la guerra, la potente La trinchera infinita y la magnífica Lo que arde, el cine español, como hemos contado, ha mantenido un perfil más discreto en las siguientes jornadas. Pero no nos llamemos a error. Aunque lejos de los grandes nombres de los días anteriores, nuestro cine ha seguido sumando títulos de interés en San Sebastián. La jornada del martes no ha sido menos; se han presentado tres propuestas sólidas (Una ventana al mar, Las letras de Jordi e Historias de nuestro cine), cada una a su manera, que procedemos a desgranar.
Una ventana al mar
La primera película del día ha sido Una ventana al mar de Miguel Ángel Jímenez. Se trata de una coproducción entre España y Grecia y será la película que se verá esta noche de miércoles en la Gala EiTB. El film narra la historia de María (Emma Suárez), una mujer bilbaína de mediana edad a la que le diagnostican un cáncer. En medio de un viaje a Grecia con sus compañeras de trabajo decide arriesgarse, seguir sus instintos y quedarse allí, donde conocerá e iniciará una relación con Stefanos (Akilas Karafisis).
Una ventana al mar funciona bien como drama gracias a tomar buenas decisiones y mantenerlas durante el desarrollo del filme. En vez de caer en excesos melodramáticos y mostrar las costas griegas a modo de postal, Miguel Ángel Jiménez deja madurar a las situaciones y permite que sean las actuaciones las que carguen la mayor parte del peso dramático. Una idea acertada dado que tanto Emma Suárez como Akilas Karafisis tienen talento de sobra para trasmitir a través de sus miradas y silencios. El resultado es una bonita película en la que el amor y la alegría van emergiendo del inevitable dolor.
Las letras de Jordi
La tarde ha empezado con el documental Las letras de Jordi de Maider Fernández Iriarte. El proyecto nace a partir del trabajo de Fin de Máster de Maider Fernández para la Pompeu Fabra, en el que fue a grabar a Lourdes y conoció a su protagonista. Después pasó por las residencias Ikusmira Berriak y ganó el premio REC Grabaketa Estudioa. Un recorrido que ha acabado llevando la película en la sección New Directors del festival.
La directora nos presenta a Jordi, un hombre de 51 años al que la parálisis cerebral le impide hablar. Pero no necesariamente comunicarse: con la ayuda de un alfabeto dibujado en una tabla Jordi consigue expresarse señalando letras, números y signos de puntuación. De esta forma la directora donostiarra afincada en Barcelona le pregunta a Jordi sobre la revelación religiosa que tuvo, cómo vive su fe y la relación con su familia, manteniendo en todo momento el respeto y sin que haya un solo rastro de condescendencia.
Es precisamente este respeto genuino el que hace valiosa a Las letras de Jordi. La película avanza a través de un dispositivo sencillo en el que vemos cómo se comunican prácticamente en tiempo real, sin prisas ni artificios. Maider Fernández, que además de detrás está también frente a la cámara, se toma su tiempo para poner a Jordi en pantalla; durante los primeros minutos solo vemos unas manos, las mismas que habíamos visto entrelazarse en uno de los primeros planos del film, deslizarse sobre el alfabeto. Progresivamente iremos conociendo a Jordi, un tipo lúcido plenamente consciente de su situación, y veremos la bonita relación que establece con Maider Fernández. Un bello recordatorio de que el cine no necesita grandes historias ni explosiones para emocionar.
Historias de nuestro cine
Y para acabar el día, Historias de nuestro cine. La primera producción de la plataforma de streaming Flixolé es un documental sobre, no podía ser de otra manera, cine español. Ana Pérez-Lorente y Antonio Resines dirigen esta película en la que el actor se sienta con numerosas personalidades del mundo del cine y conversa de forma desenfadada sobre sus carreras y el significado que tiene el cine en sus vidas mientras las anécdotas se van sucediendo. A la presentación han acudido, además de la pareja de directores, Fernando Trueba, Loles León, Fernando Colomo Carlos Boyero, Fernández Mendez Leite y Enrique Cerezo. Una muestra –aproximadamente, sin pillarnos mucho los dedos, un tercio- de los nombres que aparecen en el film.
La clave de Historias de nuestro cine la da el uso del plural en su título; no «historia» sino «historias». Esto es, recuerdos, anécdotas,..no es ni quiere ser un documental de historia del cine, aunque empiece hablando de los inicios del cine en España, aporte datos importantes sobre el desarrollo del séptimo arte en nuestro país y se hable de los principales directores y películas. Pero, antes que todo eso, es una invitación a observar y escuchar una reunión de viejos amigos recordando los buenos tiempos del pasado. Esto hace también que se hable especialmente de los años 80 y 90, décadas en las que los protagonistas desarrollaron buena parte de sus carreras.
El público ha disfrutado de este documental que desprende en todo momento un amor al cine y una alegría contagiosas. Resines está bien en su papel de maestro de ceremonias, algo que ha llevado también a la presentación, en la que ha reconocido a Ana Pérez-Lorente la mayoría del trabajo de dirección. Una manera agradable de cerrar una jornada a la espera de ver desfilar las producciones que el festival ha colocado en posiciones destacadas, empezando con La hija de un ladrón, la última película española a concurso en la Sección Oficial.
Entramos en la fase intermedia del Festival de San Sebastián. Es decir, que es buen momento para hacer un primer balance de lo que ha dado de sí hasta ahora el cine español en el certamen. Pese a que sólo una película (La trinchera infinita) ha conseguido deslumbrar en la Sección Oficial hasta el momento, están desfilando otras producciones estatales en otras secciones y en proyecciones especiales que se están llevando mucha atención -y varias, con razón-. Un ejemplo de ello es lo que vivimos en la jornada de ayer, donde pudimos ver tres propuestas españolas (La inocencia, Lo que arde y Zubiak) que, por razones distintas, se merecen un espacio en Donostia.
La inocencia
Destacadas valoraciones de la crítica desde primera hora de la mañana, fuertes aplausos del público en el Kursaal por la tarde y bailes hasta altas horas de la madrugada en la fiesta de la película. Así ha sido el fulgurante paso por San Sebastián de La inocencia, primer largometraje de la valenciana Lucía Alemany, con el que compite en la sección New Directors del certamen donostiarra.
Basada en las vivencias de su creadora, La inocencia detiene su mirada en el tránsito de una adolescente hacia la madurez con sus múltiples problemáticas familiares y relacionales. Y un embarazo no deseado (y posterior aborto) como conflicto central. Una historia que discurre en un pueblo del Levante, que no es solo ambiente sino personaje en sí mismo. A ratos angustiosa cárcel, a ratos espacio de libertad.
Alemany compone imágenes llanas y honestas, y saca brillo del excelente reparto (Laia Marull, Sergi López y la joven Carmen Arrufat) con técnicas de improvisación y sin guiones de memoria. Pese a la limitada profundidad de algunas de sus formas y temas que propone, La inocencia es un debut en largo convincente y con alma. Saludamos de buen grado a esta nueva voz y a que se haya materializado en un Festival de esta categoría el primer largometraje de la Incubadora (The Screen), programa de la ECAM para talentos emergentes.
Lo que arde
Una de las películas españolas más esperadas para aquellos que no pudimos verla en Cannes era Lo que arde, la tercera película del gallego Oliver Laxe. La obra venía con el cartel de sensación española tras ganar el Premio del Jurado en la Sección ‘Una cierta mirada’ en el certamen francés, y más cuando aquí llegaba precisamente con el caché de estar en Perlas (Perlak), el sector de Donostia que nos trae cintas ya premiadas en otros festivales. Ahora podemos decir que ese reconocimiento y estatus es más que justo.
Lo que arde relata la salida de la cárcel de Amador (Amador Arias) un hombre condenado por quemar bosques en Galicia. Amador vuelve a la casa de su madre (Benedicta Sánchez) en el campo, donde busca reincorporarse a una vida rural apacible y normal. Pero la brusca aparición de un fuego en la zona donde precisamente está la familia detiene esa tranquilidad. La película recoge el muy actual problema de los incendios provocados en la tierra gallega para tratarlo desde un punto de vista muy particular: el de Oliver Laxe.
El responsable de Mimosas nos entrega una poesía visual minuciosamente construida que, al mismo tiempo, rezuma autenticidad en su relato de personajes y ambientes. Un discurrir de paisajes, emocionales y sociales, hermosos y asfixiantes. En el que Galicia está presente, sí, pero se despliega en un canto fascinante y doloroso sobre los elementos primarios: vida, tierra, fuego. Y hasta aquí podemos adelantar. Porque al mejor cine nunca le alcanzan los adjetivos para describirlo como merece: vayan a verla, es una de las películas españolas del año.
Zubiak
Para la sesión nocturna se apagaron las luces en los cines Antiguo Berri para ver el documental Zubiak (Puentes en euskera). Dirigido y escrito por el periodista Jon Sistiaga y el cineasta Alfonso Cortés-Cavanillas (Sordo), es la tercera y última producción de Movistar + en San Sebastián tras Mientras dure la guerra y Vida perfecta.El interesante objeto de análisis de Zubiak es, primero, el asesinato de Juan María Jáuregui por parte de ETA en el 2000 y, segundo, el proceso de encuentro y conversación entre uno de los asesinos de Jáuregui -Ibon Etxezarreta- con la mujer de este -Maixabel Lasa-.
El documental, colocado en la Sección Made in Spain, ofrece una tesis interpretativa principal: la manera de superar la herida del terrorismo de ETA dentro de la sociedad vasca es a través del entendimiento y el reconocimiento entre diferentes. Establecer esos «puentes» a los que hace referencia el título. Y Sistiaga y Cortés-Cavanillas han sido capaces de construir alrededor de esa idea una película que se construye de forma más que correcta en sus didácticos e impecables primeros dos tercios, que giran alrededor de la figura y muerte de Jáuregui y del contexto que se vivía en el País Vasco durante esa época.
Toda esta larga primera parte es una preparación para la explosión que es su último tramo. La comida Etxezarreta-Lasa escupe al espectador una serie de emociones contradictorias, de contrastes, incomodidades y verdades de muchísimo valor humano. Sistiaga y Cortés-Cavanillas han sabido recoger muy bien el momento, casi sin cortes, captando sus silencios y palabras de la mejor forma posible para entender el tipo de vínculo que existe hoy día entre ambos. Zubiak es una lección de convivencia que se coloca por encima, por sus propios logros, de los aplaudidos programas de ‘Salvados’ sobre ETA que van en la misma línea.
Después de la tormenta mediática de grandes eventos españoles (Mientras dure la guerra, La trinchera infinita y Vida perfecta), llegan jornadas sin tanto bombo para nuestro cine en San Sebastián. Eso no significa que haya llegado la calma o que no estén pasando otras propuestas estatales por el Festival; hay otras películas que no están tan en el foco, pero a las que vale la pena prestar atención en su paso por Zinemaldia. Han hecho acto de presencia por el certamen dos nuevas comedias de sátira social y política, además de un documental experimental desde Zabaltegi-Tabakalera. Vamos a repasarlas.
La odisea de los giles
Se presenta hoy en San Sebastián la coproducción hispano-argentina La odisea de los giles de Sebastián Borensztein (Un cuento chino), basada en la novela La noche de la Usina de Eduardo Sacheri. Un film “recontra” argentino, aunque con una trama universal: estafados con el estallido del ‘corralito’ bancario de 2001, un grupo de vecinos humildes traza un plan para hacer justicia y recuperar su dinero.
Destaca, in primis, su reparto de primer nivel y muy conocido para el gran público, con la presencia de Ricardo y Chino Darín, Luis Brandoni o Verónica Llinás. Un ingrediente que ha contribuido a su éxito en taquilla en Argentina, con más de un millón y medio de espectadores desde su estreno en agosto.
La odisea de los giles es una comedia social que, sin embargo, no busca la carcajada fácil y constante. Los momentos de humor están explotados justo “en los lugares en los que hay posibilidad de que haya humor”, como apuntó su director en la rueda de prensa matutina. En este sentido, el contexto social en el que está ambientada la cinta aporta matices interesantes y es que “el humor, cuando se desprende de situaciones dramáticas, funciona como bálsamo”, tal y como sentenció Ricardo Darín para rematar la intervención de Borensztein.
En síntesis, se trata de una película amena y entretenida, pero canónica y previsible en su estructura narrativa, a la vez que poco apasionada en momentos que debiera serlo. Eso sí, su mensaje lo traslada de forma nítida: si los humildes se unen pueden hacer justicia y recuperar lo que es suyo. Y sobrevuela, inevitable, el paralelismo con la crisis económica y social por la que atraviesa hoy en día Argentina. Lo enunció de forma sutil Luis Brandoni: “es la historia que nos tocó vivir, que nos toca vivir”.
Agur, Etxebeste!
Hace 14 años, el cine vasco tuvo uno de sus mayores éxitos comerciales en euskera con Aupa Etxebeste! (2005), una comedia costumbrista y local con toques de humor negro que conquistó al público. Ahora llega su secuela, otra vez con Telmo Esna y Asier Altuna al frente: Agur, Etxebeste (2019), que vuelve a las vicisitudes de la misma familia. En este caso, Patrizio Etxebeste (Ramón Agirre), implicado en temas de corrupción, se ve obligado a dejar la alcaldía en las inesperadas manos de su mujer (Elena Irureta), que empieza a cambiar las cosas de verdad en el pueblo.
Agur, Etxebeste tiene una sencillez local, un buen sentido del ritmo y unos personajes entrañables que la hacen a ratos agradable y nunca irritante. Pero no funciona en ningún caso como sátira política y social, donde se queda en un nivel totalmente inocuo y repetitivo. Lo mejor de la comedia es poder disfrutar con ella de algunos de los intérpretes vascos más talentosos del panorama. Entre ellos hay que destacar aquí a la gran Elena Irureta, que levanta cada escena con su presencia.
Urpean, lurra
Comedias sociales a parte, ha habido tiempo para acercarse también -por fin- a la Sección Zabaltegi-Tabakalera del Zinemaldia. Es la parte más especial de San Sebastián; donde se proyectan las propuestas menos convencionales del Festival. Una de ellas era sin duda Urpean, lurra, un mediometraje documental que ha dirigido, escrito y fotografiado la creadora Maddi Barber, especializada en este tipo de propuestas artísticas experimentales y una vieja conocida de Tabakalera. Esta vez se ha centrado en lo que ocurrió hace 20 años con la construcción del pantano de Itoiz en Navarra, que se inundó y provocó uno de los desastres más grandes en la zona, con la destrucción de reservas naturales y pueblos. La propia Barber es originaria de uno de los asentamientos que sí se salvo de Itoiz.
Barber da muestras de conocer bien por dónde se está moviendo y qué teclas audiovisuales tocar para transmitir el duelo, el trauma y la curiosidad enigmática por saber qué pasó con una tierra que sigue existiendo aunque esté sumergida. Es especialmente hábil en mezclar relatos oníricos con todo el material de archivo con el que ha podido contar. Si bien Barber pierde conexión con el espectador en tramos contemplativos demasiados largos, mantiene viva la reflexión y denuncia que quiere transmitir desde Itoiz.
San Sebastián, al ritmo de los nuevos tiempos, también está dando espacio a las series. Además de poder ver las primeras imágenes de la esperadísima Patria, la adaptación de la novela de Aramburu que llegará en 2020 a HBO, este año en la programación extraordinaria del festival donostiarra se han incluido completas dos creaciones «televisivas» españolas: El fiscal, la presidenta y el espía, de Justin Webster, y Vida perfecta, la serie creada y protagonizada por Leticia Dolera para Movistar +. Esta última ha sido una de las sensaciones del día en Donostia; se ha presentado hoy en el Velódromo en medio de una importante expectación y con la actuación especial de Rozalén mediante.
Vida perfecta -antes Déjate llevar– es la historia de tres mujeres (Leticia Dolera, Aixa Villagrán y Celia Freijeiro) en medio de un momento complicado de sus vidas a sus más de 30 años: un fin de relación imprevisto, una madurez que no llega y una experiencia familiar infeliz. A esto se enfrentan, sin manual de instrucciones, estas amigas que tienen unas vidas que no están yendo precisamente como ellas esperaban. Ocho capítulos de media hora entre la comedia y el drama vital que se llevaron los galardones a mejor serie y mejor interpretación en el último Festival de Cannes Series.
Vamos a hablar primero del elefante en el artículo: Vida perfecta viene precedida por la polémica debido a sucesos y posiciones relacionadas con Dolera. Como es obvio, poco tienen que ver con la serie en sí. Más allá de tu opinión personal sobre la directora, guionista y actriz, acercarse a lo que ha hecho sin prejuicios vale la pena.
Estamos ante una serie hecha desde un enfoque distinto al habitual, que huye de estereotipos y además lo hace sin sermonear, sin necesidad de dar lecciones o de enseñar miserias. Tal como ha resumido hoy Celia Freijeiro «no es habitual que una serie esté protagonizada por tres personajes femeninos, de más de 30 años y que el 70% del equipo de rodaje esté compuesto por mujeres».
Estos ingredientes tienen un correlato en los temas que se abordan en la serie, como la puesta en primer plano del deseo sexual femenino: muchas veces ocultado en el ámbito social y, sin embargo, fundamental en nuestras vidas. Porque lo normal es que una embarazada quiera tener relaciones sexuales o que el sexo sea determinante para la relación de una mujer con su pareja. Lo raro es que no lo veamos reflejado en películas y series.
¿Es una serie feminista? Simplemente lo es de forma natural, dejándose llevar por el estilo pop y cándido que ya se vio en su primera película, Requisitos para ser una persona normal. Porque Vida perfecta se mueve entre temas que, por universales y libres, desarman cualquier intento de arrinconarlos. En palabras de su coguionista Manuel Burque: “La visión de género de la serie no impide que todo el mundo se identifique con ella: ¿Quién no ha sentido alguna vez que estaba en una vida planificada en la que no quería estar?”.
Hay que decir que la serie también tiene sus problemas: además de una presencia musical a veces injustificada (hasta 5 canciones en menos de 30 minutos, un fenómeno que se repite en muchas series actuales), se deja por el camino el desarrollo con mayor profundidad de dos de sus tres protagonistas principales.
Aún así, son más las virtudes de Vida Perfecta porque Dolera mantiene con ritmo ese tratamiento cálido y honesto en todo momento. No estamos ante un sesudo tratado feminista, sino frente a un paseo vital ligero, que engancha y es comprometido con su perspectiva del mundo desde el ejemplo espontáneo. Será uno de las grandes apuestas de Movistar + para este otoño.
Aún con un tiempo más propio de Málaga, ha hecho aparición -y qué aparición- La trinchera infinita en San Sebastián. La nueva película de los responsables de Loreak y Handia es la segunda española de las tres que compiten en la Sección Oficial del Festival, y es desde ya una firme candidata para la Concha de Oro. La obra se ha presentado en el Zinemaldia un día después de que lo haya hecho Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar, una cinta con la que comparte temas -la Guerra Civil y el franquismo-, pero cuyo tratamiento no puede ser más diferente. Y, por suerte, lo que han conseguido el equipo de Moriarti Producciones (liderado por Jose Mari Goenaga, Jon Garaño y Aitor Arregi) es también más interesante a todos los niveles.
Si Mientras dure la guerra se fija en personajes históricos destacados en un período de tiempo muy corto -Unamuno, Franco o Millán Astray durante los primeros meses de la Guerra Civil-, La trinchera infinita se centra en la historia de un hombre anónimo que dura 33 años. Se trata de uno de los llamados «topos» del franquismo; aquellos hombres que, por apoyar al bando republicano durante la Guerra Civil, tuvieron que vivir escondidos del régimen durante décadas. La película cuenta el aislamiento de Higinio (Antonio de la Torre), la relación con su familia y su desarrollo psicológico, durante todo ese tiempo. 30 años de encierro, 30 años de matrimonio y 30 años de historia de España.
La trinchera infinita es el salto hacia delante a nivel de exposición para el trío de Handia: por primera vez no ruedan en euskera ni en Euskadi, cuentan con dos actores muy conocidos (Belén Cuesta y de la Torre), coproducen con Francia y contarán con una multinacional como eOne para su distribución. Pero han caído de pie -con los dos pies- con esta pequeña gran historia: han demostrado que están más que capacitados para llevar a buen puerto un proyecto de este calibre.
En la rueda de prensa de la película esta mañana, sus directores han insistido en un mensaje: la historia de La trinchera infinita «es una alegoría sobre el miedo». Para que al espectador le llegue ese mensaje y sus sensaciones, la película se mueve en distintos terrenos. A partir de un arranque lleno de tensión, ansiedad y violencia, discurre sin problemas hacia un ritmo más relajado y contemplativo, colocándose desde la mirilla de Higinio para ver lo que ocurre fuera de su escondite. El valor del trío de Moriarti es que es muy consciente de qué quiere transmitir en todo momento al seguir a sus personajes, y actúa en consecuencia cinematográfica.
Los tres directores de ‘La trinchera infinita’. De izquierda a derecha: Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga.
La tentación de cargar el drama o regodearse en la condición psicológica de su protagonista era grande, pero La trinchera infinita es capaz de mantenerse coherente, sencilla y honesta con lo que piden y sienten sus personajes, sin olvidarse de apelar a un discurso más amplio sobre la propia historia de España. Eso impulsa las interpretaciones de sus actores, y especialmente la de Belén Cuesta, que sin duda ha compuesto el personaje más humano, responsable y complejo de toda su carrera. Denle aplausos, el Goya y todo lo que ella pida.
Preguntados por cómo es dirigir en trío, Jon Garaño aseguraba que desde fuera entienden «que es raro, o incluso friki», pero que para ellos ese trabajo en equipo -que no es sólo de los directores- también hace «más sólida a la película». En efecto, el resultado final es un trabajo compacto y cuidado al detalle. Tan sólido que La trinchrera infinita ha presentado con fuerza su candidatura para llevarse la Concha de Oro la semana que viene, y es desde ya una de las películas españolas favoritas a llevarse todo el resto de premios en 2020.
Todo en marcha en Donosti, con la energía que se espera de un festival de cine que quiere seguir siendo el gran referente del circuito en España. Consciente y responsable de su categoría, ya tenemos una gran ritmo en el certamen: expectación, largas colas y primeros platos fuertes para degustar. El pistoletazo de salido lo dio su importante gala de inauguración, en la que el Festival no arriesgó y ejerció su papel de decano del circuito, con la reivindicación del rito de ir al cine, el valor del público y el trabajo de los críticos. Todos contentos.
El cine español ha irrumpido con fuerza en el Festival con el aterrizaje de una de las películas más esperadas: Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar. Había ganas: era el regreso por todo lo alto, compitiendo en la Sección Oficial, de uno de los directores más importantes del país, con una historia ambientada en España después de la última hace 15 años (Mar adentro). Y qué historia. La de los sucesos que se vivieron en Salamanca durante el inicio de la Guerra Civil, con el escritor Miguel de Unamuno (Karra Elejalde) como protagonista y con la génesis del franquismo como telón de fondo.
Pero ni las ganas ni los mimbres han sido suficientes para que Mientras dure la guerra haya convencido en San Sebastián. La película de Amenábar busca trazar un retrato vital, ideológico y emocional de Unamuno, mientras narra en paralelo el ascenso de Franco como Generalísimo, primero, y como Jefe del Estado, después. Es esto último lo que realmente parece interesarle al director, que es capaz de retratar bien las tensiones y diferencias dentro del bando «nacional» al principio de la contienda.
Karra Elejalde, durante la presentación de la película en San Sebastián. Foto: Gari Garaialde
Y por eso vemos el mejor Franco -gracias en gran medida a la excelente interpretación de Santi Prego- que hemos visto nunca en el cine español: humano, en ocasiones ridículo, inseguro pero calculador. Una interpretación que el propio actor ha reconocido que rueda de prensa que ha nacido toda a partir de la voz, en un proceso que duró hasta seis meses. Para Amenábar era muy importante la parte psicológica del dictador: «Queríamos entrar en su cabeza».
El problema para Mientras dure la guerra es que la historia principal no es esa, sino la de Unamuno. Pese a la impecable factura técnica y los esfuerzos simbólicos de su director, los pasos del escritor y rector de la Universidad de Salamanca van perdiendo fuerza, interés y profundidad a medida que avanza la historia, por la insistencia en darle demasiadas capas a un personaje que quizá no las necesitaba. Y por eso en el célebre episodio en el Paraninfo de la Universidad, que debiera ser el clímax final de la cinta, todo acaba mucho más apagado y menos sentido de lo que debería. Vencerá en taquilla, pero este Amenábar ambivalente no nos convence. Seguimos.
Los dos estrenos españoles más importantes -a nivel comercial- de la semana pasada, Litus ySordo, se saldan con unos primeros resultados discretos en la taquilla. La película dirigida por Dani de la Orden era la que tenía más copias a su disposición en cines (214 pantallas) durante el fin de semana, y ha conseguido 140.349 € de recaudación con unos tibios 656 € de media por pantalla. Peor le ha ido al western sobre maquis, que se ha llevado 47.075 € para unos duros 371 € de promedio para las 127 pantallas en las que se proyectaba.
En un viernes con hasta 12 estrenos diferentes, ni Litus ni Sordo han conseguido captar al público que estaban buscando. Ha tenido muchas dificultades especialmente la película dirigida por Alfonso Cortés-Cavanillas, que ha sufrido mucho para encontrar su sitio en la cartelera con su apuesta de género. En el caso de Litus, sí que ha ido mejorando durante la semana lo que ha sido un debut frío en pantalla: lunes, martes y miércoles ha entrado en el TOP 10 de taquilla general, según Comscore.
El otro estreno español de la semana con impacto en cines, el documental Aute Retrato, debuta con 14.690 € y 387 € de media por pantalla. Unos números aceptables para la atracción que suelen generar los documentales españoles en la cartelera. Con 2.368 espectadores en su acumulado, la película sobre la vida y carrera del artista Luis Eduardo Aute ha conseguido, dentro de sus posibilidades (38 pantallas), un primer acercamiento a la taquilla que no ha caído en la completa irrelevancia.
Por arriba, la cartelera española sigue en la misma línea general, con algunos ligeros cambios. Liderando el fin de semana nos encontramos de nuevo a Padre no hay más que uno: la comedia de Santiago Segura es ya la película española más taquillera del año con 11, 88 millones de euros de recaudación y 2, 08 millones de espectadores. Lo más increíble es que ha mejorado sus datos en su 8ª semana en cartelera: +2% (521.546 €) que el pasado fin de semana.Quien a hierro mata aguanta como segunda en la clasificación española, aunque baja sus prestaciones poco a poco (-22% en el fin de semana). El thriller de Paco Plaza ya está en los 2 millones de euros, pero se aleja la posibilidad de acabar cerca de los cuatro millones.
Este viernes se producirá únicamente un nuevo estreno español,Barcelona 1714, de Anna Bofarull, que tendrá pocas pantallas a su disposición como para causar grandes cambios en la vida comercial del cine español. La nueva gran esperanza taquillera venidera para una película española está puesta en Mientras dure la guerra, la nueva película de Alejandro Amenábar que pasará antes por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián.
Hoy empieza la 67 Edición del Festival de San Sebastián, donde se dará paso a un nutrido e importante grupo de películas españolas que buscan marcar la diferencia en el certamen y en este último trimestre del año en cartelera. Tres de ellas estarán en competición en el lugar que acapara la mayoría de los focos, la Sección Oficial: La hija de un ladrón, de Belén Funes, Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar, y La trinchera infinita de de Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga optan a hacerse con la Concha de Oro.
Amenábar regresa una vez más con una historia rodada en España después de mucho tiempo, los responsables de Loreak y Handia (Arregi, Garaño y Goenaga) llegan con su ambiciosa primera película en castellano y Funes tiene un escaparate inmejorable para enseñar su opera prima. Las tres tienen posibilidades de alzarse con el gran premio en una Sección Oficial llena de nombres nuevos, donde el más reconocido a nivel internacional es, precisamente, el director de Tesis. Si alguna de ellas gana, sería la tercera vez que dos películas españolas se imponen en San Sebastián en dos ediciones de forma consecutiva, y la primera desde 1990 y 1991 (el año pasado la Concha de Oro fue para Entre dos aguas).
Además, se verán fuera de concurso Diecisiete, la nueva película del Daniel Sánchez Arévalo (Primos, AzulOscuroCasiNegro), y una proyección especial de la coproducción con Argentina La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein. En otras secciones hay que destacar la presencia de Lo que arde, de Oliver Laxe, que pasará por la Sección Perlak de grandes obras sin estrenar en España después de su triunfo en Cannes, o Adiós, la nueva película de un Paco Cabezas (Carne de neón) que vuelve a nuestro país tras 10 años.
Fotograma de ‘Diecisiete’, de Daniel Sánchez Arévalo
En total serán 15 los títulos de producción española que pasarán por algunas de las secciones que se podrán ver hasta el 28 de septiembre en Donosti. En la Sección New Directors, de operas primas, estarán las obras de dos mujeres españolas: La inocencia, de Lucía Alemany, y Las letras de Jordi, de Maider Fernández Iriarte. Una adolescencia truncada por un embarazo y una historia sobre una persona con discapacidad que busca una conexión divina.
En cuanto a la Sección del Velódromo, una sala para 3.000 espectadores, se proyectarán La gallina turuleca, película de animación de Vïctor Mingote y Eduardo Gondell, y se podrá ver completa la nueva serie de Leticia Dolera para Movistar + que se llevó dos premios en Cannes Series: Vida perfecta.
El equipo de ‘Mientras dure la guerra’
Otra serie de televisión pasará por la Sección más libre del Festival, Zabaltegi-Tabakalera: El fiscal, la presidenta y el espía, una coproducción con Alemania que dirige Justin Webster. En Tabakalera también estarán los cortometrajes Leyenda dorada, de Ion de Sosa y Chema García Ibarra, Lursaguak/Escenas de vida, de Izibeñe Oñederra y el mediometraje Urpean Lurra, de Maddi Barber.
También habrá espacio para el cine local en Donosti. Del 23 al 25 de septiembre se celebrará la Gala del Cine Vasco, donde se presentará el estreno nacional de ¡Adiós Etxebeste!, de Asier Altuna y Telmo Esnal, la secuela de una de las películas en euskera más populares de la historia: Aupa Etxebeste! (2005). A ella se le añadirá la televisiva Gala EITB; será el espacio en el que se exhibirá por primera vez Una ventana al mar, una coproducción con Grecia dirigida por Miguel Ángel Jiménez. La película está protagonizada por Emma Suárez y Alias Karazisis.
Pero también pasarán por Made in Spain películas que aún no han pisado la cartelera como El viaje de Marta (Staff Only), que ya pasó por el Festival de Málaga, o el estreno mundial de documentales como el de David Trueba sobre Chicho Sánchez Ferlosio Si me borrara el viento lo que yo canto o el de Zubiak (Puentes), de Jon Sistiaga y Alfonso Cortés-Cavanillas, dedicada a las víctimas de ETA y al proceso de memoria, o el de Historias de nuestro cine, de Antonio Resines y Ana Pérez-Lorente, un anecdotario y repaso histórico del cine español.
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