A Jaione Camborda Coll (San Sebastián, 1983) se la esperaba desde hace tiempo. Se la esperaba porque, en realidad, ya estaba allí. El nombre de esta donostiarra lleva una década sonando en Galicia con sus cortos experimentales (Lilit, Nimbos, Proba de Axilidade y Rapa das Bestas) y como guionista, directora de arte o diseñadora de producción en otros proyectos (El oro del tiempo, Las altas presiones o Los fenómenos). Y ahora la espera para el largo se ha acabado: se estrena Arima, su primera película. Un trabajo con el que Camborda buscar afianzar su voz dentro del pujante coro del Novo Cinema Galego.
Jaione Camborda Coll
Si había alguien que deseaba que Arima viera la luz de una vez era la propia Camborda; llevaba ocho años batallando por sacar adelante este proyecto autoproducido. Para poder financiarlo, la directora y guionista se embarcó en la creación de una empresa (Esnatu Zinema, su productora): «Fue un trabajo duro, bastante kamikaze. No sabía ni qué significaba IRPF», explica Camborda. Aunque fundarla era la manera de que la película pudiese encontrar su presupuesto, hacerlo desde cero implicó complicaciones también: «No teníamos trabajos previos ni pasado como productora, por lo que encontrar esa confianza fue aún más difícil».
«Muchas veces pensé en abandonar el proyecto»
Pero Camborda se empeñó en hacer realidad esta película mientras trabajaba en otras cosas -experiencias que asegura que «han ayudado mucho» en la creación de Arima– y la sostuvo en el tiempo, pese a todo. «Muchas veces pensé en abandonar el proyecto», confiesa la cineasta. Pero, al final, fue capaz de mantener la fe y seguir remando porque creía en él: «Es el único flotador que tienes muchas veces, que confíes en el sentido de lo que que quieres hacer». Y finalmente llegó el apoyo clave de la Televisión de Galicia, la agencia AGADIC o de las Diputaciones de A Coruña y Lugo que hicieron posible que Camborda y su equipo pudieran rodar el filme en el pequeño pueblo de Mondoñedo, cuyo Ayuntamiento también ha participado en la película.
Allí se hizo esta película rural que cuenta la historia de cuatro mujeres y una niña que ven como sus vidas cambian por la llegada de un hombre que persigue a otro, escondido en el pueblo. Ellas son el centro de Arima. El filme escarba en las vidas de una madre soltera (Rosa Puga Dávila) con una hija (Nagore Arias) que ve cosas que nadie ve, de una profesora de pintura (Melania Cruz) que recibe la visita inesperada de su madre (Mabel Rivera) y de una modelo y camarera (Iria Parada) con planes misteriosos. Es a través de estas cuatro mujeres y la niña, por medio de sus pasados, anhelos y miedos, que Camborda se pregunta sobre todo «qué es ser mujer».
«Parece que una película está mal hecha si no se concreta en algo, pero creo que en la vida vivimos en la incertidumbre»
Ganadora del Premio a la Mejor dirección en Nuevas Olas del pasado Festival de Sevilla, Camborda explica que quiso establecer en Arima «un juego de espejos, de diferentes arquetipos que se observan», y que eso acabara formando «un solo personaje poliédrico, un corpus común» con todas ellas. Una mujer de las mil caras, que es una y es muchas al mismo tiempo. La cineasta asegura que todos estos personajes, incluso el masculino, comparten al final la misma búsqueda: «Todas van en busca del amor, aunque sea de diferentes maneras».
Esta fusión de personajes femeninos, de dimensiones y expresiones poco concretas, hacen de Arima una película llena de secretos y de posibles interpretaciones. Camborda asegura sentirse cómoda situándose en la incertidumbre de las preguntas, y lo justifica: «Me parece que la incertidumbre dialoga más con nuestra vida. Parece que una película está mal hecha si no se concreta en algo, pero creo que en la vida vivimos en esa indefinición de forma natural. No sabemos muchas veces por qué hacemos las cosas, de dónde vienen nuestros deseos o qué nos motiva». Arima es una invitación a nosotros, los espectadores, a celebrar juntos ese espacio.
La comedia Para toda la muerte, dirigida por Alfonso Sánchez y protagonizada por su compadre Alberto López, ha tenido un estreno decepcionante en lo que a cifras en taquilla se refiere. Con 119 copias en circulación en 79 cines, la película ha recaudado un total de 43.493 € con una media por copia de 365 €, siendo la cuarta película española más vista del fin de semana por detrás de Adú, Malasaña 32 y Te quiero, imbécil(que cae un 71% respecto a su primer fin de semana en salas y verá reducido su número de copias).
Estas cifras anticipan que será casi imposible acercarse a la recaudación de las dos películas anteriores de Sánchez: El mundo es nuestro (526.590,21 € y 128.101 espectadores) y El mundo es suyo (1.351.644,59 € y 239.272 espectadores). El altavoz que cualquiera de los dos Compadres tienen en las redes sociales podría ayudar a que su recaudación no baje demasiado en los próximos días, pero los resultados no dejan de ser pobres para una pareja que había conseguido conectar con el público desde sus primeros vídeos en Youtube.
En contraste con el flojo estreno en taquilla de Para toda la muerte encontramos a Adú, que como comentamos el lunes se ha convertido en la primera película española del año en alcanzar el millón de euros en su primer fin de semana en salas. Su recaudación de 1.141.405 € se cimenta en una magnífica media por copia de 3.280 €.
Y en los cuatro dígitos -1.501 €- sigue también la media por copia de Malasaña 32, que está teniendo un excelente mantenimiento y está cerca de los tres millones de euros totales de recaudación (2.754.577 € hasta el 2 de febrero). Su moderado descenso -36% frente al pasado fin de semana- invitan a pensar en que todavía tiene bastante recorrido por delante, sobre todo si tenemos en cuenta que no tiene mucha competencia en el cine de terror en la cartelera actual.
Muy destacable también el resultado de Lo que arde, que ha subido un 201% su recaudación respecto al fin de semana anterior y continúa luchando por llegar al medio millón de recaudación total (ahora mismo está en 453.989 €). Los números hace mucho que permiten calificar de éxito a esta producción independiente gallega, calificativo que solamente va a más si pensamos en la recepción crítica y de premios que ha tenido.
Esta semana llegarán dos estrenos pequeños –la peli de animación vasca Lur y Amets y la gallega Arima– por lo que serán los títulos que hemos comentado los que tendrán que seguir cargando con el peso de la recaudación hasta que el 14 de febrero se estrene Hasta que la boda nos separe, la comedia de Dani de la Orden para Atresmedia que aspira a obtener grandes resultados.
Un personaje femenino pronuncia un seductor discurso sobre el amor. Contemplamos en primer plano sus pies, que calzan zapatos de salón negros. Así comienza la miniserie Criminal, dirigida por Mariano Barroso. Sus tres episodios –’Isabel’, ‘Carmen’ y ‘Carmelo’– transcurren en una sala de interrogatorios, así como en el hall y el descansillo adyacentes. Sus showrunners, George Kay y Jim Field Smith, también han producido Criminal Francia, Alemania y Reino Unido, miniseries con igual formato pero con variaciones argumentales.
Se trata de un curioso experimento europeo que se puede ver en Netflix. Su mérito consiste en generar tensión y suspense desde el primer minuto gracias a distintos ingredientes del thriller psicológico repartidos de forma precisa. De su escenario claustrofóbico querrás y no querrás salir, pero cuando salgas, no lo harás de forma indiferente. En mi caso, me he quedado con ganas de más Criminal.
El nombre Isabel, que da título al episodio inaugural, coincide con el de su protagonista, interpretada por la gran Carmen Machi. Su gama cromática, conformada por los colores blanco, negro y rojo, adelanta la personalidad de contrastes ante la que nos vamos a situar los espectadores. Isabel está caracterizada como una mujer tan segura de sí misma como capaz de derrumbarse. Una femme fatal al estilo del cine negro clásico.
Este personaje, combinado con una interesante planificación formal en la que destacan angulaciones oblicuas de la cámara, nos devuelve las constelaciones del neo-noir policíaco. Durante unos instantes del episodio, la figura de esta Cruella de Vil contemporánea está definida, mientras que el fondo que encontramos tras ella está desenfocado. Una imagen que representa el horizonte incierto que le acecha.
Desde la sala de interrogatorios, vemos en un espejo unidireccional el reflejo de distintos personajes: dos policías interrogan a Isabel, sospechosa de estar involucrada en un homicidio. Desde la sala de observación contigua, María, la inspectora jefa interpretada por Emma Suárez, contempla la escena sin ser vista. Este espejo es un elemento clave de la puesta en escena que representa las dualidades que recorren la serie. Pues, como vamos a comprobar, unos personajes se relacionan por semejanza y otros por oposición. En un momento dado, María mira fijamente a Isabel. Sus rostros se funden. Este instante advierte al espectador de las importantes similitudes que comparten ambas mujeres protagonistas.
(Contiene spoilers)
María sospecha, con su olfato de policía veterana, que Isabel miente. Siguiendo una estrategia para conocer la verdad, la inspectora amenaza a la sospechosa con asesinar a su queridísima perra dálmata, Luna, si no cuenta lo que sabe del posible homicidio que se investiga. En este interrogatorio, María verbaliza las claves de esta relación en espejo de las protagonistas. “Yo soy como tú”, le confiesa. “Eres una psicótica de manual”, concluye María.
Sus realidades transcurren en un límite entre lo legal y lo ilegal; la verdad y la mentira; la culpa y la inocencia. Cuando Isabel confiesa su implicación en el asesinato de uno de sus amantes, sus pies, que son filmados, de nuevo, en primer plano, ya no se sostienen. Se representa, de esta manera, el derrumbamiento al que ha sido conducido este personaje, que, ante la emergencia de una verdad, ha perdido su poder seductor.
En el segundo episodio de Criminal, Luisa (María Morales) interroga a Carmen (Inma Cuesta), sospechosa de haber asesinado a su hermana autista. Ante la situación de encallamiento en la que se encuentra este interrogatorio, María entra en escena para conseguir que avance la labor policial. La inspectora jefa consigue empatizar con Carmen, quien confiesa el asesinato y sus motivos. Ha asesinado a su hermana para evitar que sufra abusos sexuales por parte de su padre maltratador.
De esta manera, la muerte se pone en escena como liberación, otro rasgo común con el cine negro clásico, inundado de una atmósfera fatalista. Al mismo tiempo, descubrimos dos personajes opuestos. María consigue empatizar y obtener la información que necesita en los interrogatorios, mientras que su compañera Luisa se encalla y no consigue avanzar más allá de la información superficial tras la que se esconde la verdad.
Esta serie de interrogatorios se entrelaza con la relación sentimental de María y Ray (Álvaro Cervantes), el compañero novato de esta unidad de policía. Desde el segundo episodio de la serie de Netflix, su historia de amor está en crisis y la delicada frontera entre lo personal y lo profesional va a desdibujarse de forma inevitable. En el último episodio, Carmelo (Eduard Fernández) ha sido detenido por pertenencia de cocaína, pero un pasado oscuro del que no consigue escapar le va a perseguir hasta el final. Ha sido acusado de cuatro homicidios en los últimos 15 años y, sin embargo, no ha pasado ni un solo día en la cárcel. María le considera responsable de la muerte de un familiar suyo, por lo que está dispuesta a cualquier cosa con tal de encerrar al traficante en la cárcel.
Al finalizar el interrogatorio, Ray asegura estar dispuesto a declarar contra María, pues considera un montaje y una injusticia que Carmelo vaya a la cárcel por asesinato, cuando ha sido detenido por pertenencia de cocaína. Su relación amorosa está rota y, a partir de este instante, sus guiones se separan de forma definitiva. En este instante, Criminal suscita una reflexión en torno a la justicia y la venganza. Ray se va en el ascensor. María se queda en la unidad de policía, sumida en la oscuridad, mientras dirige su mirada hacia la ventana, donde se reflejan las luces de un coche policial.
Este domingo 9 de febrero se celebran los Premios Oscar, los galardones de cine más famosos del mundo. El cine español tiene tres nominaciones en tres categorías diferentes para llevarse una estatuilla: Dolor y gloria a Mejor película internacional; Antonio Banderas a Mejor actor protagonista por Dolor y gloria; y Klaus a Mejor película de animación. A medida que se acerca el día de la gala en el Dolby Theatre (hoy se cierran las nominaciones), la pregunta del millón surge cada vez más a menudo: ¿Ganarán las películas españolas y/o el actor malagueño? Vamos a comprobar cómo llegan las tres candidaturas españolas a la cita, y quién tiene más o menos posibilidades de llevarse el triunfo.
Antonio Banderas como Mejor actor protagonista: la más difícil
Antonio Banderas es, seguramente, el que lo tiene más complicado entre las tres categorías. Ver al actor malagueño levantando el premio es un sueño casi imposible frente a Joaquin Phoenix y su aclamado papel en Joker. Pese a los numerosos galardones que se ha ido llevando Banderas estos meses, competir con la carrera de importantes estatuillas que lleva Phoenix es ciencia-ficción: Globos de Oro, Sindicato de Actores y BAFTA para él. Además, por si fuera poco, las apuestas y los medios especializados colocan como gran rival de Phoenix a Adam Driver por su interpretación en Historias de un matrimonio. Banderas es el tercero en discordia, lo que convierte su candidatura en la menos probable de las tres españolas.
Dolor y gloria como Mejor película internacional: la larga sombra coreana
Almodóvar lo tiene casi igual de complicado que su actor fetiche en la categoría de Mejor película internacional. Y no es porque Dolor y gloria no haya gustado en Estados Unidos (Mejor película para la revista TIME, Indiewire, buenos números en taquilla…), sino porque se enfrenta a otro monstruo hasta ahora invencible en su carrera de premios: Parásitos, de Bon Jon-Hoo. El filme coreano está siendo el fenómeno extranjero del año y se está llevando (casi) todo en esta categoría. Aunque Dolor y gloria es la segunda opción, sería un auténtico sorpresón que ganara. Sus posibilidades aumentarían si se diese el complicado caso de que Parásitos ganara el Oscar en la categoría general de Mejor película, tal y como sucedió en los Premios de la Asociación de la Crítica de Los Ángeles. La película española podría salir beneficiada por improbable compensación. Una lástima la coincidencia de estas dos películas.
Klaus como Mejor película de animación: licencia para soñar
Hace dos meses pocos lo habrían asegurado, pero Klaus es la mejor oportunidad que tiene el cine español para los Oscar 2020. La película del madrileño Sergio Pablos pasó de puntillas cuando se estrenó en -pocas- salas estatales, y no fue hasta varias semanas después de su desembarco en Netflix que realmente empezó a destacar. Ahora es la gran alternativa a Toy Story 4 para hacerse con el galardón más prestigioso del planeta. Su aplastante victoria en los Annie, los Oscar de la animación, y su reciente galardón en los BAFTA la han lanzado a lo grande. Habrá que estar muy atentos a todo lo que ocurra el domingo con ella: es la que tiene mayores posibilidades de convertirse en el 17º Oscar de la lista de estatuillas españolas. Nuestra esperanza más real.
La película española Adú atrae al público en su primer fin de semana de estreno. La película dirigida por Salvador Calvo recauda 1,1 millones de euros (€) en taquilla, según los primeros números oficiales, y se convierte en el mejor estreno español en lo que llevamos de año. El drama sobre la inmigración que protagonizan Luis Tosar y Anna Castillo es la segunda película más vista de toda la cartelera española con aproximadamente 2.500 € de media por sala. Cifras más que notables para sus 335 salas disponibles. Únicamente la norteamericana Las aventuras del Doctor Dolittle ha podido con ella.
Telecinco Cinema se anota, por el momento, el primer tanto en su particular batalla con Atresmedia en lo alto de la taquilla. Adú ha superado en su primer fin de semana en taquilla los números que hizo recientemente la película de terror Malasaña 32 como el filme estatal que mejor había funcionado en 2020. Si entonces la película de Atresmedia consiguió 965.019€ gracias a un total de 147.219 espectadores, ahora el trabajo que firma Calvo habría conseguido de viernes a domingo alrededor de 200.000 € más, a falta de conocer los datos definitivos. Es la primera película española que consigue llegar al millón en 2020.
En esta lucha particular, sin embargo, hay que tener también en cuenta que Malasaña 32 obtuvo mejor media por copia en su estreno que Adú. La película de terror, distribuida por Warner, estaba en menos salas cuando se estrenó (305 cines toda España), y consiguió con sus pantallas 2.900 € de media. Alrededor de 400 € más por copia que el filme producido por Ikiru Films. Está ahora por ver qué mantenimiento tiene en su segunda semana en taquilla Adú, que resultan los días clave para la recaudación final de una película. Malasaña 32 bajó únicamente un 25% en su segundo fin de semana.
Adú está basada en hechos reales, y surgió durante el rodaje de 1898. Los últimos de Filipinas, la anterior película de Salvador Calvo. En esos momentos, la pareja de Calvo trabajaba como voluntaria en un centro de acogida de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Una de las historias que le relataba su pareja al director fue la que acabó inspirando lo que se cuenta en esta película, en particular con el drama que vivieron dos niños.
Siguen los éxitos para una película de animación española: Klaus gana el BAFTA a la Mejor película deanimación. La película dirigida por Sergio Pablos se impone en los Premios de la Academia Británica a Toy Story 4, su gran rival en la temporada de premios. Con este triunfo, el filme animado de Netflix y Atresmedia sigue haciendo historia para el cine español: es la primera vez que una película de animación española consigue el BAFTA en su categoría.
Este galardón y los siete que obtuvo en los Premios Annie colocan a Klaus como la gran alternativa a Disney para los Oscar. Si su nominación a los premios de la Academia de Hollywood ni siquiera estaba clara hace tres semanas, ahora su gran andadura internacional la sitúan como una candidata muy a tener en cuenta para llevarse la gloria. Toy Story 4 partía, a priori, como clara favorita, pero ahora Klaus parece que puede discutirle la estatuilla. Recordemos que las votaciones a los Oscar terminan el martes 4 de febrero, por lo que el BAFTA es la mejor campaña final para la película española.
Klaus se impuso en la 73 edición de los Premios de la Academia Británica a otro gigante norteamericano de Disney como Frozen 2, además de a la local La ovejaShaun, que tenían el factor de jugar en casa. Este éxito de la película es un gran síntoma de lo sólidas que son sus posibilidades de cara al sueño del Oscar. Hay que recordar que, desde que existe la categoría de animación en los BAFTA (2006), 11 de 13 veces el ganador en estos premios fue el mismo luego en los Oscar.
Almodóvar no consigue batir a Parásitos
La que, sin embargo, sí triunfó en los Goya pero no consiguió alzarse con el BAFTA fue Dolor y gloria. Tal y como ocurrió en los Globos de Oro, la película de Almodóvar se quedó sin el premio en la categoría de Mejor película de habla no inglesa superada por Parásitos, uno de los fenómenos cinematográficos del año. El filme coreano se reafirma como gran favorito para la categoría de Mejor película internacional en los Oscar.
Gran dominadora en los premios nacionales, las sensaciones de la prensa internacional es que Dolor y gloria no está consiguiendo triunfar aún más fuera por su coincidencia temporal con un coloso como Parásitos. Desde que coincidieran en el pasado Festival de Cannes, la película de Pedro Almodóvar ha sido superada una y otra vez por la de Bong Joon-Ho en todos los reconocimientos europeos y norteamericanos. La esperanza para los Oscar es que Parásitos consiga otros premios en otras categorías que hagan compensar la balanza hacia la película española en la de Mejor película internacional.
Referentes de la comedia andaluza reciente, Los Compadres (Alfonso Sánchez y Alberto López) llevan más de diez años haciéndose hueco en la ficción española. Sus famosos arquetipos del Cabesa y el Culebra / Rafi y Fali pasaron de cortos virales en Youtube a ser los protagonistas de El mundo es suyo, una película de Atresmedia y distribuida por Warner. Desde abajo hasta lo más alto. Su mezcla de humor popular local con una acertada crítica social daba con la tecla de la España de la crisis y se convirtió en un fenómeno. Tras el pinchazo en taquilla de esa última película, ahora la pareja deja de lado a los personajes que les dieron la fama en Para toda la muerte. Un proyecto pequeño, bastante menos divertido, pero más maduro.
Esta nueva película nos presenta a José Vicente (Alberto López), un hombre que aprueba por fin la oposición para ser funcionario. Pero hay un error administrativo: en realidad es el primer suplente, otro se ha quedado con la plaza. Desesperado y culpable, el opositor decide acabar con la persona que le ha quitado el puesto. En un mercado laboral cada vez más precario e inseguro seríamos capaces de matar por un trabajo fijo que nos permita hacer planes de futuro (una casa, casarnos, hijos…). Hasta ese punto hemos llegado, nos dicen en Para toda la muerte.
Pese a los prólogos y epílogos explicativos, la historia, escrita esta vez por Ana Graciani, incorpora con originalidad un tema que encaja en la idiosincrasia de los guiones anteriores de Alfonso Sánchez. Con ese planteamiento general en la cabeza se va desplegando una historia que va paulatinamente quitándose de encima esas lecturas sociales para jugar en el terreno de la pura comedia negra. Aunque las líneas de diálogo se queden bastante lejos de la frescura andaluza de los anteriores trabajos de Los Compadres, Para toda la muerte defiende una función coral entretenida y solvente.
Alfonso Sánchez demuestra que ha crecido como director: sin los clásicos diálogos de Los Compadres como ancla -algo que quizá habría necesitado esta película-, construye comedia física resultona con una buena puesta en escena, ritmo alto y convincente dirección de actores. Es suyo mucho del mérito de que la película no caiga presa de un guion sin mucho brillo y poco verosímil. Incluso en las situaciones más teatrales se maneja para no perder el pulso de la narración y resolver sus variados homenajes berlanguianos. El cineasta sevillano está listo para ponerse detrás de la cámara en cualquier proyecto que se le ponga por delante.
Sánchez le entrega inteligentemente la función a su compadre, Alberto López, que está en casi todo momento en plano. Las caras de sufrimiento y desconcierto del actor son sobre lo que pivota Para toda la muerte para mantenerse a flote, y López da siempre la talla como hombre que se ha autoimpuesto un camino de progreso con el que no sabe ser feliz. Junto a él, y más allá de la ya clásica troupe de El mundo es nuestro, destaca Estefanía de los Santos en un papel visceral al que sabe cogerle el punto sin caerse del alambre.
Los Compadres se han hecho mayores. El talento para la dirección (Sánchez) y la interpretación (López) ha ido puliéndose, y ahora lo pueden usar en propuestas que se salgan de la línea que los hizo triunfar. Para toda la muerte es una película que se queda lejos del atrevimiento y el desparpajo de su cima (El mundo es nuestro), pero que se eleva lo suficiente por el alto nivel de estos dos profesionales. Y eso es así.
La comedia romántica de Laura Mañá Te quiero, imbécil ha entrado en el top 10 de taquilla en su primer fin de semana de estreno. Es la segunda película española en esta lista junto a Malasaña 32, que después de convertirse en el primer gran estreno del cine español en 2020 ha perdido solamente un puesto y ha acabado como el cuarto filme más visto del pasado fin de semana (24-26 de enero).
Te quiero, imbécil ha recaudado un total de 235.333 € gracias a 36.546 espectadores, con una buena media por copia de 1.060 €. Será complicado que llegue al millón final de recaudación, aunque la ausencia de competencia específica en estas fechas podría auparla estos días. Aunque de momento se haya mantenido en el top 10 de lo más visto durante las actualizaciones diarias de esta semana, es más razonable pensar en una cifra final alrededor de los 600.000-700.000 €.
Gran mantenimiento de Malasaña 32
Comentábamos la semana pasada que la película de terror de Alberto Pintó había sido el primer gran estreno del nuevo año y su segunda semana en salas va camino de llevarla a una muy buena recaudación final. Después de perder solo un -25% respecto a sus tres primeros días en salas Malasaña 32 ha superado ya los dos millones de euros de recaudación total y acumula 323.916 espectadores. Sus más de 300 copias en circulación y su excelente media por copia de 2.285 € hace fácil pronosticar que seguirán llegando buenos resultados.
Los Goya dieron un empujón a alguna de sus películas protagonistas: Dolor y gloria, el documental Ara Malikian: una vida entre las cuerdas, La trinchera infinita y Mientras dure la guerra vieron subir su recaudación exponencialmente respecto a la semana anterior, especialmente las dos primeras. Eso sí, los reestrenos o ampliaciones de salas no han sido exitosos a la luz de los resultados totales, algo en buena parte previsible ya que están ya o van a estar disponibles próximamente en distintas plataformas.
El cine español ha empezado el 2020 con buena marcha en lo que a taquilla se refiere. Los estrenos de enero, con algunos de ellos como Malasaña 32 y Te quiero, imbécil sacando la cabeza en taquilla, están allanando el camino para la llegada de películas con altas expectativas comerciales. Los dos estrenos de esta semana, Adú y Para toda la muerte, encajan en esta descripción, especialmente el primero, que es la primera apuesta de Telecinco Cinema para este año.
Ninguna película española optará a Osos en la Berlinale. Hoy se han dado a conocer las obras que estarán en la Competición de la 70 Edición del Festival Internacional de Cine de Berlin (20 de febrero – 1 de marzo), y el cine español no ha entrado. Si el año pasado fue Elisa y Marcela la representante estatal a competición, esta vez no habrá ninguna española a la que seguirle la pista en el mayor escaparate del certamen. Sólo Javier Bardemn participará como actor en la británica seleccionada The roads not taken. Eso no significa que no vaya a haber películas españolas en la capital alemana, aunque sea fuera del gran foco: tenemos una película en la Sección Generation KPlus y tres en la Sección Forum.
La primera, en orden de relevancia, es Las niñas, de Pilar Palomero. La película española tendrá su premiere mundial optará al Gran Premio del Jurado en la Sección Generation KPlus, la misma parte de la Berlinale donde Verano 1993 empezó su gran carrera internacional haciéndose con el Gran Premio del Jurado a Mejor Película. Las niñas es la primera película de Palomero, que ya cuenta en su haber con varios y premiados cortometrajes como La noche de todas las cosas o Zimsko Sunce. La película cuenta el viaje hacia la adolescencia de una chica de 11 años en Zaragoza, protagonizada por Andrea Fandos y Natalia de Molina.
Foto promocional de ‘Las niñas’, de Pilar Palomero
Además de en Generation KPlus, habrá películas españolas también en la Sección Forum del Festival, que organiza Arsenal, el Instituo del Cine y Vídeo Arte. Esta Sección no tiene premios oficiales, aunque sí recibe distintos reconocimientos independientes. Uno de los nombres más destacados del Novo Cinema Galego, Lois Patiño, estrenará ahí su nuevo filme: Lúa Vermella. Patiño asombró con su primer largo, Costa da morte, y volverá siete años más tarde con este drama que gira entorno a la desaparición de un buzo en un pueblo gallego.
Uno de los representantes del Colectivo Los Hijos (responsables de cortos como La casa de Julio Iglesias o Circo) también estará en Forum. El primero de Los Hijos en dar el salto en solitario y en largo fue Luis López Carrasco -con El futuro (2013) y en 2020 con El año del descubrimiento-, y ahora es el turno de Javier Fernández Vázquez. El cineasta presentará en Berlín Anunciaron tormenta, una película que trata la muerte Esáasi Eweera, rey bubi que se resistió a la ocupación colonial española a principios del siglo XX.
Fotograma de ‘Anunciaron tormenta’, de Javier Fernández Vázquez
Por el último y no menos importante, en Forum se verá la nueva película de la ceutí Irene Gutiérrez: Entre perro y lobo. Después del documental Hotel Nueva Isla, Gutiérrez se lanza con un nuevo largometraje, esta vez de ficción al 100%, en esta coproducción España-Cuba. La película cuenta la vida de tres veteranos de la guerra de Angola que siguen entrenando como soldados pese a su edad y a los nuevos tiempos que corren.
No hay que olvidar que habrá también españoles en la Berlinale para hacer realidad sus nuevos proyectos en camino. En Berlinale Talents, espacio de reunión, contacto y conversación entre nuevos talentos, han sido seleccionados nueve españoles: Cristina Hergueta; Javier Marco; Óscar Vincentelli, Maider Fernández Iriarte; Guillermo García López; Crstina Hergueta; Yayo Herrero; Jorge Moneo Quintana y Carla Sospedra. Además en la sección Project Labs, de desarrollo directo del proyecto, estarán con sus nuevos proyectos O Navio e o Mar, de Lara Sousa y Everlane Moraes, y Ciudad Sin Sueño, de Guillermo García López. Por último, Cerdita, el corto convertido en película de Carlota Pereda, estará en el Mercado de Coproducción de Berlinale.
Cuando el año pasado hablamos de ¿Qué te juegas?, la primera película de Inés de León, celebramos que aportara elementos frescos a un género clásico como es la comedia romántica, en su caso a través de los diálogos y la construcción de personajes. Es lo que precisamente lo que se echa en falta en una película como Te quiero, imbécil. Aquí lo mejor que se puede decir es que decide exprimir las capacidades del reparto, una buena elección de sus responsables: es de largo lo más interesante del conjunto.
La nueva película de Laura Mañá (Palabras encadenadas, La vida empieza hoy) es una comedia romántica típica y predecible que puede llegar a ser eficaz como entretenimiento pero no aporta absolutamente nada al género. Los tópicos y lugares comunes desfilan constantemente -«hola, antigua amiga del instituto que ahora es atractiva, cuánto tiempo», montaje paralelo con guitarra melancólica de fondo- en una película en la que solo funcionan un reparto que achica aguas con mucho oficio y una factura técnica aseada.
Te quiero, imbécil cuenta la historia de un treintañero abandonado por su pareja, despedido de su trabajo y obligado a cambiar su forma de ser para sobrevivir en un mundo que ha cambiado mientras él no lo hacía. La hemos visto muchas veces, tantas que el único motivo para no extender la sinopsis hasta el desenlace de la película es que no hace falta porque ya se sabe. El conjunto habría sido bastante más soportable si las bromas tuvieran gracia y no jugaran con los clásicos clichés sobre cómo ser hombre, que están en progresivo abandono tanto en cine como en el propio mundo real. En la película se utilizan arquetipos barnizados en modernidad sólo aparente. Y no, no es por celebrar la corrección política ni buscar el aplauso fácil: es que simplemente aburre el humor que gira siempre en torno a las mismas cosas.
En medio de esta propuesta tan poco estimulante solo se salva el reparto. Quim Gutiérrez sabe defender con gracia este tipo de papeles de hombre perdido, maduro e inmaduro y consciente e inconsciente a la vez, como viene demostrando desde Primos, una película, sin embargo, escrita con bastante más delicadeza e intención. Natalia Tena tampoco puede hacer mucho con un papel plano que es un mero resorte para hacer avanzar la trama, caso contrario al de Ernesto Alterio, que parece abonado últimamente a los personajes excéntricos. Su terapeuta youtuber argentino, sin ser lo más original del mundo, consigue arrancar alguna carcajada de forma recurrente.
Te quiero, imbécil es una película vista mil veces que acierta en apostar por sus intérpretes como principal baza, pero que resulta muy poco estimulante en el global por lo poco que arriesga. Puede cumplir su función de pasatiempo inofensivo, pero nada más. Un libreto más inspirado y menos rancio en sus ideas podría haber hecho destacar más la correcta realización que aporta Mañá y el buen reparto, pero lo que queda es un flaco favor a un género normalmente mal considerado como es la comedia romántica.
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