1. Análisis
  2. De película a serie y viceversa: Lo que el experimento de ‘Libertad’ puede decir sobre el futuro equilibrio entre pantallas

De película a serie y viceversa: Lo que el experimento de ‘Libertad’ puede decir sobre el futuro equilibrio entre pantallas

La jerarquía en el prestigio cultural entre cine y series, sala y plataforma, se juega en experimentos como el del doble estreno de Enrique Urbizu para Movistar+.

De película a serie y viceversa: Lo que el experimento de 'Libertad' puede decir sobre el futuro equilibrio entre pantallas 1

Libertad, de Enrique Urbizu, es el experimento que este mes estrena Movistar+, al mismo tiempo en su plataforma como miniserie que en salas de cine remontada como largometraje. Un movimiento casi inédito, aunque no completamente, en nuestro panorama audiovisual, y que habla del actual equilibrio de audiencias y prestigio entre las diferentes pantallas, traído por la pandemia pero también por los hábitos de consumo y la irrupción de las grandes plataformas.



No es el único trasvase entre ambos medios actualmente en curso en España, y más películas serán pronto series de televisión. La exitosa Hasta el cielo de Daniel Calparsoro tendrá continuación en forma de serie para Netflix, de la que aún se conocen pocos detalles más allá de que sus creadores -el propio Calparsoro y el guionista Jorge Guerricaechevarría- repetirán al frente de la misma.

Al mismo tiempo se prepara la adaptación de Invisibles, la última película de Gracia Querejeta, a serie de televisión. Aunque ya estaba planificada con antelación a la pandemia, será una nueva vida para un filme que tuvo la mala suerte de estrenarse una semana antes del primer confinamiento. La propia directora comandará la adaptación tanto al guión como tras la cámara.

Menos novedad es la adaptación de Señor, dame paciencia, que convertirá en comedia disparatada por capítulos el despiporre costumbrista de su versión cinematográfica de 2017, aunque solo Jordi Sánchez y Rossy de Palma repetirán sus papeles. Un salto, por cierto, que no deja de tener gracia cuando la película Álvaro Díaz Lorenzo ya era un remake no declarado de la francesa Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (2014).

 

Directores de cine, series de televisión e imagen de marca

De película a serie y viceversa: Lo que el experimento de 'Libertad' puede decir sobre el futuro equilibrio entre pantallas 2

Rodaje de ‘La Fortuna’, de Alejandro Amenábar. Foto: Diego López Calvín

 

La «revolución» de la serie de Movistar+ se basa más en el orden del trasvase y la pátina de prestigio que este recibe, con un director como Enrique Urbizu y un proyecto estrella de la plataforma que se vende explícitamente como «de apoyo a las salas de cine» en un contexto de cierres sanitarios y ausencia de grandes estrenos que lastran sus números.

Cabe incluso preguntarse si la jugada se repetirá en el estreno en otoño de La Fortuna, de Alejandro Amenábar. Movistar+ ha atraído a grandes directores de cine al formato televisivo con buenos resultados, como el propio Urbizu en primer lugar con Gigantes, Alberto Rodríguez con La Peste o recientemente Rodrigo Sorogoyen en Antidisturbios.

En este caso el paralelismo de Calparsoro asociado a Netflix tampoco es literal: el catalán tiene un recorrido mucho más amplio y reconocido en las series, la plataforma ya distribuye su Apaches -emitida originalmente por Antena 3- y él mismo rueda en estos momentos Centauro, la futura película de estreno directo en la misma.

Más que una pelea por nombres de prestigio, en este caso Netflix parece asegurarse el fichaje de un especialista muy eficaz en su género, el thriller, y que sabe conectar con un público fiel -parecido a Dani de la Orden y su Loco por ella– en el que el salto de Hasta el cielo de la pantalla grande a la más pequeña es un reclamo más que efectivo dado sus buenos números en taquilla incluso con restricciones.

 

El 23F y las comedias de los 90 como precedentes

De película a serie y viceversa: Lo que el experimento de 'Libertad' puede decir sobre el futuro equilibrio entre pantallas 3

’23-F, la película’, de Chema de la Peña

El doble estreno remontado que puede servir como precedente más reciente para Libertad es 23-F, la película, que coincidía en rodaje, escenas, elenco y enfoque dramático con Adolfo Suárez, el presidente. Solo que no era tanto el mismo producto presentado en dos formatos como la ampliación de una trama del televisivo hasta alcanzar extensión cinematográfica.

De hecho, a efectos prácticos era una nueva producción. Si la miniserie tenía dos capítulos y era dirigida por Sergio Cabrera, la película tenía a los mandos a Chema de la Peña. Ginés García Millán, Fernando Cayo y Paco Tous repetían como Adolfo Suárez, el rey Juan Carlos y Tejero respectivamente, pero el rostro del general Armada pasaba de ser el de Ramón Barea al de Juan Diego. Y aunque la serie hizo buenas cifras y ha sido repuesta en varias ocasiones en abierto, se consideró un producto menor.

Tanto la miniserie como el largometraje para salas surge, además, en un momento muy concreto (2010-11), en el que la Ley del Cine ya había consolidado el modelo de inversiones de las televisiones en abierto en productos audiovisuales que ellas mismas puedan rentabilizar en su programación.



El boom de ficciones sobre la historia reciente española, además de auspiciado por el liderazgo en el prestigio televisivo de la primera época de Cuéntame cómo pasó, se basó también en el deseo de apostar sobre seguro de las cadenas. Así, biografías como la de Suárez no solo es que huyesen del riesgo, es que incluso edulcoraban episodios conocidos y poco brillantes de la carrera del político, y las versiones del 23F, como ya hablamos por aquí, tendían a ser planas.

Decíamos antes, además, que la adaptación de Señor, dame paciencia, tiene poco de novedosa. Y es que la televisión de los 90 estuvo llena de series de televisión «descendencia directa» de éxitos cómicos en el cine: Todos los hombres sois iguales, Makinavaja, Por fin solos Incluso la animada Los Trotamúsicos provenía de un largo con los mismos personajes y el mítico estudio de Cruz Delgado.

En tiempos recientes el mismo camino siguieron otras como Perdiendo el Norte, adaptada como Buscando al Norte, y el coqueteo paralelo y presuntamente nunca planeado de la serie de cintas de 8 apellidos vascos con la televisiva y a la larga más exitosa Allí abajo, con la que incluso llegaba a compartir una parte del reparto (y de nuevo ambas «inspiradas» en la francesa Bienvenidos al norte).

Pantallas, formatos y gestión de públicos

De película a serie y viceversa: Lo que el experimento de 'Libertad' puede decir sobre el futuro equilibrio entre pantallas 4

‘Libertad’, de Enrique Urbizu. Foto: Emilio Pereda.

 

La clave en los movimientos actuales es ver cómo se combinan el momento económico, el creativo y, excepcionalmente, el sanitario con los gustos del público a la hora de visionar -y valorar- una obra. Es poco probable, por muy bien que resulte en las actuales circunstancias, que la apuesta de Libertad se prolongue excesivamente en el futuro. Pero puede darnos una idea, aunque sesgada por la pandemia, de los equilibrios en los hábitos de consumo y la rentabilidad de las pantallas.

Al final pocas veces una tendencia cultural responde a una sola causa, y menos en una industria tan cara como la audiovisual, en la que la rentabilidad y el control final sobre los productos están sujetos a delicadas variaciones. En los últimos meses hemos anunciado varias veces el fin de las salas mientras las grandes multinacionales como Disney+ exhibían poder con desigual resultado con grandes estrenos directamente a streaming.

Sin embargo, la industria mantiene un gusto por el largometraje que responde, en parte, al mismo ritual del consumo de ficción y que tradicionalmente ha tenido más influencia en los resultados de lo que se admite. El apoyo explícito de Sorogoyen a las salas mientras recoge premios por una serie o la apuesta de Movistar+ «vendida» como lo mismo en parte por marketing desvelan que el prestigio cultural sigue estando en el cine, pero que el público solo lo compra si entiende que la experiencia lo vale.

Las salas están pasando a vender, una vez más en su historia cíclica, experiencias desde lo grandilocuente o lo intenso y producciones medias -como las películas de Netflix- quedan para el streaming. Las series de televisión, por su parte, mantienen el discurso de lo que ocurre, la construcción del consenso cultural sobre lo relevante. Hasta el cielo, la serie, será probablemente más realista y menos estilizada que Hasta el cielo, la película, porque así lo demandará su público, aunque sea el mismo.

Aparte queda, por supuesto, el resultado creativo, que en el caso de Urbizu, con experiencia y solvencia en ambos formatos, descansa en la competición consigo mismo. El bilbaino es mejor cineasta que autor de televisión, pero sabe mantener el pulso en ambas. Su historia, que puede ser épica, sucia o ambas cosas a la vez, nos dará una medida de hasta qué punto un mismo producto se puede agotar si se devora a sí mismo.

En cualquier caso, tanto para las preguntas industriales como para las artísticas, todo esto no es más que planteamiento, y será el estreno final y el tiempo que pase tras él, que nunca es corto, el que nos dé las respuestas.

 

Jose A Cano (@caniferus)

Menú