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El 23F en la ficción: visiones desde el heroísmo a la decepción

José Carlos Rueda Laffond, catedrático de Historia Contemporánea, explica como la ficción española ha reflejado, más que el Golpe de Estado en sí, la relación de cada momento político con la Transición.

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El 23F cumple 40 años, durante los cuáles no ha dejado de ser parte del relato de la España contemporánea y la construcción de la Transición, algo de lo que no se ha olvidado la ficción. Paco Tous como Tejero, Lluis Homar como el Rey Juan Carlos… el cine, aunque aún más la televisión, han querido tratar el el evento poniendo a caras conocidas en los papeles de personajes históricos. Un tratamiento que no está exento de lecturas políticas.



José Carlos Rueda Laffond es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. Ha escrito varios libros y artículos académicos sobre los enfoques políticos de la ficción histórica en España y en particular en el reflejo de la Transición. El 23F es parte de su trabajo, sobre el que se ha planteado las reescrituras de la Historia.

Cine con Ñ le plantea las diferencias entre miniseries como 23F: El día más difícil del Rey o 23F: Historia de una traición, aunque es a la hora de analizar el reflejo de los hechos históricos en, por ejemplo, Cuéntame, donde su análisis se vuelve más incisivo. Incluso el falso documental de Jordi Évole, tan de actualidad con las fake news, aparece como una ficción más alimentada por las teorías de la conspiración.

 

En sus artículos ha planteado como se ha utilizado la televisión en España para crear relatos de consenso políticos y sociales. ¿Cómo ha actuado este mecanismo en el caso del 23F?

Esta finalidad es muy frecuente –casi diría que es una constante– en cualquier producto televisivo o cinematográfico de ficción histórica. Quizá una clave para entenderlo bien tiene que ver con el carácter de esas realizaciones como narrativas de memoria. Este término ha sufrido una intensa inflación durante los últimos años, hasta acabar muy desdibujado. Con él quiero referirme a los relatos que se enmarcan en el pasado, en este caso en 1981, pero que operan en clave presentista, por ejemplo orientándose a explicar al espectador de modo bastante didáctico de dónde venimos, cuáles son las raíces qué nos puede definir hoy como colectividad. De otra parte, muchas de estas realizaciones tuvieron un decidido carácter conmemorativo, otro rasgo que debemos asignar a las narrativas de memoria.

«El 23F se presenta en la ficción como la culminación de la Transición y la puerta abierta a la modernidad de España»

El rasgo compartido por la mayor parte de las ficciones dedicadas al 23F lo encontramos en el argumento de presentar esa fecha, de modo explícito o implícito, en forma de culminación de la Transición y definitiva puerta abierta hacia la «modernidad» y la «normalidad» españolas –se cierran por fin las «anomalías» y los «fantasmas» del pasado–. Esta misma idea se reiteró también en otros muchos productos culturales o en información o artículos de opinión aparecidos en prensa entre los ochenta y la primera década del siglo XXI, y asimismo con posterioridad. Visto en perspectiva, la lógica subyacente en esas ficciones históricas podría ser la de un crescendo que partiría de 1975, se jalonaría a través del proceso de Transición, alcanzaría su clímax dramático con la intentona frustrada del 23F y finalmente culminaría en 1982, con la primera victoria electoral del PSOE y, más aún, en 1992, con los fastos de la modernidad y el «éxito colectivo» desplegados al hilo de las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla.

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’23F, la película’

Además de las series 23F: El día más difícil del Rey y 23F: Historia de una traición se estrenó en cines 23F, la película remontando y adaptando al formato cinematográfico parte de la serie que TeleCinco dedicó a la figura de Adolfo Suárez. ¿Qué diferencias de planteamiento existieron entre las tres?

En realidad, la propuesta llevada a la gran pantalla retomaba de forma muy directa la forma y el contenido ensayados desde 2008 en muchas realizaciones (miniseries) para televisión, ya fuese el biopic dedicado a Suárez, 23F. El día más difícil del Rey o 20N. Los últimos días de Franco, una realización ligeramente anterior, también de Antena 3, estrenada a finales de 2008. Como digo, la factura y el «relato» de esas tres ficciones era muy similar: se acercaban al ámbito del «poder», entendido como una esfera política exclusiva definida por unas elites enfrentadas en la lógica cambio y pervivencias. Ese es el hilo discursivo compartido, que ofrecía un evidente sentido metafórico y simbólico: los residuos del pasado enfrentados con el empuje y las expectativas de futuro. En el primer caso, se situaría el Franquismo, en el segundo, la monarquía parlamentaria. A partir de ese contraste, se ubicaban los diversos personajes y sus respectivos alter-egos (Franco vs. Juan Carlos; Suárez vs. Arias Navarro; Tejero o Milans del Bosch vs. Sabino Fernández Campo, etc.). No hay protagonistas sino antagonistas, y al revés también.



En cambio, Historia de una traición fue una ficción bastante más heterodoxa. Pretendía evocar más bien un 23F visto desde abajo e introducirse en unos entresijos aparentemente más opacos del golpe. Su resultado comercial fue bastante malo y quedó, en sus índices de audiencia, muy lejos de 23F. El día más difícil del Rey, la producción emitida por TVE en 2009.

Ha sostenido en varios artículos que Cuéntame cómo pasó edulcora Franquismo y Transición a través del costumbrismo y la individuación de las experiencias políticas colectivas. ¿Qué lecturas podemos extraer del 23F en la serie, narrado con Toni Alcántara como periodista que se encuentra en el Congreso en el momento de los hechos?

A veces se ha dicho, no sin cierta sorna, que los Alcántara tienen el don de la ubicuidad, la capacidad para estar en muchos sitios en el minuto justo. Fueron testigos directos del atentado contra Carrero Blanco, acudieron a las colas multitudinarias que se formaron durante la capilla ardiente de Franco, Antonio Alcántara se presentó como candidato de UCD en las elecciones de 1977 con un look que recordaba a Suárez… Incluso en su temporada actual (2021), jugando con los paralelismos y con los saltos en el tiempo, en Cuéntame se asocia una mirada agridulce sobre 1992 junto a los estragos de la pandemia y el confinamiento de 2020. Todos estos ejemplos no son más que expresiones de la lógica interna de la serie, la gran ficción histórica para televisión: el acoplamiento entre lo que podríamos llamar la historia familliar (story) y la historia colectiva (history), todo ello adobado con importantes dosis de costumbrismo y con constantes guiños de empatía y reconocimiento cara a los espectadores.

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’23F: Historia de una traición’

Esta «creación de consensos» habla de un modelo televisivo concreto, pero la irrupción de las plataformas de streaming ha cambiado el mercado de las series y los discursos: ¿cree que es posible hoy otro reflejo del 23F y que está cambiando la representación de la historia reciente de España? ¿Qué podemos esperar, por ejemplo, de la serie anunciada por Mediaset el diciembre pasado sobre la última etapa del reinado de Juan Carlos I?

Por supuesto: una cosa es la ficción histórica producida coincidiendo en el tiempo con el paso de la televisión analógica a la digital, entre 2008 y 2011, y otra distinta el actual panorama televisivo, definido por la dualidad entre las ofertas generalistas en abierto y su modelo de negocio, o de servicio público, y el de las plataformas de streaming. En todo caso, este hecho no lo explica todo. Las ficciones que estoy comentando vieron la luz en un momento que no dejaba de ser paradójico. Eran grandes celebraciones televisivas acerca de un período ya distante (la Transición) generalmente apreciado como muy positivo y fundado en liderazgos casi indiscutidos. Sin embargo, su emisión tuvo lugar coincidiendo con el primer impacto de la crisis socio-económica de 2008. Transición.

«El 23F es un hecho televisivo desde su ‘casi’ directo con las imágenes de Tejero. Si bien su tratamiento ha sido muy diferente a lo largo del tiempo».

La imagen de liderazgo y de prestigio indiscutido, en lo que se refiere a Juan Carlos I, ha sufrido un tremendo desgaste simbólico, como todos sabemos. Y el propio relato mainstream sobre la Transición ha sido objeto de una fuerte impugnación. Como dije antes, si observamos el asunto de la ficción histórica audiovisual desde la perspectiva de las narrativas de memoria –el ayer desde estrictos los anteojos del hoy– quizá podamos entender mejor los giros en el enfoque y el posible tratamiento de ciertos temas, por ejemplo respecto a la fase final del reinado de Juan Carlos I.

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’23F: El día más difícil del Rey’

¿Qué le ha faltado al 23F tratado desde la ficción?

Yo diría que las ficciones sobre el 23F deben entenderse primero desde lo que efectivamente aportan, no desde lo que falte. El 23F es un hecho televisivo, si bien su tratamiento ha sido muy diferente a lo largo del tiempo. Tenemos un 23F en «casi» directo: las tomas de la irrupción de Tejero y el retén de guardias civiles en el hemiciclo del Congreso, emitidas ya a partir del día 24, cuando se desactivó el golpe. Otras se emitieron en estricto directo, como ocurrió con los planos de algunos guardias civiles que huían por las ventanas a media mañana de aquella jornada.

Desde finales de febrero de 1981, pero sobre todo ya en los años noventa, llegó el reinado de las miradas documentales, que acabaron interesándose por los enigmas y por los presumibles «agujeros negros» del golpe. La guinda del pastel en esta lógica de evocación sucesiva, en gran medida complementaria, la encontramos en Operación Palace (2014), una propuesta híbrida que, como buen mockumentary, no era más que pura ficción arropada con los formalismos del documental canónico. Esta última propuesta añadió, desde ese código y con una evidente carga desacralizadora, algo que no había tocado la ficción en 2009 o 2010: la sombra de la duda.

De todas formas, tampoco hemos de olvidar que el leit motiv en que se apoyaba aquel falso documental –el 23F fue un montaje; se organizó desde arriba para después ser desactivado desde arriba y así añadir un plus de prestigio a la institución monárquica– no dejaba de retomar el viejo argumento que se manejó en círculos de la extrema derecha en 1981 o 1982 –el rey fue el verdadero promotor del golpe; los golpistas no hacían otra cosa que acatar el principio de obediencia debida–. Es decir, con el paso del tiempo, parecería como si, en ciertos círculos de la izquierda, se asumiesen viejos argumentos originalmente nacidos en la extrema derecha, por supuesto en un contexto muy distinto.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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