Críticas
Las vidas de Fèlix: Todas las personas que elegiste no ser

Las vidas de Félix es la autobiografía audiovisual del cineasta Fèlix Colomer, que repasa las diferentes etapas y facetas de su vida tras convertirse en padre. Campeón infantil de ajedrez, árbitro en inferiores, director de cine porno, músico trap… pocas actividades más dispares y al mismo tiempo coherentes con las inquietudes y la edad de su protagonista, a través de las que reflexiona sobre su proceso de madurez (es un decir, tiene 29 años) y la crianza y la paternidad.
La tecnología y su accesibilidad permiten que tengamos ahora este tipo producto confesional o autoreferencial, antes reservado a la literatura y en el audiovisual a gente muy consagrada o con muchísima pasta. Las vidas de Fèlix ni siquiera se disfraza de autoficción como Autodefensa, Selftape o Matriz (o de alguna forma Todo lo otro o No me gusta conducir), es directamente Colomer contando su vida (y parte de la de sus más allegados), aunque le da un par de vueltas.
La serie está más cerca, por tanto, de cierto cine indie reciente, del tipo ¿Qué hicimos mal? o la recién estrenada Contigo, contigo, y sin mí, que de cualquier serie que se haya estrenado. Curiosamente Fèlix Colomer tiene otra serie documental estrenada en HBO Max, Vitals, producida por El Terrat. Solo que allí aterrizaba en lo cotidiano una experiencia extraordinaria, como es vivir una pandemia mundial, y aquí vuelve épico, excepcional y, sobre todo, divertido, algo «normal» como es hacerse mayor y madurar (el gran tema de toda ficción en todas las época, lo mismo E.T, el extraterrestre, de Steven Spielberg, que Rojo y negro, de Stendhal, así al voleo).
CE Sabadell y las vidas de Fèlix

Decía George Bernard Shaw, que yo diría que ya lo hemos tenido que citar por aquí alguna vez, que todas las biografías son una sarta de mentiras, porque no hay nadie tan abyecto para decir toda la verdad sobre sí mismo llevándose por delante a sus familias, pareja o amigos. Colomer selecciona con mucha prudencia, pero metiéndonos en su historia familiar sin mucha vergüenza, e intenta, con acierto, que el discurso no quede egocéntrico, sino que sea reconocible, en sus dilemas básicos, por cualquiera.
Las vidas de Fèlix básicamente se compone de vídeos caseros de Colomer y familia, montados con mucha guasa y su voz narrando y riéndose de todo un poco. Los episodios son de 35 minutos y cada uno está dedicado a una de las actividades que el protagonista ha desarrollado a lo largo de su vida, aunque su experiencia se acaba diluyendo y presenta la de otras personas que han vivido situaciones parecidas o idénticas pero a mucha mayor escala. Por ejemplo, en el episodio del arbitraje, el clímax es entrevistar al mismísimo Mejuto González, y antes aparecen personas que han sido agredidas en categorías inferiores, relativizando los problemas del protagonista.
El esquema con finales en los que Fèlix, en cada una de sus vidas, aprende una lección que transmitir a su hijo, se puede hacer pesado, pero como son episodios de 35 minutos, es probable que sea culpa de haberlos visto del tirón y que gane semana a semana. Las vocaciones de Colomer no distan tantísimo de otros jóvenes de su edad y la extracción socioeconómica que se adivina, aunque seguramente algunas sea más fácil desarrollarlas en la provincia de Barcelona. En ese sentido, aunque no aspira a eso, tiene su componente de testimonio generacional.
Objeto de estudio

Colomer es un culo de mal asiento que no sabe si considerarse una persona interesante o un friki. La verdad es que viendo la serie, uno se plantea que es un poco de cada, pero que bueno, qué más da. No es ya que lo mismo le dé por jugar al ajedrez que por crear la primera página porno en catalán, es que en una ocasión se propuso batir el récord Guinnes de un pelo de pezón más largo del mundo. Por lo visto eso existe, y está en 17 centímetros desde 2017. Pero a todo le acaba encontrando un sentido vital que va más allá del hecho superficial en sí (sea el complejo de pene pequeño que provoca el porno o lo que sea).
Al final Las vidas de Fèlix tiene un componente de reflexión, voluntaria pero muy diluida, de por qué necesitamos contarnos a nosotros mismos. En el caso de Colomer, la paternidad tiene ese componente evidente de haberle dado sentido a todo lo anterior. Así, acaba escondiendo tanto los sentimientos que le despierta su hijo como Borja Cobeaga en la mencionada No me gusta conducir, solo que aparentando que se muestra hasta las entrañas.
Cerrando sesión, Las vidas de Fèlix demuestra la evolución que para el formato serie ha permitido la tecnología y la libertad de la que pueden gozar los autores si tienen el tiempo (y el talento) necesarios. Una serie documental que en el fondo funciona como la ficción y que se narra un poco como toda ahora en nuestro día: de retazos de realidad capturada gracias a esos dispositivos de los que tanto renegamos pero que no serían nada sin nuestra memoria.

Jose A. Cano