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Críticas

Yo no moriré de amor: La gran ópera prima española de 2026

Marta Matute impresiona en su primera película, que hace sentir el peso invisible de la dependencia con una naturalidad devastadora
Crítica de 'Yo no moriré de amor', película de Marta Matute

Yo no moriré de amor se acerca a Valdemoro para contar la vida de Claudia, una joven que se ve arrastrada por la grave enfermedad de su madre. Lo que era una vida más o menos despreocupada, se tendrá que adaptar para cuidar a su madre, una nueva responsabilidad que se reparte junto a su padre y su hermana mayor.

Una chica de barrio surfea entre dos aguas: por un lado, su vida de veinteañera, con sus amigos, sus aficiones, sus ligues y las posibilidades del futuro; por el otro, la gestión de su madre dependiente, enferma de Alzheimer. Esta es la premisa de la primera película de Marta Matute, que compitió en la Sección Oficial del Festival de Málaga y se llevó la Biznaga de Oro.

Yo no moriré de amor es un drama familiar al que se le puede poner el segundo apellido de ‘social’ por tratar el tema de la dependencia, pero que en realidad lleva incorporada esa dimensión supraestructural de una forma muy natural, como todos los detalles que va acumulando esta buena película para hacerse grande sin necesidad de verbalizarse demasiado.

Cuando da igual si estás preparada

<strong>Yo no moriré de amor</strong>: La gran ópera prima española de 2026 1
©Concha de la Rosa

Marta Matute, que está contando su propia experiencia al cuidado de su madre, mantiene una subjetividad prudente. Claudia es la protagonista, la tenemos casi siempre en plano, pero su punto de vista no se adueña del todo de las imágenes, que buscan un naturalismo poco filtrado o psicologizado: luz natural, distancias variables a partir de cuál es el foco principal en el cuadro, con los cortes y movimientos de cámara mínimos y puestas en escena poco rígidas.

La fotografía de Sara Gallego, una de las directoras de fotografías que mejor se adaptan a cada proyecto, vuelve a brillar para mostrar este mundo, que es ‘de barrio’ sin necesidad de tener que gritarlo en cada vestuario, en el simbolismo de los decorados o en cada detalle de dirección de arte (una tentación de estar presente, de tener significado, muy del cine independiente español). Simplemente es.

Es la forma que tiene Matute de ir introduciendo la esencia de esta joven, una «chica normal» colocada en una situación para la que da igual si está o no preparada. Es una composición de personaje brillante la que han hecho Matute y Júlia Mascort porque se le van añadiendo escenas, acumulando situaciones y dificultades, vamos entendiendo cómo va evolucionando el personaje, en la dualidad en la que se encuentra, y a la vez somos capaces de reconocerla como una chica cualquiera de su edad.

Yo no moriré de amor, fuera y dentro del tiempo

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©Concha de la Rosa

Es clave en esta noción natural de la vida de su protagonista cómo se ha trabajado la relación y el contraste entre el ‘adentro’ y el ‘afuera’: la casa es un territorio de culpa, de tiempo frenado y responsabilidad gris y desasosegante; lo que está fuera es la vida que sigue, el terreno de desahogo y libertad. Aunque se quiera escapar de uno para ir al otro, son espacios que no se puede entender de forma estanca en la vida de Claudia, que los percibe desde la pesadez y la culpa.

Ahí aparece el imprescindible sentir del paso del tiempo, clave para cualquier enfermedad degenerativa. Las elipsis variables que ha elegido Marta Matute, mayoritariamente marcadas por la evolución de la enfermedad de la madre (Sonia Almarcha), cuyo gran peso va significando distintas cosas a lo largo del tiempo para sus personajes. Cómo se ha elegido cuándo y donde saltar, en qué punto fijarse, es uno de los grandes aciertos para el desarrollo emocional de la película, que acaba colocándose en el espacio perfecto para acabar en lo alto.

Por carácter, sensibilidad y densidad dramática, Yo no moriré de amor está más que a la altura de otros grandes debuts recientes del cine español reciente con los que podría emparentarse —Cinco lobitos (2022), 20.000 especies de abejas (2023) o Sorda (2025)—. Una primera película que impresiona.


Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.