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La Educación en las series españolas: entre la evolución y la polémica

¿Reflejan las series españolas la realidad de las aulas? ¿Deberían? Contestan familias, docentes y expertas

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El Colegio Azcona de Compañeros sirve aún hoy para ilustrar uno de los problemas del reflejo de la Educación en las series españolas. La serie «de instituto» de Antena 3 en los 90 arrancó con Concha Velasco como principal reclamo, en la estela de la época de usar a nombres del cine que arrastrasen público -Alfredo Landa en Por fin solos y Lleno por favor o Andrés Pajares en Ay, Señor, Señor-. Pero la actriz solo duró una temporada, siendo sustituida por Tina Sainz en el cargo de directora y Beatriz Carvajal en el de ‘protagonista adulta’ del drama. Un cambio de nombres más fácil de explicar en un concertado o un privado que en un centro público, donde todo siempre será más burocrático.

Sin embargo, en datos del pasado curso 2020/2021 en España hay 28.816 centros educativos, de los cuales 19.184 son centros de enseñanza pública y 9.632 concertados. La mayoría de los profesores protagonistas -el revolucionario HIT, el internacional Merlí– son hombres aunque dos tercios del cuerpo docente, en realidad, sean mujeres. La realidad de la España interior -o vacía- suele estar poco presente a menos que la ficción trate más sobre la vida en el pueblo que sobre Educación en sí –El pueblo, Querido maestro, Historias de Alcafrán-.

¿Se refleja la realidad de la Educación en las series españoles? Es más, ¿debería hacerlo? La serie sobre adolescentes más popular del momento, sobre el papel, sería Élite -adolescente por la presunta edad de los personajes, los actores son mayores por obvias razones erótico-festivas y su público, probablemente, también sea más amplio- se basa precisamente en que muestra un centro que no es la norma, ni mucho menos.

Su contraparte serían los mencionados Merlí -primer profesor de una serie española en ejercer en la pública desde la Segunda Enseñanza de Ana Diosdado y Pedro Masó- y HIT, que en su reciente segunda temporada cambiaba un concertado y Madrid por un centro público de FP en Puertollano, provincia de Ciudad Real. O lo que es lo mismo, la distancia que va de un producto de entretenimiento de Netflix a dos cadenas públicas que, por definición, buscarán otro enfoque como son TV3 y RTVE.

(h)AMPAS asesinas y profesores a tope con la maquinaria

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‘Segunda Enseñanza’.

Mari Carmen Morillas, vicepresidenta de la Confederación Española de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) -es decir, las AMPA de la Educación Pública- opina que normalmente los centros educativos de la ficción reflejan poco de la realidad porque «al final el objetivo es captar audiencia con una historia interesante». Por lo que respecta a su gremio, el del las asociaciones de madres y padres, «ya te digo yo que el momento cadaver en la Thermomix de Señoras del (h)AMPA no es habitual», bromea.

Sobre la comedia de Carlos del Hoyo y Abril Zamora y la mencionada HIT Morillas tiene una misma queja: «las etiquetas absurdas. En una sacan a las madres de la pública como más ‘cutres’ que las de la concertada, y en la otra a las familias como enfrentadas al docente. Al profesor de HIT lo llevaría a visitar las comunidades de aprendizaje de muchos colegios públicos, donde las familias participan y colaboran con el equipo del centro. Es un discurso que hace daño presentar ese enfrentamiento entre unos y otros, como invitando a desconfiar».

Aunque para la serie de TVE sí que tiene algunos halagos. Por un lado, la representación del conflicto -«existe en todos los centros, y el que diga que no tiene algún tipo de problemas de convivencia miente»-. Por otro, los momentos humanos del protagonista. Y explica: «cuando va más allá, expresa sus sentimientos y crea lazos con sus alumnos sí es muy positivo, porque en el fondo te están mostrando la importancia de un buen docente».

Por su parte Juan Bravo, presidente de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA), coincide en el diagnóstico: «la ficción necesita drama y el trabajo en un centro educativo consiste en que no pase nada». Por eso echa de menos la ficción que refleje «cómo es la evolución de un alumno o alumna desde que entra en un centro, a lo largo de los años. Ver cómo cambia una persona gracias a su formación es una realidad muy bonita que no hemos visto bien en ninguna ficción».

La diversidad de la Educación en las series españolas

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‘Élite’.

Sin embargo, el aspecto más elogiado de la reciente HIT es su enfoque hacia la diversidad y su tratamiento del bullying, que también tienen Élite o Skam España pero en otro estilo, y que de forma más cruda -y, ¿por qué no?, realista- es posible que veamos en la inminente La edad de la ira. Por ejemplo, Paula Serna, supervisora de contenidos del Observatorio de Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA), celebra la inclusión del personaje no binario de Dan «porque implica que se están pluralizando las narrativas. Que esto ocurra en la televisión pública es mayor razón de celebración, porque la diversidad no puede limitarse a plataformas de pago».

Pero , opina Serna, «todavía queda mucho camino por recorrer y en HIT los personajes caen en la estereotipación. Una de las asignaturas pendientes es que se presenten personajes no normativos y que su identidad no sea el eje de su personalidad y de sus problemas». Lamenta que en la primera temporada se presentasen personajes bisexuales pero nunca se verbalizase, contribuyendo al tópico recurrente de la ‘invisibilidad bi‘. O la muerte de Dan: «no podemos caer en reproducir las estructuras que durante la historia han negado a personajes LGTBIQ+ un final feliz».

Desde ODA valoran cualquier representación de la adolescencia «que huya de que sea siempre dramática», valorando el documental Quién lo impide de Jonás Trueba. Y también la salida del «madridcentrismo». En este sentido alaba a Las del hockey, serie deportiva de TV3 -que pronto tendrá una prima hermana con Irabazi arte en EiTB- que demuestra «como se puede hablar de la adolescencia fuera de las grandes ciudades y hablar de la homofobia y el bullying en estos espacios».

Sobre bullying y discurso de odio nos aclara Carolina González, responsable de redes sociales de Proyecto Hateblockers, que hay una diferencia que a veces la ficción no contempla: «En el bullying a veces la motivación puede ser que el agresor o agresora pasaba por ahí. El discurso de odio implica que la víctima pertenece a algún colectivo vulnerable concreto y es agredida por ello».

Los ejemplos que nos pone sobre buen tratamiento del bullying no son locales: Cobra Kai y Sex Education. Eso sí, echa de menos «las narrativas alternativas», algo que sí intenta HIT en su segunda temporada. «Normalmente una ficción cuenta un caso de bullying de forma descriptiva, te da mucha pena la persona maltratada, pero no establece una narrativa alternativa. ¿Qué puedes hacer tú como persona con 15 años para luchar contra eso? Eso faltaría, proporcionar alternativas a la violencia. Quizás resulte menos cinematográfico, pero sería una historia mejor».

Imagen de portada: HIT.

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