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HIT: Fliparse para el bien

HIT es un flipao. Luego la serie tiene sus cosas buenas.

HIT: Fliparse para el bien 1

Hugo Ibarra Toledo, alias HIT, es un flipao. También es un gurú de la Educación que da charlas TED sobre disciplina al que una antigua compañera de la Facultad le pide ayuda con los problemas del colegio donde es directora: la cosa está descontrolada y parte del alumnado se dedica a quemar coches del personal docente. La solución de HIT es aislar en una «clase especial» al grupo de nueve alumnos y alumnas que dan más problemas. De esta manera intentará cambiar su comportamiento a base de técnicas docentes bastante poco ortodoxas.

Les digo la verdad. A estas alturas, sigo sin saber si esta serie me parece buena o mala. De hecho, ni siquiera sé si me gusta o no me gusta. No sé cómo me siento después de 10 capítulos de gente tomándose cualquier chorrada como si fuese un drama vital y afrontándolo a gritos o de muy locas formas pasivo-agresivas. Es decir, de una serie para adolescentes. Pero a la que su parafernalia insiste en presentar como para adultos, acompañando cada capítulo de un debate profundisísimo y pluralérrimo del cuál servidor no ha sido capaz de contemplar más de cinco minutos sin dormirse o taquicardiarse.



HIT, la serie, tiene una cosa buena. ¿Qué digo buena? ¡Buenísima! Identifica al enemigo. HIT, el personaje, combate, en los demás y en sí mismo, el narcisismo como marco cultural -inevitable por muy seres de luz que nos creamos- y, en parte, el heteropatriarcado que tenemos aquí colgado. Pero su trazo, a pesar de sus muchos aciertos, es el 90% de las veces de brocha gorda. A lo flipao, arrasando con todo y yendo muy a tope con la maquinaria. Se podría decir que combate al enemigo con sus propias armas.

Y luego, una cosita. Han querido los hados que el capítulo final de HIT coincida con el debate alrededor de la LOMLOE, discutida en el espacio público con el tradicional gusto por el matiz, el sosiego y el saber estar que caracterizan a la sociedad española. En España no hay apenas concertados laicos, y, los que existen, están más cercanos a la segregación clasista de Élite que a la presunta conflictividad del Anna Frank de HIT. Sé que para guionizar da más juego que no sea un colegio público porque así puede haber dramáticos despidos y similares, pero es que la inspección educativa tampoco funciona de esta manera. Y en ningún colegio de ningún tipo se llega a la fiesta de fin de curso sin saber si el centro seguirá abierto al año siguiente.

A partir de aquí, crítica de HIT con spoilers.

 

HIT: vida de un motivaohit-critica-cine-con-ñ

Hugo, HIT, el máquina, el figura, el artista de la pista, es primo-hermano de otros dos macarras de la barra metidos en profesiones que requieren más control de uno mismo y menos egocentrismo del que cualquiera de ellos hace gala: House y Merlí. Bueno, Merlí es básicamente House metido a profesor pero cuela porque habla de filosofía y vive en Barcelona. HIT es tres cuartos de lo mismo pero les gana por dos cuerpos en cuanto a ser consciente de sus muchas taras e intentar cambiarlas. Es igual de insoportable, pero hay que reconocerle la actitud.

Servidor se ha pasado los 10 capítulos pensando que el título de la serie debería escribirse con signos de exclamación. No HIT sino ‘¡HIT!‘, o quizás ‘HIT!‘, para anglosajonizarlo y que quede más molongui de hace 20 años. Para que sea como en Da Vinci’s Demons, que se pasaban la serie gritando el nombre del susodicho aunque solo fuesen a pedirle la hora: «¡Daaaa Vinciiiii!».

Vamos, HIT, el personaje, es como Poochie, el de Los Simpsons, pero de protagonista. Su charla del episodio piloto, diseñada para meterle la tijera y que rulase por redes, como de hecho estuvo sucediendo durante semanas, tiene tanta razón como genérica resulta, porque sus soluciones son quererse todos mucho a uno mismo. Que si pensamos que el objetivo de esta serie son los chavales, está bien, porque defiende la comunicación emocional y tal. Pero ya.

Aparte de que la escena en la que consigue que los pasen de curso después de suspender la mitad de las troncales y con faltas de ortografía es de juzgado de guardia: «Han aprobado la asignatura más difícil de toda su vida: saber quiénes son. Y los juzgamos desde un sistema retrógrado. Ya lo decía Alvin Toffler…«. Que entendemos todos lo que quiere decir, pero vamos a ver. Hugo. HIT. Machote. Figura.

En lugar de ponerlo poético, no sé, que diga que han alcanzado una madurez y un sentido del colectivo y de la responsabilidad que les permiten afrontar su proceso educativo reglado con más garantías y ser personas de provecho. Aquí no habría pasado nada por ponerse explícitos porque en esa situación tiene sentido, no es subrayar oralmente lo que nos muestran las situaciones de guión de después. No hace falta que parezca que el prota se está intentando ligar a una socióloga.

 

HIT: si la ves, se te olvida que quieres tener perrohit-critica-cine-con-ñ

Y a ver, que ya lo vio toda España en Perdida: Daniel Grao es bueno. Interpreta bien no sólo al HIT! flipao, también al personaje cuando es vulnerable. Lo muestran como el cuidador de su mejor amiga, que cuando hace el Batman ejerce de Alfred y es la única persona, alumnado aparte, con la que tiene un vínculo sincero y sin codependencias. No como con sus novias, directora incluida.

Le ponen dos traumas: una madre narcisista y ausente y un tiroteo cuando estaba de profe de intercambio en EEUU. Aunque el guión se empeña en subrayar el segundo, en el tópico del sheriff que se pone la estrella una vez más, sabemos casi todo el tiempo que pesa más el primero.

Y a ver. Al menos la directora, que también está como las maracas de Machín como todos los personajes -y ustedes y yo, no se vengan arriba-, aunque se lo quiere flungir fuerte a todas horas, a su rollo de flipao responde fácilmente: «das mucha pereza Hugo». Olaya Caldera le da credibilidad al personaje que más bandazos pega en toda la serie y cuyo conflicto al comienzo os va a matar de originalidad: sigue colgada de su ex. Un trajeao cuya función de últimas es ser el ‘personaje Samantha’, más HIT! que HIT! -digamos HIT!!!- para que Hugo, la estrella, resulte más pasable.

Por cierto, otra de las novietas de El Machote, una abogada -flipada, por supuesto- que roba en las tiendas de ropa y los restaurantes caros y tiene un pacto con su marido de que «mientras están lejos cada uno hace su vida», le llega a decir: «desde que te conozco no siento la necesidad de tener perro».

 

HIT: una serie muy flipadahit-critica-cine-con-ñ

Que HIT!, el individuo, sea un soplagaitas, no implica que HIT, la serie, sea mala. De hecho que se subraye la soplagaitez del andoba y él se soplagaitée a sí mismo hace que sea mejor. Otra cosa es que a veces sobrecargue con el empeño que tiene en tomarse tan en serio a sí misma y que sus únicos destellos de humor estén en la línea del tipo de gracietas que soltaría el personaje en una de sus charlas TED. Que no se llaman TED en la serie, pero ustedes me entienden.

De hecho las historias de los adolescentes se alejan, más o menos, de lo típico. La excepción es que tenemos a una antagonista, Elena, definida como la reina de todas las narcisistas -y a la que HIT! reconoce con su narcisistrómetro-, en la que, a la hora de representar su relación con un profesor -uno que no es El Máquina, un macho beta-, en un giro inesperado para la ficción española que les va a dejar el culo torcido, aparentemente la que lleva la iniciativa es ella.

El resto incluyen una chica que se hace cortes -porque Elena la psicótica abusa psicológicamente de ella, eso sí es nuevo-, un hijo de inmigrantes marroquíes y otro de venezolanos -que se llevan mal-, una yonqui, una macarra, otro que el padre está en la cárcel y otro que se prostituye online porque no acepta que tiene que salir del armario.



Aunque suene fatal todo, la ejecución es mucho mejor de lo que cabría esperar por parte de El Figura y se intenta empatizar con la chavalería aunque de formas un poco facilonas o tópicas. Lo más novedoso es un chico indepe que quema coches porque no le gusta haberse mudado a Madrid. Luego se explica que de indepe nada, es que lleva mal el divorcio de sus padres. Me he quedado dándole vueltas.

 

HIT: la venganza es míahit-critica-cine-con-ñ

Se asume, además, que el proceso educativo es de ida y vuelta, porque HIT! está tan herido que cuando se siente implicado huye, aunque aplicando el síndrome de Mary Poppins o Lucky Luke, ya saben, lo de «mi trabajo aquí ha terminado». Al menos los críos no son tontos y se lo restriegan: no aspiran a un adulto perfecto, sino a un adulto sincero. Que aparte, no sé si los chavales de ahora -eres viejo cuando usas la expresión «los chavales de ahora» y te da igual- van a billares con maquinitas recreativas ochentosas. Si es así, bienvenido sea y aún hay esperanza, pero lo dudo.

Por resumir un poco: HIT no es la serie más realista ni la más pedagógica, pero es una serie valiente. Todas las hostias que se pega, en realidad, es porque quiere hacer cosas buenas. Lo que pasa que se pone a deconstruir cosas a lo flipao y queriendo presumir de ello. Y claro, a veces se pasa de vueltas y se cae con todo el equipo. A España ahora solo le pido una cosa: una serie en un colegio público sin los clasismos ni la criminalización del funcionariado que le son tan caros a nuestra ficción.

En fin, parece que habrá segunda temporada. Y que yo la veré. Para amar odiarla y odiar amarla. Maldito HIT!

 

Jose A Cano (@caniferus)

Puedes ver la serie HIT online aquí.

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