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Veneciafrenia: La ciudad era el mensaje

Álex de la Iglesia no se decide del todo por el festín del terror, dejando sin aprovechar su buen planteamiento inicial

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Veneciafrenia nos presenta a cinco amigos que deciden pasar sus vacaciones en Venecia, durante los carnavales en la ciudad. Este grupo de españoles llega a la ciudad italiana en un momento de mucha tensión: el hundimiento progresivo de Venecia ha provocado unas protestas pacíficas en contra de los que creen culpables de la situación, los turistas. Todo esto a pocos días de un encuentro bilateral entre Italia y Francia. Y hay algunos venecianos decididos a ir incluso más allá.

Después de la primera temporada de 30 monedas, Álex de la Iglesia vuelve al ataque con esta película de terror que da el pistoletazo de salida al sello The Fear Collection, colección dedicada al cine de género que ponen en marcha su productora, Pokeepsie Films, y Sony Pictures España. Aunque el espíritu es de terror,Veneciafrenia es una fantasía abierta que va cruzando puentes con la iconografía medieval y gótica de Venecia, sus armas del slasher, sus pequeños homenajes al giallo y hasta con momentos de thriller político con mensaje.

De ahí ha salido una película extraña, interesante, pero que deja correr su potente mundo de máscaras ensangrentadas para lanzarse a una búsqueda de trascendencia que no necesitaba. Al menos, no de la manera en la que está planteada. La parte lúdica brilla como no había brillado una propuesta estética en una película de Álex de la Iglesia en tiempo, por eso resulta incluso más frustrante que haya que tragar con una píldora dramática y grandilocuente que se atraganta si buscas un festín terrorífico.

Los temas de fondo en Veneciafrenia

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Las sensaciones raras conVeneciafrenia vienen de la relación confusa que mantiene la película con sus temas de fondo, sus discursos y su estética. La idea era llevar el tema de la turismofobia al límite para hablar de la relación de frenopático que mantenemos con las ciudades, de la especulación (turística, es decir, inmobiliaria, laboral…) que está llevando a degradar muchos lugares porque reducen la calidad de vida de aquellos que los habitan. La película interpreta esta pulsión contradictoria entre estar atraídos por la belleza del mundo pero no resolver el hecho de que, al acudir a la llamada, estamos acabando con ella.

Es, además, una mejor idea todavía traducirla en una versión más terrorífica y malsana de la que existe realmente: la del agente activo de la turismofobia, que desvela su lado oscuro (su doble) en una reinterpretación de la leyenda del bufón, que ofrece la sangre como espectáculo. Una especie de Joker del turismo. Es decir, la película tiene ya un discurso incorporado en su planteamiento inicial y en su interpretación desde el género, villano ideal incorporado. La ciudad, por tanto, no es solo el ambiente y el desencadenante del imaginario gótico y carnavalesco, es el fondo de todas las acciones de los personajes venecianos. El medio era el mensaje más que nunca.

El discurso y el cine de género

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El resto era darle rienda suelta a la mecanica del slasher y ver cómo acababa ese odiable grupo de colegas en Venecia. Pero en Veneciafrenia se decide seguir ahondando en los temas alrededor de la ciudad y en el «ellos/nosotros», en ir dando más matices y sobre todo motivos dramáticos y discursivos al asunto. Y ese empeño, que tampoco añade demasiado a lo ya dicho, se define más en lo que significa de renuncia que de aportación: menos sangre, menos locura terrorífica, menos del mejor y más inventivo Álex de la Iglesia. Incluso resta al desarrollo argumental, que acaba haciendo más anecdóticas e incongruentes sus imágenes.

Es como si en el fondo hubiera un desprecio del género, acorralado por el argumento, para hablar de estos asuntos. Como si no fuera suficiente plantearlo todo desde el terror, como si fuera necesaria una pátina de seriedad dramática para darle validez al conjunto, algo absolutamente incomprensible viniendo de quien viene. Todo acaba en un final sentencioso, anticlimático y grandiosamente trágico, muy alejado de los tradicionalmente criticados finales locos -pero más libres- de Álex de la Iglesia, que lo apostaban todo al despiporre.

Con varios momentos disfrutables y con un par de secuencias que valen por sí solas una entrada de cine, Veneciafrenia no deja de ser una película con un planteamiento y unas ideas iniciales con tino y un mundo terrorífico inspirado. Es su empeño en querer trascender los códigos del género, en ir más allá en el discurso cuando ya está todo dicho, lo que la hacen un poco desconcertante y, de últimas, insatisfactoria. Pero supongo que a Carnevale ogni scherzo vale.

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