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El juego de las llaves: Pesadillas de una comedia sexual de primavera

La película de intercambio de parejas aturulla y se boicotea a sí misma con demasiadas situaciones y vaivenes

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El reencuentro de dos antiguos compañeros de instituto (Eva Ugarte y Fernando Guallar) propicia una cena entre viejos amigos que derivará en el juego de las llaves: un pacto sexual de intercambio de parejas. Aunque las llaves se eligen al azar hay distintas reglas, entre las cuales están las de no enamorarse y las de no mantener relaciones sexuales fuera del juego. Pero lo que parece una divertida iniciativa acabará poniendo a prueba todas las relaciones del grupo y se descubrirá lo que realmente quieren los ocho participantes, tanto para lo bueno como para lo malo.

Vicente Villanueva (Toc, toc, Sevillanas de Brooklyn) dirige la función en esta comedia sexual, remake de la serie mexicana del mismo nombre que ha producido en dos temporadas Prime Video. La película, adaptada por Marta Buchaca (Litus, Solo una vez) en el guion, comprime en poco más de 100 minutos líos y estructuras de personajes muy similares a los de la serie original. Esto va de morbo y chistes subidos de tono para encajar una historia en la que las cuatro parejas protagonistas tienen que reeubicar sus vidas para llegar a ser felices.

Sin ser un martirio, de El juego de las llaves se sale rogando el game over o, al menos, darle al pause. Por puro agotamiento. La acumulación de bromas, gags y situaciones sexuales es tal que acaba provocando el efecto contrario del que busca, que es el de divertir con un toque picante, ligero y morboso a los distintos líos de la historia. Atropellada y sin equilibrio, el oficio y el ritmo de Villanueva y alguna salida de los actores salvan la papeleta del desastre, pero nada más.

El juego de las llaves, de serie a película

El juego de las llaves: Pesadillas de una comedia sexual de primavera 1

El problema principal de El juego de las llaves es haber apelotonado demasiadas líneas argumentales entre sus ocho personajes, sin jerarquía, mientras quiere seguir un ritmo alto y mantener el morbo. Aunque los personajes de Eva Ugarte y Fernando Guallar parecen los protagonistas al principio, la estructura multiparejil se acaba imponiendo, con el resultado de que todo lo que les pasa acaba por dar igual. Los ocho personajes se quedan a un nivel demasiado plano, tanto para hacer gracia -aquí Miren Ibarguren está un par de escalones por encima del resto- como para crear empatía y que importen sus distintos vaivenes.

Aquí la herencia estructural de la serie de Prime Video pesa como una losa. Repartida en muchos más minutos, una serie de ficción soporta mucho mejor varias historias que se van mezclando e intercalando a lo largo del relato. En una película hay que seleccionar y reinterpretar esas situaciones en otro ritmo y con otras claves. Pero en El juego de las llaves se ha optado, con variaciones de la serie, por empaquetar una selección de grandes momentos, con todo tipo de montañas rusas emocionales y sentimentales -sobre todo según se acerca el desenlace-. La sensación es de corta y pega para mantener el ritmo, sin maceración alguna.

Donde caben las llaves

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La excusa de que el material es así y de que poco más se puede pedir a una comedia sexual, apoyada en la cumplidora dirección de Villanueva y el trabajo de los actores, la rebate la comparación con una película como Donde caben dos (Paco Caballero, 2021). Sobre el papel, es una película muy parecida: comedia sexual con varias historias. Pero aquella, con un guion afilado, sabía mantener una progresión y crear situaciones in crescendo, complementarias a la evolución de los personajes. El juego de las llaves se la pega en una montaña rusa continua de situaciones de excitación, amor y odio que pasan de blanco a negro en media escena.

La comparación con Donde caben dos deja también regular a los discursos de El juego de las llaves sobre las relaciones de pareja y, sobre todo, sobre el sexo, que al final es una simple palanca y elemento distorsionador y cómico. Pese a que sus intentos de estar en la onda se valoran -ellas son el foco principal de la historia, se tratan las relaciones no heterosexuales-, esta comedia no tiene tono ni esencia propia, además de pocos argumentos más que los libidinosos para mantenerse en la memoria.


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