La España de la crisis ha dejado mucha de su herencia a los jóvenes. Desde el fundacional estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, para ellos ha sido una década impregnada por el paro masivo, la precariedad laboral, la salida al extranjero o la falta de acceso a una vivienda. La compleja realidad de una generación de españoles que ya está viviendo peor que sus padres.
El cine de este país, dado a retratos socio-económicos sobre los sectores de edad más numerosos (hombres -sobre todo- y mujeres de mediana edad), no se ha fijado mucho en los problemas y expectativas de los menores de 35 años en los últimos tiempos. Cuando lo ha hecho, ha sido normalmente de forma colateral y poco exhaustiva. La mejor de las contadas excepciones a esta tendencia fue Hermosa juventud (2014), una película que llegó cuando los efectos de la crisis ya se habían solidificado. La obra de Jaime Rosales combinó muy bien un retrato social general con los vacíos existenciales individuales ante la falta de futuro de esa generación. Sus inquietudes, su escapismo, su frustración y resignación.
Dos años antes de que Rosales estrenase su película, un joven director llamado Jota Linares llevaba al teatro su cortometraje ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, que contaba la historia de un día en Madrid de cuatro veinteañeros que se despiden como compañeros de piso, y pasan una última y turbulenta noche juntos. Su éxito en las tablas la catapultó al rey del streaming, Netflix, donde llega directamente ahora tras pasar por el Festival de cine de Málaga.
Linares busca, como Rosales, sacarle punta a la realidad a la que se enfrentan hoy los millennials. Es cierto que su enfoque de clase, concepción y objetivos son muy diferentes: si Rosales pretendía trascender hacia el drama a través de un realismo crudo y cotidiano, Linares plantea un circuito cerrado de un día con unas situaciones concretas para llegar al conflicto, herencia de su fuente teatral. Nada que objetar al planteamiento inicial. Pero implica unos riesgos cinematográficos que la película no supera.
El escollo principal con el que se choca ¿A quién te llevarías a una isla desierta? es su propia concepción de drama de conversación en un período de tiempo muy concentrado. Mucha emoción, nostalgia y emociones soterradas a punto de explotar. Aquí es fundamental la gestión de la comunicación e interacción creíble entre los cuatro personajes principales. Aunque uno por uno el dibujo psicológico tiene sentido a nivel de mensaje generacional, una vez que se establecen las conversaciones se parte desde una trascendencia que no se ha construido desde el guion. La teatralidad se cae por su propio peso.
Linares no termina de adaptar sus diálogos al lenguaje audiovisual y los fuerza a una sobreexposición existencial que no beneficia a su cuarteto protagonista, donde sí destaca positivamente el trabajo de Andrea Ros como Celeste. Los duros choques entre estos cuatro amigos no tienen el efecto buscado. En cambio, cuando la película sugiere, enseña con la cámara y da tiempo a su personajes, como hace especialmente en el epílogo, crece.
El trabajo que sí que está bien resuelto a nivel cinematográfico es el de construcción de ambiente y selección de planos. Ahí se percibe el calor asfixiante, y se manejan con soltura los colores veraniegos que se dan en el arco de 24 horas. Los recursos que proporciona Netflix se han dirigido para que luego el director de fotografía, Junior Díaz, pueda resolver los tonos y la textura para que se note ese buscado punto íntimo en la imagen. Además, según la intensidad de la escena, Linares coloca la cámara con gusto.
¿A quién te llevarías a una isla desierta? acaba recogiendo poca cosecha de la semilla del crecimiento y descubrimiento doloroso de sus jóvenes personajes. Las cariñosas e intensas intenciones de acercamiento que hace Linares a la generación perdida se escapan en un cúmulo de revelaciones que no conectan. Seguimos necesitando de más cine que interprete el asumido desaliento de la juventud.
Todo final tiene un principio. El hijo del acordeonista es la primera película que toca el tema de ETA, recurrente en nuestro cine a lo largo de la historia, desde que la banda terrorista anunció su disolución definitiva en mayo del año pasado. Y lo hace repasando la época todavía embrionaria de la organización a mediados de los años 60, cuando decidió, por primera vez de forma consensuada, que optaba definitivamente por la lucha armada contra el régimen franquista.
Sin embargo, el filme no pretende, con todo el derecho, ser un retrato histórico o una propuesta político-social sobre el terrorismo durante los años 60; busca recoger algunas consecuencias íntimas de esa época centrándose en unas relaciones marcadas por el silencio. El problema principal de la obra de Fernando Bernués es que, pese a las buenas intenciones de una propuesta clásica, no es capaz de construir en el relato una conexión emocional sólida con lo que está contando.
El hijo del acordeonista, basada en una popular novela del mismo nombre de Bernardo Atxaga, se divide narrativamente entre el presente (años 90) y pasado (años 60) de David Imaz, que vivió su infancia y juventud en un pueblo del País Vasco, pero que tuvo que huir a California, donde pasa por una grave enfermedad. Su viejo amigo Joseba va a verle a Estados Unidos después de 25 años sin verse, y ahí empiezan los viajes al pasado guiados por una voz en off literaria.
En las fases del pasado está lo mejor de la película, que consigue captar con elegancia el ambiente de los pueblos y de los caseríos vascos. Los espacios se respiran con luz natural y se aprecia el verde auténtico de las praderas, típico del norte mojado. A esto ayuda también una buena selección de elementos en la composición de los planos, que, por otro lado, son funcionales a sus discretos y justificados movimientos de cámara. Se aprecia el buen músculo reciente del audiovisual vasco. Además, en los recuerdos están algunas de las mejores interpretaciones y personajes, como la de la sólida y sufrida madre de David (Mireia Gabilondo) o la de la desequilibrada Teresa (Miren Arrieta), el personaje psicológicamente mejor trazado de toda la producción.
Es cuando la película se sitúa en el “presente” que la apuesta de Bernués funciona peor. En esas escenas, dos amigos se vuelven a reencontrar 25 años más tarde. David y Joseba tiene muchas cuentas pendientes y una complicada relación; es, en teoría, el gran tema de la película. Pero no existe un vínculo del espectador con los dos personajes centrales porque no se ha construido bien entre ellos en el guion, ni en el presente ni tampoco en el pasado. No hay significado de amistad en el fondo de las palabras ni tampoco de las miradas.
Aquí se añade también la transitoria obviedad y excesiva teatralidad general de las conversaciones y situaciones planteadas. Burnués, quizá influenciado por haber llevado a la obra original también a las tablas y las limitaciones de no estar realmente en California, mantiene la narración estática en esas escenas, y busca la fuerza de las palabras para establecer un diálogo sobre qué había pasado entre las familias de Obaba. Difícil conseguirlo si no tienes buenos mimbres de diálogos y personajes en tres dimensiones.
Es verdad que El hijo del acordeonistano tiene excesivas pretensiones de trascender hacia otros planos más metafóricos, pero precisamente por eso se echan en falta los ingredientes de un buen drama clásico. El serio trabajo de producción y algún detalle de interés se disipan en un conflicto del que no sale el dolor subterráneo que se supone que aún tiene que gestionar la sociedad vasca.
El pasado sábado 6 de abril se cumplió un año del estreno de Campeones. Han sido doce meses plagados de acontecimientos felices: la buena recepción inicial, la selección para representar a España en los Óscar, diferentes récords de taquilla hasta convertirse en una de las 20 películas españolas más taquilleras de la historia, culminando con diferentes reconocimientos en la temporada de premios para acabar poniendo la guinda al pastel con el Goya a la Mejor Película. El film escrito por David Marqués y dirigido por javier Fesser ha conseguido poner en el debate público la diversidad funcional y arrastrar a las salas a más de tres millones de espectadores sin contar con ninguna televisión privada para su difusión, una constante entre los últimos títulos que han tenido grandes cifras de recaudación.
Esta semana se han entregado distintos reconocimientos internacionales con el audiovisual español entre los protagonistas. Los primeros fueron los Premios Quirino de la Animación Iberoamericana. El pasado día 6 en Santa Cruz de Tenerife se repartieron los galardones, y tres obras españolas dentro del sector de la animación se impusieron al resto: Black is Beltza se llevó el premio al Mejor Diseño de Sonido y Música Original de Obra de Animación, La increíble historia del hombre que podía volar y no sabía cómoel de la Mejor Animación de encargo y Patchwor el de Mejor Cortometraje de Escuela de Animación. Al final, el galardón más importante, el del Mejor Largometraje de Animación, se lo llevó la colombiana Virus tropical dejando de vacío a las españolas Buñuel en el laberinto de las tortugas y Un día más con vida, ganadora del Goya 2019.
Fotograma de Virus tropical
Los otros premios fueron los que se dieron en el marco del Festival de cine español de Nantes, que va adquiriendo prestigio internacional, capacidad de organización y presencia mediática. Además del homenaje que se hizo a la carrera del actor Javier Bardem, el certamen francés premió también a las que se consideraron las mejores películas españolas del año. Entre ellas, desatacó sobre las demás una de las películas más olvidadas este año en España: Petra. La obra de Jaime Rosales se llevó el Premio Julio Verne a la Mejor Película. Además, Viaje al cuarto de una madre se quedó con el de Mejor ópera prima y Yulicon el del Público. El mejor documental fue para Apuntes para una película de atracos , aunque El silencio de otrostambién se vió reconocida por el del jurado escolar.
Otra aventura con éxito en el extranjero de una producción española ha sido la de Déjate llevar, la serie de Movistar + dirigida por Leticia Dolera que ha ganado dos premios en el Festival de series de Cannes: el gordo, el de Mejor serie, ypremio especial a la mejor interpretación para las tres protagonistas: Dolera, Celia Freijeiro y Aixa Villagrán. La producción, guionizada por Manuel Burque, fue bien valorada por la periodista de la revista de Fotogramas, Beatriz Martínez. También Telecinco estuvo en la Costa Azul, presentando dos proyectos en el marco del MIPDrama Buyers Summit, un mercado de exhibición para buscar compradores: Brigada Costa del Sol, en coproducción con Netflix, y Señoras del (h)AMPA, que se alzó con el Premio MIPDrama Buyers Coup.
Hace unos días, el canal online de A3Media, Flooxer, sacó en abierto el documental Vosotros sois mi película. Su salto a Internet no solo cierra el círculo de distribución y promoción del filme, que ha pasado ya por el trámite de las salas de cine, sino que lo coloca por fin en el espacio al que pertenece. Dejarla gratis en Internet es la última decisión inteligente que han hecho la productora YouPlanet y la distribuidora Flooxer para el éxito de este curioso producto, pensado a través de los códigos y efectos de la conexión eterna a la Red.
La primera buena decisión que tomaron desde YouPlanet fue la de ofrecer la idea de este making of a alguien como Carlo Padial desde un inicio. Seguramente no fue casual el llamar a su puerta: Padial (Algo muy gordo, Mi loco Erasmus) está fascinado desde hace tiempo en sus trabajos con la idea de contraponer y mezclar cine, Internet y los procesos creativos. Aunque tuvo sus reticencias a aceptar el proyecto por temor a resultar repetitivo, el reto de hacer una película sobre la creación y exposición de Bocadillo, el troleo en forma de película en bucle que hizo el youtuber Ismael Prego (Wismichu), tuvo que ser demasiado tentador para alguien que se fija tanto en las realidades y ficciones que está creando el mundo digital.
En ese plano es donde Vosotros sois mi película resulta más valiosa. Sobre todo a nivel formal y de construcción del relato, se nota que el director catalán está cómodo y puede aportar. Ahí es totalmente libre; utiliza la figura de alguien con un gran seguimiento en Internet como Wismichu para experimentar con formatos típicos del online como cámaras en mano modo selfie, acercamientos y partición de pantallas o inserción de comentarios en redes sociales. Ahí la sensación de inmediatez y comunidad dan el tono perfecto a esta historia que quiere ser una reflexión sobre este mundo contemporáneo de autoexposición continúa.
Padial arranca de esa realidad cambiante situaciones que funcionan bien como comedia crítica que señala, entre otras, al cine monolítico y los medios de comunicación. Su sentido del humor incómodo y de contraste se deja notar varias veces a lo largo de la película, especialmente a través del personaje ficcionalizado de Carlos de Diego o del uso que hace de la banda sonora. A eso le añade algunos hábiles momentos simbólicos y conversaciones reflexivas que terminan de dar una buscada sensación de conexión emotiva con la película.
Pero la pretendida gran transgresión que podía ser estaba condenada a quedarse a medias. Por la propia concepción del proyecto, esto es un producto más de un poderoso creador de contenido en Internet. Lo pone en el propio previsualizado del enlace de la película si lo compartes –a veces el SEO dice muchas cosas–: “una película de Wismichu y Carlo Padial”. El conocido youtuber, como es normal, es dueño y señor de lo que se ve y no se ve en el documental, lo que termina de darle una capa de voladora controlada al conjunto. Padial quiere revelar a un nuevo tipo de estrella de lo audiovisual, pero el narcisismo nubla parte de ese dibujo. La autocrítica es inofensiva porque no nace desde una mirada externa y autónoma, un imposible en este caso.
Es por eso que Vosotros sois mi película es también un reflejo en sí mismo de algunos mecanismos de nuestra sociedad en red: un documental de impacto inmediato, que abre debates, pero que dentro de dos días será enterrado por otra transgresión artificial por su propia falta de diálogo real con determinados problemas que plantea. Ojalá hubiese habido más Padial y menos Wismichu. Pero esta es nuestra película.
Un matrimonio de mediana edad despierta a su hijo, que pasa sin problema la veintena de años, en mitad de la noche. Tienen que hablar y la conversación no puede esperar. Cuando el hijo entiende que el diálogo es inevitable la escena se desplaza al salón. Allí los padres le cuentan, sin ahorrarse ningún tipo de detalle, como su nacimiento no fue algo realmente previsto. Y que sus primeros años no fueron precisamente convencionales. El chico pasa de la sorpresa a la desesperación sin llegar a entender en ningún momento lo que está ocurriendo.
Así empieza, reproduciendo el exitoso corto Interior. Familia, 7 razones para huir, en la que Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras vuelven a unir fuerzas para traernos un humor negro que juega por momentos con el surrealismo y los códigos del cine de terror. Un humor que es fundamentalmente incómodo, que busca remover conciencias y que nos hagamos preguntas. Un humor que, desde la diversión, invita a la reflexión.
7 razones para huir es una película de episodios, al estilo de la exitosa Relatos salvajes. Cada parte se construye a través de un concepto clave. Las ideas de familia, propiedad, compromiso, orden, trabajo, solidaridad y progreso son puestas a examen por el trío de directores, que no dosifican en ningún momento su mala leche para ponernos frente a la peor versión de nosotros mismos. Esa misma que nos puede hacer reír por el extremo al que la vemos llevada, pero que a la vez nos incomoda porque podemos llegar a vernos en ella mucho más de lo que nos gustaría.
Su buen resultado final se debe, además de a la ácida mirada que proponen, a la compensación. El buen trabajo de guion compensa una dirección bastante plana. Si un episodio resulta menos inspirado que otro –algo inevitable en una película de episodios- el carismático reparto soporta el peso de la acción. Entre el dinamismo y agilidad que aporta la división en capítulos, su ligera duración (cada una de las siete historias dura diez minutos), y su buen sistema de contrapesos para compensar los aspectos más flojos, 7 razones para huir resulta satisfactoria.
Quinto, Soler y Torras han compuesto una inteligente comedia, atravesada de negrura, que propone una visión profundamente negativa de la realidad. Una película que, pese a ser desigual en sus partes, consigue que nos riamos pero también que nos preguntemos qué estamos haciendo y hacia dónde estamos yendo. Una contundente y a la vez hilarante llamada de atención.
La taquilla sigue siendo la principal noticia de esta semana para el cine español. Lo primero que hay que destacar es que, 12 días después de su estreno, Dolor y gloria sigue en el podio de la recaudación de entradas de cine en nuestro país. Sólo la película de Disney Dumbo ha conseguido desplazar del primer puesto de recaudación en España a la obra de Pedro Almódovar; a fecha de 31 de marzo había alcanzado los 2,7 millones de recaudación. Si se mantiene a este nivel, será el trabajo más taquillero del manchego en esta década superando a a Los amantes pasajeros (2013, 4,9 millones). El director de Kika busca acercarse a las grandes cifras que le dio Volver (2006, 10,2 millones).
Si Almodóvar está teniendo un notable éxito de público en nuestro país, la noticia curiosa es que hay una película española que está atrayendo a muchísima gente a las salas en…¡China! Se trata de de Después de la tormenta, dirigida por Oriol Paulo, que ha conseguido colocarse como la tercera más vista en el gigante asiático y la séptima más taquillera en todo el mundo del fin de semana con 10 millones de dólares.
En su paso por las salas españolas, la película protagonizada por Adriana Ugarte pasó con más pena que gloria al recaudar: sólo 779.000 € en el bote, una cifra pobre para un producto producido por A3Media y distribuido por la Warner. El fenómeno del filme de Paulo se puede explicar, tal y como cuenta Francesc Miró en el eldiario.es, porque ya había tenido otro hit con su anterior trabajo en 2017, Contratiempo(20 millones de dólares de recaudación en China).
Llegan nuevos datos sobre el 2018 cinematográfico español. Esta vez, en materia de igualdad. Según una información adelantada por el diario El País con datos del Ministerio de Cultura, la paridad en todo el sector está aún muy lejos. En labores de dirección, sólo el 18 % del total están ellas encargadas. 31 de los 173 largometrajes estrenados están firmados por mujeres por los 142 en manos de hombres. La cifra mejora el 13,7% del 2017, aunque es peor que el 20,2% del 2016. Si bien hay una nueva generación de directoras españolas que viene fuerte, como se pudo en el Premio a Mejor dirección novel en los Goya de este año, la realidad creativa española en cine sigue sin incorporar a las cineastas.
Arantxa Echevarría, galardonada con el Goya a la Mejor Dirección novel. Foto: RTVE
Entre las series, también ganaron las que han ido recolectando premios durante esta temporada. Paco León, Fernando Pérez y Anna R. Costa se lo llevaron por Arde Madrid en el apartado de comedia y Cristóbal Garrido, Diego Sotelo, Ramón Campos, David Moreno y Gema R. Neira por Fariña como mejor guion de serie dramática.
Isabel Peña, junto a Rodrigo Sorogoyen, fueron galardonados por su guion en ‘El Reino’. Foto: Álvaro Tomé
Hay cierta tendencia a meterse con la comedia romántica, a considerarla un género menor. Como si no nos hubiese regalado películas grandísimas a lo largo de la historia. Como si no nos hubiese emocionado incluso en producciones menos inspiradas. La tendencia se exaspera especialmente en la comunidad cinéfila, como si hubiera miedo de perder credibilidad por admitir su gusto por el género.
Luego hay otra cuestión: la comedia romántica ha sido tradicionalmente, y lo sigue siendo en la actualidad –y, ya que estamos, difícilmente dejará de serlo en el futuro- un lugar en el que volcar productos con mayor ambición comercial que artística. Un espacio en el que lucir al actor o actriz del momento. Y, además, muchas veces asigna a sus personajes unos roles que cada vez se corresponden menos con la realidad, generando una sensación de acartonamiento y de distancia con el público considerable. El clásico chico conoce chica y le da la turra hasta que cae. Estas cuestiones no hacen a una película necesariamente mala, pero sí que exigen un alto grado de inspiración en la escritura y en la ejecución para que el resultado final sea valioso.
Esto es precisamente lo que ocurre con ¿Qué te juegas?. En su debut en el largometraje, Inés de León ha creado una película ágil y fresca, de ritmo frenético, sin apenas espacio entre broma y broma. Un ejercicio de dirección tan detallista que los personajes a veces parecen dibujos animados de lo coreografiados que están sus movimientos. Y, detalle importante para una comedia, divertida. La directora confirma la buena mano para el humor que ya se veía en su web serie Inquilinos y en cortos posteriores. Guion, montaje y dirección de actores reman en la misma dirección en esta dinámica propuesta detrás de la cual se percibe claramente una personalidad y un universo propio, y que recuerda en sus mejores momentos al Hollywood clásico.
La película se centra en el enfrentamiento entre dos hermanos millonarios (interpretados por Javier Rey y Amaia Salamanca) por el control de la empresa naval familiar. Todo empezará a complicarse con la apuesta que hace uno de ellos con el tercer hermano en discordia (Dani Pérez Prada) para poder hacerse con su voto en la junta de accionistas. Ahí aparece Leticia Dolera, que será contratada por Javier Rey para seducir a su hermana y a cambio verá impulsada su carrera de cómica gracias a los contactos e influencia del joven millonario.
Y aunque en su tramo final se vuelva más convencional,¿Qué te juegas? está muy lejos de ser una comedia romántica más, una de esas que se ríe durante la película. Pero el camino ha sido muy distinto. En vez de canciones en la ventana de la chica la escuchamos hablar de mansplaining. Estamos ante una comedia romántica de 2019. El feminismo existe -y no consiste en odiar a los hombres, por cierto-, la homosexualidad también y el sexo es, entre otras cosas, una actividad divertida. Todo eso compone una mirada refrescante a un género que muchas veces arriesga e innova poco.
El buen resultado lo completan unas buenas actuaciones, tanto del trío protagonista como de los carismáticos secundarios (Daniel Pérez Prada, Santiago Segura, Brays Efes y Mariam Hernández) que consiguen ganarse nuestra simpatía y nuestra carcajada en sus breves apariciones. ¿Qué te juegas? es una agradable sorpresa para un género en horas bajas, y una buena carta de presentación para su directora, Inés de León, que esperamos que haya ganado el crédito suficiente con este film para que el próximo no tarde años en llegar. Por lo menos aquí nos ha convencido con creces.
Inés de León debuta en el largometraje con una comedia romántica que se ríe de las comedias románticas. Una mirada nueva y fresca a un genero tradicional que cuenta con unas buenas actuaciones de Javier Rey, Amaia Salamanca y Leticia Dolera junto a un grupo de conocidos secundarios. La película pasó por el Festival de Málaga en donde obtuvo una buena respuesta del público.
Roberto (Rey) y Daniela (Salamanca) son dos hermanos que viven en un mundo de riqueza y glamur gracias a la naviera que heredaron de su padre. Ambos comparten la dirección de la empresa, aunque tienen una actitud totalmente opuesta ante la vida: Daniela es minuciosa y perfeccionista; Roberto, en cambio, es un genio visionario que odia la meticulosidad de su hermana. Sin embargo, ambos encuentran la salida a sus desavenencias cuando se enamoran de la misma mujer: Isabel (Dolera), una monologuista a quien Roberto ha contratado para que seduzca a Daniela y así vuelva a ser tan divertida como lo era antes de tomar la dirección de la empresa (FILMAFFINITY)
¡Ay, mi madre!
Otra película debut, y nuevamente una comedia. Frank Ariza da el salto al largometraje tras varios años dirigiendo series de televisión con esta comedia sobre el regreso al pueblo de una mujer que roza los 40 años. El reparto está formado por Estefanía de los Santos, Secun de la Rosa, Paz Vega, Terele Pavez y Alfonso Sánchez.
¿Qué podría ocurrir si una joven soltera, al morir su madre, vuelve al pequeño pueblo de Andalucía del que huyó siendo una adolescente, y se encuentra que para poder acceder a la herencia tiene un mes para casarse y quedarse embarazada? Pues eso es lo que le sucede a María (Estefanía de los Santos) una mujer que ronda los 40 años, siempre distanciada de su madre, y que regresa a su pueblo natal tras la muerte de ésta. Allí descubrirá las peculiares intenciones de su excéntrica madre reflejadas en su testamento. Segundo (Secun de la Rosa), primo de María y cojo, aparece para ayudarla. (FILMAFFINITY)
Boi
Primera película del barcelonés Jorge M. Fontana, que se encarga del guion y la dirección. El actor Bernat Quintana se mete en un coche durante tres días para intrepretar a un chico de 27 años que se ve envuelto en problemas. Ya puedes leer nuestra crítica de la película.
Boi es un joven que se inicia como conductor privado. Mientras espera con nervios la decisión que ha tomado su novia sobre un asunto que puede cambiarles la vida, deberá acompañar a sus primeros clientes: Michael y Gordon, dos empresarios de origen asiático que han venido a Barcelona con el objetivo de cerrar en menos de 48 horas un acuerdo de vital importancia.
En busca del Óscar
Documental que sigue la más que curiosa historia de Óscar Peyrou, un enigmático crítico de cine, que de hecho es el Presidente de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica, pero que resulta un auténtico desconocido para el resto de la profesión. Octavio Guerra sigue las andanzas del personaje en este documental, en el que además de indagar en su figura se traza una reflexión sobre la situación actual del periodismo. La película llega tras verse en el Festival de Berlín.
Óscar Peyrou es el Presidente de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica y el delegado de FIPRESCI en Madrid. Hace dos años murió su esposa y madre de sus hijos, aunque no compartían hogar ya que él la había abandonado un año antes por una mujer más joven. Ahora vive solo en un pequeño apartamento de Madrid. Jubilado, los festivales de cine son el motor de su vida. Sin embargo, lo que hace famoso a Óscar es su peculiar método para escribir sus críticas: no hace falta ver la película en sí, basta con analizar su cartel. (FILMAFFINITY)
Lady Off
David R. Losada dirige esta película que parte del ensayo de una escena concreta del Ricardo III de Shakespeare para reflexionar sobre las líneas que separan la realidad de la ficción y, dado la escena de la obra en cuestión, sobre el consentimiento y la violación.
Ana es una joven actriz que, desgraciadamente, no puede dedicarse profesionalmente a la interpretación. De hecho, debe compaginar pequeñas producciones teatrales en las que encuentra acomodo con su trabajo a media jornada como dependienta en una tienda, cada mañana de lunes a sábado. Ahora Ana está inmersa en la preparación de un nuevo papel: ha sido seleccionada para interpretar a Lady Ana en una modesta representación del Ricardo III de Shakespeare que se llevará a cabo en un pequeño teatro off madrileño. Pese a lo humilde que es la producción, la oportunidad es ilusionante para Ana, pero esa ilusión chocará enseguida con la férrea visión del director de la obra, que concibe el personaje de Lady Ana únicamente como un juguete al que Ricardo debe asfixiar (metafóricamente), humillar e incluso vejar sobre el escenario. (FILMAFFINITY)
Llegar es complicado, pero más difícil es mantenerse. Es una de las tendencias clásicas para los creadores en la industria del cine española: si hacer una primera película es un camino tortuoso, hacer una segunda es una odisea si no has tenido un éxito reconocido antes. Vemos muchas más óperas primas que segundos trabajos. Por eso, cuando llega de repente algo como Boi quieres que sus responsables lo peten. El filme de debut de Jorge M. Fontana tiene frescura y calidad de sobra para que acabe haciendo un merecido ruido allá a donde vaya.
Fontana ha escrito y dirigido la historia sobre un chico de 27 años, Boi, que empieza un nuevo trabajo como conductor de VTC para una empresa privada. Escritor sin editor, el joven se estrena en el coche llevando de un sitio a otro a dos empresarios asiáticos que llegan a Barcelona a hacer negocios durante el Mobile World Congress. A partir de ahí, todo se empieza a complicar. El director construye con dinamismo en menos de dos horas un viaje que acaba durando tres días.
Lo más estimulante que tiene Boi es que deja espacio a la interpretación a través de elementos mostrados y no justificados directamente, de detalles extraños llenos de significados. Esto siempre se agradece en el panorama cinematográfico estatal, donde hay una cierta tendencia a sobreexplicarlo todo que acaba por infravalorar al espectador -o que busca no cerrarse puertas-. Para jugar a la introducción de elementos simbólicos y bizarras situaciones, Fontana se aprovecha de su decisión de poner en plano siempre al protagonista; lo que a él le pasa, lo que él vive/ve, es el material que el espectador puede asimilar.
Obviamente, a Boi le falta mucha información sobre lo que va sucediendo y sobre lo que observa a lo largo del metraje. Así es como se van incorporando situaciones atípicas a la historia. Lo interesante es que la película no lo hace de forma gratuita, sino que busca apelar al perdido subconsciente tanto de su confuso protagonista como al nuestro. Su guion hace lo mismo: es capaz de ser muy directo en las conversaciones, pero siempre dejando un resquicio extraño en la manera de dialogar para desubicar e invitar a otro espacio de enigma. Es una forma sugerente de entender el cine que parte de la ensoñación del cine de David Lynch, claro referente, pero que conecta a tramos también con el calmado mundo de Jim Jarmusch.
El actor Bernat Quintana, famoso en Cataluña por su papel en la serie de TV3 El cor de la ciutat, integra ese desconcierto en el personaje de Boi, algo nada fácil por la poca gestualidad que se permite. Quintana da buena muestra de la vulnerabilidad y cierta inmadurez de un chico de 27 años que aún no tiene del todo claro hacia dónde va su vida. Boi tiene que tomar decisiones importantes en un momento clave de su vida y no sabe muy bien cómo.
Fontana se mueve bien para que esto no resulte otro camino rutinario de revelación personal en clave generacional, que está siendo uno de los temas recurrentes este año en nuestro cine. Boi lee, se deja aconsejar e incluso decide narrarse a sí mismo desde fuera como el escritor que quiere ser, y se deja arrastrar por todo lo que va pasando. Es un espectador de su propia vida. Esta situación y las claves que va dejando están bien integradas en la historia, pese a algún bajón de ritmo que significa introducir esta psicología.
La composición estética que tienen las imágenes de la película es también seductora y original. Fontana y Nilo Zimmerman, el director de fotografía, transitan entre las luces led, los edificios altos y los tonos grisáceos de la Barcelona del Mobile World Congress, pero también en esa ciudad alejada del centro, más cañí, underground y trapera de estos tiempos. Este estilo hacia un noir contemporáneo y local lo dan también la acertada presencia física del actor y diseñador Man Mourentan, que interpreta al amigo conductor de Boi, y la música original del respetado Pablo Díaz-Reixa «El Guincho». No es casualidad que ambos hayan colaborado en la composición y producción (El Guincho) o el arte y diseño (Mourentan) de El mal querer, el aclamado último disco de Rosalía.
El talento que demuestra Boi merece que esta no sea la última oportunidad en el sector para sus responsables. Entre tanto referente, Fontana ha encontrado su mirada propia con una historia que proponía varias complicaciones que acaba resolviendo, y no de forma habitual. Déjenle hacer la segunda.
¡Volvemos a nuestros resúmenes semanales de noticias! La semana pasada decidimos no hacerlo porque estábamos cubriendo el Festival de Málaga, y la actualidad del panorama estatal estaba en la ciudad andaluza. De vuelta a nuestras oficinas centrales, volvemos a repasar las novedades que rodean al cine español.
Un nombre ha destacado por encima de cualquier otro en los últimos días: Pedro Almodóvar. El manchego estrenó el pasado viernes Dolor y gloria, y en esta ocasión la recepción y atención al evento ha estado a la altura del protagonista, sin duda uno de los directores españoles más importantes de la historia. A la buena recepción de la crítica –incluso el tradicionalmente hostil Carlos Boyero le dedicó palabras amables- le sucedió el respaldo del público: según datos de ComScore, Dolor y gloria se convirtió en el mejor estreno español del año al recaudar 1.236.130 euros. Tiene mucho mérito si pensamos que competía con el estreno de Nosotros, el nuevo film del director de la aplaudida Dejame salir, Jordan Peele o Capitana Marvel, la superproducción que lleva arrasando en taquilla desde su conveniente estreno el 8 de marzo.
#DolorYGloria ya es el mejor estreno español del año al superar los €1,2M.
Dolor y gloria mejora ampliamente el estreno de la anterior película de Almodóvar, Julieta, que se quedó cerca de los 600.000 euros de recaudación en el fin de semana de su estreno. No llega sin embargo al nivel de Los amantes pasajeros, que rozó los dos millones en sus tres primeros días, pese a que la crítica la sitúa como uno de los peores films del manchego. Todo parece indicar que la nueva película del manchego tendrá una gran vida comercial, ya que sigue encabezando las taquillas diarias desde su estreno.
Finalmente no habrá series en los Goya. El presidente de la Academia de Cine, Mariano Barroso, había mostrado en los últimos meses su disposición a debatir y estudiar la cuestión, pero finalmente la junta directiva ha votado en contra de esta posibilidad. “La Junta Directiva de la Academia de Cine, reunida este lunes, ha decidido por unanimidad mantener el sistema actual respecto a las producciones que podrán aspirar a los Premios Goya, descartando así la inclusión de producciones televisivas” ha manifestado la institución a través de un comunicado. También se tocó la cuestión de las películas producidas por plataformas -que podrán participar en los Goya siempre que cumplan los criterios actuales, es decir, se estrenen en salas comerciales dentro de los plazos establecidos- y se anunciaba una próxima reunión con la Academia de Televisión para aunar fuerzas de cara a «potenciar los premios o reconocimientos anuales ya existentes».
Acabamos nuestro repaso semanal hablando de las nominaciones a los Premios Platino del Cine Iberoamericano. El cine español cuenta con un total de 34 candidaturas en 17 categorías distintas. La coproducción La noche de los 12 años lidera la lista con seis nominaciones, seguida de Campeones con cinco y El reino con cuatro (las dos primeras se medirán en la categoría principal, Mejor Película Iberoamericana, con Roma y Pájaros de Verano. Álvaro Brechner y Javier Fesser se jugarán la Mejor Dirección con los responsables de estas dos películas).
Antonio de la Torre (El reino), Javier Bardem y Penélope Cruz (Todos lo saben) y Javier Gutiérrez (Campeones) competirán en las categorías de interpretación de cine, mientras que Inma Cuesta y Anna Castillo (Arde Madrid), Najwa Nimri (Vis a vis) y Javier Rey (Fariña) lo harán en las series de televisión. El cine español llena la mitad de tres categorías: Documental (El silencio de los otros y Camarón: Flamenco y revolución), Ópera Prima (Carmen y Lola y Viaje al cuarto de una madre) y Animación (Un día más con vida y Memorias de un hombre en pijama). En el Premio Cine y Educación en Valores encontramos hasta tres: Campeones, Carmen y Lola y La noche de los 12 años. Aquí la lista completa de nominados. Los premios se entregarán el próximo 12 de mayo la Rivera Maya.
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