Hoy se ha dado el pistoletazo de salida a uno de los festivales de cine especializados más importantes de España: DocumentaMadrid. El certamen madrileño dedicado al documental tendrá una nutrida presencia de películas que vienen desde todas las partes del mundo, pero también contará con una selección de interesantes obras españolas que buscan captar una parte de nuestra realidad. La mayoría de ellas están en la Competición Nacional de Largometraje, con distintas películas dirigidas por españoles seleccionadas, y luego se podrán ver otras dos coproducciones dentro de otras secciones.
En Cine con Ñ hemos elegido 3 de estos nuevos largometrajes dirigidos por personas españolas que se podrán ver en este nuevo DocumentaMadrid, que cumple 16 ediciones asentado como festival de referencia dentro del género en España, es decir, como una cita obligada para aficionados y profesionales del sector. La selección que viene a continuación se ha realizado de forma subjetiva por trayectoria de sus responsables, temática, variedad y/o características de cada uno de los proyectos.
LA CIUDAD OCULTA
El documentalista tinerfeño Víctor Moreno es un viejo conocido del DocumentaMadrid, donde ya ha estado con sus dos películas anteriores. Primero entró fuera de concurso en 2010 dentro de la Sección Panorama Nacional con Holidays, su primer y multipremiado largometraje, y luego volvió dos años más tarde con el documental con el que dio un paso de gigante en repercusión: Edificio España, nominada al Goya al Mejor Documental en 2012.
Ahora Moreno llega a la Competición Internacional Fugas con su tercera propuesta en largo, La ciudad oculta,que es una auténtica experiencia sensorial sobre el subsuelo de una metrópolis como Madrid. Más alejado de propuestas narrativas del documental clásico, Moreno apuesta por experimentar con las imágenes y los sonidos de lo que hay bajo los pies de una ciudad en esta coproducción entre España, Francia y Alemania. El documental ya ha pasado con bastante éxito por España: obtuvo el Premio a la Mejor Fotografía en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y consiguió el Premio Richard Leacock al Mejor Largometraje en la Sección ‘Canarias Cinema’ en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas.
UNA CORRIENTE SALVAJE
Periodista de formación, Nuria Ibáñez es una madrileña emigrada a México desde hace más de 15 años, donde ha realizado toda su carrera profesional como documentalista. Ibáñez debutó en el mundo del documental largo en 2009 con su primer trabajo, La cuerda floja, con el que ganó el Premio Regards Neufs en el festival suizo Visions du Réel. Se segunda película, El cuarto desnudo, fue todo un éxito de crítica y premios en México en 2014, y ganó dos galardones en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
Como le pasa a Moreno, Ibáñez presenta en su ciudad natal su tercera película, llamada Una corriente salvaje.El documental se centra en la vida y la relación de dos pescadores que viven prácticamente aislados de la civilización en una playa. Su vínculo y sus conversaciones son el centro de la mirada humana de Ibáñez. El documental ya ha ganado en el FICM de este año, obteniendo reseñas muy positivas por parte de la prensa méxicana. Ahora llega Europa, primero pasando por el festival francés Cinéma Du Réel, y ahora llega a España.
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IDRISSA, CRÓNICA DE UNA MUERTE CUALQUIERA
Los catalanes Xavier Artigas y Xapo Ortega crearon en 2010 una productora independiente Metromuster, dos personas que se acercan al audiovisual por su activismo social y político, que es lo que ha conectado todos sus proyectos documentales. Artigas fue el primero que se lanzó a la dirección [NO-RES], vida y muerte de un espacio en tres actos, que ya ganó en DocumentaMadrid en 2012. El documental que les ha dado más fama, ya junto a Ortega en la dirección, fue Ciudad Muerta(2014), que causó un gran impacto en Internet y durante su emisión en TV3, además de ganar el Premio al Mejor Documental en el Festival de Málaga.
Después de acercarse al drama de la migración en Tarajal: Desmontando la impunidad en la frontera sur, la dupla Artigas-Ortega se mantiene en la misma temática con su Idrissa, crónica de una muerte cualquiera.La película se centra en la muerte del guineano Idrissa Diallo, fallecido dentro de un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Barcelona en 2012 sin que no se haya esclarecido ningún detalle o se hayan determinado responsables por la tragedia. El documental de denuncia ya pasó por el Festival de Sevilla en 2018, y ahora compite en DocumentaMadrid por hacerse con el Premio al Mejor Largometraje Nacional.
Los menores de 25 años son los que más se animan a ir a las salas en España. Según un reciente informe de la Federación Española de Exhibidores Cinematográficos (FECE), 7,4 de cada 10 de ellos van a las salas por lo menos una vez al mes. Pese a que el 80% de ellos tenga una suscripción a algún servicio de streaming (SVOD), donde ven principalmente series (48%), a las generaciones milenial y posmilenial sí que les gusta ir al cine. Y además, lo hacen todavía de la forma tradicional: el 57% compra las entradas directamente en la taquilla frente al 38% que lo hace comprándolas por Internet. Son el principal objetivo de la industria audiovisual; los que más ven contenido en streaming y los que más van al cine.
Curiosamente, el segundo sector poblacional que más acude a ver una película a una sala de cine es el que está en el otro extremo de la tabla de FECE: los mayores. 7,3 de cada 10 personas con más de 50 años acuden al cine por lo menos una vez al mes. Los que menos van son la gente de mediana edad (de los 36 a los 45 años): 6 de cada 10 van al cine al menos mensualmente. Los hábitos de los jóvenes y los mayores tienden más a acudir al cine.
El documento de la Federación de Exhibidores (‘Las salas de cine. Datos y cifras’) destaca que ir al cine sigue siendo, de largo, la actividad cultural favorita de los españoles. El 69,8% del consumo cultural en España va destinado a sentarse en un sala para ver algo en pantalla grande, muy por encima de la segunda actividad más repetida, que es acudir a conciertos de música (18%). El 54% de los españoles va al cine por lo menos una vez al año. Más de la mitad de los espectadores son regulares: van, por lo menos, una vez al mes (51%). Los ocasionales son el 38,8% (una vez al año), y los más asiduos (una vez a la semana) son el 9,9%.
Foto: Pxhere
El informe también hace una comparativa con las entradas vendidas por habitante en los países de nuestro entorno (UE), donde España ocupa el tercer lugar. Sólo Francia (200,5 millones de entradas vendidas en 2018, 3,2 por habitante) y Reino Unido (177 millones de entradas, 2,7 por habitante) superan a España, que tiene una frecuencia de 2,1 entradas por habitante. Países con industrias potentes y muchos habitantes, como Italia (85,9 millones de entradas, 1,4 por habitante) Alemania (105,4 millones de entradas, 1,3 por habitante) se colocan por detrás de los números que presenta España.
Sin embargo, la noticia negativa para los exhibidores, presente en el informe, es la de la progresión histórica del número de salas de cine en el Estado. Han desaparecido el 15% de las mismas en los últimos diez años en nuestro territorio. En 2018 se registraron 3.518 pantallas, 622 menos que en 2008, cuando eran 4140, según datos del ICAA, según cálculos de la propia institución. El cine reduce su presencia en el territorio, concentrándose en las grandes ciudades y las comunidades con más habitantes. El 48,8% de las pantallas (1.693) se reparten entre las tres comunidades autónomas más pobladas: Cataluña (645), Andalucía (562) y la Comunidad de Madrid (486). En total en España, hay 76 pantallas por cada millón de habitantes.
En cuanto al número de espectadores totales al año, se ha reducido un 9,3 % en esta década (de 107,8 millones en 2008 a 97,7 millones el año pasado). Sin embargo, los números parecen ahora más asentados cerca de los 100 millones, lejos ya de los registros de los años más difíciles (2013 y 2014) cuando se tocó fondo con una afluencia de 78, 6 millones de personas durante todo el 2013.
El 3 de marzo de 1976 tenía lugar uno de los sucesos más oscuros de la Transición. Eran las cinco y diez de la tarde cuando un grupo de policías irrumpía en la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga de la ciudad alavesa, en donde 4.000 trabajadores se hallaban reunidos en asamblea. Los policías lanzaron gases lacrimógenos al interior del edificio, disparando posteriormente con pelotas de goma y fuego real a quienes salían al exterior. Los sucesos de Vitoria, también conocidos como Matanza del 3 de marzo, se saldaron con cinco muertos. Los hechos nunca fueron investigados.
En Cine con Ñ nos hemos sentado con Victor Cábaco (Santander, 3 de agosto de 1967), director de Vitoria, 3 de marzo, que reconstruye los hechos.
Ha trabajado mucho en audiovisual, pero es su primera experiencia en largometraje. ¿Cómo ha afrontado este trabajo, qué le ha aportado con respecto a sus labores anteriores? Llevo casi 20 años trabajando en el sector de forma más o menos constante, pero es verdad que este paso al largo lo he disfrutado muchísimo. Es diferente porque tienes mucho tiempo para reflexionar y planificar. Puedes trabajar mucho mejor las cosas. En cambio, con otros proyectos en los que he trabajado, especialmente en la publicidad, es todo muchísimo más inmediato.
Aunque esta película se rodó en 5 semanas, que es poco tiempo, tienes más tiempo para prepararte. Para mí, la preparación es lo fundamental para que las cosas luego, a la hora de rodar, vayan bien. Cuánto más preparas los planos y planificas bien el trabajo, más la película va por los caminos que tú quieres. Y, ¿qué le llamaba de este proyecto en concreto para sumarse a una película de estas características tan especiales?
Una de las razones fue porque los hechos me tocaban de cerca; mi padre vivió en Vitoria en aquella época. Luego, la voluntad que tenía para que esta historia se contase y recordase. Son hechos tan graves que quería contribuir a que no se olvidaran.
Aparte de algunas excepciones, muchos de los acercamientos a la Transición Española en imágenes son más documentales o periodísticos. ¿Qué aporta una trama de ficción al relato sobre esa época?
Pienso que, muchas veces, la ficción acerca mucho más a la gente a los hechos que un documental. Abres más posibilidades de que eso se vea y llegue a alguien. Si se emite en televisión o cine, estás llegando a muchas personas. La empatía con los personajes deja una huella mayor en el espectador. Un documental es más datos, más hechos, y no alcanza tan profundamente al receptor en algunas ocasiones.
El director de ‘Vitoria, 3 de marzo’, Víctor Cabaco. Foto: Filmax
Yendo al contenido de la película, ¿cómo se gestiona a nivel de trama y construcción de intriga que el público ya sepa qué pasa al final? Esta película es un auténtico spoiler, sí. Hemos intentado llegar a que los personajes te importen, ir llevando su historia, y saber cómo administrarla con el suceso en la cabeza. Van pasando las cosas, y de repente un hecho lo rompe todo. Parece que va a ser normal, pero al final absolutamente traumático. Queríamos ir narrando la historia de esa forma, con la vida de esas personas que se va desarrollando y, de repente, quedan truncadas por un hecho dramático.
La película toca diversos temas. Los matices internos dentro de la lucha obrera de aquella época, por ejemplo. Los trabajadores más de partido y los que, en cambio, se vinculaban más a las asambleas de base. ¿Cómo llegasteis a esos matices?
Las organizaciones sindicales y asamblearias se realizaban desde las fábricas, y ahí se elegían a los distintos representantes, que eran los que iban a las asambleas generales como portavoces de las distintas líneas. Los partidos tenían su propio sindicato. Era importante para entender algunas cosas recoger también ese conflicto entre los que venían del sindicato vertical y otros desde las propias empresas.
Llama la atención, por invisibilizada durante mucho tiempo, la presencia de las mujeres dentro del propio movimiento obrero.
Es que tenían su papel. Ellas trabajan en sus propias fábricas de mujeres y contaban ahí igual que los hombres como trabajadoras, y por eso tenían que estar. Por otro lado, la manifestación sólo de mujeres que se ve en la película es real; cada miércoles se reunían e iban dando una vuelta por todo Vitoria y acaban en diputación protestando.
La música de la época está también muy presente en la película. ¿Qué papel le quería dar a esa banda sonora tan icónica?
Hemos intentando usarla como otro elemento muy de aquel momento y darle un lugar importante dentro de la historia. Incluso hemos podido contar con una canción tan inmediata y emocional como Campanadas a la mort, de Lluis Llach, que hizo el cantautor la misma noche del 3 de marzo. En ella habla de tres muertos, porque en un principio fueron tres, y luego se sumaron otros dos al día siguiente en el hospital. Es imposible hacer una película sobre esa época y no incuirla; está hecha para transmitir ese trágico suceso.
La película tiene un fuerte mensaje político y reivindicativo poco habitual en España. ¿Ha buscado algún referente en el cine político extranjero? Se puede pensar en películas de Pontecorvo o Bellocchio, por citar dos cineastas cercanos
He intentando no contaminarme mucho de referentes. Los conozco y admiro, pero no me he puesto conscientemente a volver a ver películas de referencia más políticas. A nivel de narración, sí que me he fijado en JFK (Oliver Stone, 1991) para ver esa mezcla con esas imágenes de la época en blanco y negro. He visto otras cosas que me pudieran inspirar más a ese nivel. En la película, se asegura que “sus reivindicaciones son más actuales que nunca”. ¿Por qué está tan reciente todo ello? El mensaje ahí es que las cosas injustas tienen que juzgarse. Es tan fácil como eso. Si no queremos que se repitan estos hechos nunca más, tenemos que pensarlos y recordarlos. Lo que queríamos era que la persona que viese la película se quedase con una pequeña impronta de lo que pasó.
Se le quiere dar, por tanto, un importante lugar a la memoria histórica.
Es un poco irregular el tema de la memoria; parece que para algunas sí que entra, pero para otras, no. No hay nada muy definido, incluso parece algo arbitrario. No puede ser que lo venga bien sí es memoria, y lo que no, no.
La película señala directamente a algunos responsables políticos.
Se sabe quiénes son, y tienen nombres y apellidos; no nos hemos inventado nada. Son cosas que se quedan en un limbo en el que, por determinadas razones, nadie quiere hacer nada. Desde la Asociación 3 de marzo llevan 43 años luchando constantemente para que no se dejen atrás estos hechos sin tratarlos.
El cine español se ha acercado poco al proceso histórico de la Transición desde la ficción, y todavía menos de una forma crítica sobre su propio relato. Aparte de alguna excepción de la época, las distintas recreaciones de los sucesos que marcaron esa época se han centrado en episodios dentro de la narración oficial, como pueden ser los acercamientos al 23-F, la muerte de Franco o una serie de efemérides concretas, reunidas, por ejemplo, en la serie Cuéntame cómo pasó. Por eso, una película dedicada a la matanza de cinco obreros durante la tarde del 3 de marzo de 1976 en Vitoria por parte de la Policía Armada es ya una rareza. Y lo es aún más desde una posición política que consigue transmitir los hechos como la de Vitoria, 3 de marzo.
Con un título que conecta con su referente más directo (7 días de enero), la película dirigida por Víctor Cabaco se centra en un hogar burgués para dirigir desde las experiencias concretas lo que ocurrió durante esos días de huelga en la ciudad vasca. En ese núcleo familiar se despliegan las mejores experiencias vitales de un guion del que el público ya conoce el final. Una joven estudiante seducida por los cantos de libertad para nueva generación, una madre dispuesta a todo por sus seres queridos, un periodista resignado y en la encrucijada por lo que pasa -y hay que contar- y una trabajadora del hogar directamente afectada por la represión. Aunque otras tramas entre personajes desentonan claramente, los vínculos familiares sí que funcionan en su cometido de ir cocinando tensión.
Con esa almendra central íntima que se sostiene, Cabaco puede mantener la línea argumental oficial de los hechos históricos y sociales, que van desde las presiones en la aún dominante estructura franquista hasta la organización obrera. Para hacerlo, se apoya también en imágenes documentales reales bien integradas en la ficción; incluso no se distingue exactamente qué es construido y qué es documento real. Aunque transita a veces por el trazo grueso en los diálogos para resolver rápidamente algunas situaciones, la película consigue llegar a matices interesantes sobre qué estaba pasando «entre bambalinas» antes de llegar a la barbarie final, integrando distintos elementos con dinamismo.
Además de las importantes diferencias internas en el vértice del poder del régimen y su empresariado, resulta interesante lo que se cuece dentro de un movimiento obrero heterogéneo y muy vivo en aquellos tiempos turbulentos. Símbolo de valor es, por ejemplo, dar protagonismo a la importante organización de las mujeres en las fábricas vitorianas, a menudo silenciada. A esto hay que añadirle el decisivo papel de los medios de comunicación, otro apunte explícito sobre la voluntad directa de la película de impugnar la historia oficial sobre la Transición española. Una vez más, la importancia de cómo se ha contado nuestra historia.
Todo este cóctel es una preparación para llegar al momento culmen final. Cabaco se muestra hábil en coreografiar los hechos de esa fatídica tarde, y combina los movimientos de la cámara y el fuera de campo con un montaje ágil muy intencionado para sentir lo que se vivía desde un lado y el otro de la jornada de huelga. Aquí la conexión emocional está también en lo que se puede oír; las grabaciones reales entre la Policía Armada se suman a la fuerza de una música de la época -muy presente a lo largo de la película- terminan de darle el apoyo dramático y de denuncia necesario a las imágenes para acabar en la reivindicación más elevada sobre la memoria de lo que ocurrió durante aquellos años en España.
Vitoria, 3 de marzo es una película que merecería atención ya solo por lo que cuenta y su nítido posicionamiento ante ello, que conecta con un cine político de mucha tradición en Europa, y que ha escaseado en España. Pero se quedaría en algo más estéril si no consiguiese colocar las diferentes piezas del puzzle de forma solvente a nivel cinematográfico. El oficio de Cabaco al filmar y el empaque general del conjunto la hacen una pieza que tiene derecho a su momento tanto en la cartelera como en la filmoteca histórica española.
En los últimos años de su vida, Luis Buñuel sorteaba el aburrimiento y la soledad escribiendo en un cuaderno los nombres de sus amigos desaparecidos. Lo llamaba El libro de los muertos. Según cuenta en sus memorias (Mi último suspiro), hojeaba a menudo los centenares de nombres de aquellas personas con los que había tenido, «aunque fuera solo una vez, un verdadero contacto humano». Aunque no lo dice explícitamente en su libro, es imposible que en esa «lista familiar» no estuviese el también maño y artista Ramón Acín. El multifacético amigo del director de cine es uno de los protagonistas reales llevado ahora a ficción animada en esta obra de artesanía llamadaBuñuel en el laberinto de las tortugas, una película con distintas capas que conectan bien entre ellas.
Una de ellas es precisamente la que recoge la relación entre Buñuel y este pintor anarquista, que pivota alrededor del making of del documental Las Hurdes (Tierra sin pan). Acín le prometió al director que si ganaba la lotería le pagaba la película, y cumplió. Con 20.000 pesetas se convirtió en el -único- productor del proyecto, y fue con Buñuel hasta Extremadura para rodarlo, convencido de que había que denunciar la durísima situación de muchos españoles en el campo. A través de Acín, asesinado en 1936 por el bando franquista sin haber visto un duro de la película, se revela el complicado genio artístico y personal de Buñuel, y se saca un retrato incómodo sobre el valor ético, político y artístico de una obra como esa, y en aquella época. La fuerza melancólica y contradictoria de esta amistad y, sobre todo, lo que se deriva de ella, es uno de los mejores activos de la película.
El director de Buñuel en el laberinto de las tortugas, Salvador Simó Busom, se atreve también a ir más allá y explora las vicisitudes biográficas y el interior de la psicología de Buñuel. Cineasta reverenciado y mitificado, la película es capaz tanto de tocar la figura de su padre, introducir elementos oníricos y retratar su difícil personalidad. Todo sin desconectarse del hilo de Las Hurdes, que es su historia principal. Esta mezcla de psicología individual e hilo narrativo general es más ganadora cuando menos la exterioriza directamente el protagonista. Resulta especialmente atractiva de esta manera como experiencia cinéfila, pero es también una composición argumental innovadora y estimulante dentro de la animación española, normalmente bastante más lineal.
Atenta a retratar la mentalidad burguesa de la época, Buñuel en el laberinto de las tortugas es también un riguroso repaso historiográfico de la Europa de los años 30 sin necesidad de enfatizarlo como telón de fondo. Se nota aquí un sutil trabajo de documentación previo, donde no se ha querido rehuir ni del clasismo ni del machismo abrumador de aquellos tiempos. Ejemplo del respeto a la historia y a las fuentes es también la introducción de fotogramas originales del rodaje de Las Hurdes, que se entremezclan con las imágenes animadas de forma acertada y sorprendente. En general, el gran pero a la película puede estar, en cambio, en el trabajo general de animación. Poco fluido, aquí es donde se nota más la falta de recursos de una película hecha con un tercio del presupuesto con el que se suele trabajar en un sector tan costoso como el animado.
Luis Buñuel es uno de los protagonistas más especiales y complejos de la historia del cine español. Reacio en general a explicarse demasiado, fue primero Fermín Solís, autor del cómic original, y ahora Salvador Simó -y Eligio R. Montero, el otro guionista- los que se asoman a su figura en forma de ficción, diferente y romantizada, sobre un proceso vital muy concreto. Buñuel en el laberinto de las tortugas resuelve con dignidad y cierta valentía los diferentes elementos que pone encima de la mesa. Este nuevo viaje a Las Hurdes vale la pena.
Salvador Simó Busom (Badalona,1968) no es ni mucho menos un recién llegado a esto del cine: trabaja desde hace más de 20 años en el sector de la animación y los efectos especiales. Aunque Buñuel en el laberinto de las tortugas es su primer largometraje como director, ya tiene en su haber trabajos en cortos y series animadas y en importantes producciones internacionales (Prince of Persia, El libro de la selva, Las crónicas de Narnia o Piratas del Caribe: La venganza de Salazar). Pero todo eso no importa cuando presentas tu primer gran proyecto y, en el momento que se sienta con Cine con Ñ para hablar sobre la película, la ilusión se le nota en la cara.
Se llega a la línea de meta: Buñuel en el laberinto de las tortugas aterriza en las salas.¿Hay ganas de que la vea el público?
Sí, claro, es el examen final. A fin de cuentas haces una película para el público, y lo que quieres es que a la gente le guste. Nosotros estamos acostumbrados a ver cine, vemos el cine también con más cariño, pero yo creo que a fin de cuentas quien tiene la última palabra siempre son los espectadores. Todos los cineastas hacemos películas para la gente.
También hay que decir que la prensa nos está tratando de una forma exquisita, y eso es para mí es increíble. Es mi primera película, y estoy flipando en colores como se dice vulgarmente, pero es que es verdad: nos estáis todos tratando con mucho cariño. Eso es muy de agradecer.
Anima, hace llegar con más ganas y confianza.
Claro, también a veces tienes que recordarte a ti mismo que la última palabra la tiene el público. Y no solamente los espectadores en España; es una película que se ha vendido en 35 países. A mediados de junio se estrena en Francia. Estamos en Annecy, en la Selección Oficial. El Festival de Annecy es el festival de animación más importante que hay en el mundo, y estar allí es como lo más de lo más. Y la semana siguiente se estrena allí.
Luego, a mediados de julio ya se estrena en Estados Unidos. Ahí nos lleva YiKids, que es una distribuidora que ha tenido ya 11 nominaciones a los Óscars y empezarán con la campañas. Con lo cual dices bueno, no sé lo que va a pasar con esta película, pero a veces cuando lo piensas da un poco de vértigo.
La película llega con una trayectoria ya recorrida (Animation is Film en Los Angeles, Málaga, Premios Quirino,..). Tiene pinta de que no van a parar hasta después de los Goya.
Sí, es verdad. Empezamos en octubre en Animation is Film en Los Ángeles, donde nos dieron el Premio Especial del Jurado, luego nos premiaron en el Cartoon Movie, que es donde se reúnen todos los productores de animación en Europa. Nos concedieron el Cartoon Tribute al mejor director de nacionalidad europea. En Málaga nos dieron la Biznaga de Plata por la banda sonora de Arturo Cardelús, que ha hecho un trabajo espectacular. Además nos dieron el ACECAM a la ópera prima, y el Premio Feroz de prensa a la mejor película de la Sección Oficial. Claro, es un recorrido que estamos empezando ahora increíble. Aparte de las nominaciones en festivales como Miami o Guadalajara. Pero claro, yo sigo diciéndolo: quien tiene la última palabra es el público.
El camino para hacer una película de animación es largo. ¿Cómo fue el proceso de elaboración de Buñuel en el laberinto de las tortugas?
Lo primero que habría que decir es que el presupuesto de esta película es ridículo comparado con los presupuestos que se manejan en animación. La ganadora del Goya a la mejor película de animación este año, Un día más con vida, tiene un presupuesto cuatro o cinco veces mayor, y aquel ya era un presupuesto ajustado. Es una película que se ha hecho con mucho amor y con unos medios pues…los que teníamos. Eso también ha hecho que esta película se lleve a cabo en un tiempo récord. Eligio Montero y yo estuvimos trabajando un año en el guion, y luego, cuando ya tuvimos un libreto cerrado y con el que estábamos contentos, empezamos la producción. En total han sido dos años y cuatro meses; un tiempo muy corto en animación. Normalmente, en este sector tardas cuatro o cinco años en hacer una película.
Y, ¿cómo ves la situación de la animación española en concreto? Como decíamos, se necesitan más recursos para llevar a cabo un proyecto animado.
La animación española ahora está empezando a resurgir otra vez, sobre todo en la línea de la animación para adultos. Hay otras películas que se hacen más para un público infantil o más familiar, pero yo creo que ahora es un momento de renacimiento de otra animación. No nos damos cuenta de verdad de la realidad de la industria de la animación en España; hay muy buenos profesionales. Yo he trabajado casi toda mi vida fuera y, por ejemplo, cuando estaba en El libro de la selva en Londres, la película de Disney, me quedo corto en decir que el 25% de la gente eran españoles.
Hace tres meses estaba leyendo un artículo en Londres donde decían que la industria de los efectos visuales en la ciudad está manejando más de un billón de libras. Y el 25% de la gente que lo está trabajando son españoles con un talento brutal, porque el nivel que se maneja en estas producciones es muy alto. Los gobiernos no son conscientes del talento ni de la gran industria que se está manejando a nivel de animación aquí.
Ahora que hablas de los gobiernos, ¿qué se podría hacer desde la administración para incentivar este sector?
Cuando en Londres se abrieron las desgravaciones fiscales a la industria de los efectos visuales todas las grandes productoras especializadas de Hollywood se instalaron ahí. Y ahora se han establecido desgravaciones fiscales también en animación y se están empezando a montar estudios.
Aquí en España se ha empezado a hacer en Canarias, un poco en alguna parte del País Vasco, pero hay que abrirlo un poco al resto de España para que la industria de los efectos visuales y la animación puedan florecer. Tenemos un talento increíble y no lo estamos ayudando en nada. Esta película está ayudada por el ICAA, por Televisión Española, por muchas instituciones que están apostando por esto, pero yo creo que hay que seguir haciéndolo. Apostar no solamente desde instituciones como el ICAA o empresas como Movistar; también por parte del Gobierno de una manera más activa en el tema de las desgravaciones.
Volviendo a la película, queríamos preguntarle en qué momento decidisteis mezclar las imágenes originales de ‘Las hurdes’ con las animadas de la película.
Fue una idea bastante prematura desde el principio. Queríamos aportar esa parte de realidad a la historia con las propias imágenes de Buñuel. Era como un sacrilegio intentar redibujar aquello; si ya tienes los fotogramas originales, que ha sido un honor contar con ellos, ya es perfecto. Dan un poso de realidad importante.
Todo lo que ocurría en Las Hurdes lo hemos ficcionado, hay muy poca documentación sobre lo que ocurrió ahí. Y queríamos hacer una ficción, en ningún momento queríamos hacer un documental. Es una historia de amistad, del propio Luis Buñuel y su búsqueda como director. Esa realidad de Luis Buñuel que rodó en 1932 y 1933 es incuestionable. Lo otro te lo puedes cuestionar. Lo que ocurría en Las Hurdes, no. Le da ese poso de realidad, un pivote sobre el cual funciona toda la ficción de la historia.
¿Llegasteis a visitar la zona?
Sí, varias veces. Fuimos a documentarnos, a localizar. La tratamos como una película de ficción real, no tanto como de animación. Trabajamos con los actores ahí como si estuviésemos trabajando en una película de ficción: se escenificaron las escenas igual que en una película de carne y hueso. Aunque no había cámara, claro, solo grabamos con las voces.
Los actores se convirtieron en los personajes, y además le dieron un punto más a la historia:el actor suma y le da al personaje una impronta que no le puede dar otro actor. Tuvimos una enorme suerte de contar con Jorge Uxó, que hacía de Luis Buñuel, y con Fernando Ramos, que hizo de Ramón Acín. La película habría sido otra sin ellos dos. Fue todo un trabajo de preparación, de preproducción muy de equipo. Un trabajo muy de conciencia de lo que estábamos haciendo
¿Qué querías expresar en las partes oníricas de la película? Hay sueños, a veces pesadillas, que encajan muy bien con el universo del director aragonés.
Queríamos contar esa parte de Buñuel que no se cuenta con sus acciones. Entender un poco por qué actuaba como actuaba un joven director que, como todos, tiene sus tramas y sus miedos. Queríamos presentarlo sin edulcorar, pudiendo mostrar sus partes más duras y las más enternecedoras. Él era así: podía parecer una persona muy tosca, pero también tenía una parte muy entrañable. Hay que entender a las personas y saber por qué actúan como actúan, no solo ver una parte. Para entender ese Buñuel que fue, con esa sensibilidad increíble. Esos flashbacks y esas partes oníricas son como una puertecita al interior de su cabeza.
¿Cómo ha cambiado tu relación con Buñuel y tu percepción sobre él después de más de dos años?
Yo conocía a Buñuel desde muy pequeño: mi padre era un gran seguidor suyo desde siempre. La primera vez que escuché hablar de Luis Buñuel fue cuando tenía 8 0 9 años y mi padre vino a casa entusiasmado porque había visto una película en la que había unas personas en una habitación que no tenía puertas pero de la que no podían salir (El ángel exterminador). Ese fue mi primer recuerdo, luego lo vas conociendo más como director.
El poder trabajar en esta película me ha permitido conocer a ese Luis Buñuel persona y personaje. Nosotros no queríamos copiarle, y esto también fue gracias al productor, Manuel Cristóbal, que me empujó a buscar mi propio lenguaje. No quería copiar a Buñuel como cineasta, sino contar su historia a mi manera. Hicimos ese camino de la mano: en la película, él busca su propio lenguaje y su propio guion, pero de alguna manera, al investigar, por osmosis o por simpatía, te acaba influenciando muchísimo y se acaba convirtiendo en un maestro. No tanto en la forma de hacer cine sino como artista.
Para terminar, ¿qué nuevos proyectos tienes en el horizonte o te gustaría hacer en el futuro?
Me gustaría hacer muchas cosas, la verdad. Ahora estamos trabajando con Manuel Cristóbal en varios guiones de animación, y también estoy trabajando en un proyecto para ficción. Me gustaría mucho hacer ficción porque la experiencia con actores en esta película ha sido brutal y me gustaría repetirla. Me gustaría seguir dirigiendo en España y seguir haciendo cine para adultos.
La comedia Lo dejo cuando quiera se convierte en la película española más vista en salas de lo que llevamos de 2019. Después de un fin de semana de estreno muy bueno con 1,5 millones de recaudación y casi 250.000 espectadores, su segundo ha sido todavía mejor: 2,04 millones de euros acumulados en las ventanillas del 19 al 21 de abril, según datos de la empresa de medición Comscore. Un botín de más de dos millones en un fin de semana para una película española no sucedía, como bien señalan desde Taquilla España en la web Cinezin, desde los tiempos de gloria de Campeones por estas fechas el año pasado.
Desde que llegó el día 12 a los cines, sólo la nueva superproducción de Disney, Dumbo,ha conseguido desbancar a Lo dejo cuando quiera del primer puesto del TOP de películas más rentables en salas durante unos días. La Semana Santa ha vuelto a colocar al filme de Carlos Theron en lo más alto otra vez, y ha atraído un 25% más de público que en su primera semana en las salas de cine. Aunque la llegada mañana de una película-evento como Vengadores: Endgame le hará bajar, los números son realmente buenos.
La producción del Mediaset acumula en total algo más de 5 millones de euros en recaudación y 800.000 espectadores. La gran compañía televisiva ha conseguido aprovechar al máximo un buen trabajo de promoción previo con el impulso que le ha dado su buena recepción por el público, que ha aprovechado ahora los días lluviosos de vacaciones en Semana Santa para acudir al cine, y que se convierta así en la cinta española más rentable en estos cuatro meses del año que llevamos. La estimación de que acabe alcanzando los 10 millones cuando desaparezca de las salas es más que probable.
Con estos 5 millones, Lo dejo cuando quiera supera a Dolor y gloria, la nueva película de Pedro Almodóvar, en la lista de lo más visto en el cine español en 2019. La nueva obra del cineasta manchego. sin embargo, ha seguido entre las diez más vistas estas últimas semanas y también roza los 5 millones. Cierran el top 5 de películas españolas más vistas este año Bajo el mismo techo (3.59M€), Perdiendo el este (2.93M€) y Superlópez (1.54M€). Una vez más, la comedia española reina en lo que ir al cine se refiere. Sólo un nombre tan importante como Pedro Almodóvar consigue colarse entre ellas.
Lo dejo cuando quiera, Dolor y gloria y el año pasado Campeones se estrenaron en los meses de marzo y abril. Tradicionalmente, son meses complicados para que las películas funcionen en taquilla después de los meses de premios y reconocimientos. Sin embargo, estos números están demostrando que se puede ir bien en taquilla en estas fechas. Una posibilidad interesante para las distribuidoras, que el año pasado acumularon muchos estrenos españoles potentes durante los meses de septiembre y octubre.
David Verdaguer, Ernesto Sevilla y Carlos Santos son tres profesores en la treintena que se encuentran en un momento difícil en sus vidas en Lo dejo cuando quiera. Tras haberse preparado a conciencia y seguido el camino en principio correcto, se ven trabajando en malas condiciones, dando clases particulares o directamente en el paro y viviendo con sus padres. Ante el despido del personaje de Verdaguer deciden disfrutar de una buena fiesta, algo a lo que renunciaron en su momento para seguir estudiando con responsabilidad.
Cuando prueban las pastillas en las que el despedido estaba trabajando –un complemento para potenciar la concentración- se dan cuenta de que podrían hacer negocio con ellas. Esta arriesgada decisión es el punto de partida de la película. Una lástima que sus responsables no muestren la misma valentía que sus protagonistas.
La historia es conocida pero no pasa nada por repetirla brevemente. Desde 2010 la ley obliga a las cadenas de televisión a invertir un porcentaje de sus beneficios en producir cine. No hay posibilidad de no hacerlo, pero sí de elegir dónde. Con el tiempo se ha ido creando un subgénero que son las producciones de grandes cadenas privadas, Atremesdia y Telecinco. Se trata de películas de clara vocación comercial, generalmente comedias, con repartos llenos de caras conocidas, muchas provenientes del mundo de la televisión, y acompañadas por unas machaconas campañas de publicidad que consiguen arrastrar a las salas a bastante más gente de lo habitual. En este caso, además, estamos ante un remake de una película extranjera, algo que ya funcionó el año pasado con Sin rodeos o Perfectos desconocidos.
Es cine prefabricado. Previsible, sin riesgos, sin ninguna intención de trasmitir nada. (Por lo menos en este caso, otras veces sí han conseguido encontrar algún detalle estimulante). Carlos Therón, que conoce de qué va la cosa tras hacer Es por tu bien o Fuga de cerebros 2, se limita a crear una plataforma para que el reparto vaya recitando sus bromas por turnos y la trama vaya quemando etapas. Un trabajo tan poco apasionado en su ejecución como efectivo en su recaudación, a la que cuesta no imaginarse como el aspecto más importante durante todo el proceso de gestación del film.
Tampoco es que no haya nada que salvar de todo el asunto. Reírte te ríes, que sería el nivel más elemental de análisis que se puede hacer de la cosa. Ernesto Alterio está muy bien dando vida a un excéntrico mafias de la noche madrileña, mientras Miren Ibarguren sigue demostrando que es una gran actriz cómica a la que estaría bien ver en registros diferentes y en proyectos más ambiciosos. Pero todo se olvida una vez que se encienden las luces y se sale de la sala. No hay una imagen ni una escena ni una broma que quede en el recuerdo. Como todo producto preparado, tiene fecha de caducidad. En este caso, hora y media.
Lo dejo cuando quiera entrega exactamente aquello que se podía imaginar. Un rato de entretenimiento que trascurre con la misma facilidad con la que se olvida. El problema no es la voluntad comercial, que ha motivado grandes películas en todas las épocas de la historia del cine. El problema es querer gustar a toda costa, queriendo con la misma intensidad no molestar. El problema es diseñar una película como si de un mensaje electoral se tratara, ideada en un laboratorio demográfico con el objetivo de contentar al mayor número de nichos de mercado posibles. Gustar es fácil si te lo propones, pero si esa es la única intención difícilmente durará mucho su buen sabor de boca. No parece que aquí sea un problema.
Empezamos la semana con la noticia más reciente:Dolor y gloriacompetirá en la Sección Oficial del Festival de cine de Cannes, el certamen cinematográfico más importante del mundo. Tras algunas especulaciones sobre si la película de Pedro Almodóvar podría haber inaugurado el Festival y quedarse fuera de la competición, la publicación norteamericana Variety ha confirmado en exclusiva que la película española optará a hacerse con la Palma de Oro el próximo mes de mayo. Al final, será The dead don’t die, del cineasta Jim Jarmusch,la que de el pistoletazo de salida al Festival. Almodóvar buscará el ansiado gran premio con su nueva película, algo que nunca ha conseguido en sus 40 años de carrera.
Pero la taquilla también vuelve a ser la protagonista para el cine español más allá de Almodóvar. Si a finales de marzo contábamos que precisamente Dolor y gloria se convertía en el estreno español más visto del año, ahora una comedia la ha superado en su primer fin de semana. Se trata de Lo dejo cuando quiera, la nueva comedia de Carlos Theron que ha conseguido desbordar gracias, en parte, a una buena promoción (Mediaset pone los medios): 1,5 millones de recaudación y casi 250.000 espectadores en los primeros tres días de estreno. Sólo Dumbo ha conseguido desbancarla durante los últimos días. Aunque aún es pronto para hacer conclusiones, la película protagonizada de David Verdaguer, Ernesto Sevilla y Carlos Santos se propone como candidata a ser el taquillazo del año en abril.
Mientras tanto, Durante la tormenta sigue su camino triunfal por China. El filme de Oriol Paulo ya lleva 16 millones de dólares recaudados en el país asiático, y se convierte en la segunda película española más taquillera de la historia en China. Sólo tiene por delante a Contratiempo, también de Paulo y parte de la razón del éxito ahora de esta, que recaudó 26 millones durante su paso por las salas chinas en 2017. El triunfo extranjero de Durante la tormenta hizo que la película volviese este fin de semana otra vez a los cines españoles después de haber pasado totalmente desapercibida durante su primer estreno en noviembre del año pasado.
No queremos cerrar la semana sin acordarnos del inesperado fallecimiento de Diego Galán a los 72 años de edad. Crítico, director de cine y pensador fundamental en la historia del cine español, fue uno de los grandes impulsores de la grandeza actual del Festival de cine de San Sebastián haciendo las labores de director del certamen entre 1986 y 1989 y entre 1995 y 2000. Además de por sus textos y análisis, a Galán se le conoce también por su labor como documentalista del cine español, donde destacan sus series Memorias del cine español y Queridos cómicos. Su «admirable trayectoria y su apoyo constante al cine español” fue reconocida el año pasado por la Academia de Cine entregándole su Medalla de Oro.
Diego Galán, en el Festival de Cine de San Sebastián en 2006. Foto: Wikimedia
Producir con regularidad cine de animación suele ser un síntoma de una industria madura y potente, capaz de movilizar los recursos suficientes –que no son pocos- para sacar adelante este tipo de proyectos. La industria española sabemos que está muy lejos de esta situación de normalidad, pero sí que es cierto que los profesionales del sector hacen cada vez más con menos y hay productoras dispuestas a llevar los proyectos adelante. En este caso, en el marco de una coproducción con Argentina y China (la primera con el gigante asiático). El resultado es una película agradable, muy enfocada a un público infantil, y con un bonito mensaje ecologista y de celebración de la amistad y la lealtad.
Bikes nos transporta a Spokesville, una alegre ciudad habitada por bicis (sí, Bikes es como Cars pero con bicis). Con su bici policía, su bici cartero y su bici alcalde. Y con su ídolo local, Rock Bikeson, que liderará una campaña para introducir los motores de gasolina en nombre del progreso (y del beneficio de los dos banqueros, que son quienes verdaderamente están detrás de todo el tinglado). Nuestro protagonista, Speedy, se verá arrastrado a la promoción por la admiración que siente por Rock, pero paulatinamente se irá dando cuenta de que hay algo que no está bien, y acabará liderando la resistencia. Una carrera entre Speedy y Rock acabará decidiendo el futuro de la ciudad.
A diferencia de otros films recientes de animación como, sin ir más lejos, Un día más con vida, que se impuso a Bikes en los Goya en la categoría de animación, la apuesta aquí es claramente por un público infantil. Esto se traduce en una caracterización muy marcada de los personajes, los buenos muy buenos y los malos muy malos, y en un mensaje muy directo y poco sutil a favor de la defensa del medio ambiente, la amistad y la lealtad. El público más maduro tendrá poco a lo que agarrarse, más allá de la voz del exciclista Perico Delgado, que siempre tiene su punto simpático.
El hecho de involucrar a tres países en la producción se nota en la calidad de la animación. Los personajes están bien hechos, y sus gestos y movimientos se aprecian con fluidez, de la misma manera que el pueblo de Spokesville y sus alrededores están conseguidos con un alto nivel de detalle y atención. El productor Ximo Pérez ha hecho aquí un gran trabajo juntando a Manuel J. García, que tuvo la idea original de la película, en la dirección con profesionales como John Michael Boughn, Michael Maurer y Joel Jessup en el guion y Anabel Alonso y Carlos Latre en las voces.
El resultado final es una agradable y bienintencionada película familiar que crece a lomos de una animación bien cuidada y desarrollada, y que aporta un importante mensaje ecologista. Aunque deja cierta decepción al no aportar más capas que puedan ser apreciadas por un público maduro, Bikes cumple sobradamente sus objetivos para el público infantil, que es lo que se propone realmente. Es una bonita historia con una moraleja atinada para estos tiempos de verdadera emergencia medioambiental.
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