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Antes de la quema: Buena mezcla de géneros al ritmo de chirigota

 

Un joven chirigotero gaditano (Quique, interpretado por Salva Reina) empieza a trabajar de jardinero en un almacén donde se guarda la droga requisada por las autoridades para posteriormente quemarla. Un traficante de la zona pedirá su ayuda para robar el depósito y Quique encontrará en esto nuevas posibilidades para él y su familia: un futuro algo mejor pero también la oportunidad de ajustar cuentas con su pasado.

Así se plantea Antes de la quema, la narco comedia o narco-chirigota de Fernando Colomo. Parece que a Colomo le van las comedias con adjetivo: si al inicio de su carrera fue la comedia madrileña, ahora llega la narco comedia o la comedia andaluza. Porque Antes de la quema tiene mucho de humor andaluz, de encarar la vida con buena actitud aunque esta no siempre nos corresponda. Eso es exactamente lo que hace Quique, nuestro protagonista.

El gusto que el director ha mostrado durante su carrera por la comedia y la guasa constante de la película no tendrían que tapar el hecho de que Antes de la quema es un thriller. Con su estructura de confesión a posteriori (el clásico “se preguntarán cómo he llegado aquí”), su sorpresa a mitad de metraje y su inesperado giro final. Esta mezcla de géneros, con momentos también de drama familiar y de romance, juega a favor de la película, que funciona con solvencia entregando un film dinámico y divertido y que a la vez tiene una mirada triste sobre la realidad social, y serena y bonita sobre las relaciones familiares.

Antes de la quema: Buena mezcla de géneros al ritmo de chirigota 1

Colomo aprovecha la magia de Cádiz y el carácter de sus gentes, todo amplificado por la celebración del carnaval. Sorprende que el cine español no haya explotado más esta combinación, y desde luego se agradece que en esta ocasión se haya hecho sin ir buscando la foto de postal. Colomo pone su experiencia para combinar con éxito el buen guion que le brinda Javi Jáuregui, una música que nos ayuda a meternos en la ciudad y un gran reparto para ejecutar esta mezcla de géneros, y el encanto de Cádiz pone la guinda.

Hay que destacar el gran trabajo del reparto. Salva Reina da la talla en su primer papel protagonista y confirma que puede sostener el peso de una película, en un papel más exigente de lo que puede parecer en un primer momento y que le obliga a tocar varios registros. Maggie Civantospremiada en el Festival de Málaga– y Manuela Velasco hacen un buen trabajo, al igual que los secundarios Manuel Manquiña y Vicente Romero, y mención especial merece Joaquín Núñez, que borda el papel de traficante de capo de la droga pasado de revoluciones (y de coca).

Colomo lo ha vuelto a hacer. Su cine no será seguramente el más brillante ni el más admirado, pero nunca habría que subestimar su capacidad para divertir y el cariño con el que sabe tratar a sus personajes. Sabe crear realidades en las que gustaría estar, algo que no es nada fácil de conseguir. Y Antes de la quema lo hace. Una buena película que divierte y entretiene en su efectiva mezcla de registros y que nos trasporta a la bella y vibrante Cádiz.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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The Chain: Más psicológico que thriller

La eutanasia ha sido y es -sigue estando de actualidad- un tema atractivo para tratar en el cine. Basta con ver el buen número de películas que lo tocan para ver su potencial. El más común, como es lógico, ha sido el dramático (Million dollar baby, Mar adentro, No conoces a Jack…), pero también se ha utilizado puntualmente desde la comedia negra (Las invasiones bárbaras, La fiesta de despedida). Ahora el salmantino David Martín-Porras da una vuelta de tuerca más, y lo propone como medio para un thriller psicológico en The Chain. Como un juego maniatado pero justificado, más psicológico que thriller, que es como tiene que ser vista esta película para ser apreciada.

El centro a justificar y punto de vista continúo de The Chain es el de Mike (John Patrick Amedori), un oftalmólogo que va con su mujer (Madeline Zima) a ver a su familia y se entera que tiene la misma enfermedad neurológica que su padre (Ray Wise). Para no sufrir lo mismo que él, decide acudir a una compañía de suicidios asistidos. Con este punto de partida, Martín-Porras decide apoyarse principalmente en la relación tóxica que tiene Mike con su padre para ir hilvanando su historia. Con el buen hacer de Ray Wise como catalizador, lo que ocurre entre ambos, su ambigüedad y su oscuridad, es lo más interesante.

Las escenas que comparten los dos concentran con cierto sentido los puntos psicológicos en los que se va encontrando Mike a lo largo de la película. Martín-Porras resume el resentimiento, el miedo y el dolor mezclándolo con el daño neurológico que está sufriendo su protagonista. El no saber distinguir qué es real y qué no se manifiesta en su línea más extrema con su padre, donde los sentimientos sí que juegan un papel fundamental. Ahí la película mantiene el pulso que mejor le viene.

El resto de The Chain, es decir, su línea narrativa principal y lo que le va sucediendo a Mike mientras pierde la cabeza, funciona de forma más endeble. Aunque aguanta el ritmo y la ambientación –una Los Ángeles lynchiana e incómoda-, no tiene los elementos ni de terror, ni misterio ni de thriller policíaco del gato y el ratón para poder ser disfrutables más allá que como excusas. Las limitaciones presupuestarias habrán hecho mella para poder tratar solo una serie determinada de localizaciones que hacen perder oportunidades argumentales.

Aun así, el punto del que quería hablar Martín-Porras (la relación paterno-filial, sus cuentas pendientes, traumas y simbiosis) llega vivo y con cierto interés cuando se acerca el final. La trama de la cadena de suicidios y sus derivados va perdiendo fuerza, pero mientras tanto suma intensidad el conflicto personal y familiar. La confusión y pérdida de noción de la realidad se apodera del último tramo, lo que intensifica el punto psicológico que mejor le va una historia que acaba en un momento de tensión suficiente para cerrar en lo alto.

The Chain tiene dentro una atmósfera de incomodidad, expresada a través de espacios y una interesante paleta de colores, que funciona para su nuez principal. En el sufrir y la forma de ver el mundo de su molesto protagonista con su padre. Una lástima que este interesante núcleo que tiene entre manos Martín-Porras no termine de coger el vuelo en sus ganas de ir en otras direcciones. Ya sea por sus fallos estructurales de guion o su falta de financiación, se queda sin conseguir el efecto deseado.  En cualquier caso, se puede disfrutar si se mira como un mero mecanismo para un, eso sí, atmosférico estudio psíquico.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

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El cine español flaquea en taquilla: 30% menos de recaudación que en 2018

 

A un mes de completar la primera mitad del año, el cine español no despega en la taquilla. Con los datos actualizados hasta el 26 de mayo por la empresa ComScore, el acumulado de recaudación de las películas españolas en 2019 es de 33,4 millones de euros, un 31,8% menos que el año pasado en estas mismas fechas. La industria del cine acumulaba entonces casi 50 millones en el bolsillo (49) y 8 millones de espectadores (ahora lleva 5,5). El tradicional objetivo de los 100 millones al acabar el año, conseguido en los últimos cinco, se aleja.

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¿Dónde está el problema? Como le ocurre históricamente al cine español, en su dependencia de los «peces gordos»; si no hay un grupo -reducido- de películas que arrastren con fuerza, el resultado general se resiente. Si se va a observar el número de películas que superan el millón de euros, la cifra es calcada a la del año pasado a estas alturas (8). El bajón se registra, por tanto, entre la «clase alta» de la lista: sólo Lo dejo cuando quiera y Dolor y gloria han tirado del carro y han acumulado más de 4 millones, algo que en 2018 hacían hasta 5 películas (Campeones, Perfectos desconocidos, La tribu, El cuaderno de Sara y Sin rodeos), que se llevaban casi todo el pastel.

La otra pregunta que surge es si se conseguirá remontar el vuelo en el segundo semestre del año para llegar a la meta de los 100 millones el 31 de diciembre. Se necesitan 66, a diferencia de los 51 que se buscaban en 2018. El año pasado, exactamente la mitad de las 10 películas españolas más taquilleras se estrenaron a partir de junio, unas fechas en las que normalmente llegan los estrenos más potentes. Para este verano, las esperanzas estarán puestas principalmente en la película de terror La influencia (21 de junio), Los Japón (28 de junio), la nueva comedia de Santiago Segura, Padre no hay más que uno (26 de julio) y la nueva apuesta de Paco Plaza (Quien a hierro mata, 30 de agosto).

El cine español flaquea en taquilla: 30% menos de recaudación que en 2018 2Fotograma de ‘Quien a hierro mata’ (Paco Plaza, 2019)

A partir de septiembre, hay que confiar en el buen hacer de películas como Litus (6 de septiembre) o Sordo (13 de septiembre), mientras que en octubre se espera que obras como Mientras dure la guerra (11 de octubre) o La trinchera infinita (31 de octubre) puedan dar un empujón que haga encarar los últimos dos meses del año con alguna esperanza de salvar los muebles. Por el momento y con los números en la mano, los pronósticos no son buenos. O hay un pack de películas, más o menos esperado, que se convierten en importantes éxitos, o el resultado final en caja para el 2019 será uno de los peores de la década.

 

Arturo Tena (@artena_)

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La ciudad oculta: Lo que ocurre mientras no miramos

 

Es fácil dar por sentado el mundo en el que vivimos. Nuestra vida cotidiana transcurre sobre una (sensación de) normalidad que implica el trabajo de muchísimas personas y aparatos. Lo damos por sentado y pocas veces nos paramos a reflexionar en su importancia, menos aún en su día a día. Eso es precisamente lo que nos enseña La ciudad oculta, la nueva película de Víctor Moreno, que propone un viaje de sensaciones por las entrañas de la ciudad.

A medio camino entre el borroso inconsciente y las racionalistas condiciones de posibilidad, entre el documental y el cine experimental, con algunos rasgos de ciencia ficción, la cámara del director se sumerge en el fondo de la ciudad. Sus trenes en marcha, sus obras, gatos que se pierden, charcos y lluvias que mueven los residuos. Un desfile de poderosas imágenes sobre aquello que ocurre aunque no le prestemos atención. Una sinfonía del subsuelo.

El nombre de Víctor Moreno saltó al panorama del documental español con Edificio España. La imponente construcción del centro de Madrid servía de punto de partida a una reflexión, mostrada y no hablada, sobre qué quisimos hacer de nuestras ciudades y qué acabaron efectivamente siendo. El Banco Santander, propietario en aquel momento del edificio, intentó impedir que el documental llegara los cines. Más allá de lo interesante de la historia del rascacielos y la simbología que se pudiera construir sobre ella, la película destacaba por su personal forma de narrar.

La ciudad oculta: Lo que ocurre mientras no miramos 3

Víctor Moreno ha seguido centrándose en las ciudades en su nuevo trabajo, con unas intenciones formales todavía más marcadas. Si ya Edificio España se salía de los esquemas tradicionales del documental, la apuesta de La ciudad oculta es más radical. Sin diálogos ni información contextual de ningún tipo, las imágenes y los sonidos son las protagonistas. Sencillamente vemos y oímos, espectadores de un proceso que parece casi natural, donde el único espacio para la vida humana se da en trabajos de mantenimiento mecánicos y repetitivos. Hacia el final del film se nos muestra, desde fuera, un tren en movimiento. Las personas de su interior duermen o miran el teléfono, pero no interectúan; como si en el fondo la vida por encima del subsuelo fuera también mecánica y repetitiva. Puede que desnaturalizada y deshumanizada.

El sugerente viaje sensorial de La ciudad oculta confirma a Víctor Moreno como una de las voces jóvenes más interesantes del documental español. En el fondo, este descenso al subsuelo de las ciudades trasciende cualquier género cinematográfico. Documentalismo y experimentación, misterio y ciencia ficción se funden a través de un trabajo muy cuidado de imagen y sonido. Lo que concluyamos a partir de ahí ya es cosa nuestra.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

 

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«Hay un miedo universal a convertirte en tu padre»

 

Salmantino en Los Ángeles, David Martín-Porras (1982) ha trabajo casi toda su carrera profesional en Estados Unidos. Allí terminó de formarse, y decidió quedarse en la ciudad de las estrellas. Eso, sin embargo, no le ha impedido tener cierta resonancia también aquí en España: su corto Inside The Box fue nominada a los Goya en 2016 y pasó por importantes festivales del Estado. Ahora, después de rodar allí una ‘TVMovie’ en 2017, estrenará en cines por primera vez en nuestro país con The Chain (31 de mayo),un proyecto más personal. Enérgico y decidido, Martín Porras atiende a las preguntas de Cine con Ñ para hablar sobre este thriller psicológico con el que espera llamar la atención del público y la crítica tras su paso por el FANT Bilbao.

 

¿Cómo llegó hasta The Chain, una historia sobre un hombre que empieza a sufrir la misma extraña enfermedad que su padre y busca suicidarse?

Hubo dos vías que me llevaron hasta la película. La primera fue mi interés en explorar la relación padre e hijo. En todos mis proyectos anteriores, me había centrado en la de madre-hijo y me interesaba ir por el otro lado: quería mirar el tipo de relación con mi padre. Creo que hay un miedo universal en convertirte en tu propio padre. Cuánto más mayor eres más te vas dando cuentas de que usas las mismas palabras o incluso que compartís los mismos gustos o manías. ¿Cuánto de mi cerebro es un clon y cuánto es sólo tuyo? El personaje de Mike en la película hace ese viaje; incluso en su aspecto es un rechazo constante a su padre.

La segunda vino porque escuché una entrevista en la radio a una mujer llamada Fran Shindler, una mujer de más de 80 años y voluntaria en una organización llamada ‘Final Exit’, que lo que hacen es ayudar a personas en estados norteamericanos donde la eutanasia es ilegal. Ha ayudado a morir a más de 20 personas. Asesoramiento, no morir en soledad…hay todo tipo de razones. Me pareció muy interesante y ahí es cuando mi mente empezó a elucubrar. Qué pasaría si hubiese una organización donde se ayudan unos a otros? Podemos así introducir gente que no debería morir, que se están queriendo suicidar por un problema de autoestima, de falta de amor o de cariño.

En la película se mezcla la realidad con las alucinaciones del personaje de Mike (John Patrick Amedori), causadas por su enfermedad. No se sabe qué está sucediendo y qué no. ¿Cómo trabajasteis esa parte desde el guion para luego trasladarlo a imágenes y a la interpretación de los actores?

Quisimos dejar muy claro qué partes eran irreales y las que sí lo eran para la audiencia al principio de la película. A medida que va avanzando el metraje, él es cada vez menos consciente de esa frontera; también lo es para el público. En cuanto al trabajo con los actores, cuando tienes un personaje que está perdiendo la cabeza no le puedes pedir al actor que haga de loco. Un loco cree algo que es socialmente inaceptable, pero lo cree de verdad. Cuando Kubrick dirige a Jack Nicholson en El resplandor no le dice: “Haz de loco”. Le dice: “Tu quieres escribir un libro y no eres capaz de hacerlo. Tu hijo te está desconcentrando. Tienes que matarlo porque tu libro es muy importante para ti”.

Pero en El Resplandor, cuando Jack Torrance pierde la cabeza, Jack Nicholson lo interpreta de una forma histriónica. Algo que no pasa aquí John Patrick Amedori.

Claro, pero ahí Kubrick te hace empatizar con el protagonista durante gran parte de la película. Te da pena cuando tiene alucinaciones; quiere que tengas una conexión emocional con él.Cuando aparece el impulso asesino es cuando cambias de punto de vista, y te colocas de la parte de la madre y el hijo. Cambia la empatía. Como Hitchcock en Psicosis. Para mí lo importante era establecer ese tipo de relación del espectador con Mike; por eso había que llevarlo así.

"Hay un miedo universal a convertirte en tu padre" 4

Estudió en Los Ángeles, vive y ha rodado ahí esta película. La ciudad se presenta como un espacio incómodo para el protagonista. ¿Cómo queríais que se representara esta gran urbe?

Es verdad que Los Ángeles está rodada con un punto psicótico, vinculado al protagonista. Y también de una forma poca acogedora sencillamente porque no lo es. Es una ciudad donde te sientes extranjero constantemente, don hay mucha gente de paso, a la que no le compensa quedarse a vivir ahí. Es un lugar en una constante evolución, de la época líquida de las redes sociales y de mucha apariencia. También es verdad que es una ciudad sin un estilo de vida muy marcado, es como un lienzo en blanco. Es una ciudad que vive de la idea de que ahí tus sueños pueden hacerse realidad, y eso engancha porque no hay nada predefinido.

Ha trabajado sobre todo en Estados Unidos, pero también en España. ¿Qué diferencias encuentra en trabajar en proyectos españoles o norteamericanos?

Rodé en España tres cortos durante mi etapa universitaria, y mi corto de fin de máster. La inmensa mayoría lo he rodado ahí. Sería interesante trabajar en un rodaje de encargo para poder ver el estilo de producción en España; ahí es donde más se nota. Dirigí una ‘TVMovie’ en Estados Unidos hace dos años, que está hecho para un estudio, Lifetime, que hace mucho eso que aquí se conoce como «peli de después de comer de Antena 3». Es un tipo de película muy concreta. Eso tiene un estilo de producción muy determinado porque les funciona.

Respecto a tus trabajos anteriores, ¿qué elementos nuevos ha podido trabajar como director en The Chain?

Esta es una película más estilizada que mis películas previas. Hay mayor trabajo de diseño de vestuario y decorados que antes no había hecho; eso se ve muy real, aunque roce la fábula. En algunas escenas también he podido utilizar lentes que antes nunca había usado. Ahí me lancé a experimentar perspectivas nuevas para mí, como, por ejemplo, el split diopter, que tiene dos distancias focales diferentes.

¿Se le verá dirigiendo un largometraje en España pronto?

No puedo aún dar detalles, pero estoy trabajando ahora en una obra de teatro española. He conocido ya al dramaturgo, le he pedido los derechos para hacer una adaptación al cine de su obra, y le ha gustado mucho. Vamos a empezar a moverla ya aquí. Tengo ya un par de productores en mente; si les gusta el proyecto iremos adelante. Trayendo siempre coproducción con La Panda Films, que es nuestra productora ahí en Los Ángeles: es un proyecto que, aunque se rodaría en España, sería internacional y tiene que rodarse en inglés porque está ambientada en el extranjero. Habrá reparto español y reparto norteamericano.

 

Arturo Tena (@artena_)

 


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Regresa El Cepa: Lecciones del pasado

En el año 1981, varias películas norteamericanas de renombre llegaron a España dispuestas a destrozar nuestra taquilla. Pero ni la playera El lago azul, ni el recién nacido Indiana Jones (En busca del arca perdida), ni Leslie Nielsen en Aterriza como puedas dominaron la venta de entradas. La película que más recaudó en las salas aquel curso fue la española El crimen de Cuenca, que consiguió desbancar en lo más alto del ránking nada más y nada menos que al Vengadores: Endgame de la época (Superman II).

¿Cómo consiguió este filme sobre un falso caso de asesinato en un pueblo manchego triunfar tanto? Básicamente porque los españoles llevaban más de un año y medio esperándolo. Rodada en 1979, El crimen de Cuenca fue embargada durante todo el 1980 por el Ministerio de Cultura tras su paso por la Berlinale por las escenas de torturas protagonizadas por la Guardia Civil. Se convirtió primero en un caso mediático en la recién reinstaurada España democrática, y, después, en un fenómeno de expectación social. Todo el hype posible estaba servido.

De esto, del proceso de creación de la película y de la figura de su directora, Pilar Miró, trata el recién estrenado documental Regresa El Cepa, que ha hecho por coincidir con el 40 aniversario del rodaje de la misma. Víctor Matellano, director del documental, ha recuperado inteligentemente la figura de Guillermo Montesinos (que interpreta al Cepa en el filme original) para volver al pueblo donde hicieron El crimen de Cuenca y utilizarlo de hilo conductor sobre lo que sucedió entonces.

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Mientras Montesinos pasea por las calles de la localidad manchega, Matellano construye un documental de corte clásico y académico, con un repaso histórico y entrevistas de todo lo que ocurrió alrededor de la película en el arco temporal que va de 1979 a 1981. Estudioso y escritor de cine, Matellano se desenvuelve bien en encontrar a las personalidades claves del cine español de aquel momento para describir cómo se hizo aquella película y qué pasos se fueron dando tras conocerse el secuestro. Y, sobre todo, rescata -con sutileza, pero sin edulcorar- la importante figura de Pilar Miró, una mujer con una personalidad complicada en una industria dominada por hombres.

Regresa El Cepa funciona también como un completo testimonio historiográfico de lo que fueron aquellos tiempos inciertos, en plena Transición Española. Sobre todo, da buena cuenta del enorme poder que tenían los mandos militares heredados del franquismo en ese período: no era sólo ya el miedo que aún podían instaurar en los ciudadanos, sino la manera implícita en el que esa forma de censura vinculada a la autoridad traspasaba todos los estamentos del Estado, hasta llegar al Ministerio de Cultura. Poca broma.

Todo funciona de una forma sencilla pero eficaz en el planteamiento histórico, cinéfilo y rítmico de Matellano. La única pega que se le puede poner a su documental es la guionización excesiva de las partes de Montesinos. Se desaprovecha la naturalidad del veterano actor imponiéndole unas líneas de lectura en off que resultan algo forzadas e impostadas en algún tramo.

Con todo, Regresa El Cepa demuestra ser un más que digno y completo trabajo con elementos de interés histórico para cualquiera, más allá del que se podría pensar que es su público objetivo (cinéfilos y estudiosos de cine). La selección de protagonistas y expertos, que son muchos, contextualizan y ponen en orden lo que ocurrió con el último caso de censura (explícita) del cine español de forma completa y didáctica. Lecciones del pasado para un presente en el que nos sentimos inmunes, pero en el que nunca lo somos.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

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Almodóvar se queda sin Palma, pero Antonio Banderas conquista Cannes

 

Antonio Banderas fue premiado ayer por el jurado del Festival de Cannes como mejor actor. El gran trabajo del malagueño como Salvador Mallo, alter ego del director Pedro Almodóvar, en Dolor y gloria le ha reportado el premio más importante de su carrera, y que podría ser solo el primero de muchos. Banderas se convierte así en el sexto actor español en ser premiado en la Costa Azul, tras José Luis Gómez (Pascual Duarte,  1976), Fernando Rey (Elisa, vida mía, 1977), Alfredo Landa y Paco Rabal (Los santos inocentes, 1984) y Javier Bardem (Biutiful, 2010). La banda sonora de la película, compuesta como es habitual en el cine del manchego por Alberto Iglesias, fue distinguida con el Cannes Soundtrack como mejor música de la Sección Oficial.

El reconocimiento a Banderas anulaba de antemano cualquier posibilidad de que Dolor y Gloria se llevase la Palma de Oro; la película que la gane no puede llevarse ningún otro premio de la sección. A Almodóvar se le sigue resistiendo Cannes. Pese a las seis veces que ha concursado con títulos como Volver o Todo sobre mi madre, con las cuales consiguió otros premios, no consigue convencer al jurado para que le de el máximo reconocimiento. Su pronta aparición y su etiqueta de favorita poco después de empezar puede haberle perjudicado a lo largo del certamen.

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La coreana Parasite, de Bong Joon-Ho, ha sido la ganadora. Un duro retrato de las clases sociales con un fuerte componente social, algo que el jurado presidido por Alejandro González  Iñarritu ha valorado mucho a la hora de entregar sus premios. Mati Diop se llevó el Gran Premio del Jurado por Atlantique, que ya había hecho historia al ser la primera película dirigida por una mujer negra en competir en la principal sección del Festival.

Les Miserables, de Ladj Ly, y Bacurau, de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, compartieron el Premio del Jurado, que otorgó una Mención Especial a Elia Suleiman por It Must Be Heaven. Los hermanos Dardenne ganaron la Mejor Dirección por El joven Ahmed, Portrait de la jeune fille en feu el Mejor Guion y Emily Beecham por Little Joe el galardón a Mejor Actriz. Tarantino, Malick o Bellocchio se han quedado fuera de los premios.

El cine español completa una gran participación en el Festival de Cannes. El reconocimiento a Antonio Banderas se suma a los que habían obtenido el día anterior Albert Serra y Oliver Laxe. Ambos directores fueron protagonistas del palmarés de la sección A Certain Regard (una cierta mirada), la segunda en importancia del festival. El catalán se llevó el Premio Especial del Jurado por Liberté, mientras que el gallego obtuvo el Premio del Jurado por O que arde. Tampoco hay que olvidarse del reconocimiento que se llevó el compositor Alberto Iglesias: mejor música original del Festival por Dolor y gloria.

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30 años de Isabel Coixet: su mejor película de cada década

El 13 de enero de 1989 se estrenaba en España la primera película de una joven cineasta barcelonesa de 28 años: Isabel Coixet. En este 2019, la directora y guionista vuelve con un nuevo trabajo a -algunas- salas, Elisa y Marcela. Han pasado nada menos que 30 años desde el aterrizaje con ese primer debut (Demasiado viejo para morir joven) hasta llegar a esta última producción de Netflix. Tres décadas de trabajo que han convertido a Coixet, por méritos propios, en pieza imprescindible e indiscutible del cine español contemporáneo. Hoy en Cine con Ñ hacemos una particular y corta lista para celebrar esta cifra redonda en su carrera: elegimos, de forma subjetiva, una película de la directora en cada una de estas tres décadas (los 90, los 2000 y los 10).

 

COSAS QUE NUNCA TE DIJE 

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Isabel Coixet tuvo que trabajar varios años, sobre todo en publicidad, para hacer realidad su segunda película después de haber sido nominada al Goya a la mejor dirección novel, pero no haber tenido demasiado impacto comercial. La espera acabó en 1996 cuando rodó por fin Cosas que nunca te dije, una primer gran obra que dejaría claro que ahí había una directora a la que prestar mucha atención.

Rodada en Estados Unidos y en inglés -otra tónica habitual de la filmografía de la catalana-, esta historia de duelo por desamor y nuevas oportunidades plasmó la gran sensibilidad de Coixet al contar sus historias. Lo hizo desplegando su gran arma cinematográfica y principal virtud desde entonces: la elaboración del guion. La construcción de los personajes, especialmente el de Lily Taylor, y la forma de elaborar monólogos y diálogos abrieron un espacio estimulante para esta mirada femenina sin complejos.

 

LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS 

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Los 2000 seguramente fueron la década más importante en la carrera de la directora, su verdadero despegue en la industria. Durante esos años, le llegó su primer importante reconocimiento nacional e internacional con la fantástica Mi vida sin mí (2003), una película realmente inspirada y emocionante: 2 Goyas y nominaciones a los Premios del Cine Europeo. Éxito. Pero fue con su siguiente película cuando alcanzó la verdadera madurez como directora y cerró en todo lo alto su trilogía sobre la comunicación.

Menos romántica que sus anteriores películas, La vida secreta de las palabras supone un mayor reto para Coixet porque implica encerrarse en un espacio muy concreto, con un conflicto velado y mucho más contenido que en sus anteriores propuestas. La película es sutil, silenciosa, pero avanza muy bien en la construcción del vínculo entre el personaje de Sarah Polley (la actriz/directora que mejor ha entendido a Coixet) y el de Tim Robbins. La humanidad, pese a todo el dolor acumulado, siempre es capaz de construir vínculos, nos dice Coixet.

 

LA LIBRERÍA

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Los años más recientes de Coixet como directora han estado marcados por la irregularidad, explorando el documental y aceptando más trabajos de encargo para poder sacar adelante sus proyectos más personales. En cualquier caso, y pese a algún tropiezo mayúsculo (Mi otro yo), la directora ha sabido seguir haciendo su cine en películas de interés como Ayer no termina nunca y Nadie quiere la noche. Hace dos años consiguió poner en marcha una acertada y más redonda película, que terminó por repetir el reconocimiento que le había dado La vida secreta de las palabras en los Goya: mejor película, dirección y guion (aunque esta vez adaptado).

Basada en una novela de Penelope Fitzgerald, La librería no tiene a primera vista las características señas de identidad íntimas de Coixet, más tutelada por el estilo sobrio y elegante inglés. Sin embargo, la directora es capaz de poner su propio toque a esta historia de amor a la lectura, dándole al personaje de Emily Mortimer una sugerente complejidad. Pese a algunas decisiones narrativas más cuestionables, la directora catalana construye un pack equilibrado y elegante, con una puesta en escena de alto nivel.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

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El cine español aprueba con nota en Cannes

 

Las tres películas españolas que están en el Festival de Cannes ya han pasado por el certamen. Y tanto Dolor y gloria – especialmente-, como Liberté y O Que Arde han provocado muy buenas sensaciones a la prensa, público y profesionales de todo el mundo que han podido verlas durante estos primeros compases de este gran evento cinematográfico internacional. El cine español ha convencido con un trío de propuestas en largo muy diferente, reflejo de la manera de entender el cine de sus autores. Además, todas ellas han acabado llevándose premios importantes.

El primer español en aparecer por la ciudad francesa ha sido el más famoso: Pedro Almodóvar. El director manchego es un viejo conocido en el Festival, y ahora con Dolor y gloria ha vuelto por la puerta grande. Primero, con la gran ovación que se llevó por parte de los asistentes al pase de la película en el Gran Teatro Lumiére, la sala principal del Palacio de Festivales. Los inusuales casi diez minutos de aplausos y público en pie acabó en emoción para los responsables del filme. Almodóvar la calificó como «una de las mejores noches de su vida».

Pero también la prensa especializada ha valorado muy positivamente a Dolor y gloria, lo que la ha colocado como una de las grandes favoritas para hacerse con el premio gordo: la Palma de Oro. Para empezar, el poll de críticos de una buena parte de la prensa hispanohablante la coloca como la más destacada del Festival, liderando las valoraciones de la Sección Oficial con un potente 7,7 de 10 de media entre 33 críticas. Pero es que además es la que más ha gustado de la Sección hasta el momento también a la crítica especializada internacional. Cronistas de publicaciones tan relevantes como Sight&Sound, Liberátion o Time Magazine han colocado en la cima a la historia de Salvador Malla con una media de 3,3 de 5 estrellas. La web Cannes-Ratings, que recoge polls y críticas de todo el mundo, la coloca la tercera mejor valorada de la Sección Oficial con un 8,42. Una nota con algo de trampa:está a unos décimas de las dos por encima con una media hecha entre muchas más críticas.

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La segunda película española en aparecer en Cannes ha sido la del catalán Albert Serra (La muerte de Luis XIV, Honor de Cavalleria), que lleva 15 años siendo uno de los cineastas más inusuales de nuestro cine. Mientras en España es poco conocido, Serra forma parte de ese selecto grupo de nombres europeos muy bien valorados en Cannes, donde ya ha estado en con casi todas sus anteriores películas. Ahora en la Sección ‘Una cierta mirada’ ha presentado la provocadora Liberté. Se trata de una apuesta muy alejada de los postulados del cine narrativo comercial; aquí Serra retrata un viaje de unos ilustrados expulsados de la corte de Luis XVI que se dedican al sexo al aire libre. Sin ahorrarse nada, al más puro estilo voyeur.

El cine español aprueba con nota en Cannes 9

Pese a lo arriesgado del tema y a su muy personal visión del cine, Serra ha conseguido convencer con su nueva descarnada apuesta: aunque las reacciones negativas han sido muy negativas, con notas muy bajas, la prensa que habla en español le ha dado un importante 7,5 sobre 10 de media. Y la web Cannes Ratings la coloca entre los «good new films» con una media de 7,3 sobre 10 entre más de 35 críticas.

El último director español en presentar un largometraje en Cannes ha sido el gallego Oliver Laxe. Igual que le ocurre a Serra, Laxe es un protegido del Festival: ha sido seleccionado también con sus dos largometrajes anteriores. Su nuevo trabajo, O Que Arde, también compite con el de Serra en la Sección ‘Una cierta mirada’ a través de dos personas, un pirómano y un bombero que cruzarán irremediablemente sus vidas en Galicia. La película es ya histórica: Laxe se une a Victor Erice como los dos únicos españoles en ir con sus 3 primeras películas al Festival, y se trata del primer filme rodado en gallego que se ha emitido en toda la historia del certamen. El cine español aprueba con nota en Cannes 10

 

El cineasta gallego ha sido aplaudido de forma entusiasta después del pase hoy de la película, pero además las primeras críticas y reacciones de los especialistas están siendo muy positivas. Si bien no se puede hacer una visión más completa y global del recibimiento entre la crítica, las primeras cinco críticas de la prensa de habla hispana han resultado en una media de 7,5 sobre 10. En este poll no se ha tenido en cuenta el análisis muy favorable que ha realizado sobre la película el crítico de El Mundo, Luis Martínez, calificándola como «obra irrefutable y mayor».

 

Arturo Tena (@artena_)

El increíble finde menguante: Resolviendo retos contra reloj

“No es un bucle. Es una cuenta atrás”. Este es el eslogan principal y frase insignia promocional de El increíble finde menguante. Un leitmotiv que incluso su director, Jon Mikel Caballero, en un discreto estilo ‘torrentiano’, llevaba estampado en su camiseta durante la presentación de la película en el pasado Festival de Málaga. En realidad, es una negación/aclaración que va más allá del marketing; condensa en dos partes uno de los objetivos de la película: subvertir lo visto anteriormente sobre repeticiones temporales en el cine. Y lo hace de una manera que hace de la originalidad «de género» su mérito menos importante.

El bucle, tal y como pasa en la clásica Atrapado en el tiempo, es una herramienta para contar el arco psicológico de su protagonista en esa vuelta eterna. En este caso se trata de Alba (Iria del Río), una treintañera distraída y poco comprometida que se ve obligada a revivir, una y otra vez, unos días en una casa rural con sus amigos. Caballero es hábil en no caricaturizar en exceso la personalidad de su personaje principal, pero va dejando muestras en cada conversación -y sus distintas variaciones- de las claves generacionales, socioeconómicas y personales que la atraviesan mientras va a la deriva en una repetición evasiva.

Mientras el personaje vaga sin propósito, el formato del plano se va estrechando, aumentando poco a poco los negros laterales. Caballero utiliza una estrategia formal, que funciona de principio y a fin, para explicar lo inexorable de un finde que se acorta sin necesidad de contarlo a través de los diálogos de sus personajes. Un gusto. Además, resuelve sin mucho artificio lo que va metiendo en el plano y lo que se queda fuera, jugando bien con los diferentes elementos que tiene a su disposición. A eso le sabe acompasar además una ambientación natural, llena de exteriores, y un look indie cálido y funcional.

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Es cuando se da cuenta de que se le está acabando el tiempo que Alba empieza a ver las cosas de otra manera. Así es como la película crece en complejidad y adquiere un ritmo que se estaba empezando a echar peligrosamente en falta una vez pasados los primeros compases. El clic del cambio aparece entonces por necesidad, como casi siempre. Alba tiene que encontrar una salida obligada si no quiere desaparecer; por pura supervivencia encuentra un propósito, un plan al que agarrarse. La vida vuelve a estar en el centro en esa contrarreloj. Y en esa lucha contra los segundos hay que descubrir qué vida hay que tener para que merezca ser vivida.

De la mano de una cada vez más sólida y omnipresente Iria del Río, el filme encuentra el tono que mejor le funciona una vez se va acercando el desenlace y todo es cada vez más desesperado alrededor de Alba. El montaje se acelera, pero las piezas que su director ha puesto sobre la mesa se van juntando sin demasiado atropellos sentimentales y sin implantes metafóricos. Incluso los personajes secundarios, pese a ser en ocasiones accesorios, encuentran también su desarrollo dentro de ese mismo frágil espacio-tiempo.

Debut esforzado y con carácter propio, El increíble finde menguante resuelve los diferentes retos que se va poniendo en el camino. Jon Mikel Caballero se ha metido de lleno en una estructura predefinida, ya vista, y le ha sabido dar el fondo y forma frescas que estaba buscando. Una incursión temporal en el desasosiego de los jóvenes españoles que, como hace Grant Williams al final de El increíble hombre menguante, reivindica con razón no desaparecer en la inmensidad de la cartelera.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

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