Nuevo fin de semana en taquilla para el cine español, y nuevos datos sin demasiadas alegrías. Es verdad que el estreno de Lo nunca visto el pasado viernes ha sido moderadamente positivo, manteniéndose durante toda la semana en el 7º puesto entre lo más taquillero de toda la cartelera. La comedia de Marina Seresesky ha recaudado 184.472 € según los datos de Comscore, con unos meritorios 946 € por copia. No es un éxito rotundo, pero mantiene el tipo de forma aceptable. Si aguanta una caída durante las próximas semanas, la película puede superar los 400.000 euros de recaudación al final de su vida comercial.
Sin embargo, el resultado general del cine español es discreto (632.359 € en total), y más si pensamos que el Ministerio de Cultura ha metido en la cuenta el estreno de El cuento de las comadrejas por ser una coproducción Argentina-España, aunque se trate en su esencia de una película argentina. Lo son su director, equipo y principales actores. Los buenos números de la película de Juan José Campanella -128.237 €, 1.282 € de media por pantalla- maquillan unos números finales que no terminan de compensar el desastre comercial vivido en junio.
Esta semana los datos se resienten sobre todo por el bajón de Los Japón en su tercera semana en cartel. Después de situarse por encima de los 400.000 € en sus dos primeros fines de semana, la comedia de María León y Dani Rovira se desploma con un -38% de recaudación (pese a ser la 6ª más taquillera) y llevándose 253.806 € de botín. El acumulado para la película de A3Media la coloca igualmente como la 5ª película española más taquillera del año con 2,1 millones recaudados en total, aunque parece muy difícil que pueda alcanzar a la siguiente en la lista, Perdiendo el este, que acabó con 2,9.
En cuanto a los otros estrenos del pasado viernes junto a Lo nunca visto, sólo se puede destacar por encima de lo anecdótico que La vida sin Sara Amat ha tenido un recorrido aceptable en las 22 salas donde se exhibía. La opera prima de Laura Jou ha sido la 5ª película española más vista del fin de semana con 2.468 espectadores, 16.725 € de recaudación y 760 € de media por copia. Veremos qué evolución tiene en su segunda prueba de viernes a domingo.
Hay que repasar también como le está yendo a Los días que vendrán, una de las grandes apuestas de autor de este año en el cine español. La película de Marques-Marcet se ha desinflado tras un inicio prometedor: en su tercera semana baja un 56% con respecto a los datos de la semana anterior, y se queda con 11.626 € en total y unos pobres 264 € de media por pantalla. El filme distribuido por Avalon lleva 139.695 € de acumulado, pero ya está descartado que pueda llegar a los 200.000 como se especulaba tras su buen arranque.
Esta semana sólo hay un estreno español, y con copias testimoniales. Se trata de Ojos negros, película independiente producida y distribuida por la plataforma de streaming española Filmin. El destino comercial español en salas podrá volver a tener una oportunidad seria de hacer buenos números cuando llegue Padre no hay más que uno, la nueva película de Santiago Segura, que se estrena el próximo 2 de agosto.
El entusiasmo y detalle que muestra Marina Seresesky (Buenos Aires, 1969) al hablar de actores se entiende mejor cuando conoces su trayectoria. Seresesky ha sido -y es, eso nunca se deja de ser- actriz durante buena parte de su carrera. Fue en 2010 cuando decidió darle un nuevo rumbo dirigiendo su primer corto, El cortejo, y desde entonces no ha parado en este camino. Su primer largometraje (La puerta abierta) tuvo un buen recibimiento allá por donde fue, con dos nominaciones a los Goya para sus dos actrices protagonistas (Carmen Machi y Telere Pávez) incluidas, y ahora estrena el segundo: Lo nunca visto. Con otros proyectos en camino, Marina Seresesky atiende a Cine con Ñ en su mejor momento profesional.
Desde que empezó en esto de hacer películas, no sólo las dirige sino que también las escribe en sus ideas originales. ¿Cómo fue el proceso de creación de Lo nunca visto? Una película siempre tiene muchos arranques, muchos puntos que se disparan para llegar hasta tu texto. Como guionista tienes esos elementos que, de repente, se unen y te sale la película. En Lo nunca visto en concreto, además de muchas imágenes que tenía en la cabeza, todo se junta a partir de un estudio que leí sobre la viabilidad de reubicar refugiados sirios en los pueblos de España que estaban muriendo por despoblación. Al final, lo que se veía es que ni los del pueblo querían que llegaran los refugiados ni tampoco ellos querían asentarse en unos lugares donde no había nada. Eran personas muy cualificadas que querían llegar a una ciudad para poder desarrollarse.
Esta situación a mi me despertó una contradicción: ¿Cómo puede ser que teniendo la solución tan cerca de un problema tan grande no se pueda llegar a un acuerdo? Empecé a pensar en lo que genera el miedo al otro, esos prejuicios que tenemos tan dentro. Así fue cómo empezó a crearse en mi cabeza esta idea y fue de ahí de donde nació todo lo que se puede ver ahora.
¿Por qué decidió tratar este tema desde la comedia más pura? Su anterior y primera película (La puerta abierta) no estaba en este género tan marcado. Me parecieron tema lo suficientemente importantes y serios como para hacer comedia de ellos. El género tiene esa característica de poder tratar sin problema los temas más tremendos. Es una manera de llegar al público muy accesible. Yo pensé que, en vez de hablar del drama de la inmigración y de los pueblos vacíos, era mejor tratarlo desde aquí para que la gente se pueda sentir identificada. La comedia coral, además, me encanta. Me encanta la comedia que hacía Berlanga, por ejemplo: treinta actores en escena y aportando. Con esa premisa me lancé a este género, que es muy exigente.
¿Ha sido un trabajo muy diferente en rodaje con respecto a La puerta abierta?
Ha habido grandes diferencias. En La puerta abierta eran cuatro personajes metidos en una casa. En Lo nunca visto son 30 en un espacio abierto, ahí todo cambia a nivel de planificación. Es mucho más complicado hacer comedia que drama en ese sentido: todo tiene que estar con el tempo adecuado y con el ritmo de la comedia dentro, algo que no todos los actores tienen. Ha sido mucho más exigente ahora desde ese punto de vista.
Ha mencionado a Luis García Berlanga. ¿De qué referencias o enseñanzas de la comedia española bebe Lo nunca visto?
Es que de Berlanga sale todo. De esos personajes que a veces son estereotipados, pero al mismo tiempo muy reales por su capacidad de darles muchísima vida. Además, me fijo mucho en esa gran capacidad de manejar la comedia coral que tenía. Recuerdo Plácido, por ejemplo, en la llegada de los pobres y ese pueblo que no sabe qué hacer con esos pobres. Muchos personajes cruzándose, hablando todos a la vez… ¡qué maravilla! Y ahora me he dado cuenta de lo difícil que es hacer eso: son muchas personas en escena, durante más tiempo, con lo que todo tiene que estar muy ajustado. Pero también te da la posibilidad de trabajar con grandes secundarios como hay en este país, que son bestiales. Tendrías que vivir varias vidas para poder trabajar con toda la cantidad de buenos actores españoles.
En este sentido, la actriz que la acompaña desde su primera película es Carmen Machi, y parece que lo seguirá haciendo (aparecerá también en su próximo proyecto, Las mil vidas). ¿Qué aporta ella?
Carmen aporta muchísimo. Me parece una actriz superdotada para todo; drama, comedia…La conozco bien, y eso también me permite esa confianza que me hace avanzar varias casillas cuando estoy dirigiendo porque ya sabe lo que yo quiero de ella. Se cómo llegar a ella y buscarle los matices. Es una actriz entregadísima y una compañera fantástica. En Lo nunca visto, una comedia con tanta gente, era fundamental que el timón lo llevase alguien con el poderío que tiene Carmen.
En cuanto al cine de su tierra, Argentina, ¿se fija en alguien a la hora de hacer cine?
Claro. Me encanta (Juan José) Campanella, por ejemplo. Me gusta mucho cómo lleva el humor y lo mezcla con el drama. Compone algo muy difícil de hacer. Hay una mítica película coral también, Esperando la carroza, de la que han salido muchas referencias y muchos actores que también me gustan. Disfruto mucho el humor argentino en general; es muy descarado, muy irónico. Algo de eso tengo que tener dentro.
Además de la despoblación, la película trata el sensible tema del racismo. ¿Cómo querías tratar el asunto para hacer comedia? ¿No se autocensuró?
Es verdad que ahora parece que hay que ir entre algodones con todo. Yo no tuve problemas: escribí y dirigí lo que quise. Con respecto a lo segundo, espero no haberlo hecho; es verdad que no sabes qué interiorizas. Lo quise fue reflejar cómo habla y se expresa la gente de Fuentejuela de Arriba (el pueblo ficticio del filme). No pretendo hace realismo con eso ni con cómo hablan los africanos tampoco. Yo creo que la comedia es un espejo brutal de los problemas, hecho con mucho respeto. Si a ti te parece que te ves ahí, será un problema tuyo. Por eso el cómico está ahora tan perseguido.
Los que nos dedicamos a esto (cine, teatro, literatura, arte…) no podemos ser políticamente correctos. Para eso ya están los políticos, que son los menos correctos de todos. Las instituciones y la gente que tiene que estar al mando de los sitios de poder son los que tienen que serlo, no nosotros. Estamos viviendo un momento muy tremendo en esto.
¿Qué nos puedes adelantar de tus nuevos proyectos? Se habla ya de una nueva película, Las mil vidas.
Tengo ahora mismo tres proyectos a punto, no se cuál va a salir primero. Uno es Las mil vidas, pero tengo también otras dos comedias, una película de terror y algo que puede ser una serie. Es un momento muy bueno, la verdad. Ahora que han entrado las plataformas de streaming estamos viviendo una situación interesante. Todavía faltan muchas mujeres que entren ahí, pero vamos camino de ello.
Un proyecto de terror sería un cambio importante también de registro.
Lo es, y pienso cambiar mil veces en mi carrera si me dejan. Como espectadora veo de todo: me gusta el terror, la ciencia-ficción o los superhéroes. Si disfruto viéndolo, ¿por qué no me va a apetecer hacerlo y probar? Hay que meterse en líos, que para eso estamos. En Lo nunca visto se dice que hay que salir del armario, pues esto es igual. Si tengo la posibilidad, que muchas veces no existe, hay qye aprovecharla.
Carlos Pintado Mas: Bueno amigo, hace tiempo que no hacíamos esto. Llevamos ya más de la mitad del 2019, ¿qué tal estás viendo el cine español hasta ahora?
Arturo Tena: La verdad es que tengo sensaciones muy contrapuestas con las películas españolas en estos primeros seis meses del año, querido. Por un lado, hay que celebrar con alegría el éxito nacional e internacional de Dolor y gloria (Pedro Almodóvar, 2019), que es seguramente el film-evento hecho en España más importante de los últimos tiempos. Ya el hecho de ser una de las favoritas para llevarse la Palma de Oro en Cannes es un logro, que se reconoció con el premio al Mejor Actor para Antonio Banderas al final.
C.P.M: Dolor y gloria ha funcionado también muy bien, a nivel de taquilla, en Francia e Italia, y tiene pinta de que será una de las mayores candidatas al Óscar de Mejor Película de Habla no Inglesa. Estoy de acuerdo en que es posiblemente la película española más importante de los últimos años. Por lo que es, pero también por lo que significa. Se utilizó mucho la expresión de testamento cinematográfico y esperemos que no sea la última, pero si lo fuera sin duda sería un final redondo. Tu título de hacer las paces con uno mismo encaja como un guante.
A.T: Gracias, salao. Siguiendo con Cannes, no hay que olvidarse tampoco de que las españolas Liberté (Albert Serra, 2019) y O que arde (Oliver Laxe, 2019) se llevaron galardones y fueron bien tratadas por la crítica. Estas dos películas además me vienen genial para quejarme de lo que no está funcionando en 2019. ¿Qué visibilidad tienen sus directores en España, Serra y Laxe? Sus películas anteriores tuvieron estrenos y distribuciones muy limitadas aquí; se quedaron en los círculos cinéfilos y de festival vaya. Tenemos un problema si no somos capaces de que nuestros talentos tengan presencia interna y se tengan que ir fuera.
C.P.M: Efectivamente, el modelo se está agotando. Las dos pelis de Dani Rovira (Taxi a Gibraltar y Los Japón) han tenido unos resultados discretos en comparación con otras pelis del actor malagueño, por ejemplo. Es verdad que el pelotazo del año, Lo dejo cuando quiera, sí que empieza ya a presentar rasgos distintos, siempre dentro de este sistema industrial de producción. Y mira que me pareció flojita, pero está claro que tiene un toque diferente a nivel narrativo.
A.T: Sí, a ver, yo no digo que no deba haber un cine comercial español que no sea un cruising en la Francia de Luis XIV, pero el sistema de incentivos y ayudas tienen que empezar a fijarse en este enorme espacio de desigualdad que hay entre las películas de taquilla y el cine «alternativo» que se escapa totalmente del radar y que parece condenado a la guerrilla. Estas dos velocidades no nos están beneficiando culturalmente, y ahora parece que empiezan a flaquear también a nivel comercial.
C.P.M: Estoy de acuerdo. Ya el año pasado con la entrada de Beatriz Navas al frente del ICAA se intentaron potenciar las ayudas a óperas primas, documentales, películas dirigidas por mujeres –algo que es muy urgente solucionar-, y cine experimental. Estaría bien que se siguiera esta línea y se potenciara aún más, por un motivo muy sencillo: las grandes cadenas siempre van a poder producir películas. Las ayudas no son tan decisivas en estos casos como en producciones más modestas.
A.T: Estoy de acuerdo, y que no haya incertidumbre jurídica sobre el sistema de ayudas. Ahora mismo son los que están en los márgenes los que más sufren el sistema. Si no se llega al objetivo tradicional de los 100 millones de recaudación total este año, que es lo más probable (llevamos 40 millones a estas alturas de julio), esto tiene que ser un aviso importante de que hay cosas que tienen que cambiar. Agotamiento de fórmulas cómicas y la necesidad de dar visibilidad y cauce a propuestas del cine español empujado al low-cost.
C.P.M: También creo que tendríamos que empezar a replantearnos, sobre todo desde los medios, la importancia que le damos a la taquilla. Aquí el ejemplo serían los casos de Tu hijo (Miguel Ángel Vivas, 2018) o La enfermedad del domingo (Ramón Salazar, 2018). En salas tuvieron una vida discreta, en el mejor de los casos, pero tras estrenarse en Netflix se comprobó el enorme interés que generaron y el impacto que tuvieron internacionalmente. Gran exposición en redes sociales (hasta Iker Casillas lo compartió) y rédito para sus autores, que encuentran más oportunidades de seguir trabajando al final. Y si la forma de ver cine está cambiando también tendría que hacerlo la forma en la que se mide. Aunque para esto Netflix y compañía tendrían que ser más transparentes, cosa que por desgracia no ocurre; el caso de Roma aquí es casi de película.
A.T: Las cosas de depender de las estrategias comerciales de una sola empresa privada. Por poner una nota positiva, que nos estamos poniendo muy cenizos, diría que es de apreciar la cada vez más normalizada diversidad lingüística y cultural de nuestro cine en los últimos meses. No es casualidad que películas como El hijo del acordeonista(euskera), La banda (valenciano) y Los días que vendrán (catalán) se estén estrenando en sus idiomas en todo el territorio. Es un valor más de nuestro cine que sepa recoger con tolerancia una situación normal que un distribuidor hace 20 años ni se habría planteado. Ya no hay que escuchar solo un castellano neutro, y la verdad es que se agradece.
C.P.M: Buena observación, a mí también me parece algo a celebrar. Y por seguir con las buenas noticias, pienso que estamos viendo buenos debuts. La banda que has citado antes, El increíble finde menguante, Boi, Qué te juegas (el batacazo más grande en taquilla en lo que va de año; tenía calidad y medios de difusión para haber hecho buenos números), recientemente La vida sin Sara Amat,…cada una en su estilo son buenas películas que nos presentan a gente muy válida en el cine español.
Fin de semana discreto para el cine español en taquilla. Aunque los tiempos más oscuros de junio se espantan a lomos de Los Japón(411.685 € entre el 5 y el 7 de julio), el resultado del resto de películas de producción española es poco alentador. La dependencia de la comedia de A3Media para salvar los muebles ha sido abrumadora: se lleva el 80% de la recaudación total española en estos primeros días de julio, que se queda en una caja de 514.216 €.
Es cierto que la película de María León y Dani Rovira está resistiendo bien (-36% con respecto a su fin de semana de estreno) la importante embestida de varias superproducciones norteamericanas y se mantiene en el TOP 5 general, acumulando ya 1,5 millones de euros. Se convierte así en la primera película española que llega al millón de euros desde el fin de semana del 12-14 de abril con Lo dejo cuando quiera.
Pese a este necesario soplo de aire fresco comercial con Los Japón, el resto de películas en los cines españoles que van apareciendo en los cines no están llegando al público mayoritario, que está muy entretenido con las propuestas de Disney o Sony. Los dos estrenos de la semana pasada, Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo y 522. Un gato, un chino y mi padre han pinchado en sus diferentes expectativas de venta de entradas en sus primeros días.
Con respecto a la película de animación histórica de Dibulitoon, el botín ha sido de 33.993 € y 5.352 espectadores, un resultado algo decepcionante por los 236 € de media por pantalla que ha conseguido (tiene 144). La presencia de otra película con un público objetivo parecido como Toy Story 4 puede haberla perjudicado a la hora de llegar a los niños. Aún así, en los primeros días de esta semana ha entrado en el TOP 10 durante un par de días, lo que puede hacerla subir en el próximo ránking.
La que no ha encontrado seguro su sitio ha sido 522. Un gato, un chino y mi padre, que se ha quedado en 5.047 € de recaudación y 796 espectadores. La película de Paco R. Baños llegaba a los cines con 30 pantallas, y ha pasado absolutamente desapercibida con 168 € de media por pantalla en su primer fin de semana. La propuesta del director andaluz, protagonizada por Natalia de Molina, ha debutado en el séptimo puesto de taquilla entre las películas españolas. Para entender su poco impacto, basta con ver que Dolor y gloria la ha superado estando en menos cines y llevando 16 semanas en cartel.
Los días que vendrán, la gran apuesta de cine de autor en la mesa, pierde un 46% en su segundo fin de semana pese a estar en 20 cines más. Se queda con 25.902 € y 3.876 espectadores en esos 3 días. Aunque no son malos resultados, la expectativa de llegar a 200.000 de recaudación se aleja para la película de Marqués-Marcet. En cualquier caso, el boca a boca puede hacer que, por lo menos, se acerque a esos números aguantando en cartelera.
De los nuevos estrenos de este viernes, la que más opciones tiene de causar impacto en taquilla por número de copias es Lo nunca visto, la película que escribe y dirige Marina Seresesky. Las otras tres con presencia española que llegan el viernes estarán en pocos cines. Julio se avecina con pocos estrenos españoles restantes. El 2 de agosto aterriza Padre no hay más que uno, la nueva comedia de Santiago Segura que distribuye Sony por todo el país con la esperanza de ser uno de los taquillazos del verano.
La vida en los pueblos siempre ha sido parte orgullosa del imaginario colectivo de España y, por extensión, del cine español. Era lo que había: el 49% de los españoles vivía en zonas rurales en 1950, y eso se acababa reflejando en las películas que hacíamos. La comedia ha sido desde entonces la forma más popular de retratar qué significa «ser de pueblo«; algunos de nuestros mejores directores y guionistas han buscado hacer reír -o dejarnos con la sonrisa helada- con sus costumbres, tradiciones y particularidades. Tensiones con la modernidad y el supuesto progreso incluidas.
Hoy, con el 80% de la gente viviendo en áreas urbanas, «ser de pueblo» empieza a ser una triste rareza sobre la que mirar desde tu apartamento. De este problema de la ‘España vaciada’ parte Lo nuncavisto, una nueva apuesta humorística que busca, sin demasiada suerte, moverse en los códigos de esa tradición cómica rural española. La directora y guionista Marina Seresesky se lanza así por primera vez a la comedia más pura después de su primera película (La puerta abierta), que recogía tonos más dramáticos. A la cineasta argentina el experimento le sale sin sal: esboza con gracia algunas características clásicas de la comedia coral berlanguiana para luego desactivarlas introduciéndolas en las dinámicas más flojas de la comedia regionalista de fórmula.
La trama cómica principal parte de los habitantes del pueblo ficticio de Fuentejuela de Arriba, donde no llegan al mínimo de residentes necesario para no quedarse sin servicios y ser anexionados por el pueblo vecino. Desde ahí se compone el ecosistema de sus vecinos, que, aún deteniéndose poco en él, es de lo mejor de Lo nunca visto gracias a su bien seleccionado grupo de actores. Se le notan las tablas -viene del mundo de la interpretación- a Seresesky, que destaca en la dirección de sus intérpretes que hacen de Fuentejuela una tierna comunidad. Comandados por una poderosa Carmen Machi, se aprecia un buen trabajo también en la caracterízación de los personajes secundarios de Pepón Nieto o Kiti Mánver.
El patetismo y las curiosas escenas revueltas con varios personajes se quedan en destellos ensombrecidos por el tratamiento que se hace del conflicto cómico principal: llegan cuatro personas de origen africano que podrían solucionar el problema del pueblo. Si la despoblación es el tema de situación general, para hacer verdadera comedia entra el racismo. Aunque algún gag en este contexto no desentona por irreverente, la película cae sin innovar en el humor sobre contrastes, estereotipos y diferencias culturales que tanto ha calado en España desde Ocho apellidos vascos. Las bromas desaparecen en el desagüe de lo rutinario y sólo queda una gran Machi llevando la narración principal.
Todo el embrollo de la película, además, termina resolviéndose en unos cinco minutos finales que estructuralmente se notan demasiado apresurados y que evidencian la artificialidad de la apuesta. Lo nunca visto acaba siendo, por tanto, algo que hemos visto muchas otras veces y sin especial inspiración. Aunque Seresesky crea un contexto rural hecho con el cariño que se nota que le tiene a sus personajes, queda la sensación de haberlo desaprovechado por situarse en un tipo de humor mecánico sin el ingenio de la tradición cómica en la que se inspira. El pretendido buen rollo de comedia ligera se desdibuja por agotamiento, por no salir de la línea predibujada.
El viaje a la madurez tiene etapas inevitables. El primer amor, el primer beso, las primeras decepciones. Ir conociendo personas, y también ir conociéndose. Darse cuenta de que ya no nos hacen gracias las mismas cosas e ir descubriendo nuevos intereses. Ir superando -o repitiendo- cursos en el colegio. Y entre medias, los veranos. Unos veranos desde luego mucho más extensos que los que disfrutaremos luego en la edad adulta y de los que se puede salir siendo una persona distinta a la que se era el entrar en ellos. La vida sin Sara Amat, el primer largometraje de Laura Jou, nos lleva a uno de esos veranos tan largos.
Adaptando la exitosa novela homónima de Pep Puig, ganadora del premio Sant Jordi en 2015, aterrizamos en una de esas vacaciones. Pep (Biel Rossell) está pasando unos días con su abuela. Pasa tiempo con ella, va a la piscina, se reúne con su grupo de amigos. Y en ese grupo está Sara (María Morera). A Pep le gusta Sara, eso está claro, pero tampoco sabe qué hacer al respecto. Una noche Sara desaparece y el pueblo entero empieza a buscarla. Y no la encuentran. No la encuentran porque no la podían encontrar, porque Sara se había escondido en casa de Pep, sabiendo que él guardaría el secreto para poder estar con ella.
Laura Jou confirma la buena mano como directora que anticipaba su corto de 2015 No me quites, que estuvo nominado al Goya y se hizo con tres Biznagas en el Festival de Málaga. Su primer largo es un efectivo ejercicio de nostalgia para quienes vivieron veranos como adolescentes en los 80. Pero sobre todo un cuidado retrato de lo que es la adolescencia. Esa bonita fase de tu vida de la que después te avergonzara profundamente en la que piensas que eres capaz de todo y que el mundo te pertenece siempre que sepas cómo agarrarlo. Una fase llena de inocencia, aunque en el momento no se sea consciente, y de primeras veces. El primer amor y el primer beso, y también el primer deseo. Torpemente consumado, en el mejor de los casos, pero sin duda especial.
Con un buen texto de referencia y una directora que ya demostró ser capaz de expresarse con fluidez a través de la cámara, el principal riesgo recaía en los jóvenes actores y actrices protagonistas. Pero Laura Jou sabe lo que hace. Después de quince años trabajando con actores y actrices jóvenes -con directores como Bayona, Villaronga e Iñárritu y descubriendo a grandes actrices como Anna Castillo y Laia Costa- la directora sabía cómo exprimir el potencial y encontrar la naturalidad en intérpretes adolescentes. María Morera y Biel Rossell hacen un gran trabajo en los papeles protagonistas, resultando creíbles en sus alegrías y tristezas y sosteniendo el peso de una película que podría haber hecho aguas por sus trabajos.
El gran trabajo de Gris Jordana al frente de la fotografía, captando el soleado verano de un pueblo de interior, termina de redondear la función. La vida sin Sara Amat es un debut con personalidad y muy bien ejecutado, que conecta de forma natural, nunca forzada, con nuestro pasado emocional. Una película auténtica y fresca capaz de expresar sin necesidad de estridencias. Una mirada inocente que siempre es valioso recuperar en nuestra memoria.
Partieron desde Sevilla, capitaneados por el portugués Fernando de Magallanes, con 239 tripulantes en cinco embarcaciones y el propósito de abrir una nueva ruta comercial. Regresaron a Sanlúcar de Barrameda tres años más tarde, con el vasco Juan Sebastián Elcano al mando y escasos 18 marineros en una sola nave. Hablamos de la expedición que consiguió completar, por primera vez en la historia, la cincumnavegación del globo terráqueo y de cuya partida se cumplen este verano exactamente 500 años. Y a esta fecha redonda es donde se amarra Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo. Planificado al milímetro.
El estudio responsable de esta película de animación es Dibulitoon, productora pionera en la animación española desde principios de siglo, y uno de sus fundadores, Ángel Alonso, es quien la dirige. Precisamente, si algo impacta (para bien) desde la persecución inicial a Elcano por las callejuelas de Sevilla, es la potente animación 3D de la película: visualmente depurada y muy luminosa, también resulta espectacular en las peripecias marítimas que se suceden. La cuidada factura visual junto con una trama de aventuras trepidante hará las delicias de los más pequeños, pero también conseguirá entretener a los adultos -acompañantes o no-.
En este sentido, la adaptación de los hechos históricos da buena cuenta de la intención de llegar a un público familiar y mantener un ritmo elevado. Con una función tanto didáctica como de hilo conductor, se muestra como el cronista italiano Antonio Pigafetta va redactando su diario de viaje, que a la postre se convertiría en la Relación del primer viaje alrededor del mundo, principal fuente histórica de la expedición. Aunque los principales sucesos descritos por Pigafetta se reflejan en el filme, cabe prevenir sobre la visión maniquea que se da de los portugueses que -aun asumiendo su rivalidad comercial con Castilla- son presentados como los malvados antagonistas a efectos narrativos. Así, se pueden encontrar más licencias, como el rejuvenecimiento del personaje de Elcano (el marino de Getaria rondaba ya los 40 años), aunque en su conjunto hay que alabar el enorme trabajo de documentación de los productores.
De lo que sí rehuye deliberadamente Elcano y Magallanes es del reciente debate político-historiográfico sobre la leyenda negra española: no encontramos traza de la exaltación del imperio hispánico. Como contraparte de esta huída de lo potencialmente conflictivo, cabe poner en tela de juicio la relación armónica, casi idílica, que se nos muestra entre la expedición y las poblaciones originarias con las que van entrando en contacto. Hasta tal punto que la muerte de Magallanes, acaecida en una batalla contra unos nativos de una isla cercana a Filipinas, se presenta como un conflicto instigado por…un espía al servicio de los portugueses.
Por último, hay que destacar la banda sonora que acompaña magistralmente la travesía marítima, compuesta por Joseba Beristarain y grabada por la la Orquesta Sinfónica de Euskadi, con la colaboracón del Orfeón Donostiarra y Enrike Solinís. Nada menos que 60 minutos de música repartidos en 90 minutos de metraje. La guinda la pone la canción original “Confía en el viento”, interpretada y compuesta por La Oreja de Van Gogh, con versiones en castellano, euskera e inglés, que ha obtenido una importante repercusión con su lanzamiento previo al largometraje.
En definitiva, Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo nos adentra, con una sólida animación y una canónica aventura de marinos, en una odisea que merecía la pena ser contada en la gran pantalla y sobre la que, de tratarse de Hollywood, ya contaría con una extensa filmografía. Mucho mérito el de esta producción vasca que logra que crucemos el Atlántico, atravesemos el rocoso Estrecho de Todos los Santos (hoy Estrecho de Magallanes), alcancemos las Islas Molucas y naveguemos hacia el oeste, para rodear el peligroso Cabo de las Tormentas (hoy Cabo de Buena Esperanza) y avistar los familiares puertos de Sanlúcar y Sevilla. La animación española avanza.
Arranco en quinta: Los días que vendrán es una maravilla. Si se ha dicho y redicho por todas partes desde que salió y ganó en Málaga es porque es verdad. Lo que han conseguido Carlos Marqués-Marcet y el resto en su tercera película es una obra redonda, que desborda autenticidad y madurez para pensar las relaciones de pareja, los roles de género o las frustraciones de una generación. Pero es que además -por si fuera poco- la película aporta un punto extra de calidad por su brillante reflexión acerca y a partir del tiempo, que termina por englobar todo lo anterior. De aquí sale una de las experiencias cinematográficas más interesantes que se han hecho en los últimos tiempos en España.
Detallo estas palabras vacías de aquí arriba. Los días que vendrán tiene una manera inteligente y sutil de usar el pasado y el futuro para hablar del presente. A partir de elementos reales, la película se ha construido sobre cómo eso que ya pasó o aún no sucedió se refleja y retroalimenta hoy en nuestras vidas. Así es como Marqués-Marcet, de un embarazo auténtico, consigue situarse a un nivel vital abstracto y universal, pero también dirigirse al sufrimiento concreto de vivir en la España actual. Más allá de sus grandes interpretaciones -Rodríguez Soto entra a lo grande en el cine- o sus buenos diálogos, es aquí donde está la magia y su propia razón de ser.
El futuro en Los días que vendrán es, como adelanta el propio título, una continua proyección vista desde el presente. Mirar hacia delante es el punto de partida de todo su planteamiento; el embarazo real y ficticio es, al final y al cabo, un estado en el que se planea y se piensa siempre, con la culminación y cuenta atrás del nacimiento. El filme deja claro en un inicio que su pareja protagonista se enfrenta a unos días, los de ser padres y tener un parto, que saben que llegarán y cambiarán sus vidas para siempre.
La sabida llegada de la niña se expresa muy bien a nivel cinematográfico en loscontinuos fuera de campo que se utilizan entre los dos -y no sólo-: la cámara enfoca o pone en plano sólo a uno de ellos en silencio, mirando, mientras el otro habla (normalmente de su hija). La sensación de intimidad continua de la película, feliz e infeliz, está provocada también por esta manera de rodar muy cercana pero medida del director de fotografía Alex García. En los ojos de esa persona que permanece callada, escuchando, está ese futuro que va a ocurrir. Y sobre todo está la otra cara de esa misma situación venidera que debería ser solo feliz; la de la incertidumbre.
La voz que llega pero no se ve en pantalla también transmite indeterminación, un espacio desconocido que aún está por determinar. Un miedo provocado por las condiciones materiales de vida que tienen ambos, que tendrá también importantes consecuencias. Es lo que empieza a crear grietas entre ambos; el despido laboral de Vir (María Rodríguez Soto) por su condición y la «responsabilidad» autoasumida de macho de Lluis (David Verdaguer) aceptando un trabajo que no le gusta. La precariedad se hace presente como forma dolorosa de no poder alcanzar ese futuro y empeora como consecuencia el estado emocional.
Para buscar refugio de este miedo que provoca hastío y distancia, Marqués-Marcet sitúa el pasado. Como en el caso del embarazo real Rodríguez-Verdaguer, se parte de elementos de no-ficción para construir ese contacto con el presente. La inclusión intercalada de imágenes de archivo reales de los padres de Vir en su propio proceso de embarazo y parto son un contraste enorme con lo que se vive en el presente. La felicidad de sus padres en los 80 y el aire de libertad que desprenden nos comunican con otro tiempo, en el que se vivía otra situación económica y social. El mejor ejemplo de esto son las fantásticas escenas de Vir viendo a través de la pantalla de su ordenador esas imágenes grabadas en vídeo o cuando explica cómo quiere que sea su parto, calcando entre lágrimas el de su madre. Es consuelo y fuerza de inspiración para seguir adelante en un mundo desnaturalizado. De genio.
«Tienes que dejar el mundo del cine ya, has tocado techo», bromeaba David Verdaguer con Marqués-Marcet en la rueda de prensa de presentación de la película en Málaga. Una broma en la que hay algo de verdad: Los días que vendrán es la mejor película que ha hecho el director de 10.000km hasta ahora. Es un proyecto singular, hecho sobre la marcha, en colectivo y sobre el que ha sido capaz de darle un precioso sentido apoyándose en todo lo material e inmaterial que tenía a su disposición. Una lección de dirección íntima, de encontrar un camino, que se coloca ya a estas alturas entre lo mejor del 2019 en el cine español.
Es habitual que haya un número límite, un número más allá del cual no podemos ir. Puede referirse a las horas seguidas que una persona puede pasarse trabajando, las cervezas que alguien se puede tomar antes de que se le empiece a nublar la cabeza o, muy común, la cifra del dinero que nos queda en el banco. Para George (Natalia de Molina) este número es 522. Es el número de pasos que se puede alejar de su casa.
George sufre de agorafobia, fobia a los espacios abiertos. Su día a día necesita una planificación medida para mantenerse serena. Pero un día su gato, su única compañía constante, se escapa y muere. George quiere darle una sepultura digna y se verá obligada a enfrentarse a sus miedos. Con la compañía de Alberto Jo Lee, que también tiene sus cuentas pendientes, se dirigen a Portugal, donde transcurrió la infancia de George. El viaje servirá para que ambos personajes hagan las paces con su pasado y con los abandonos sufridos, George con su padre y el chino -que en realidad es japonés- con su mujer.
Paco R. Baños, que vuelve a repetir el retrato femenino tras Ali (2012), construye una road movie agradable. A partir de unos mimbres sencillos consigue explotar con acierto el gran trabajo de Natalia de Molina, su buena química con Alberto Jo Lee y la belleza de los paisajes naturales que van encontrando en su viaje por Portugal. La agorafobia funciona como McGuffin argumental. Aunque es de celebrar la ola de normalización y visibilización de los trastornos mentales, no hay que olvidar que se trata de una película de ficción. En la vida real es mucho más recomendable acudir a especialistas que emprender un viaje a los orígenes. Pero en términos cinematográficos Baños saca partido de la milimétrica rutina que tiene que seguir el personaje de Natalia de Molina y de cómo tiene que reproducir el espacio de su habitación en la camioneta en la que viajan.
Baños, también guionista, consigue cerrar los numerosos frentes argumentales que abre. 522. Un gato, un chino y mi padre habla de la familia, la amistad y la compañía, y de cómo el pasado puede determinarnos según la relación que tengamos con él. Sin embargo, tanto al desarrollo de la historia como a la parte visual de la película le falta fuerza para ir más allá de lo agradable. El toque de feel good movie hace que se vea con facilidad, pero difícilmente conseguirá que nos acordemos de ella en un tiempo. Los numerosos primeros planos de Natalia de Molina sirven de ejemplo de este quedarse a medias: por un lado demuestran lo gran actriz que es –bien- pero la idea de meternos en su problema de agorafobia a través de ellos resulta un tanto pobre como hallazgo visual en cuanto la vemos dos o tres veces –menos bien-.
En cualquier caso, lo peor de 522. Un gato, un chino y mi padre es el título. Demasiado largo y demasiado explicativo. Cuando lo peor es que su puede decir de una película es que su título es malo tampoco se han hecho nada mal las cosas (aunque también da rabia: ¿en serio nadie tuvo alguna idea mejor?). Paco R. Baños ha levantado un film honesto y valioso en su sencillez, aunque no haya dado con la tecla para llegar más lejos. Quien sí lo ha hecho es Natalia de Molina, que se ha convertido ya en una de las mejores actrices de nuestro país.
Por fin, buenas noticias desde la taquilla para el cine español. El sólido estreno comercial de Los Japón, la última comedia de A3Media, ha sido un pequeño bálsamo para la venta de entradas de las películas españolas: 646.752 € de recaudación y 100.212 espectadores en sus primeros tres días en los cines, según los datos de Comscore. Esto ha convertido a la película protagonizada por Dani Rovira y María León en la 3ª más vista en general durante todo el fin de semana, sólo superada por Toy Story 4 y Aladdin. Los Japón se convierte así en el mejor estreno español desde abril (Lo dejo cuando quiera), con 2.040 € recaudación media por pantalla. No ha sido un exitazo, pero sí que sirve para salvar en el último momento el balance mensual de un junio que podría haber sido realmente nefasto para la industria.
El otro estreno con más copias del pasado viernes (57), Los días que vendrán, ha cumplido con unos buenos datos: 47.725 € de recaudación para unos meritorios 837 € por pantalla. La producción catalana fue la tercera estatal más taquillera de viernes a domingo. Unos números prometedores para empezar, que ya son más de la mitad de lo que consiguió en total la anterior película de Carlos Marqués-Marcet, Tierra firme (
El cine español ha cerrado el fin de semana con 803.214 € en total en el saco, dando carpetazo en un tono más positivo a un mes de junio que estaba siendo muy duro. Las comedias de laboratorio de las televisiones como Los Japón vuelven al rescate. Para este viernes, la nueva apuesta comercial española será Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo, una película de animación que igual consigue atraer al público infantil con una historia educativa y que cumple 500 años. Cerramos oficialmente la primera mitad del año con 36,2 millones de euros. El objetivo de los 100 al acabar el año, muy lejos.
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