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‘Veneno’ no gana los premios, pero gana el discurso

‘Antidisturbios’ y las actrices de ‘Patria’ fueron una dura competencia para la serie de Los Javis, pero el mensaje político y social detrás de la misma fue el que vertebró los discursos.

Veneno en los Feroz volvió a marcharse de vacío. Como en los Forqué, que este 2021 han estrenado categorías de series, o en los MiM, donde la única competencia sobre el papel era Patria, la serie de Los Javis ha raspado nada. El único galardón para sus actrices fue el Ondas ex aequo para Jedet Sánchez, Daniela Santiago e Isabel Torres, en un momento en el que no había acabado de emitirse Patria.



El resto de premios cosechados por Veneno son relevantes, pero no de los que llenan titulares de galas, y sobre todo son referidos al discurso político de la serie. Incluso el Premio Iris de la Crítica fue un ‘fuera de categoría’. Se le entregó «por visibilizar con su historia la transexualidad y ser un referente para la sociedad. Por su homenaje a la televisión de los 90, la oportunidad que ha supuesto para las actrices trans y ser un fenómeno que ha traspasado la pantalla».

Porque Veneno sí tiene premios, claro, pero restringidos al nicho de los reconocimientos LGTBI: el Premio FanCineGay 2020, la nominación a los GLAAD… si acaso se salva el Premio Filming Almería, por el reflejo de la abandonada provincia, pero es como si se hubiesen querido restringir los méritos de la serie de Atresmedia al ámbito de la reivindicación de un colectivo más allá de los méritos artísticos que pueda o no tener.

Al mismo tiempo, se puede argumentar que, simplemente, este año la competencia era muy dura. Que sin ese artefacto llamado Antidisturbios y sin las portentosas actuaciones del elenco de Patria, Veneno en los Feroz habría arrasado y Los Javis y sus actrices se habrían hartado de subir al escenario. Aunque en los MiM el premio a Mejor Serie Dramática se lo llevase La Unidad, que es una buena serie pero no es Veneno.

 

Sólo la política de Veneno en los Ferozantidisturbios

Curiosamente las tres grandes series del pasado 2020 son igual de políticas. En Veneno se hace más explícito por lo presente que está el tema de los derechos trans en el discurso público en los últimos tiempos, pero nadie duda de la intención netamente política de Patria. Y aunque Antidisturbios no haga su enfoque tan explícito, pues juega al thriller, no hace falta más que repasar las noticias del último mes para ver como la violencia policial y los problemas de fondo que se esconden tras ella están presentes en nuestro día a día.

Irónicamente, más allá de cuatro chistes sobre ETA de Soy una pringada que estuvieron más a medio camino de reírse de quienes usan a la banda constantemente aunque esté desaparecida que de verdad del conflicto vasco, ni la violencia policial ni el terrorismo aparecieron en los discursos más feroces de la gala. Las intervenciones de Paca La Piraña, Alberto Velasco y Milena Smit o el monólogo de Samantha Hudson caminaban en una sola dirección. El guión de Isa Calderón y Lucía Lijtmaer, heredero del tono de Deforme Semanal y pensado para Pilar Castro, fue una constante reivindicación feminista (como la mayoría de los galardones, con el dominio de Las niñas y muchas mujeres creadores premiadas).



Se podrá argumentar también que gran parte de los chistes presuntamente provocadores de la gala no lo eran tanto: aunque fuese por quedar bien, nadie iba a sentirse escandalizado ni atacado por nada de lo que se dije sobre el escenario, más allá de que alguna broma no tuviese gracia. En el contexto de los Feroz, antes que en cualquier otra gala de premios en España, tener un físico no normativo, ser trans, racializada o mediopensionista es «lo normal». Veneno en los Feroz no es contracultural, es mainstream.

De hecho, la facha del pobre López Lavigne admitiendo que le dan más dinero para producir porque es un señoro solo la atemperaba que menos de un minuto antes los dos señoros más señoros de varios kilómetros a la redonda, en toda su señoritud, Hovik Keuchkerian y Eduard Fernández, habían recibido un ex aequo negado a Elena Irurera y Ane Gabarain en la categoría equivalente de protagonistas de series.

 

Veneno y el futuro

Veneno, de todas las series españolas de tanto renombre que ha dado este 2020 de Dios, es al final la más internacional, venciendo incluso a las que son productos de plataforma estadounidenses, como 30 Monedas. Lo es porque su discurso es el más fácilmente internacionalizable, aunque los antidisturbios repartan leña en todos los países del mundo y el terrorismo diste de ser un monopolio vasco.

Pero también porque, pese a ser una tragedia y, por qué no, a su imperfección, la serie de Los Javis no deja de ser una celebración y suponer una apertura de miras, tanto para quienes se sienten directamente interpelados por lo que cuenta como para quienes eran ajenos a ello. Porque, probablemente, en la cultura y en la vida estamos más a gusto si pedimos más: más derechos, más personas que puedan llegar a más lugares, más ficciones, más discursos, más lugares comunes y más lugares seguros.

Me perdonarán la errejonada, pero siempre será mejor hablar en positivo que estar todo el día lamentándose de que el mundo es una mierda. Antidisturbios no ofrece soluciones, solo dudas, como los buenos thrillers, y Patria en realidad quiere vendernos una interpretación del pasado, no del futuro. Decíamos ayer que las series son la nueva gestión ficcionada del presente, la que irrumpe en los discursos vivos. De las tres grandes de 2020, Veneno es la única que, aunque hable de los 90, se ocupa del futuro, y por eso ganó la gala y ha ganado la influencia en las ficciones que vengan aunque perdiese los premios.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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