Clásicos de nuestro cine
Pedro Masó Producciones Cinematográficas: el hombre que no paró de hacer reír a España

©FlixOle. Montaje: ©Cine con Ñ
El cine, como industria, está lleno de especialistas. No solo de los que saltan por encima de una ambulancia en llamas mientras los tirotea Imanol Arias, también lo son los técnicos, los montadores, los directores de fotografía… Y luego, por otro lado, están los tipos todoterrenos. Los que empezaron de botones de la compañía cuando todavía no eran ni mayores de edad y acabaron escribiendo, dirigiendo, produciendo y lo que hiciese falta, ¿quién dijo miedo?
A Pedro Masó (Madrid, 1927-2008) se lo recuerda sobre todo por su labor como director de comedias o en series míticas como Anillos de Oro (1983) o Brigada central (1988), o como guionista que lo mismo te cofirmaba el libreto de La gran familia (1962) que el de El seductor (1995). Pero los números cantan: dirigió 16 películas y 4 series, escribió 75 guiones… y produjo 82 películas. Una labor invisible para el público que no se lee todos los créditos, pero que lo convierten en una figura clave del cine popular en la España de los 60, 70 y 80.
La plataforma del cine español por excelencia, FlixOlé, dedica ahora a Masó un homenaje poco habitual: una gran colección de lo mejor que produjo. Su escalada es de esas de self-made-man propias del desarrollismo de los 50 y 60: primero botones —lo del primer párrafo no era broma— siendo un niño en Estudios Chamartín, luego ayudante de producción con 20 años —o lo que era lo mismo en ese momento, de “niño-ve-por”— y finalmente guionista y jefe de producción.
Pedro Masó y sus grandes éxitos
Entre 1956 y 1958 Pedro Masó firma o coescribe en tres grandes éxitos de público y un poco menos de crítica: Manolo, guardia urbano (1956), de Rafael J. Salvia; Los ángeles del volante (1957), de Ignacio F. Iquino, y Las chicas de la Cruz Roja (1958), de nuevo con Salvia. Junto a este último desarrolla su carrera por aquella época, manufacturando guiones comerciales a cuatro manos y demostrando un sexto sentido para llenar las salas con las preocupaciones del público del momento.
El salto llega en 1962, cuando crea Pedro Masó Producciones Cinematográficas y se convierte en su propio jefe. Ahí comienza una carrera que llegaría hasta 2003 y culminaría en 2006 con el Goya de Honor, uno que recogió como un reconocimiento general a aquel cine comercial de la Transición, que supo reflejar los cambios sociales desde la comedia.
No era para menos. Ese mismo 1962 la empresa nace con dos clásicos hoy reverenciados: La gran familia, de Fernando Palacios, y Atraco a las tres, de José María Forqué. Tan ligados a la carrera de Masó quedarían ambos que fueron los títulos con los que se despidió de sus diferentes facetas de cineasta. La familia… 30 años después, película para televisión de 1999, fue el último título en la que se puso detrás de la cámara. Y Atraco a las tres… y media, el remake de Raúl Marchand, el último en el que ejerció de productor ejecutivo.
Un hombre de industria
Pero quedarse solo con los grandes éxitos, aunque explica bien la relevancia de Masó, no hace justicia a su papel en la creación de industria. Sus comienzos habían sido en el cine español de los 50, todavía sufriendo las apreturas de la posguerra y la autarquía y muy atado en corto por la censura. Pero en los 60 fue uno de los profesionales que trabajó por crear una industria fuerte propia, basada en la comedia y en un star system propio, así como en un humor cercano siempre al costumbrismo que reflejase el devenir de la sociedad.
Podríamos decir que La gran familia ya tenía algunos de esos elementos, pero Masó en lo que fue pionero es en el llamado Destape, en un tipo de película que, desde su popularidad extrema, estaba recogiendo los cambios en una España que intentaba quitarse el corsé franquista. Así llegaría su primera cinta como director, por supuesto producida por él mismo, la coral Las Ibéricas FC (1971), cuyo humor probablemente haya envejecido mal, pero que presentaba el protagonismo, chocante para entonces, de un equipo de fútbol femenino.
Por cierto que en aquella aparecería en un papel secundario Fernando Fernán Gómez, al que justo un año antes había producido Crimen imperfecto (1970). También trabajaría con nombres como Antonio Mercero, en El tesoro (1990), o Ana Diosdado, con la cual cocreó las series Anillos de Oro (1983) y Segunda Enseñanza (1986). En esta última le dio sus primeros papeles a dos por entonces jóvenes promesas cuyos nombres quizás les suenen: Javier Bardem y Aitana Sánchez-Gijón.
El director fetiche de Masó fue Pedro Lazaga, otro currante con muchos kilómetros, al que llego a producir más de una veintena de películas, desde las descacharrantes comedias de Paco Martínez Soria perdido en la gran ciudad (La ciudad no es para mí) o Gracita Morales a los mandos de un Citroën (Sor Citroën) a otras más inclasificables como El abominable hombre de la Costa del Sol (1970).
La de Pedro Masó fue una trayectoria de las que demuestran la necesidad de una industria fuerte, una de esas de estajanovista del celuloide que no tuvo miedo a adaptarse a los gustos del público según estos iban variando. Desde José María Forqué (Un millón en la basura, 091. Policía al habla) hasta Lina Morgan (Hermana, ¿pero qué has hecho), no hubo un gran nombre de la comedia que no trabajase con él durante más de 50 años.

Su legado, a casi 20 años de su muerte en 2006, es el de la risa desde lo cotidiano y lo reconocible, el del diálogo popular, ese que lo hizo destacar cuando pasó de hacer los recados a escribir los guiones.
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Jose A. Cano
