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Las Ibéricas FC: Sí, esto también pasó

La de Pedro Masó, una de las primeras películas de lo que se llamó el Destape, resulta inasumible por el público actual y habla de otro país y otro cine

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En el primer cuarto de hora de Las Ibéricas FC una de las futbolistas le explica a una amiga que no quiere decirle a su novio que es deportista profesional por si se enfada y le pega. La amiga le pregunta por qué sigue con él. Ella responde que porque en el fondo le gusta que le atice. Y que ya encontrará la susodicha al que le pegue como le tiene que pegar y se enamorará.

Voy a intentar tomarme a broma esta película a partir de aquí, decidan ustedes si quieren seguir. Les adelanto que esa preciosa historia de amor acaba en boda.

Las Ibéricas FC fue, a su manera, un hito del cine español. No hay hitos solo para bien en esta vida. Es una de las películas que ya apuntan al futuro Destape, aunque esto es 1971, Paco Rana aún coleaba y no se ve nada, solo ropa considerada atrevida para la época. Tiene un reparto espectacular pero porque en esta vida hay que comer, no porque estuviesen en los papeles de sus vidas. Y aunque a veces cueste, bueno, hay que admitir que esto también pasó y que venimos de ahí.

Inclusividad y tiempo libre

Las Ibéricas FC es un equipo de fútbol femenino que, aunque no se explique mucho, lo crean por motivos de patrocinio el propietario de un concesionario de coches y una modista de alto copete. Cada una de las jugadoras vivirá sus propios problemas personales y sentimentales por unirse al equipo mientras conviven con un masajista sobón y uno árbitros caseros.

Partamos de la base de que esta película es inasumible hoy en día. No tanto por el argumento, que cosas peores se han visto, tal que Que baje Dios y lo vea. Es más por los subargumentos, además del tono general de aquello que se acabó llamando ‘la españolada’. Aunque lo primero es aclarar que ya fue percibida como un truño como un puño en su momento.

A Franco le quedaban dos telediarios, casi literalmente. Por ejemplo, con la Ley de Prensa de 1966, la llamada ‘Ley Fraga’, se había empezado a abrir tímidamente la mano, aunque sin colarse. El turismo llevaba 10 años inundando las playas patrias a golpe de bikini y se empezaba a permitir cierta «modernización».

Esto es, de hablar de política nada, que aún no se había pactado la Transición, pero se permitían falditas cortas y algún escote. Y es que después de 35 años de represión catolicona que hasta a los Papas de la época les parecía rancia, si dejabas carne a la vista igual la gente se relajaba un poco y no montaba tanta huelga.

Teoría queer aplicada al deporte

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«¡Abrazafarolas! ¡Te coge Vero Boquete y te hace un ídem!»

Para que nos hagamos una idea, una de las protagonistas es la actriz argentina Rosanna Yanni, que interpreta a Chelo, la delantera centro del equipo. Es la jugadora de más calidad y mete goles como churros, así que empieza a tener episodios en los que se visualiza a sí misma como jugadores de la época -con insertos torpísimos de partidos reales-. «Por tanto» empieza a «convertirse» en un hombre.

Quietor. No se indignen todavía ni me monten un pollo de radfems vs terfs, que solo estamos describiendo el argumento y aún no hemos dicho como se visualiza la «masculinización» de Chelo: empieza a beber coñac y fumar puros. Dice que hasta se afeita. Así que un amigo médico le recomienda a un prestigioso psicólogo. Del cuál, por supuesto, se enamora.

¿Cómo le cura él ese avenate hombruno? Le echa perfume Chanel y le da cigarrillos con boquilla. En el momento que ella asume su identidad femenina -al encontrar un maromo que la complemente y la lleve al altar- empieza a jugar mal y fallar ocasiones de gol clarísimas. Pilar Primo de Rivera debió soltar lagrimones como pollos de granja si llegó a contemplar dicha secuencia.

Bueno, y lo de los dos espectadores homosexuales con más pluma que una granja de pavos reales que sueltan ratones para asustar a las jugadoras y que vuelvan los hombretones a los que ellos están acostumbrados, eso ya no tiene ni nombre.

Nuevas masculinidades

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«¿Qué os pensáis, chavalada, que el barco de Chanquete se pagó solo?»

El mismísimo José Sacristán aparece como el masajista Bonilla, prototipo del españolito medio más salido que el pico de una plancha de la comedia de la época. Cuando descubre que va a dar masajes a un equipo femenino compuesto por supermodelos, la frase de guerra del interfecto será «¡Morao, Bonilla! ¡Te vas a poner morao!» (sic).

Bonilla, entre los varones jóvenes del festorro, es de los más deconstruidos, para que se hagan ustedes una idea. Hay dos obreros Pepe Gotera&Otilio style tratando de abrir un agujero que dé a los vestuarios para ver a las señoritas cambiarse de ropa y un jefe de sucursal bancaria que le da el traslado al marido de una jugadora para que se quede sola y poder acosarla a gusto -esto en tono de broma-.

Eso aparte del fotógrafo macho ibérico -patillacas, pelo patrás, primer botón de la camisa abierto- que interpreta Máximo Valverde, una especie de parodia de los papeles de galán de origen humilde que hacía en la época, que tiene divertidas discusiones con su prometida que acaban, como comentábamos al principio, en un simpático intercambio de guantazos donde él da y ella recibe.

Por ahí andaba también Don Antonio Ferrandis, al que todavía le quedaba más de una década para convertirse en el entrañable Chanquete. Interpreta una de sus especialidades en los 70: el viejo verde. No llega a los niveles de baboso de otros personajes, pero se pasa la vida recordándole a su hijo que están todas buenísimas y que se ligue a alguna. El muchacho, tímido y formal, acabará de novio, pero en plan bien, de Tina Sainz, aquí condenada a un papel secundario aunque es la única a la que enfocan de cuerpo entero cuando tiene que patear la pelota.

Picapedreros del cine español, uníos

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Sí, don Fernando Fernán-Gómez también. Hace de marido celoso tarado.

Dirigió Pedro Masó, más conocido en su carrera por ser el director de las televisivas Anillos de oro y Brigada Central, en el que fue su debut tras la cámara. Sí, podríamos decir que Las Ibéricas FC es una ópera prima. No se extrañen, que no todas pueden ser Tesis o El hoyo. Y por otro lado, era más un encargo industrial, en pleno auge de la comedia popular de la época, que ninguna clase de empeño autoral.

Si se repasa la filmografía de Masó, lo del zoom-busca-muslos es apenas una anécdota que aparece en los títulos de sus comienzos. Más bien nos encontramos con un profesional que se adaptó a la necesidad de los diferentes encargos que daba la coyuntura y que supo readaptarse para la televisión en los 80. Sería en la pantalla pequeña cuando llegó su momento, haciendo equipo con Ana Diosdado en producciones cuya visión de la mujer y de las relaciones estaba muy lejos de la vista aquí y que incluso fueron consideradas revolucionarias para el momento.

Aquí coescribió junto a Antonio Vich, un eficiente picapedrero de la industria del cine patrio que firmó a lo largo de su carrera todo tipo de películas, desde despropósitos sin pretensiones como este que nos ocupa apenas rescatables por Cine de Barrio en una mala tarde hasta comedias de más enjundia e interés tanto cinematográfico como histórico del tipo La familia… y uno más o Los chicos del preu.

La escena final de Las Ibéricas FC es una boda sextúple en la Catedral de Almudena de Madrid -entonces aún en obras- que culmina con las novias y protagonistas de la magna cinta haciendo alarde de su dominio del esférico frente al Palacio Real. Antes de terminar, les dejo aquí un análisis que recoge las críticas (más que positivas) del momento y el contexto del nacimiento del fútbol femenino real, cuyos primeros partidos oficiales registrados son de unos meses antes del rodaje de Las Ibéricas FC.

Porque recuerden. Mucho Víctor Erice, mucho Almodóvar, que si Pilar Miró, que si tal y que si cual. Pero esto pasó. Vaya que si pasó. Y venimos todos de aquí. El director de Anillos de oro y Brigada Central, ustedes, yo y hasta el mismísimo don José Sacristán que está a puntito de recoger por fin su Goya de Honor.

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