Atención, spoilers de la Temporada 4 y del documental La casa de papel: El Fenómeno.
Las dos primeras entregas de La casa de papel presentaban una conclusión muy en la línea de la ficción de los últimos 20 años y que recogía el espíritu del desencanto post15M: la única forma de huir de este sistema que nos deshumaniza es la salvación individual comprando la propia libertad. Jugar según las reglas no lleva a nada. El nihilismo de Berlín pero sin psicopatía.
El discurso de El Profesor a la Inspectora en el que comparaba el golpe a la Fábrica de Moneda y Timbre con las inyecciones de liquidez del BCE en la crisis del euro resultaba hipócrita. Poco tenía de Robin Hood: no iba a hacer justicia social, se lo iba a quedar. Y ella le hace caso no por convicción ideológica sino porque tiene la madre de todos los encoñamientos.
Pero las temporadas 3 y 4 han llegado después de que la serie se convirtiese en un éxito mundial, de mucho Bella Ciao y de que la máscara de Dalí sustituya a la del Guy Fawkes de V de Vendetta en protestas de medio mundo. Además del #MeToo. Así que la redención que ahora nos proponen sigue sin ser colectiva por la vía de un cambio de sistema –es decir, una revolución propiamente dicha– pero ya no es individual y nihilista, sino en familia y diversa. El dinero queda como una excusa, una forma de dañar al sistema más que un fin en sí mismo.
El Profesor es ahora, aparte de Sherlock con libido o Xavier con pelazo, un Conde de Montecristo que se venga por todos nosotros volviendo las armas de los poderosos contra ellos mismos. Este giro es fundamental y denota que los creadores han afilado el discurso ideológico y comprendido perfectamente por qué funciona. En parte porque estamos cabreados y no sabemos ni contra quién. Pero también porque lo que necesitamos de verdad es que nos quieran.
Del amor y otros demonios
Contemplen la revolución. Esta serie POP loca, de violencia desatada y momentos de una iconicidad ideológica maravillosa, que homenajea lo mismo a John Woo que a Berlanga y dispara con lanzagranadas a lecheras de los antidisturbios, ha decidido que solo quiere hablar de amor. En casi todas sus formas, unas más tópicas y otras más inesperadas, pero siempre retratadas con ternura.
Al final a nivel del argumento las temporadas 3 y 4 de La casa de papel han pivotado sobre la idea de que el plan de atracar el Banco de España es de Berlín y no del Profesor, y por tanto es un plan loco y kamikaze. El proceso que hemos visto es como El Profesor, más cerebral que su difunto hermano, hace suyo el planteamiento. Como Xavier en los X-Men, aunque aquí vengamos porque nos emocionan sus pupilos, el protagonista es él y de él depende el tono de lo que se nos cuenta. Eso se nos deja muy claro cuando le dice a Nairobi que no es una persona que se desvincule fácilmente.
Dos momentos clave en este discurso sobre el amor y los cuidados. El capítulo 4×03, cuando tanto Río y Tokyo como Estocolmo y Denver acaban de romper y los dos segundos observan en la distancia a los dos primeros conversar. Río está por primera vez verbalizando las torturas sufridas en Argelia, pero Tokyo y Denver, que no pueden escucharlo, se dedican a burlarse cruelmente de los tics de sus parejas debido al dolor reciente del abandono.
Es un discurso sobre la empatía o falta de ella y la dificultad de expresar el dolor de manera funcional que difícilmente encontraremos en otra serie de este formato. Y se redime, tras la muerte de Nairobi, cuando Río, que ha sido el Upham de Salvar al soldado Ryan, sufre un ataque de ansiedad en el ascensor y Denver vuelve a ser el macarra tierno de la primera temporada, con tres de los personajes fundiéndose en un abrazo que logra la iconicidad.
Del 15M a Vox
En el primer borrador del guión de La casa de papelcada miembro de la banda iba a representar a un colectivo afectado por la crisis de 2008. El único personaje que sobrevivió impoluto a la criba que los convirtió en lo que son ahora fue Moscú, que venía ayudado por la cara de Paco Tous para tener credibilidad, además de detalles del origen y las motivaciones de Nairobi.
Ahora Arturo, Arturito, retrata al proverbial angry white man trumpista, que sin ser consciente de la cantidad de privilegio que acumula quiere presentarse como víctima del sistema y rebelde con causa. El personaje ha pasado de patético cantamañanas a asqueroso violador. Tiene su momento cumbre cuando se presenta como la verdadera resistencia, sacado directamente de los mítines de Vox, después de ser rechazado como aliado por el gobernador del Banco de España y acusándolo de elitista.
Que se convierta en el padre de todos los cuñados desideologizados no es un detalle accesorio, es la certificación de que quienes escriben esta serie saben que en las dos primeras temporadas rozaron la antipolítica. La idea de que “todos son iguales” y que es legítimo ser unos animales de bellota. Y no, por ahí no iba la cosa.
POP de derribo
Paladeemos este momento. Una serie de televisión española nacida en Antena 3 y que ahora ven millones de personas en todo el mundo en Netflix nos ha mostrado al CNI torturando a un detenido en un búnker en Argelia y a un coronel ordenando ejecuciones que constarán como defensa propia y ofreciéndole “un juez que tengamos controlado” a una oficial de menor rango por comerse ella el marrón. Son situaciones que no están sacadas de copiar la ficción foránea, sino de las noticias.
Además, y por segunda vez, en La casa de papel se nos presenta la conclusión de que para un policía honrado la única opción sensata es ayudar a los ladrones. ¿Y no es gozoso el momento en el que los mineros asturianos abren un agujero para rescatar a una expolicía detenida ilegalmente de la mismísima Audiencia Nacional?
Nairobi puta ama
Recuerden que aunque estemos pensando en curvas de contagio y bulos de Whatsappesta temporada se ha estrenado a dos días de comenzar la Semana Santa. Y una de las protagonistas muere con los brazos en cruz, tras recibir estigmas en las manos, la frente y el costado. Su entierro llega en el penúltimo capítulo y es recibido en silencio por la multitud. Y su desaparición es el catalizador que permite al resto de personajes encontrar el perdón. De hecho, en la última escena de la serie se conjuran gritando su nombre en un nuevo lema que cualquier día escucharán ustedes desde el balcón del vecino.
Ya sabíamos que Alba Flores es Dios, lo único que han hecho es certificarlo. La serie sabe que sus personajes y sus actores son icónicos y lo disfruta con nosotros, se gusta, nos propone una comunión como público que no puede alcanzar cualquier producto. Berlín es James Bond, Thomas Crown y el Magneto de Michael Fassbender –claro, su contraparte es El Profesor– cuando visita el Banco de España. Hasta se pegan el gustazo de ponerlo a cantar Ti amo de Umberto Tozzi con un coro de monjes.
Regresando a Nairobi, su discurso final de ánimo, que arranca con un “sois obreros” y acaba con una referencia clarísima al #MeToo es ya historia de la televisión española.
Esperando al matriarcado
Pero vamos a admitir una cosa.La casa de papel quiere ser feminista, y eso está bien, pero no le acaba de salir del todo. Algo tan básico como el Test de Bedchel la temporada lo pasa rozando por la escuadra: casi siempre que dos mujeres se quedan a solas, hablan de algo que tiene que ver con un hombre. Mención aparte a que los arcos de todas las protagonistas excepto Tokyo consisten en reconciliarse con sus roles de madre y mujer enamorada.
Incluso el duelo tan icónico y gozoso entre Lisboa y la Inspectora Sierra –es decir, Murillo contra una versión amoral de sí misma– acaba derivando en lanzarse pullas sobre sus maridos o amantes. Que en la misma estén algunos de los mejores diálogos de la temporada no lo hace menos cierto. De hecho, hace que duela más.
En ocho episodios la única protagonista que no es atada y torturada es Estocolmo, que bastante tuvo ya en las dos primeras entregas y por algo se llama como se llama. Y su rol es de cuidadora durante casi toda la temporada, hasta que en los últimos dos capítulos se desata.
Adiós a Berlín
Sin embargo, lo que ha retratado como ninguna otra serie española La casa de papel es la masculinidad tóxica, encarnada en Berlín, en Palermo, en el mencionado Arturito y, sobre todo, en Gandía, el villano ultraviolento que se enfada porque se rían de él las mujeres.
En el 4×02 Berlín nos dice que la traición es inherente al amor. En ese capítulo Lisboa está en la carpa enfrentada a Sierra y al dilema entre el amor por su hija y la lealtad a su pareja. En el 4×08, cuando la rescata, El Profesor lo hace usando la verdad como arma y subraya: “es la base de toda relación de confianza, y esto es así”.
El personaje, que siempre es más listo que cualquiera de nosotros y a verlo ser así hemos venido, acaba alimentando su intelecto con una rabia que nace del amor y del dolor. Se ha expuesto y ha sufrido, pero al contrario que Berlín o Palermo, no se entrega a esta ira, sino que la convierte en lucidez. Cuando reconcilia lo mejor de su naturaleza con todo lo útil que le ha dejado su hermano muerto es cuando convierte el plan en propio y consigue volver a controlar la situación.
Siempre nos quedará París
Han pasado cuatro temporadas de La casa de papel, y los espectadores nos asomamos a la quinta desde la cuarentena y el miedo colectivo. La serie arrancó diseñándose para reflejar el espíritu del 15M y su cliffhanger recoge el del #MeToo con una paliza a un John McLaine de baratillo y el propósito explícito de los personajes de salvarse como familia diversa y disfuncional.
Lo dice Denver, como si viese la pandemia en nuestro futuro: “No sé muy bien lo que me está pasando. Aquí pasan cosas que uno piensa que es imposible que pasen. Y pasan”. También Nairobi, en flashback, avisa a Tokyo: de huir aisladas y cada una a nuestra isla nada, hay que verse más. Hay que estar todas juntas.
Quedan, mínimo, dos entregas más que se escribirán y rodarán cuando nos estemos recuperando de la actual crisis. Esa que, como señaló Santiago Alba Rico, nos está pasando a todos a la vez. ¿Cómo habremos evolucionado y cómo lo reflejará La casa de papel? ¿Seremos mejores público y serie de nuevo? ¿El mundo se acabará y nosotros nos enamoraremos?
En un mercado de plataformas cada vez más amplio, llegó a finales de 2017 FlixOlé, un “Netflix español” que ofrece el catálogo más numeroso dedicado a nuestro cine. Enrique Cerezo, dueño de gran parte de los derechos del cine español producido antes del cambio de siglo, decidió colgar en la red su catálogo para añadir una opción más al pujante mercado de plataformas y para digitalizar y proteger su ingente archivo (alrededor de unas 7.000 películas, que se irán subiendo según se vayan restaurando).
Aunque también encontramos títulos internacionales, principalmente cine italiano y producciones de la RKO, el protagonismo lo tiene el cine español. Y especialmente, y aquí es donde FlixOlé marca la diferencia respecto al resto de plataformas, el cine español clásico. Berlanga, Buñuel, Bardem,…no hay cineasta importante de la historia de nuestro cine de quien no podamos encontrar un buen puñado de películas. Algo que también ocurre con el cine producido de la Transición en adelante, con clásicos modernos como Los santos inocentes o La lengua de las mariposas. Recomendamos cinco películas, que bien podrían ser muchas más u otras, que ver en el extenso catálogo del “Netflix español”.
LA CALLE SIN SOL (RAFAEL GIL, 1948)
Rafael Gil es uno de los directores más inabarcables del cine español, con una carrera que desarrolló a lo largo de cinco décadas en las que dirigió 68 películas, muchas de ellas enmarcadas en el cine religioso e histórico (algo que seguramente explique el escaso interés y el amplio desconocimiento que hay de su trabajo en la actualidad). En La calle sin sol encontramos una historia que sigue la llegada de un prófugo de la justicia a una pensión del barrio chino de Barcelona, donde se enamorará de la sobrina del dueño. Una intriga con romance añadido bien rodada y ejecutada –marca de la casa del director- y que tiene además una mirada realista sobre las zonas deprimidas de la ciudad. Una buena muestra de cine español clásico de uno de sus máximos exponentes, alejada de la propaganda que a veces intuitivamente tendemos a asociar a esa época.
Pulsa aquí para ver online la película La calle sin sol.
NUNCA PASA NADA (JUAN ANTONIO BARDEM, 1962)
A pesar de que la censura nunca le permitió trabajar con libertad, el comunista Juan Antonio Bardem es uno de los directores fundamentales de nuestro cine. Películas como Cómicos, Muerte de un ciclista, La venganza –primera película española en competir por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, pese a los importantes cambios que le impuso la censura- o Calle mayor son imprescindibles. Nunca pasa nada presenta similitudes con esta última en su retrato de una vida cotidiana asfixiante dentro de un pueblo de provincias. La llegada de una vedette francesa –interpretada por Corinne Marchand, la protagonista de Cleo de 5 a 7 de Agnès Varda- revoluciona, entre la curiosidad y los cuchicheos moralizantes, la monótona vida del pueblo. Combinando planos secuencia con primeros planos y aprovechando a la perfección la banda sonora de Georges Delerue Bardem traza un triste pero a la vez bello cuadro del tedio y la desesperanza, de un mundo en el que lo más eficaz termina por ser prohibirse las ilusiones y la esperanza.
Tienes Nunca pasa nadaaquí, online el Netflix español.
GARY COOPER QUE ESTÁS EN LOS CIELOS (PILAR MIRÓ, 1981)
Pilar Miró fue una de las cineastas más importantes de la historia del cine español, como directora con películas como El crimen de Cuenca y sus problemas con la censura militar, Elperro del hortelano o la que nos ocupa, Gary Cooper que estás en los cielos, –todas ellas en la plataforma- y después como ministra de cultura y figura importante para la evolución de nuestro cine con la conocida Ley Miró (sus resultados pueden ser discutibles pero en cualquier caso marcó un antes y un después). En Gary Cooper que estás en los cielos encontramos una obra personal con muchas referencias autobiográficas, desde los problemas de salud hasta las dificultades laborales de la mujer a principios de los 80 pasando por un absoluto amor al cine y dedicación a su trabajo (la protagonista es directora de piezas de televisión). Un drama clásico y contenido protagonizado por una gran Mercedes Sampietro que nos presenta la visión del cine y de la vida de una directora importante como fue Pilar Miró.
Puedes ver la película en Flixolé desde este enlace.
NADA EN LA NEVERA (ÁLVARO FERNÁNDEZ ARMERO, 1998)En primera línea estos últimos meses después del estreno de uno de los taquillazos del año pasado –Si yo fuera rico– y de la nueva temporada de una de las mejores series que ha dado la ficción televisiva española –Vergüenza-, resulta interesante acercarse a las primeras comedias de Álvaro Fernández Armero. Desenfadas, enérgicas, con rápidos e inspirados diálogos de personajes inocentes y a veces incluso ingenuos, y con intérpretes que luego tendrían carreras exitosas (Penélope Cruz, Ariadna Gil, Jordi Mollá,…) y la presencia habitual de Coque Malla, que ya participó en su primer y exitoso corto El columpio. Nada en la nevera sigue esta línea de película sencilla y ágil, añadiendo además un interesante juego de puntos de vista. Una entrañable y divertida comedia romántica con un gran trabajo de María Esteve, que fue nominada al Goya a mejor actriz revelación.
EL FACTOR PILGRIM (ALBERTO RODRÍGUEZ Y SANTI AMODEO, 2000)
Mucho se habla de cómo el cine español se sobrepone a base de talento e ingenio a la escasez de medios y difícilmente se puede citar un ejemplo más claro y extremo que El factor Pilgrim. Alberto Rodríguez y Santi Amodeo debutaron en el largometraje con este proyecto autofinanciado ambientado en Londres, en el que un divertido Alex O’Dogherty, junto a unos amigos a cada cual más excéntrico, se ve envuelto en un extraño negocio con un misterio sobre los Beatles de fondo. Una película fresca y dinámica con toques de comedia absurda que se apoya principalmente en un sólido y divertido guion y un gran sentido del ritmo. El factor Pilgrim es una pequeña película levantada a base de talento y esfuerzo que anticipaba lo que Rodríguez y Amodeo podían hacer con más medios, como efectivamente han hecho después, ya en solitario.
Los dos principales creadores de la saga [REC], Paco Plaza y Jaume Balagueró, ya tienen nuevos proyectos entre manos. Cada uno por separado. En los últimos días hemos conocido que los dos directores se encargarán de adaptaciones que se convertirán en dos series diferentes. Por un lado, Plaza se unirá a su productor habitual, Enrique Lavigne, para llevar a una serie la novela gráfica de terror española Roman Ritual, de El Torres. Por su parte, Balagueró se encargará de transformar su primera película, Los sin nombre, en un formato serializado junto a Pau Freixas (Sé quién eres, Pulseras rojas).
Imagen de ‘Roman Ritual’, de El Torres, Jaime Martínez y Sandra Molina
Variety anunciaba el miércoles una noticia bomba para los aficionados al terror. La publicación norteamericana aseguraba (algo que ya han confirmado sus responsables) que Plaza dirigirá y escribirá la adaptación en serie de la novela gráfica de 2016 Roman Ritual. Uno de los directores de la saga más célebre del terror español adaptando uno de los hits del género en novela de los últimos años. La productora El Estudio, que promete agitar el mercado iberoamericano, se encargará de hacer realidad este proyecto a través de una de sus principales cabezas, Enrique Lavigne, que ya había trabajado con Plaza en Verónica (2017).
Mientras aún no se ha terminado de rodar su última película, La abuela, por culpa de la crisis del coronavirus, ya se conoce que Plaza se dedicará después a esta historia. Roman Rituals es una idea (que dibujó Jaime Martínez y coloreó de Sandra Molina) del conocido guionista El Torres que se publicó en 2016. La novela cuenta la historia de cómo el Papa es poseído por el demonio, y cómo se producen los intentos por recuperarlo y sustituirle dentro del Vaticano. Terror en la Santa Sede.
Tristán Ulloa en ‘Los sin nombre’ (1999), de Jaume Balagueró
Por su parte, Jaume Balagueró volverá a lo que fue su ópera prima: Los sin nombre (1999). Como también apuntó Variey esta semana, Balagueró transformará en capítulos aquella historia que ya era una adaptación de una novela de Ramsey Campbell. La productora que la llevará a cabo es la misma que puso en marcha la película: Filmax. Esta vez bajo el mando de Arca Audiovisual, su filial televisiva. Todo está confirmado a través del director, productor y guionista Pau Freixas, que es la otra gran cabeza detrás del proyecto, conocido por su trabajo en otras series como el drama Pulseras rojas y el thriller Sé quien eres.
Precisamente los otros dos guionistas de Sé quien eres junto a Freixas (Pol Cortecans e Iván Mercadé) se están encargando de escribir el libreto de esta nueva serie, que aún no se ha dicho qué compañía distribuirá. Balagueró vuelve a una historia muy extensa y con distintas potencias líneas a explorar a partir de la novela y la obra con la que empezó a darse a conocer en el cine español. La trama de Los sin nombre (la película) se centra en el rapto de una niña por un grupo de gente tenebroso y su posterior investigación. Este es el «punto de partida» sobre el que quieren seguir investigando, aseguró Freixas a Variety.
«Hay un hombre en España que lo hace todo». Eso nos dice el inicio de la canción ‘Hay un hombre en España’ del desaparecido grupo Astrud, que es la encargada de arrancar -y terminar- el interesante documental El hombre que diseñó España. La canción, publicada en 2004, podría pasar perfectamente como banda sonora original de la película de Andrea G. Bermejo y Miguel Larraya por lo bien que combina con su título. Un nombre cinéfilo que podría quedarse en uno llamativo y ben trovato, pero es que además resulta ser cierto: define en cinco palabras la carrera de ese hombre que lo ha hecho todo, José María Cruz Novillo.
Hablar de una persona que ha marcado la imagen de un país es una buena excusa para hablar del país marcado en cuestión. Eso es lo que hace especialmente valioso este documental: a través de la vida y el trabajo del diseñador se hace un repaso de una cara poco explorada de la historia de España como es la icónica. Esta película no se queda en la reivindicación de una figura desconocida al gran público o en una curiosidad para estudiantes de diseño, sino que es capaz de, siguiendo una carrera en particular, contarnos la políedrica y manoseada Transición desde otro punto de vista.
Los mejores tramos de El hombre que diseñó España son los que integran la historia de Cruz Novillo con la de un Estado que necesitaba de un cambio interno, pero también hacia fuera. En un país que venía de una cultura nacionalcatólica muy poco dada a prestarle atención a lo estético faltaba una «pasada por la helvética», como se dice en el documental. Cruz Novillo interpretó muy bien ese campo abierto de posibilidades una vez que el franquismo languidecía y, al mismo tiempo, un país nuevo pedía paso. Bermejo y Larraya aciertan, por ejemplo, en servirse de imágenes de archivo británicas de la España de la época para explicar cómo se nos veía desde fuera. Funciona en el relato para dar la sensación de «sentirnos observados», clave para entender la importancia de tener una identidad visual.
De los cientos de trabajos que hizo, el encargo que mejor sintetiza en la película el hilo que une a Cruz Novillo con la historia de España es el que hace para el PSOE. Por un lado, de una forma personal: la familia de Cruz Novillo era de las «socialistas de toda la vida»; perdedores de la guerra que se identificaban con el partido socialista. Novillo tiene, por tanto, esa vinculación de tipo sentimental y no tanto ideológica con el PSOE, que es un sentir muy habitual entre los de su generación. Y él se encarga de crear la nueva imagen del partido. Novillo modernizó a aquellos que venían a modernizar España para que, como dijo Alfonso Guerra, «no la conociese ni la madre que la parió».
Bien entrada su segunda parte, El hombre que diseñó España deja el potente eje general España-Cruz Novillo para centrarse en dos facetas más concretas de su trabajo. Por un lado, en su labor como cartelista de grandes películas del cine español (Berlanga, Saura, Erice, Miró, Chavarri, León de Aranoa…), que entronca con lo «meta» de que nos vayan enseñando cómo se elabora el propio cartel del documental. Se nota la mano cinéfila de Bermejo (periodista y crítica cinematográfica) y Larraya en este tramo, donde además se da una más que justa importancia al productor Elías Querejeta.
Por último, se hace hincapié en el lado más desconocido de Cruz Novillo: el de sus últimos trabajos, más vinculados a lo estrictamente artístico. La película pone especial atención a su curiosa exposición ‘Diagrama Dodecafónico’, un trabajo de sonidos y colores para la posteridad. Hacia el final, Cruz Novillo da interesantes claves de cómo se definiría a sí mismo. El foco en estas dos facetas (la de cartelista y la de artista) consigue mantener el interés por sus detalles, pero pierde cierta fuerza general con respecto a la primera parte del documental, que apela a conceptos más amplios.
El hombre que diseñó Españaes un documental que va más allá de lo biográfico-anecdótico para meterse en un ámbito poco tratado de la Transición, y que también la explica. Pone luz sobre una figura trascendente que «lo hizo todo en España» y aprovecha para iluminar otra pieza de nuestra historia. Pese al ligero bajón de su segunda parte, se mantiene siempre como documento valioso.
Filmin es una herramienta básica para la comunidad cinéfila, que dentro de su extenso catálogo -más de 10.000 títulos- puede encontrar una gran variedad de títulos de diferentes épocas y países. La plataforma, nacida en 2007 pero refundada en 2010, destaca especialmente por el cine independiente y de autor, marcando la diferencia frente al resto en este aspecto. Y, como no podía ser de otra manera, en Filmin también encontramos mucho cine español.
Gracias a sus colecciones, dentro de la plataforma se pueden encontrar de una manera fácil y cómoda títulos que se asemejen a tus prioridades cinematográficas. Y dentro de esta oferta hay un hueco importante para nuestras películas, dando especial importancia a las menos conocidas de nuestros cineastas más representativos. Por eso seleccionamos cinco películas que quizás no conozcas y que puedes ver en Filmin del cine español.
LA PIEL QUEMADA (JOSEP MARÍA FORN, 1967)
Con esta película, Josep María Forn aborda un tema complejo en plena censura franquista: la migración masiva de ciertas zonas de una España decadente y deprimida (un pueblo de Andalucía en este caso) a ciudades más prosperas y con un mayor futuro laboral (la costa Brava). El director consigue transportarnos a esa época gracias a un uso maravilloso de las elipsis y a la utilización del montaje paralelo, en una película que cuenta la vida de un albañil, ya instalado en la Costa Brava que espera la llegada de su familia para reunirse con él. Aunque hayan pasado más de 50 años, se sigue mostrando actual y verdadera, debido al gran trabajo interpretativo de Antonio Iranzo y Marta May y a la visión serena de un director que siempre se preocupó por los problemas de su Cataluña natal. Una posibilidad perfecta para descubrir lo que sintió y vivió la gente en nuestro país en una época oscura de nuestro pasado reciente.
Si pulsas aquí, puedes ver esta primera recomendación de cine español en Filmin.
KRÁMPACK (CESC GAY, 2000)
Cesc Gay debutó en solitario en la dirección con este relato sobre la adolescencia, la amistad, las dudas amorosas y/o sexuales y el despertar de las mismas. El director catalán adapta al cine la obra de teatro homónima de Jordi Sánchez para así comenzar con sus radiografias de las relaciones humanas en las diferentes etapas de la vida. Como todo el cine de Gay, Krámpack se caracteriza por su aparente sencillez formal, por su fuerza en los diálogos y por esa frescura y bondad para construir a sus personajes. Fernando Ramallo y Jordi Vilches (Dani y Nico) son dos amigos que se enfrentan a su primer verano en soledad para dar rienda suelta a los titubeos propios de la edad. Conocerán a chicas, reirán, saldrán de fiesta, se disgustarán y se apoyarán el uno en el otro. Con esta cinta, Gay ganaría el premio a la mejor dirección en el Festival de Málaga y el Premio Especial de la Juventud en el Festival de Cannes.
Si quieres ver Krámpack, aquí puedes hacerlo online.
EN 80 DÍAS (JOSE MARI GOENAGA Y JON GARAÑO, 2010)
Antes de queLoreak (Flores) les pusiera en la órbita del cine español -película también en Filmin-, los directores vascos Jose Mari Goenaga y Jon Garaño nos ofrecieron En 80 días,una historia de amistad y reencuentro en la senectud. Axun y Maite se vuelven a ver cincuenta años después en un hospital debido a un accidente fortuito y ese encuentro dará pie a una unión que va más allá de las palabras. La película tiene la capacidad de ofrecer la ternura con la que dos mujeres viven la recta final de sus vidas y cómo esa recuperación de una amistad, ya considerada pérdida, rearma las almas de sendas protagonistas. La mirada cálida y sincera de la cinta hace que nos acerquemos a ambos personajes y vivamos una historia desgarradora aunque un tanto pesimista. Su final, algo errático, puede dejarnos con una sensación agridulce pero el valor de la película va más allá de esa mejorable conclusión. La película se encuentra en euskera con subtítulos en castellano.
En el año 2010 también llegó a nuestras pantallas Blog, la primera película de la excelente directora catalana Elena Trapé, ganadora de la Biznaga de Oro del Festival de Málaga en 2018 por Las distancias. El largometraje vio la luz gracias al proyecto de ópera prima de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, que surte generosamente de películas españolas a Filmin) donde estudió la directora. Blog narra la historia de unas chicas de 15 años que cuentan con un plan secreto dentro de Makamat, una especie de grupo al que pertenecen. Pero más allá de ese plan, la narración se engrandece por la capacidad de Trapé para acercarse a esas chicas y ponerlas a dialogar, de conseguir dibujar una estética adolescente. En la chispa de sus palabras y en la atmósfera juvenil e imperfecta es donde la directora consigue traspasar con su cámara los cuerpos de las protagonistas y adentrarse en sus almas, pensamientos, miedos y temores. Una historia pequeña, sencilla y emotiva que evoca la adolescencia gracias al tratamiento formal a modo de video blog con el que la directora se acerca a la mirada de la época de instituto.
Antes de alzarse con la Concha de Oro en el festival de San Sebastián por una cinta tan sorprendente y magistral como Magical Girl, Carlos Vermut ya escribió y dirigió otra obra perturbadora e inteligentísima como es Diamond Flash, ópera prima que pronto pasaría a convertirse en película de culto. Se podría considerar a Diamond Flash como la hermana pequeña de Magical, ya que es otro rompecabezas, de difícil engranaje, en el que las piezas se van uniendo a medida que avanza la historia. Ángela Boix y Eva Llorach encabezan un reparto de retratos femeninos a cada cual más negro e interesante. Vermut demuestra que es el director español más inteligente de la actualidad y presenta una historia tensa, cómica y dura que aborda temas tan viscerales e incómodos como la violencia doméstica y la pederastia. Una película original que juega con la astucia del espectador en todo momento. La carta de presentación de un director único e indescriptible, como volvió a confirmar con Quién te cantará.
El hoyo, La casa de papel y Klaus ganan los principales premios españoles en los Blogos de Oro, los galardones elegidos por más de 130 medios online españoles. Premios muy de Netflix. La película española, que está consiguiendo un gran éxito internacional en la plataforma, se llevó el Premio a la Mejor película española independiente, que entregó Cine con Ñ. El filme de Galder Gaztelu-Urrutia competía con importantes ganadoras de muchos premios del curso como Lo que arde o La hija de un ladrón, pero finalmente se ha impuesto la apuesta por el fantástico.
‘El hoyo’, de Galder Gaztelu-Urrutia
En el apartado de las series, la española triunfante ha sido La casa de papel. La serie de Netflix creada por Álex Pina se llevó el Blogui a la Mejor serie española, en una categoría en la que su principal contrincante era Hierro, la serie creada por Pepe Coira y que protagoniza Candela Peña. Pero, en esta ocasión, se llevó el gato al agua en los Blogos de Oro la serie de los atracadores, que dentro de pocos días estrenará su 4ª temporada en la plataforma de streaming.
En una gala virtual retransmitida por Twitter, la última película española que se llevó premio fue Klaus. La cinta de animación de Sergio Pablos volvió a conseguir un nuevo galardón tras perder el Oscar frente a Toy story 4, que también estaba nominada. En esta ocasión, el filme navideño de The Spa Studios pudo con Disney y se llevó su Blogui a la Mejor Película de Animación. La de Klaus ha sido la única candidatura española que competía contra producciones internacionales y ha conseguido ganar.
A continuación, el palmarés completo de los Blogos de Oro 2020:
Mejor Actriz en una serie
Candela Peña por Hierro
Jodie Comer por Killing Eve
Leticia Dolera por Vida perfecta Phoebe Waller-Bridge por Fleabag
Regina King por Watchmen
Mejor Actor en una serie
Antony Starr por The Boys
Enric Auquer por Vida perfecta Jared Harris por Chernobyl
Rami Malek por Mr. Robot
Stellan Skarsgård por Chernobyl
Mejor Serie española Hierro La casa de papel La peste Paquita Salas Vida perfecta
Mejor Serie Chernobyl
Fleabag
Juego de tronos
The Boys
Watchmen
Mejor Banda sonora
Alexandre Desplat por Mujercitas
Elton John y Matthew Margeson por Rocketman Hildur Guðnadóttir por Joker
Thomas Newman por 1917
Varios artistas por Érase una vez en… Hollywood
Mejor Película de animación ¿Dónde está mi cuerpo? Buñuel en el laberinto de las tortugas El tiempo contigo Klaus Toy Story 4Mejor Actor de reparto
Brad Pitt por Érase una vez en… Hollywood
Joe Pesci por El irlandés
Sam Rockwell por Jojo Rabbit Willem Dafoe por El Faro
Zorion Eguileor por El hoyo
Mejor Actriz de reparto
Laura Dern por Historia de un matrimonio
Julieta Serrano por Dolor y gloria
Margot Robbie por Érase una vez en… Hollywood
Rebecca Ferguson por Doctor Sueño Scarlett Johansson por Jojo Rabbit
Mejor Actor principal
Antonio Banderas por Dolor y gloria Joaquin Phoenix por Joker
Leonardo DiCaprio por Érase una vez en… Hollywood
Robert Pattinson por El Faro
Taron Egerton por Rocketman
Mejor Actriz principal
Florence Pugh por Midsommar
Greta Fernández por La hija de un ladrón
Lupita Nyong’o por Nosotros
Noémie Merlant por Retrato de una mujer en llamas Scarlett Johansson por Historia de un matrimonio
Mejor Guion
Ari Aster por Midsommar Bong Joon-ho y Jin Won Han por Parásitos
Quentin Tarantino por Érase una vez en… Hollywood
Céline Sciamma por Retrato de una mujer en llamas
David Desola y Pedro Rivero por El hoyo
Mejor Película de Terror El Faro El hoyo Midsommar Noche de bodas Nosotros
Mejor Cortometraje de Terror
Grooming
Mejor Cortometraje Estrella (F)Our Seasons de Miguel Gabaldón Casiopea de Fernando Manso La Tierra llamando a Ana de Fernando Bonelli Moros en la costa de Damià Serra Saber Perder de Sergio Milán
Mejor Dirección
Bong Joon-ho por Parásitos
Céline Sciamma por Retrato de una mujer en llamas
Aritz Moreno por Ventajas de viajar en tren
Greta Gerwig por Mujercitas Sam Mendes por 1917
Mejor Película española Independiente Almost Ghosts de Ana Ramón Rubio El hoyo de Galder Gaztelu-Urrutia La hija de un ladrón de Belén Funes Lo que arde de Oliver Laxe Ventajas de viajar en tren de Aritz Moreno
Mejor Película 1917 Joker Midsommar Parásitos Retrato de una mujer en llamas
Javier Cámara es un pata negra del cine español. A sus 53 años, se ha convertido en uno de los referentes de la comedia en nuestro país, aunque tampoco le faltan buenos registros como actor dramático tanto en la pequeña como en la gran pantalla. Durante su carrera ha sido capaz de pasar del teatro a la televisión y de ésta al cine con una pasmosa versatilidad, y aunque se dio a conocer de manera definitiva por su papel en la serie 7 vidas, en su filmografía ha acumulado grandes títulos junto a grandes directores y directoras como Fernando Colomo, Julio Medem, Pedro Almodóvar o Isabel Coixet. Vamos, que sirve para todo. Con este actor que despuntó desde sus inicios en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, tenemos la suerte de tener a un riojano de nacimiento que derrocha arte de manera divertida, penetrante y entusiasta. Y ahora lo volvemos a tener en Vamos Juan.
Hace ya dos años desde que Juan Carrasco (Javier Cámara) dejó de ser Ministro de Agricultura. Los múltiples cambios en su vida, de miembro del gobierno a profesor de instituto, de hombre con poder a ciudadano de a pie y de vivir en Madrid a hacerlo en Logroño, han hecho que Juan se haya convertido en una persona tranquila y sin ambición. Sin embargo, todavía le queda el recuerdo de lo cerca que estuvo de ser el presidente del gobierno de España. Un buen día, no pudiendo soportar la idea de quedarse sin saber qué podría haber pasado si hubiera continuado su carrera hacia la cumbre, lo vuelve a intentar. Reúne a su antiguo equipo, regresa a Madrid y funda un nuevo partido que dará esperanza a la democracia española.
Con este planteamiento se nos presenta la nueva entrega de Vota a Juan. Vamos Juan es el título tuneado de la serie creada por Diego San José y proclamada por la cadena TNT como superéxito de audiencias. En palabras de su propio creador, “Pensábamos que era imposible que Juan Carrasco pudiera hacer peor las cosas como político, pero sí puede: puede crear su propio partido. Y en este empeño le acompañaremos en un viaje que nos permitirá conocer todo aquello que domina nuestra política y que nunca vemos: tendrá que seducir al IBEX 35, ganarse a la Iglesia, fichar a alguna víctima para utilizar su dolor, o convencer a algún famoso para que sea ministro… Todo con tal de alcanzar su gran sueño: ponerse pelo en Estambul” (Blog canal TNT).
El secreto del éxito de la parodia política que sirve como argumento a estas dos series gemelas es que hace que aflore en el público una cualidad plenamente humana y sin fecha de caducidad: reírse de uno mismo.Vamos Juan y Vota a Juan son reflejo de situaciones políticas que ha vivido y vive nuestro país prácticamente desde que nació. En demasiadas ocasiones a lo largo de nuestra historia nos hemos acostumbrado a ver que nuestros gobernantes han sido los menos capacitados para gobernar, y ese hecho no nos ha dejado otra posibilidad que practicar el sano ejercicio de reírnos de nosotros mismos.
Tal como decía Weber, hay dos formas de practicar la política. O se vive «para» la política o se vive «de» la política. He ahí la cuestión. Vivir de la política, como si ser político pudiese ser una profesión, o vivir temporalmente para la política por vocación además de la profesión que uno ya tiene para ganarse la vida. Y, aunque todos sabemos que el ideal de un buen político es hacer de solucionador de problemas, como hacía el señor Lobo en Pulp Fiction, Juan Carrasco encarna justo lo contrario, un personaje público torpe y egoísta que solo busca su propia gloria. Por eso nos hace reír, porque lo hemos visto muchas veces en las noticias.
De todas formas, indudablemente, el que lleva el peso interpretativo y el que hace que la serie funcione es su protagonista -y director de uno de los episodios de esta nueva temporada-. La constancia y capacidad de trabajo de Javier queda patente en cada capítulo y le ha servido para que se haya forjado una sólida carrera que cuenta ya con casi sesenta obras audiovisuales entre películas y series. De entre sus célebres interpretaciones no podremos olvidar personajes como el de Alfredo, un vendedor de enciclopedias reconvertido en actor porno en Torremolinos 73, o el de Maxi, un exigente y autoritario chef en Fuera de carta. Aunque con toda seguridad, el más destacable sea el papel de Antonio en la joya cinematográfica titulada Vivir es fácil con los ojos cerrados.
Este actor curtido en todos los géneros y capaz de cualquier cosa, como demuestra el hecho de que entró en el reparto de la producción internacional The Young Pope de Paolo Sorrentino a través de un email que envió al director, nos sigue regalando su arte en esta serie. No se puede desaprovechar esta nueva oportunidad.
Muerte de un ciclista (1955) es uno de los grandes clásicos de la historia del cine español. Por buenas razones. Esta coproducción ítalo-española, que triunfó en su estreno en Cannes alzándose con el Premio de la Crítica Internacional, debió sortear el escollo de la censura por un argumento que ponía en el punto de mira el estatus adquirido por la alta burguesía tras la Guerra Civil Española. Además del retrato sociopolítico que está en la base de la cinta, la película incide en la falsa conciencia de un régimen castrado a nivel moral y con la sombra alargada de una guerra todavía demasiado presente.
A partir de un argumento de Luis Fernando de Igoa, Juan Antonio Bardem escribe este interesante drama en torno a una pareja de amantes que se verá envuelta en un complejo dilema moral tras matar accidentalmente a un ciclista en la carretera mientras regresan de una de sus escapadas clandestinas fuera de la ciudad. Ante el temor de que salte a la luz su aventura, deciden huir del lugar del siniestro. Desde el comienzo se pone de manifiesto la actitud egoísta de esas personas que ponen su posición y reputación social por encima de la justicia. A pesar de todo, este incidente supondrá el comienzo de un descenso al infierno obsesivo y audodestructivo que culminará de manera trágica.
Todo el peso dramático recae en esta dupla protagonista interpretada por Alberto Closas, en el papel de Juan Fernández, un profesor universitario que vive bajo el auspicio de su influyente cuñado, y por Lucía Bosé, que se pone en la piel de María José de Castro, una joven casada con el ingeniero Miguel Castro (Otello Toso). Desde que Bardem comprase los derechos sobre la historia, estuvo obsesionado con contar con la recién fallecida Lucía Bosé para el papel principal, a la que había visto en la opera prima de Michelangelo Antonioni, Crónica de un amor (Cronaca di un amore, 1950), una película que está muy presente también desde el punto de vista argumental en el guion del filme.
Lucía Bosé y Alberto Closas en un fotograma de la película
Muerte de un ciclista supuso la primera aparición de la actriz italiana en el cine español, además de proporcionarle la posibilidad de conocer durante su estancia en España al torero Luis Miguel Dominguín, con el que terminó casándose. En un papel, sin duda, hecho a medida, Lucía Bosé da vida a una suerte de femme fatale castiza, una mujer que en su deseo de libertad y autonomía frente a unos códigos sociales anclados en el pasado, terminará por sucumbir en los más crueles impulsos de la naturaleza humana.
Desde el punto de vista narrativo, la película está sustentada en los diferentes puntos de vista de sus protagonistas, donde lo sugerido más que lo explícito juega un papel predominante. Bardem juega en todo momento con el espectador para hacerle partícipe de esa angustia y paranoia en la que, poco a poco, van cayendo los protagonistas. En este sentido, es fundamental la figura de Rafael Sandoval (Carlos Casaravilla), crítico de arte cercano al círculo social de ambos, que pondrá a prueba a la pareja de amantes haciéndoles saber que es conocedor de su situación. Ante este panorama, mientras Juan empieza a sucumbir frente a los remordimientos, María José no termina de comprender el alcance de lo que han hecho.
A través de un concienzudo montaje, en el que se encadenan distintas secuencias a través de planos interconectados, Bardem juega continuamente con los contrastes en varios niveles. En el plano social, es muy bueno ese montaje paralelo en el que Juan visita a la humilde familia del ciclista muerto en un pueblo donde todavía son evidentes los estragos de la guerra, mientras María José asiste como invitada a una boda. La pobreza frente a la abundancia; las auténticas víctimas de una guerra frente a aquellos que se autoproclamaron vencedores.
Alberto Closas, de visita, en ‘Muerte de un ciclista’
En el plano personal, a medida que el filme avanza se irán haciendo más distantes la posición de los dos protagonista frente al crimen que cometieron. Mientras la vida de Juan se tambalea irremediablemente y es incapaz de ahogar los fantasmas que le asolan, María José solo lucha por salvar su posición. La culpa frente a la supervivencia; la obligación moral frente a las convenciones sociales.
Muerte de un ciclista irá tomando un cariz fatalista. Como si de una tragedia griega se tratara, los protagonistas parecen estar predestinados a pagar por los imperdonables errores del pasado. En una magistral secuencia, en el mismo lugar donde mataron al ciclista y se desencadenó la historia, en medio de un paisaje desolado e invernal, a lado de ese árbol sin hojas que preconiza la muerte, Juan se pierde en un monólogo de tintes existencialistas sobre la guerra, esa que hizo que sus vidas se separasen irremediablemente.
El personaje de Closas, de espaldas, en el filme
Pero María José tratará de impedir por todos los medios que Juan termine confesando el crimen, aunque esto le lleve a tomar la más cruel de las decisiones: matar a Juan, antes de que ella misma se precipite al abismo de la fatalidad. Un eterno retorno trágico donde muchos ven la mano de la cesura española en su deseo de purgar una actitud moralmente reprobable (el adulterio, no tanto el asesinato) para esa época, más que la acción de la justicia cósmica.
Muerte de un ciclista, encumbró a nivel internacional a Juan Antonio Bardem, un cineasta que fue valiente a la hora de llevar esta historia tan atrevida a la gran pantalla, y que le acarreó serios problemas a la hora de rodar sus siguientes trabajos. Al igual que su siguiente filme, Calle Mayor (1956), la obra maestra del director madrileño rezuma desasosiego y pesadumbre ante esa España plomiza, como los nubarrones que sobrevuelan en torno a los protagonistas durante toda la película, que tardaría muchos años en ver la luz.
El hoyo está arrasando desde que llegó a Netflix. La última noticia es que la película española ha llegado a ser la más vista de la plataforma en Estados Unidos, según indica el TOP diario que hace público la empresa norteamericana. Estamos hablando de un logro importante: el 37% de todos los usuarios que tiene Netflix en todo el globo está en Estados Unidos. 61 millones de cuentas registradas en el país. El filme de Galder Gaztelu-Urrutia conquista la plaza más disputada del streaming mundial.
El éxito de El hoyo en Netflix es un hecho desde que se estrenó el pasado 20 de marzo. En España ha sido la película más vista en el servicio durante 5 días consecutivos, hasta que ha sido destronada por el estreno exclusivo de Hogar. Junto a Élite y Toy boy, ha sido la opción preferida para ver algo en la plataforma de nuestro país.
Ni siquiera La trinchera infinita, una de las grandes películas españolas del año y que entró muy bien en la plataforma a finales de febrero, ha conseguido estar tantas jornadas en lo más alto. Hay que recordar que El hoyo tuvo una modesta distribución y promoción en las salas de cine, donde fue vista únicamente por 36.577 espectadores.
Pero el alcance de El hoyo en Netflix no se está quedando únicamente en Estados Unidos y su lugar natal. Ha sido la más vista también en distintos países de Latinoamérica, que es, intuitivamente, el mercado más grande para una película de habla hispana como la dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia. En Perú, México, Honduras, Venezuela, Colombia, Ecuador e incluso Brasil la película ha sido nº1 algún día. Un gran recorrido que también se está dando en Europa, con destacadas presencias en los TOPs de Francia o Alemania.
El interés sobre la película está siendo tal que incluso se está especulando sobre la posibilidad de hacer una secuela. En la publicación británica Digital Spy se teorizaba sobre esta posibilidad, analizando las claves de la historia de ciencia-ficción que podrían dar pie a una continuación. Además, según informaciones de El Correo, el mismísimo M. Night Shyamalan (director de El sexto sentido) estaría interesado en hacer un remake de la película española. Palabras mayores.
Lo que es seguro es el enorme impacto que está teniendo la película en todo el mundo en apenas una semana desde su lanzamiento. Como se puede ver en el gráfico superior, la búsqueda en Google de las palabras «el hoyo» se han disparado en todo el mundo; y ocurre lo mismo si se va a mirar su título en ingles («the platform»). Un fenómeno inédito y feliz para el cine español, un broche de oro para la gran hornada de nuestras películas del 2019, que se recordará como uno de los mejores años para nuestro audiovisual reciente. Si aún no has visto El hoyo en Netflix, aquí la tienes.
«La publicidad es vender felicidad». Es la primera y sencilla lección que nos da Don Draper (Jon Hamm) en esa gran serie de publicistas que fue Mad Men. Y a eso se dedicó el protagonista de Hogar, Javier Muñoz (Javier Gutiérrez), durante 20 años: a vender felicidad. En su trabajo como ejecutivo publicitario vendía a los españoles las aspiraciones materiales que les harían felices cuando las cosas iban bien. Javier acabó incorporando la felicidad de su publicidad a su propia vida, que se asentaba sólo sobre lo tangible y la imagen que proyecta. Pero cuando las cosas dejan de ir bien en España lo material desaparece, y Javier pierde su felicidad porque ya no puede vender a la sociedad lo que no tiene. Este thriller de los hermanos Pastor, sin arriesgarse mucho, entra con tino en estas bases perversas de nuestro sistema.
En el marco de felicidad y éxito que quiere proyectar Javier, el lugar donde vives es el símbolo principal para exportar tu imagen. Ahí es donde empieza la ilusión. Los Pastor son hábiles en construir el centro de la obsesión de Javier en la casa, como bien apunta el título. En un país donde hay una gran preocupación por la vivienda, los directores y guionistas aciertan en sobreexponer la dimensión de estatus que puede significar nuestra residencia. Una vez que ese centro gravitacional se pierde, Javier, publicista de sí mismo, pierde su razón de ser.
Ese proceso de frustración, obsesión y maquinación de Javier alrededor de la casa es lo mejor de Hogar, todo salpicado con buenas dosis de crítica social, una interesante selección de elipsis y una construcción del conflicto que toca las teclas psicológicas que tiene que tocar. Aquí el dueño de la función es Javier Gutiérrez, muy capaz de interpretar y hacer lucir un personaje que soporta y rumia por debajo algo tóxico. Cuando el apellido de «psicológico» se hace más presente en este thriller, la película crece a lomos del siempre fiable Gutiérrez.
Es inevitable que este esquema personal, también con un piso como punto central, nos recuerde a El autor, donde el actor gallego también interpretaba a un personaje que desarrolla una psicosis. Pero Hogar no tiene la sutileza ni los mismo objetivos que El autor. Aunque los Pastor lo integren de forma elegante y con sentido, la sensación de molde del género se impone una vez van entrando en juego más personajes, la dinámica se acelera y nos alejamos de la psique de Javier para entrar más en sus acciones. Aún así, y pese a ciertas consecuencias demasiado convenientes, la trama aguanta sin demasiado problemas los envites hasta el final.
Veremos qué recorrido de espectadores tiene, pero viendo el resultado se puede decir que Netflix ha acertado apostando por producir Hogar. Ha acertado porque los Pastor han entregado el producto de consumo que seguramente esperaban y porque la pareja tiene el talento suficiente para introducir en él elementos de interés que alejan a la película del peligro de nadar en el mar de la mediocridad de la plataforma. El resultado es un thriller efectivo, dentro de lo estándar, pero bien pensado y ejecutado en poco más de hora y media. Un filme sólido sobre la felicidad de dinero y cartón piedra en el que incluso hay tiempo para un último mensaje simbolico.
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