Críticas
Las irresponsables: El riesgo de no arriesgar

Stills de 'Las irresponsables'. ©Lucía Faraig. Montaje: ©Cine con Ñ
Las irresponsables son Núria (Betsy Túrnez), Lila (Laia Marull) y Andrea (Ágata Roca), tres amigas —dos de ellas hermanas— que van a pasar un fin de semana juntas al cuidado de una casa de lujo, propiedad de un amigo de Núria. Pese a que ella está la mar de feliz por esta breve estancia, ni Lila ni su hermana Andrea pasan por un buen momento: la primera está en plena depresión tras dejarlo con su pareja de toda la vida y la segunda acaba de ser sustituida por un hombre como entrenadora de un equipo, pese a haber conseguido el ascenso soñado.
La todoterreno Laura Mañá dirige —y coescribe junto a Marta Buchaca, especialista en la materia— esta adaptación de la popular obra de teatro de Javier Duarte, un éxito en la Cataluña post-pandemia que reivindicaba la liberación de responsabilidades y lo establecido de tres mujeres muy distintas que, de un momento a otro y por distintos motivos, dejan paso a un lado desconocido de ellas mismas. Con una casa hipertecnológica y de alto standing como escenario principal, es una comedia que pivota en la interacción y evolución de sus tres protagonistas en crisis.
La base de que esta película funcione está en la construcción de los personajes y las interpretaciones de sus tres protagonistas. Y las tres cumplen, haciendo que Las irresponsables se pueda seguir sin sufrimiento alguno. Es una pena que el guión y el desarrollo un poco conservador de Mañá no permitan dar el salto a algo más que una comedia cumplidora, porque habían materiales y herramientas para ello.
Cuestión de amigas

A Las irresponsables se las puede colocar fácilmente en la nueva ola de ficciones españolas centradas en reivindicar espacios de protagonismo y autonomía para mujeres que simplemente son amigas. Si en series hemos tenido Vida perfecta (2019-2021), Valeria (2020-2024) o Las de la última fila (2022), en cine hemos visto la road-movie La lista de los deseos (2020), la historia de barrio de Chavalas (2021) o los bucólicos ensayos teatrales de Las chicas están bien (2023). Incluso la lectura irónica y queer de La amiga de mi amiga (2022) va por ahí —y, si se quiere, el desastre de La reina del convento (2024), en modo Almodóvar (el rey de todo esto), también—.
Las irresponsables pierde una oportunidad para aportar algo más que su presencia en esa lista de títulos. Repite los esquemas principales, muy de manual de base del feminismo del PSOE, y no se atreve a ir más allá. Tanto desde el guión como en la propuesta en plano de Mañá, centrada en mantener el ritmo y la coherencia interna, todo está reducido a lo esencial. No es que nada sea muy burdo —menos lo del equipo de fútbol, que es tan caricaturesco que no se puede salvar—, pero no hay una nota que se salga del carril principal cuando se supone que la cosa va de saltarse las normas.
Ni por lo obvio de las razones para la liberación (el tema profesional, el engaño amoroso, la dependencia emocional…) ni por lo poco elaborado de las situaciones (el equívoco principal, los giros secundarias, la resolución final…), la película se atreve a ir un poco más allá y sumarse a esa lista de títulos ‘sororos’ con algo que decir. Que las mujeres se apoyan y no son perfectas, que tienen que dejarse llevar también por ese lado menos controlado de ellas mismas, que hay que saltarse lo «establecido»… no es que esté mal decir todas esas cosas —a tenor de ciertos discursos públicos, es hasta necesario—, pero deja la sensación de marco de reivindicación un poco desaprovechado, como de pantalla previa, al quedarse en eso.
Las irresponsables más responsables

La papeleta principal, que es que esta película funcione y se resuelva con sonrisas y alguna carcajada, está salvada gracias a la elaboración e interpretación de sus tres protagonistas. La novedad al final está más en ver lo bien que se manejan en la comedia pura Marull y Roca, pocas veces vistas en papeles de este corte, que se manejan muy bien bajando al barro haciendo de dos hermanas tan distintas. A la que es más normal ver en comedia es a Betsy Túrnez, a la que por fin se le da un protagonista de entidad en cine —no se le veía con tanto protagonismo desde El rey tuerto (2016)—.
Son ellas, junto a una construcción teatral apuntalada por parte de Buchaca y Mañá, las que hacen valer el tiempo y el dinero que supone ver esta película. El resto mantiene el tipo, pero en el fondo se conforma, como mandan los raíles de la industria, con reordenar y comentar cosas ya vistas. Quizá es pedir demasiado, pero es que se nota más cuando no se predica con el ejemplo: Las irresponsables debería haberse aplicado a sí misma esa incorrección de la que hace bandera.

Arturo Tena