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Vida perfecta T2: Rayarse lo normal

La serie de Leticia Dolera finiquita su trayecto con un final adecuado para sus personajes pero perdiendo el fuelle rompedor de su primera entrega

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Vida perfecta T2 retoma las vidas de María, Cristina y Esther más o menos donde las dejó, pero cada una en nuevas etapas de sus diferentes procesos: la una con depresión post-parto, la otra intentando darle variedad a su vida sexual con su marido y la tercera a punto de casarse con una novia mucho mayor que ella y cuyo momento vital es bastante diferente al suyo.

La segunda entrega de la serie de Leticia Dolera llega en plena polémica sobre el realismo de las series del subgénero desventuras de mujer joven en Madrid Barcelona relacionadas con la precariedad y el ligar. Carrera en la que, digamos, los guiones de Manuel Burque y Dolera llevaban un par de cuerpos de ventaja sobre cualquier competidora, sea la que sea. Los conflictos no distan mucho de lo de siempre, pero al menos tienen un par de giros que abarcan más modelos de vida.

Si se le tiene cariño a los personajes desde la primera temporada o funciona el juego de la identificación con las protagonistas, está todo hecho, pero si se ve con más distancia es posible que se vea perjudicada por esa odiosa comparación. No porque sea peor, que no lo es -aunque sigue siendo más o menos pija, como todas las demás-. Sino porque de Dolera y compañía, de repente, esperamos que vuelvan a darle el punto de compromiso y mala leche que a muchas de las otras les falta.

Crítica de Vida perfecta T2 casi sin spoilers

Vida perfecta T2: Rayarse lo normal 1

Dolera analiza con su poco de humor pero sin cebarse ni edulcorar el saltito a la vida adulta ya con responsabilidades de verdad, en las que la existencia de otro ser vivo empieza a depender de nosotros. No es que sea el análisis de clase que España espera, pero sigue estando mejor que el 90% de lo que se cotiza por ahí desde el momento en que huye de las soluciones a lo Paulo Coelho.

También, en el mes del estreno de Doctor Portuondo y de los monográficos en prensa nacional sobre salud mental, tenemos una representación de la terapia bastante rara en la ficción española y, en general, divertida al tiempo que refleja problemas reales sin dramatizarlos, como la depresión post-parto o la dificultad para las personas con discapacidad no ya para tener autonomía personal, sino que además sea aceptada por su entorno.

Tiene gracia, también, que esto llegue después de dos temporadas de Sky Rojo con su poquito de polémica, porque Enric Auquer parece dos personas diferentes, entre el cani violador en serie pasadísimo de vueltas de allí y el tierno padrazo con discapacidad peleando porque lo dejen cuidar de su hijo de aquí. Denme mayúsculas más grandes para pedir que le den algún premio, el que sea.

En Tinder no doy match, solo paso perfiles porque me relaja

Vida perfecta T2: Rayarse lo normal 2

Eso sí, como ya se le reprochó a su exitosa y multipremiada primera entrega, Vida perfecta T2 acaba girando en gran parte alrededor de los folleteos varios de las protagonistas. No es ridículo y se relativiza mucho, eso sí. Por ejemplo, tenemos la típica escena de pareja en club swinger que en realidad no quiere estar allí ejecutada de forma, al menos, graciosa. Pero sigue siendo lo que es: en el primer episodio la subtrama de María es si queda con un chico por Tinder o no. Y el gag de enrollarse y que el bebé de fondo los interrumpa es casi igual que en Mejor… imposible.

Que vale, que el salseo es importante. Que hablamos mucho de ello, todo el tiempo, usted, yo, Dolera, mi prima la de Cáceres… Que hasta Sally Rooney dice en su última novela que normal, que de qué vamos a hablar. Y que puestos a hacer lo que hace esta serie, pues mejor así, afrontando con naturalidad las relaciones con diferencia de edad o las parejas que se quieren abrir y no saben cómo sin liarla parda. Sobre todo porque en Vida perfecta T2, aunque sea de refilón, hay pandemia.

Que vale, que se capta que el cliente que le compra tapaojeras de Esther sea un señor mayor con pinta de columnista de La Vanguardia y que el primer ligue de Dolera sea racializado. Está bien, que esto en Farmacia de Guardia lo hacían dedicándole un episodio entero con mucho drama, en Médico de Familia era imposible y en Valeria daría vergüenza. Pero súbeme el nivel, dame algo más que autoayuda, que solo la comuna de jubilados de la novia de Esther propone algo diferente.

Para concluir, como siempre: un cierre adecuado a la historia de los personajes, un par de giros originales al propio subgénero que en España lideraba esta serie y, bueno, casi todo muy pijo, como siempre. Burque y Dolera escriben sin complejos y esta última dirige a sus personajes sin piedad pero sin juzgarlos, haciéndolos un poco tontos y un poco listos, como la vida misma.

Imágenes: Fotogramas de Vida perfecta T2 – Movistar+

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