Opinión
‘El caso Sancho’ o la prisa por llegar primero a las noticias de ayer

El actor Rodolfo Sancho, padre de Daniel Sancho, en la serie documental 'El caso Sancho'. ©Cuarzo Producciones
Este 13 septiembre se ha estrenado el primer episodio de El caso Sancho, la miniserie documental alrededor de la muerte de Edwin Arrieta a manos de Daniel Sancho y el juicio celebrado en Tailandia el pasado agosto. En abril, el Episodio 0 —que ahora contabiliza como el 1, aunque en alguna parte sigan constando como dos productos separados— fue la producción más vista del formato en Max en España. Es de suponer que las nuevas entregas, realizadas básicamente por el mismo equipo de Cuarzo Producciones y lógicamente consideradas como un todo, sigan idéntico camino.
La cuestión es, ¿conseguirá aportar algo nuevo al caso? Aunque es verdad que entrevistó a Rodolfo Sancho, padre del detenido y principal gancho popular del asunto, antes que a nadie, y que le va a dar un espacio a la familia de víctima hasta ahora inédito, difícilmente va a añadir ningún dato. Obviamente ese no es el objetivo, sino repetir la jugada de récord de visualizaciones, más para una Max ahíta de productos que enganchen y fidelicen más allá de La casa del dragón (2022- ) y otras especies. Ya hemos hablado de que perder el ‘HBO‘ del nombre de la plataforma ha tenido el precio de convertirla en una especie de «tele de los 90 de pago», así que no ahondaremos en ello.
Siendo claros: un true crime en tiempo real se llama «las noticias» y difícilmente revela algo, y más en un caso tan complicado como este a medio mundo de distancia. Ni siquiera hablamos de algo tipo Lucía en la telaraña (2021-2024), que tenía otros elementos —desconocido más allá de Málaga, corrupción policial—. Si lo único que aporta es el acceso privilegiado a la defensa del acusado y alguna declaración extra de otros implicados, estamos ante la consagración del formato del documental deportivo como dominante en las docuseries en general del streaming: ni contexto, ni análisis, ni creación, ni investigación. Productos inofensivos pero muy llamativos en redes.
El gancho de Sancho

El caso Sancho es prácticamente el «anti true crime«, o quizás la forma más depurada posible del formato. No hay giro posible, no hay sorpresa guardada. Algunos de los periodistas de sucesos que participan le ponen mucho esfuerzo en dejar algunas cosas a la imaginación. Dado que la autoría del crimen y sus posibles motivaciones son innegables, que si la policía de Tailandia es muy numerera, que si lo están usando como para vender una imagen de solvencia. En algunos momentos la serie visibiliza el drama de la escasez de expertos en internacional en general y sobre Asia en particular en nuestro país, la verdad. O se han negado a ir o no han sido capaces de localizarlos, vaya.
Es un producto diseñado para viralizarse y servir titulares para piezas de SEO de los medios digitales. «La verdadera razón por la que Rodolfo Sancho hizo tal». «Lo primero que Rodolfo Sancho le dijo a su hijo cuando conoció los hechos». Etcétera. Incluso se retroalimenta con la televisión de toda la vida, como antes algunas cadenas lo hacían con sus propios realities, y los tertulianos todólogos de turno pasarán horas analizando cada matiz en las inflexiones del entrevistado. Con Dolores: La verdad sobre el caso Wanninkhof (2021) no daba para tanto: era un caso antiguo y además, adivinen quién quedaba fatal en todo ese circo. Ni te cuento en Arny. Una historia de infamia (2023) —de la misma productora que El caso Sancho—.
No tiene sentido elucubrar sobre las razones del actor para estar ahí, tampoco las extrañas justificaciones, rallando en la autoayuda más tontorrona, que da un poco al universo o a los trolls de Twitter/X. Realmente lo que él diga es lo de menos, porque el clickbait barato se iba a hacer incluso si se limitase a quedarse en silencio mirando al horizonte —como alguna vez ha hecho—. Probablemente su discurso un poco vacío ha tenido más que ver con cuestiones legales que con que piense realmente algunas de las cosas que dice. Y eso subraya la banalidad del formato de «true crime sobre la marcha».
El caso Sancho en el Telecinco de pago

Solo se ha estrenado un episodio de El caso Sancho, del cual aún no conocemos las audiencias —tan matizables como las del 0 por la vía de que Max tampoco aporta datos fiables de las mismas— y quedan dos más para que las tertulias de media tarde sigan asumiendo la derrota ante el streaming. Si hay alguna novedad relevante en la situación legal de Daniel Sancho, lo más probable es que nos enteremos por telediario o por las redes sociales potenciando la exclusiva de quien se tercie. Sin duda El caso Sancho se reserva alguna sorpresa, pero con dudas algo que no se haya dicho ya —¿acoso sexual, prostitución masculina? ya se encarga Sonsoles Ónega—.
Lo que está claro es que El caso Sancho va a ser el producto español más relevante socialmente de Max en mucho tiempo. Probablemente siente cátedra y en cuanto tengamos otros caso criminal que se presta, veremos a esta plataforma o cualquiera de las otras en repetir la jugada. Si cunde el ejemplo, habremos completado ya todo el trayecto y no hará falta volver a hablar de los mejores años de la televisión en España, porque la burbuja del streaming confirmará que solo la ha cambiado de sitio y solo faltará que ya produzcan ellas su propia tertulia en directo. Que casi que estamos ahí ya.
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Jose A. Cano