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Sky Rojo T2: Embolia cerebral

La serie de Álex Pina se suspende a sí misma al querer envolver su festival de tiros POP en un fallido mensaje feminista

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Sky Rojo T2 empieza donde lo dejó la primera. Las protagonistas se enfrentan a sus explotadores en el mismo club en el que las tenían atrapadas, en algún caso están a punto de acabar con ellos, pero la cosa se complica. Las dudas de Moisés, las adicciones de Coral y las obsesiones del proxeneta Romeo irán torciendo los acontecimientos cada vez que parecen a punto de resolverse.

Todo pasa muy rápido en Sky Rojo. Las rayas de coca. Las violaciones. La romantización de la prostitución. Todo el rato personas que están muy buenas haciendo cosas muy locas. Un montón de cosas por capítulo, que te das cuenta en apenas dos horas de las vueltas que ha dado la cosa y te mareas.

En fin, la serie se ve en un suspiro. Como artefacto marca Vancouver de thriller desquiciado en el que se pegan muchísimos tiros, corre la droga que parece una concentración del Real Madrid y la estética homenajea al POP más loco, ni una pega. Los problemas empiezan cuando intentan justificar el argumento y las idas de pelota con un vago mensaje feminista, porque no hay por donde cogerlo. Pero eso, después de los créditos.

Sobre Sky Rojo e ir de aliade

Sky Rojo

Ustedes, que son un público culto, sabrán que existe el subgénero del rape revenge, películas en las que la protagonista, generalmente una muchacha en edad de merecer, es agredida al principio y luego se pasa el resto de la cinta masacrando a sus victimarios de imaginativas y catárticas maneras. Como se podrán imaginar aunque nunca hayan visto una, el abanico de posibilidades va desde el porno blando a festivales de casquería guionizados por Virginie Despentes al lado de las que la redacción de Píkara Magazine parecen señoronas de pendientes de perlitas y misa de ocho.

Sky Rojo se intenta vender como una rape revenge, porque existen rape revenges, ya lo comentábamos, muy feministas. Pero Sky Rojo es, si acaso, purplewashing de ese. Ya saben. Hacerse el feminista por quedar bien o como excusa para seguir con lo de siempre. En fin, el rollo aliade de toda la vida del Señor. La estética es de rape revenge de serie b, la caracterización de los personajes y los giros de guión también lo son. Lo que pasa es que, aunque se referencie mucho a Tarantino -¡y a Kubrick!-, esto no es Death Proof. Porque hasta Tarantino, que es un descerebrado, se cuida mucho de erotizar violaciones.

El problema no es ya ni que Sky Rojo exista. Si la gente lo ve, Netflix tiene dinero para pagarlo y Pina y compañía ganas de producirlo, pues oye, están en su derecho. Lo sangrante es cuando una ficción dice una cosa pero hace exactamente lo contrario. Una serie feminista no erotiza una violación, no romantiza la relación de una prostituta con su chulo -al menos si se supone que está condenando la prostitución- y no estiliza un club y sus fiestas. ¿Qué se puede ver como gamberrada POP y disfrutar de los tiros y esas bombas termonucleares de morbo que son Etxeandía, Silvestre y Verónica Sánchez? Claro que se puede. Igual que se puede criticar que todo lo demás que no es eso es, básicamente, una caca.

Análisis de Sky Rojo T2 con spoilers

Sky Rojo T2: Embolia cerebral 1

En Sky Rojo T2, en los capítulos 1 y 3, se muestran sendas violaciones anales. Una a una de las protagonistas, en flashback. La otra a un personaje anónimo, un hombre. El autor de ambas agresiones es el mismo. En la primera se nos muestra con detalle como la víctima es inmovilizada y su rostro mientras sucede, hasta con alguna ralentización -aunque obviamente no se ve «nada» y los actores probablemente rodaron vestidos-. En la segunda apenas vemos al violador, pero ningún detalle.

Además para Sky Rojo hay dos tipos de mujeres: madres o putas. Difícil discurso emancipatorio puede llegar por ahí. Aunque sea una propuesta visualmente apabullante, argumentalmente apabullante y en la que el reparto hace lo que puede -Etxeandía es un Dios del despendole, pero es que madre mía, qué material le dan-. Los conflictos de los machotes vienen siempre sobre su incapacidad de conciliar que una mujer pueda ser objeto de deseo y fuente de estabilidad al mismo tiempo, pero es que, amiga, no es caracterización, es el discurso de la serie, porque incluso el chulo «bueno» -Silvestre- y ellas mismas lo ven así.

Evidentemente Sky Rojo T2 no pretende tener una profundidad psicológica tremebunda ni ser un documental, y está claro desde que ves la primera metáfora de felaciones. Pero al menos un poquito de por favor. Por supuesto, se ve del tirón en menos de un día sin pestañear y flipando con que sean todos tan guapos. Si quieres eso, oye, disfruta.

Volvemos a lo mismo: en esta santa casa nadie está en contra de ficciones cuyo objetivo sea que digamos «cómo mola esto» o que nos ponga cachondos como a bonobos en confinamiento domiciliario. Lo que pasa que hay muchas vías para conseguir esas cosas y no todas obtienen los mismos resultados a nivel estético o ideológico. Al final cada ficción presenta las reglas en función de las que quiere ser evaluada, y Sky Rojo T2 se suspende a sí misma.

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