Críticas
La ahorcada: Fantasma desenfocado

Stills de 'La ahorcada'. Montaje: ©Cine con Ñ
La ahorcada cuenta la historia de Fran, un mujeriego productor y compositor musical cuya vida de soltero de oro se trastoca cuando aparece muerta, ahorcada en el jardín de su casa, una mujer. Es Rosa Martín, una prometedora cantautora con la que había tenido un lío y ella no aceptaba que él no siguiese con ella. El espíritu de Rosa decidirá devolverle a Fran el sufrimiento que le hizo pasar.
Una de terror de Miguel Ángel Lamata, veterano de la comedia con apellidos —de terror (Una de zombis), cafre (Isi/Disi), familiar (Los futbolísimos) o romántica (Nuestros amantes)— que se mete por primera vez a hacer algo que dé miedo de verdad. Una historia de fantasmas, basada en una novela (la de Mayte Navales), que tiene como principal novedad la de ver a Amaia Salamanca en el género.
La ahorcada es una película muy descafeinada. Pese a que todo apunta a que va a ser una de puro terror, no se decide a tomar las formas del género y se deja llevar por una especie de melodrama familiar con giros de guión de thriller. Eso no hubiese tenido nada de malo si hubiese apostado de verdad por ello, pero es que luego tampoco lo hace.
La ahorcada y el fantasma que aparece siempre

La ahorcada se queda a medio camino en prácticamente todo. Para empezar, en la base: su historia de fantasmas, construida desde el tropo clásico del espíritu que no encuentra paz y busca una forma de atormentar a aquellos que le hicieron daño. La vuelta que le da la película es que esta fantasma, interpretada por una esforzada Amaia Salamanca en busca de nuevos retos en cine, esté presente en plano desde el principio.
Esta apuesta por hacer visible al personaje/ente va frustrando cualquier intento de construir una atmósfera. Pese a los esfuerzos formales de Miguel Ángel Lamata por darle dinamismo, todo en el terror es denotativo y textual. Nada evoca a nada que no esté ya en pantalla. Cada secuencia de los «poderes» malévolos de esta fantasma, cada explicación sobre sus razones y motivaciones, la van convirtiendo en un ente cada vez más banal.
Familia maldita

De fondo, el eje dramático de la película es una historia de reconciliación familiar, con el viaje de un padre irresponsable y mujeriego hacia la luz reformadora. Por aquí La ahorcada se guarda las que deberían ser sus mejores cartas, sus giros y hasta su tono emocional de fondo. Aunque por aquí hay algún acierto, cualquier desarrollo interesante se acaba quedando sin espacio, opacado por este terror de papel de fumar.
Un ejemplo de cómo la película claudica también a la hora de darle forma a su vena melodramática principal, que habría sido el tono que seguramente más le convenía a sus personajes: el personaje de Eduardo Noriega tiene que explicar sus inquietudes y dudas sobrenaturales… a su terapeuta. Una solución que, venga de la novela o del guión, demuestra la inoperatividad y pereza general de la propuesta.
En definitiva: La ahorcada es una película transparente para mal. No es que sus giros se puedan deducir, que eso es lo de menos, es que no es capaz de integrar un tono más o menos uniforme que la beneficie. A partir de un núcleo de terror muy mal enfocado, todo se va desmoronando, incluso sus vertientes dramáticas con más potencial.
Dónde ver

Arturo Tena