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CRÍTICAS

Todos mienten T2: Más grande, más cínico, más bestia

Continúa la parodia de los thrillers y culebrones de Pau Freixas, una serie con una lectura de alegato contra la riqueza privilegiada que se niega admitir
<strong>Todos mienten T2</strong>: Más grande, más cínico, más bestia 2

La temporada 2 de Todos mienten empieza donde acabó la anterior. No es una forma de hablar, vuelve al momento en el que Ana y Macarena lanzaron el cuerpo de Néstor por un acantilado. Y luego nos cuenta las consecuencias en el barrio de la muerte de Iván, varias desapariciones que no son exactamente las que pensamos y la posible autoría de los diferentes asesinatos, incluyendo testigos inesperados y revelaciones de secretos del pasado que ya conocemos de la temporada anterior. Todo con un nuevo inspector en la comisaría de Belmonte que intente desenredar todo el lío.

En la primera temporada, esta serie jugaba a parecer superficialmente un thriller sexual con componentes de drama para que la comedia negra fuese emergiendo poco a poco. En la segunda no disimula en absoluto, sus personajes dejan de tener redención posible y se convierten en una panda de pollos sin cabeza. Ojo, que deja abierta la puerta a una tercera. Eso sí, por el camino la propuesta de Pau Freixas ha pasado de posible serie de prestigio a entretenimiento cafre. Es bienvenida por lo cínico de la propuesta, pero no aspira a nada más.

Movistar Plus+ se ha pegado un paseo militar en este 2023 de La Mesías, Poquita Fe o El otro lado, además de la segunda temporada de Rapa y a la espera del siguiente pelotazo que promete Galgos. La segunda temporada de Todos mienten llega desde 2022 para ser una especie de puente entre las series que hacemos ahora y una parodia de las que se hacían en otros momentos para el abierto. También recuerda que otro tipo de comedia, que se ría de cosas que puedan dolerle de verdad a quienes hacen los chistes, es posible.

Todos mienten t2 temporada 2 nuevos episodios Movistar Plus+

En fin, que Todos mienten sigue funcionando como una parodia de cierto tipo de melodrama o culebrón televisivo. Si había cierta mala baba contra los thrillers por defecto estilo El inocente, Sé quién eres o la propia Élite, aquí casi que se parodia a sí misma. En la primera entrega cada personaje tenía su secreto para toda la temporada, en la segunda los secretos se enredan a media docena por episodio. La búsqueda del sospechoso huida o la duda sobre la identidad de tal o cual cuerpo hallado en el barrio pegan giros locos cada 20 minutos. Da igual intentar seguir las pistas, aunque la cosa es más o menos honesta, la cosa es reírse de lo loco que es todo.

La acumulación de tópicos de culebrón —el coma, el muerto vivo, el personaje que se sacrifica, el ex que reaparece, el progenitor que reaparece— busca, además, hacer un retrato de cierta hipocresía social. Tal y cómo se presentan las cosas así son imposibles en la vida real, pero las motivaciones de la mayoría de personajes si son 100% verosímiles. El montaje de las ingenia para enredarnos en el guión, volviendo a contarnos las mismas escenas una y otra vez. Cuando se aceptan las reglas, es cuestión de dejarse llevar y saber que el final no será de documental. Y que, además, vuelve a tener una solución que es un comentario a una tragedia real, alejada de idealizaciones.

La serie hasta se burla del tropo del nuevo personaje que remueve cosas y viene del pasado con el papel de Alberto San Juan. Un viejo amigo de los protagonistas y antiguo vecino de Belmonte que acaba de inspector asignado al caso junto a Maite (Miren Ibarguren) y no puede evitar reírse con cada giro loco («¿La segunda mujer de tu hermano y abogada del marido de tu mejor amiga estaba liada con tu marido?»). Es casi la voz del espectador y otro cínico: ataca los intereses creados en el microcosmos del barrio, pero a él lo mueve el rencor del expulsado.

<strong>Todos mienten T2</strong>: Más grande, más cínico, más bestia 1

Pau Freixas, creador y director de Todos mienten, ha insistido en las entrevistas de que no existe una crítica social de clase en la serie. Será verdad, pero le ha salido sin querer. La mayor parte del tiempo los personajes de Belmonte no están defendiendo sus identidades, por decirlo así, o sus personas, excepto uno o dos muy pasados de vueltas, como el de Natalia Verbeke. Están defendiendo su estatus económico, para sí mismo o para sus hijos, y mienten para ello. Las decenas de personas a su servicio —en el club, en las propias casas— son invisibilizadas, excepto en chistes como el de la abuela secreta confundida con una cuidadora.

En ese sentido, acaban siendo más transversales e inclusivas telenovelas menos sofisticadas que esta como 4 Estrellas o Mía es la venganza, quizás porque Todos mienten aspira a un público más reducido, vaya, al que llega Movistar Plus+, y las otras apuntan a uno más masivo y popular. La endogamia de la que se burla el personaje de San Juan (o el de Amaia Salamanca, que durante dos temporadas cada vez que sale lo hace para ridiculizar el conjunto, incluso cuando ejerce de abogada) es de clase y su destino es autoperpetuarse. Ninguna serie está obliga a representar a nadie, pero siempre representa algo, aunque sea de forma involuntaria. En este caso, un mundo exclusivo, privilegiado, frívolo y egoísta, que solo es posible por el dinero.

Archivando el caso, la segunda temporada de Todos mienten es lo mismo que la primera, pero con esteroides. Continúa el argumento de la original y lo embarra con muchos más secretos y aún más turbios, y sobre todo un sentido del humor cada vez más negro, negrísimo, que acaba revelando un gran conocimiento del medio televisivo y poca piedad con sus tropos más problemáticos. Una serie que sí quiere se perpetuará y que el día que se dé cuenta de que está haciendo un alegato contra los ricos, será todavía mejor.

Imágenes: Temporada 2 de Todos mienten – Movistar Plus+
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.