Críticas
Los Protegidos: Un nuevo poder, episodio 1: Chúpate esa, Marvel

Stills de 'Los protegidos'. ©Mario Martín. Montaje: ©Cine con Ñ
Los Protegidos: Un nuevo poder arranca meses después del final de Los Protegidos: ADN, con los protagonistas ya integrados en dicha organización mitad escuela, mitad ejército… y parando para celebrar la Navidad. Los Castillo se reúnen en casa del abuelo, alguno con buenas noticias, otros con problemas de pareja y el que más y el que menos que se siente solo. Pero no van a ser unas vacaciones tranquilas. Un caso tiene en vilo a la ciudad. Un extraño ladrón al que llaman… el Elfo Travieso.
Se dice en los círculos frikardos ya de cierta edad que la mejor adaptación de los X-Men de Marvel no es ninguna de sus películas, ni siquiera las versiones animadas, sino la serie de Buffy Cazavampiros (1997-2003). También tuvieron una no oficial y que por España emitieron las autonómicas, Mutante X (2001-2004).
Todo mentiras. Los Protegidos (2010-2012) las está adelantando a todas por la derecha desde Los Protegidos: El Regreso (2021), y sin abandonar el toque ibérico de cruzar superhéroes con Los Serrano (2003-2008)
Los nuevos episodios, además, son directamente una especie de ‘especial Navidad’. Los Protegidos: Un nuevo poder aúna las referencias al frikismo más loco y la cultura popular heredada de las invasiones yanquis con el costumbrismo cañí en la medida en que te están contando la versión superheroica del anuncio de los turrones ‘El Almendro’, el ‘vuelve a casa por Navidad’. Como siempre, son los personajes «adultos», o ahora ya por el paso del tiempo, «sin poderes» los que le dan ese asidero realista que le otorga personalidad propia.
Los Protegidos: Un nuevo poder puede con todo

Los Protegidos: Un nuevo poder ha sobrevivido a El Vecino (2019-2021) y ¡García! (2022), series con mucho más pedigrí superheroico, basadas en tebeos de éxito y con efectos especiales y repartos bastante más pintones, e incluso a Orígenes secretos (2020), que se quedó en una entrega y ya a pesar de tener material literario para continuar. Ni hablar ya de Superlópez (2018), que ni proyecto habrá de recuperarla —ni narices de nadie de adaptar Los Cabezicubos, que originalmente se publicó en 1983, con el 23F todavía calentito—.
Algo tendrá el agua cuando la bendicen, si además desde la anterior miniserie, Los Protegidos: ADN (2023) ya van a pijo sacado y no les importa admitir las fuentes o jugar con conceptos de ciencia-ficción más locos, y no simplemente tener escenas de peleas con rayos entre drama adolescente y más drama adolescente (que sigue ahí, ojo). Lo de la familia bajándose del metro a detener a un mangante porque es lo correcto o el abuelo pidiendo que no le estropeen la obra de Navidad de la nieta con superpoderes ya son detalles de jugones.
Por otra parte, y aunque uno asuma que es inevitable que una serie que básicamente te mete un homenaje a la Marvel de los 90 cada dos frames beba tanto de la cultura estadounidense, estaría bien que rematasen la parte costumbrista poniendo un Belén, y no yendo a comprar el arbolito de navidad que a un castizo como el personaje de Antonio Garrido le debería parecer invento demoníaco de Lutero. Se compensa por la vecina metiche de Gracia Olayo y esos maderos desnortados reciamente ibéricos.
Los Protegidos: Un nuevo poder y la deslocalización

Algunas decisiones que vuelven la serie más genérica, eso sí, pueden deberse a parte del secreto de su éxito: el público internacional. Como decía don Rafael Marín, los ingleses basan su éxito en decir que son diferentes y los estadounidenses en que son iguales a todo el mundo. Los símbolos navideños despojados de raíz religiosa real, casi rozando lo pagano, se han convertido en el «por defecto» de la cultura mundial —al menos, de momento—, y un Belén sería demasiado católico incluso para vender la burra en América Latina.
Por eso quizás en este primer episodio hay un detalle de genialidad: que el malo sea un juguete de moda. Más allá de todos los guiños que ustedes detectan mejor que yo, está el tema de que sea el puñetero elfo travieso que de repente inunda la vida de cualquier niño que ustedes conozcan, haciendo trastadas de más o menos simpáticas según lo descerebrado del padre que las ejecute. El mensajito nada sutil sobre el consumismo y lo que les hacemos a los chaveas con las fiestas no cae en saco roto.
Recogiendo el Pájaro Negro: Los Protegidos: Un nuevo poder cumple con lo que promete: una batidora superheroica encerrada en una comedia costumbrista familiar. En estas dos últimas miniserie, el equipo al cargo de los personajes de Dario Madrona y Ruth García se ha venido arriba y ya se atreve con un equilibrio que una producción española previa al streaming ni habría soñado. Y aunque ya no tengamos edad para alguna subtrama, a los que hemos leído tebeos de los X-Men cuando todavía los llamaban Patrulla-X nos hará mucha gracia.

Jose A. Cano