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Críticas

Las invisibles: La solución al dolor de espalda es un sindicato

La nueva serie de Héctor Lozano ('Merlí') da un espacio a las protagonistas maduras y no normativas que no tenían desde 'Aída' o 'Señoras del (h)AMPA', pero no admite que está contando una historia de lucha de clases
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Las invisibles se sitúa en el Hotel Calíope, en la Costa Brava, donde un grupo de camareras de piso sobrevive como puede ante la precariedad, los abusos laborales y las complicaciones de la vida diaria. Cuando una de las más veteranas del equipo fallece durante el trabajo de un ataque al corazón, es sustituida por Gladys, una joven con fama de conflictiva en otros centros de trabajo que intenta organizarlas para luchar por sus derechos y formar un sindicato.

En apariencia Héctor Lozano cambia de tercio con esta serie tras Merlí y Merlí: Sapere Aude en su salto a SkyShowtime, pasando del profesor de filosofía misántropo y de masculinidad tradicional o el alumno bisexual y cosmopolita en el entorno elitista de la universidad a un grupo de mujeres de clase trabajadora, la mayoría no normativas y de cierta edad. Personajes que, de hecho, en aquellas series saldrían de fondo y como meras comparsas de los protagonistas, bien hipermasculinos y/o bellos y normativos.

Las invisibles, que se presentó en Pantalla TV del Festival de Málaga, basa parte de su trama en las experiencias del sindicato Las Kellys Barcelona, que han colaborado en la documentación con Lozano. Lo curioso es que tanto el creador como sus actrices, en las entrevistas, han insistido que es solo una serie, que solo es entretenimiento, que todo es imaginario. Por lo que se ve, admitir que has querido hacer una serie sobre un grupo de mujeres mayores, migrante y racializadas que crean un sindicato para mejorar su vida da un poco de prudencia.

En cuanto al desembarco por goteo de SkyShowtime en la ficción española, y a la espera de Mentiras pasajeras, de la que se espera algo más, la plataforma de Paramount no parece muy dispuesta a arriesgar. De momento entrega una comedia costumbrista para unirse a las repescadas de HBO Max y a su proyecto estrella Bosé, un producto plano de formato de lujo pensado para el mercado internacional. Las invisibles, de momento, es la mejor serie de toda la terna, incluyendo la fallida segunda entrega de Por H o por B.

Bailando en la precariedad

Las invisibles serie

Para empezar, Las invisibles es una serie, en principio, de infantería. Normal, sin alardes. Más allá del caché de María Pujalte, Elena Irurera o la propia Lolita (o lo que cobre el mismo Lozano, que ya tiene un status), se podría decir que hasta barata. El humor es básico, algunas tramas se ven venir, de esas veces que el reparto es un spoiler en sí mismo, y la narración resulta tirando a plana. Lo novedoso sería el tipo de protagonismo femenino, sobre todo con mayoría de mujeres maduras, con el que la televisión en España no se atrevía ni en la época en la que ellas eran el presunto público objetivo, con las honrosas excepciones de Aida (2005-2014), Los misterios de Laura (2009-2014) o la más reciente Señoras del (h)AMPA (2019-2021).

Hay un par de «innovaciones», no excesivas pero que se supone que dialogan con ese deseo de ruptura dando espacio a dos colectivos normalmente ignorados por la ficción (pasada, presente y futura), como son las femineidades no normativas y la clase trabajadora. Uno, la narración de Elena Irureta con su personaje en el otro barrio, demasiado plana y maternal, falta de ironía, tendente al subrayado innecesario… pero una parodia obvia de Mujeres desesperadas (2004-2012), que a su vez le daba la vuelta la voz en off de El crepúsculo de los dioses (1950), de Billy Wilder.

Ese desplazamiento en el punto de vista no deja de tener su miga en tanto Pilar, en realidad, no importa un pimiento más allá de que su muerte precipite la acción. Desde el más allá es maternal y se preocupa por el bienestar de otros sin atender al suyo propio, como les ocurre a casi todas sus amigas o a su hija. La segunda «innovación» de Las invisibles, digamos, es que cada episodio viene adornado de un momento musical o de baile producto del filtro imaginario de esa voz narrativa sobre la situación de la trama, en la que Lolita y compañía lo mismo le dan al sirtaki que perrean.

Camarera de día, sindicalista de noche

las invisibles serie

El personaje más, digamos, pintoresco, es Gladys, la sindicalista (interpretada por la actriz mexicana Yoshira Escárrega, más conocida en su país que en España, de momento), que es camarera de piso vocacional, porque le gusta su trabajo y quiere cambiar las condiciones de las demás. En serio, lo verbaliza varias veces, casi una vez por episodio. Incluso insiste ante su pareja, una abogada de alto standing y mayor que ella (Eva Martín), empeñada en que no necesita trabajar para vivir ya que podría mantenerla con lo que gana. Es una subtrama inverosímil, pero en la que la serie aprovecha para mostrar momentos de racismo cuando las amigas de su novia la confunden con la chacha.

Por otra parte, Las invisibles retrata bien algunas situaciones laborales, subrayando cómo las camareras cobran dos euros por habitación o se ven forzadas a cumplir con tiempos de limpieza imposibles, además de enfermedades asociadas a la exigencia física de su trabajo. La principal antagonista, además, fiel secuaz del director inútil y cobarde, es la gobernanta (Yaël Belicha), antigua camarera de piso también, la cual, en aras de mantener su status desclasado, es capaz de los peores abusos contras su excompañeras.

La duda que surge viendo Las invisibles es hacia dónde quiere ir. Porque el público está tan acostumbrado a cierto tipo de dramedia que en el mencionado pase en Málaga de los dos primeros episodios se reía mientras el director del hotel y la gobernanta cometían un abuso tremendo contra una trabajadora. Pero es que ni siquiera en Aída se subrayó tanto que la solución para los problemas de estas mujeres no es ordenarse los chacras o calzarse a un madurito —que si les apetece guay, ¿eh?, lo que se van a comer los gusanos que lo disfruten los cristianos—, sino formar un sindicato y liarla parda. Y para una serie o película en España que va y dice eso, aunque sea floja, pues por lo menos que no se avergüence de ello.

Imágenes: Las invisibles – SkyShowtime

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).