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Merlí: Sapere Aude, temporada 2: Frasier escuchando a Michael Jackson

El spin-off de ‘Merlí’ cierra sus dos temporadas conservando todos los defectos del original y sin tener claro a quién se dirige.

Merlí: Sapere Aude, temporada 2: Frasier escuchando a Michael Jackson 1

Merlí: Sapere Aude sigue a Pol Rubio en su segundo semestre estudiando Filosfía en la Universidad de Barcelona. Inicia una relación con un carpintero mayor que él, consigue trabajo en el club Satanasa como camarero y se enfrenta a los problemas económicos de su familia mientras sigue las clases de la particular profesora Bolaño y los avatares sentimentales de sus amigos.



La segunda y última temporada del spin-off de Merlí se gusta a sí misma y directamente en lugar de filosofar sobre la cotidianidad, cotidianiza la filosofía, aunque como esto sigue siendo una Facultad de Filosofía y ya nunca más un colegio concertado, pues queda orgánico. El proceso de maduración de Pol Rubio hacia el chulopiscinas más ilustrado del conurbano de Barcelona continúa añadiendo como mentor a Dino, dueño del cabaret Satanasa en el que entra a trabajar de camarero, y como novio a Axel, un rudo pero tierno carpintero.

Hay un capítulo de Frasier en el que los cómicos de la radio la toman con él burlándose de que sea tan pretencioso. Hacia el final del episodio, el psicólogo favorito de los niños decide responder con una brillante alocución que comienza citando a La Rochefoucault y uno de los humoristas responde, muy gringo: «¡Oh, por favor, yo también fui a la Universidad!» y le corrige la pronunciación. Un poco esa es la sensación que deja Merlí: Sapere Aude, libre de las ataduras de salir en una televisión pública de su serie madre.

Les advierto que después del salto viene un spoileraco más gordo que las obras completas de Nietzsche, ¿eh? Que no se diga. El que avisa no es traidor. Esta vez va en serio.

 

Crítica de Merlí: Sapere Aude T2 con spoilersMerlí: Sapere Aude

Ojo. Spoiler. Spoiler gordo.

Pol Rubio tiene VIH y lo descubre en el primer episodio. La temporada entera utiliza la circunstancia, y el proceso de aceptación del protagonista y su entorno, como metáfora nada sutil sobre sentir merecedor de ser amado a partir de la incipiente relación del mismo con Axel, el carpintero empotrador. Por el camino se visitan otros tipos de amor, como el paterno o materno y el filial, muy presentes toda la serie ya desde Merlí, claro.

Merlí: Sapere Aude abre y cierra casi literalmente con el paraninfo de la Universidad de Barcelona, primero con una foto de archivo de un acto de 1941 presidido por la esvástica y luego con una performance, un debate con banquete, al estilo de Platón, en el que los personajes discuten sobre la naturaleza del amor con la profesora Bolaño como supertacañona. Porque lo contrario del fascismo es el amor, y si va adornado con Filosofía, mejor. 

Que ojo, que la serie sigue teniendo su coña, faltaría más. Que aquí al rector se lo manipula hablándole de prestigio. Pero vaya, es como esa autoironía de señoro con gafas y cuello vuelto que dice que él ayuda en casa los fines de semana que no va la chica que limpia. En plan, jajaja, a veces veo fútbol, como el populacho, como me parodio a mí mismo. Son gracietas de Movistar+, como el cameo de Jabois en Nasdrovia. Que fuera de la burbuja no es que no tengan gracia, es que no son nada.

(Ya, ya. A quién me creeré que le escribo yo esto).

 

El matrimonio entre el cielo y el infiernoMerlí: Sapere Aude, temporada 2: Frasier escuchando a Michael Jackson 2

El personaje de Poncela se llama Dino y bautiza a Pol Rubio como Apolo. ¿Lo pillas? Da igual, es Poncela. Jefe. Amo. Rey. Faraón. Puede hacer lo que le dé la real gana, hasta versionar a Mari Trini rodeado de hispters haciendo mimo. En esta santa casa somos muy de chicos Almodóvar, y si don Eusebio quiere repetir su reciente y eterno papel de divo y maestro jedi del protagonista zocolotroco de turno, pues ole su polla.

Más allá de los tópicos de la Barcelona canallita, hablemos de María Pujalte. ¿Por qué no tiene más protagonistas esta mujer?. Su personaje, María Bolaño, es Merlí con tetas, la cínica pero en el fondo blandita del reparto de Merlí: Sapere Aude, la mentora áspera que da las lecciones serias frente al vitalista Dino. Su matrimonio final entre Settembrini y Naptha o entre Platón y Aristóteles viene rematado por una referencia a Paul B. Preciado -o yo ya sobreinterpreto- y un viaje a las islas griegas. Porque citar a La Rochefoucault llenándote la boca nunca es sutil.



El club Satanasa se une a la historia de amor de Pol y Axel para incardinar a los personajes de Lozano en su propia genealogía LGTBI, algo que cojeaba más en el original pero que aquí, gracias a la decantación del público objetivo -o no, ahora hablamos de eso- y la reducción de episodios funciona mejor. Básicamente se rescata la memoria del VIH y se naturaliza su actual realidad, recordando lo que ha costado llegar hasta aquí. En ese sentido, chapeau, aunque tendría más gracia esto en TV3, y no liarla pardísima al hablar de transfobia.

 

El barbero que se afeita a sí mismoMerlí: Sapere Aude, temporada 2: Frasier escuchando a Michael Jackson 3

La pregunta es: ¿a quién está dirigida Merlí: Sapere Aude? Porque Merlí era una serie para chavales. La emitía una cadena pública, se ambientaba en un centro educativo más o menos público y tenía unos objetivos explícitamente divulgativos. Pero no hay muchos adolescentes con suscripción a Movistar+. Como mucho están viendo PlayZ. Donde, por cierto, sí que se emiten Merlí la original y HIT.

Muchos capítulos empiezan con alguno de los profesores de Filosofía planteando una paradoja o debate ético, a veces nivel 4º de la ESO, a veces sacado de Twitter. Allá por el sexto episodio Bolaño les cuestiona si es ético seguir escuchando a Michael Jackson y algunos estudiantes se ponen muy intensitos con la cultura de la cancelación mientras otros dicen lo de separar al autor de la obra. Se supone que la plataforma de Telefónica perfila a un espectador más adulto y sofisticado, al que le cuela zocolotrocos como Nasdrovia como si fuesen lo más pero que quiere a Urbizu o Sorogoyen. ¿Para esa gente es el debatito? ¿Y los títulos en latín y Papageno y Papagena? No sé, Rick…

Mención aparte, en el penúltimo párrafo, el de ser supertacañón deluxe, a la misoginia de rango medio que ya caracterizaba a Merlí y que se ha mantenido en su hija putativa. Bolaño aparte, que de nuevo es solo Merlí con tetas y ella misma lo admite en varios diálogos, los personajes femeninos tienen arcos que siempre giran alrededor de señores y la forma en la que se refleja su deseo es completamente ridícula. Estilo Mujeres desesperadas y tal. Del clasismo ya ni hablamos, porque la subtrama con Carmen Conesa y el padre de Pol Rubio intenta arreglar las críticas en ese sentido y mire usted, no.

Al final -llegan las líneas de cierre- da la impresión de que Héctor Lozano se ha convertido en Frasier y se mola a sí mismo citando a gente muy lista de hace muchos años, le da igual si el resto pilla el chiste o que les haga gracia. Está bien que las series segmenten públicos porque así hemos conseguido Veneno o Libertad, faltaría más. Lo que pasa que en este caso lo que configura es un público aspiracional inexistente, que quiere creerse muy listo mientras sigue tramas para adolescentes. Bien está lo que bien acaba, pero, por favor. Nuestras series que sean lo que sean, pero que no nos tomen por tontos.

 

Jose A Cano (@caniferus)

Puedes ver Merlí: Sapere Aude temporada 2 completa online aquí.

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