Películas españolas
Canto Cósmico. Niño de Elche: Subversión en documental

En el documental Canto cósmico. Niño de Elche, los directores Leire Apellaniz y Marc Sempere-Moya se acercan desde diferentes ángulos a Francisco Contreras Molina (Elche, 1985), más conocido por su nombre artístico: Niño de Elche. Sus orígenes flamencos y familiares, su particular estilo, su ideología y sus performances se mezclan con sus propias reflexiones y las distintas intervenciones de otras personas que dan contexto y explican la dimensión de Contreras como músico.
Desde que pasó por el Festival de Sevilla 2021, parte de la promoción de Canto Cósmico. Niño de Elche se ha centrado en explicar que está alejada de los canones de un documental convencional. Que es imposible que la vayas a confundir con uno sobre fútbol de Prime Video, vaya. En realidad, sí tiene cosas que puedes esperar de una biografía clásica: hay figuras clave que hablan a cámara o se presentan documentos de la vida de Contreras desde que era un niño, con una cierta cronología. Su apuesta, más que por desmarcarse de esas convenciones, es incluirlas para subvertirlas y transformarlas, como hace el propio Niño de Elche en sus canciones y actuaciones.
Se conozca o no a Niño de Elche como artista, activista y personaje, guste o no su intensa trascendentalidad, Apellaniz y Sempere-Moya han hecho una película interesante que comunica de verdad las claves de su mundo, quedándose cerca de mimetizarse con su esencia pero sin perder un poco de esa distancia prudencial que necesitamos para entenderla. Y además lo han hecho sin insistir en las palabras, que son más bien una fuente entre lo poético y lo contextual, sino transmitiendo desde la imagen y el sonido, conjuntos que se independizan de la pura funcionalidad.
Lo que se dice y cómo se dice en Canto cósmico. Niño de Elche

La estructura de Canto Cósmico. Niño de Elche se mueve por temas que tratan, de alguna manera, el estado de la cuestión «Niño de Elche». No es un recorrido lineal por su vida, es más bien por ideas y conceptos que tienen que ver con él. Así se tratan sus orígenes, cómo se ve a sí mismo y cómo lo ven los demás, sus vínculos con su familia -muy importante en la película- y su ciudad, la relación con el flamenco o su dimensión como artista. Tocando y soltando bloques que, a veces, como le pasa al propio Niño de Elche, se cruzan. Eso hace que, aunque no sepas o no te importe nada de su figura, te pueda interesar lo que cuenta este documental.
Pero la película interesa sobre todo por cómo cuenta. Apellaniz y Sempere-Moya superan la etiqueta del «documental sobre un artista» porque no se quedan solo en lo descriptivo, en lo que aportan las personas que intervienen, sino que buscan comunicar y ser significativos a través de otros elementos que vemos en pantalla. El lugar desde el que aparece el experto en flamenco Pedro G. Romero (que ha ha hecho una película que podría ser hermana mayor de esta, Nueve Sevillas) nos habla, como también nos da información la iluminación de C. Tangana, cómo está montada la intervención de Miguel Álvarez-Fernández o cómo se colocan sus padres. Las secuencias, además, dialogan de verdad entre ellas en el montaje.
Canto Cósmico. Niño de Elche, performance para llegar a la luz

Película y objeto de estudio conectan definitivamente a través de la performance, ese palabro para actuar al que se le da forma en público pero también en lo más privado -como un emocionante momento en el que le canta a su madre-. La manera en la que Niño de Elche representa su música, actuando y jugando con el espacio, nos obliga a mirar y a escuchar al mismo tiempo. Estos momentos de actuación seleccionados activan y potencian el lenguaje cinematográfico de la película, que siempre busca la atención en todo lo que se ve y escucha en plano, con cada elemento cumpliendo una función específica dentro del cuadro.
Eso hace que la pausa para fijarse en la imagen, su cadencia lenta de segundos y su empeño en no explicarse en palabras tengan un sentido, que no sean ningún capricho de cine de autor. Si se le tiene paciencia, Canto Cósmico. Niño de Elche se revela como un documental muy potente, que supera su objeto de estudio. Francisco Contreras se convierta en un nudo de transmisión: su voz te guía para percibir sus miedos sin tenerlos, su manera de pensar sin compartirla o su música sin haberla escuchado antes. Un documental a contracorriente para cualquier interesado no ya solo en el flamenco, sino en algunos de los caminos por los que se mueve la cultura española contemporánea.

Arturo Tena