Críticas
Después de Kim: Pulso, familia y misterio

Stills de 'Después de Kim'. ©Laia Lluch. Montaje: ©Cine con Ñ
Después de Kim arranca con una noticia que reunirá en Buenos Aires a Juan y Gloria, dos divorciados desde hace décadas: su hija en común, Kim, ha muerto en España. Ambos viajarán juntos hasta Benidorm para reconocer el cuerpo y gestionar todo lo que conlleva una muerte convertida en asesinato. Mientras las rencillas de los ex vuelven a aflorar, ambos descubren también que Kim tuvo un hijo y que ha desaparecido.
Estrenada en la Sección Oficial del Festival de Málaga, Después de Kim es la nueva película como directora y guionista de Ángeles González-Sinde (sí, la de la Ley Sinde), con la que adapta al cine su propia novela homónima (2019, Duomo Ediciones). Con Adriana Ozores y Darío Grandinetti como protagonistas, es un drama con toques de suspense y comedia en el que una antigua pareja deberá recomponer su relación y el duelo por su hija para encontrar a su nieto perdido.
Después de la insípida El comensal (2022), González-Sinde recupera pulso en cine con esta película sobre la pérdida y los nuevos encuentros. Con tendencia a la contención, Sinde se agarra bien a los personajes que interpretan Adriana Ozores, talismán de la directora, y Darío Grandinetti, aquí convertidos en unos inusuales investigadores criminales en la Costa Blanca.
Después de Kim hay que seguir viviendo

La película empieza bien, especialmente gracias a una fantástica secuencia inicial (un ejercicio de síntesis, interpretación y hasta evocación en medio de la madrugada), y a la llegada a una Benidorm bastante normalizada en las imágenes, alejada de la idealización o estilización de otras películas y también dejando ver partes de la ciudad y sus alrededores que han sido menos visitadas en la ficción española.
A la altura está el trabajo con esta ya extraña pareja que conforman Ozores y Grandinetti. La película establece una dinámica de tira y afloja entre ambos, contrastando sus personalidades y sus antiguas rencillas, pero también dejando un espacio para que se abra una puerta nueva en su relación. Los dos actores están bien dirigidos y el resto lo ponen ellos con su oficio habitual.
Misterios que son excusas

Donde la película se desinfla es en cómo se va desarrollando el misterio y la trama de investigación alrededor del caso de Kim, asesinada en extrañas circunstancias, y el paradero del niño. Más allá del empeño que le pone el personaje de Grandinetti, no hay prácticamente énfasis en la investigación, sino que se va manteniendo y haciéndola avanzar un poco a base de vaguedades hasta que se tiene que resolver.
Se nota que a Sinde más que querer establecer el suspense, busca servirse de él para seguir profundizando en el arco de sus protagonistas. Ahí es donde está la película que le interesa y donde pone su núcleo emocional. El problema es que su premisa (¿qué pasó con Kim y el niño?) la obliga a tener que colocar esta vertiente en el centro para poder rematar la faena. Uno se puede excusar en que la falta de tensión es por querer hacerlo todo con verosimilitud, que dos personas que se acercan a los 70 años no son James Bond, pero la realidad es que es una trama que se adueña de la película y la acaba aplanando.
La anticlimática secuencia final es una demostración de esta «trampa» que se pone Después de Kim, que, por otro lado, es un drama accesible y bien conducido. Una película que va de más a menos, pero que sirve para reencontrarse con la Ángeles González-Sinde de La suerte dormida (2003) o Una palabra tuya (2008), la que tiene algo que aportar desde unos personajes que necesitan reencontrarse.


Arturo Tena