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Nueve Sevillas: Vivir en flamenco

Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero han hecho la mejor película sobre flamenco hasta la fecha

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Un año después de haberse presentado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, se estrena en salas Nueve Sevillas, una película del artista Pedro G. Romero y el histórico director andaluz Gonzalo García Pelayo. A partir de un proyecto frustrado sobre Pepe Habichuela y el cartel creado por Romero para la Bienal de Flamenco de 2018, los dos se juntaron para hacer este «paseo psicogeográfico» por el flamenco y la ciudad a través de 9 personas vinculadas a ellos.

El documental de García Pelayo y Romero transcurre por la historia y presente de la música flamenca, atravesada y habitada por las calles y el alma de Sevilla. Lo hace a través de encuentros, conversaciones y actuaciones musicales en las que se ve directamente cómo la película se va formando, cuestionando y contradiciendo. Se divide en varios segmentos y se sigue el eje de sus principales personajes, con el estilo y referencia directa de la película Vivir en Sevilla (Gonzalo García Pelayo, 1978), hito del primer cine andaluz tras la dictadura.

Sobre esta película libertaria de la Transición se define el espíritu de esta imponente Nueve Sevillas, un experimento intenso para acercarse a lo que es el flamenco como arte de la calle, actitud ante la vida y, claro, expresión de un pueblo marginado: el gitano. Un torrente irregular de imágenes, sonidos e ideas que solo se completan en una Sevilla eterna, real e imposible, para terminar de coger la forma tan sigular que tiene en pantalla.

Cine experimental, cine popular

Nueve Sevillas: Vivir en flamenco 1

Una película tan expansiva como Nueve Sevillas acaba ganando por ser fiel y mostrarse sin complejos ante lo que quiere retratar. Por su manera de combinar experimentación formal y concentración artística con una forma de explicarse transparente y sencilla. Es uno de los ejemplos recientes más claros de cómo se puede salir de las convenciones narrativas y documentales sin elevarse por encima de las aceras, sino quedándose a vivir en ellas.

Romero y García Pelayo practican cine creativo y libre, alejado de cualquier pauta comercial, pero manteniéndose también como cine popular, hecho para la gente, sin juzgarla. Por eso es contradictoria, mezcla temas y mensajes y baila entre la tradición y la modernidad. Pero la película es capaz de no salirse de lo que cualquiera tenga que decir, sin paternalismos y dejándole espacio para crear. Porque, como se dice en el documental, en Sevilla la gente es público y artista a la vez.

De ahí aparecen momentos maravillosos en Nueve Sevillas, que respira vida y desprende fuerza artística y riqueza visual en su lenguaje. La conjunción de las formas de Vivir en Sevilla -que no hay por qué conocerla para disfrutarlas-, el propio imaginario autorreflexivo de Pedro G. Romero y la capacidad de García Pelayo de integrarlo todo con lo más mundano la hacen realmente especial como experiencia cinematográfica. El broche lo pone el impresionante montaje de Sergi Dies, que crea intirigantes nuevos significados en paralelo.

El flamenco no es folklore, es música urbana

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Esta voluntad plebeya conecta, claro, con el tema principal de Nueve Sevillas, el flamenco, y con el adyacente, la ciudad de Sevilla. Este es el segundo hallazgo de la película -por el que se le perdonan también sus excesos y declinaciones menos afortunadas-: su retrato tan amplio y profundo del flamenco, que lo acaba desbordando. No se había hecho antes un acercamiento tan rico sobre este género musical, que tiene que estar irremediablemente conectado a las raíces, a nuestro pasado y a una visión amplia del presente.

Es la mejor película sobre flamenco hasta la fecha. No una historia o musical con flamenco (el cine de Saura o Las cosas del querer), sino que lo trate como tema en toda su amplitud. No se ha hecho en cine nada más profundo que esto. No porque se analicen estilos, sea exhaustiva o porque sea solo una película sobre flamenco, pero es desde luego el alma que lo empapa todo. Aunque se pueda no estar de acuerdo, su apuesta por el «flamenco radical» como vanguardia, alejado de purezas, la hace inclusiva de verdad con todas las sensibilidades del género.

En ese sentido, la película es interesante tanto para el no iniciado en el género como para el que sí conoce todas los repasos por los que va dando el filme por conceptos, referencias y estilos dentro de este mar músical tan profundo. Bobote, Pastori Filigrana, Vanesa Montoya, Rocío Montero, Rudolf Rostas, Javiera de la Fuente, Yinka Esi Graves, David Pielfort o los hermanos García Pelayo son personajes que no todos tienen que ver directamente con el flamenco, pero que completan un acercamiento, desde su perspectiva y su vida, a lo que son las coordenadas y el bagaje que también lo constituyen.

Apoyada por la música de Israel Galván, Inés Bacán, Rocío Márquez, Raúl Cantizano, Niño de Elche, Silvia Pérez Cruz o Rosalía,Nueve Sevillas es una película que va más allá de los documentales biográficos sobre artistas flamencos -varios de ellos, muy buenos- que han aparecido los últimos 10 años. Es, incluso en sus diferentes excesos, una obra que habla en su propia lengua para que todas entendamos sus diferentes identidades. Un camino enérgico que debería continuar la no ficción española del futuro.



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