Series españolas
Entrevías, capítulo 1: A tiros contra la gentrificación

Tirso Abantos es un militar retirado que regenta una ferretería en el barrio de Entrevías, en Madrid. A su creciente enfado por el deterioro de las condiciones de vida se une que ahora debe cuidar de su nieta Irene, una joven adoptada de origen vietnamita, mimada por sus padres, que se ha echado un novio, Nelson, que frecuenta muy malas compañías. Por el camino se cruzará con Ezequiel Fandiño, un policía corrupto conectado con los narcos locales y encantador de serpientes, que no es consciente de con quién va a decidir meterse en esta ocasión.
Aitor Gabilondo y David Bermejo han creado un thriller mucho más uniforme en el tono, al menos en este primer capítulo, que El Príncipe o Vivir sin permiso, donde el culebrón invadía mucho más la trama y los personajes jóvenes estaban llamados a ser reclamo comercial. La vida cotidiana en en el Entrevías real se dramatiza un poco y el exmilitar protagonista roza el tópico de los personajes de Clint Eastwood en sus filmes recientes, pero bueno, bien hecho y en una serie pensada para funcionar tanto en el abierto como el streaming, se puede y debe tolerar.
No es que sea el regreso de un género negro sin manierismos que algunos pedíamos a los dioses, pero tiene potencial de quedarse muy cerca. Más que otra cosa, se nota que los creadores de Vivir sin permiso tomaron buena nota de lo que más gustó a parte de su público: el dúo José Coronado-Luis Zahera, y ahora los trasladan a dos personajes complementarios pero antagónicos, en un contexto completamente diferente pero diseñados para que encajen en los puntos fuertes de ambos actores como un guante.
Crítica de Entrevías, capítulo 1, con detalles de la trama

Hay dos niveles posibles de lectura en Entrevías, al menos que proponga la misma serie en su primer episodio. Uno, el narrativo, que nos sitúa en una historia de género negro con sus apuntes de drama y que no quiere cargar las tintas en representaciones excesivamente violentas sin llegar a negarlas. Otro, el vamos a decir social, que quiere representar de manera fidedigna las condiciones de vida de un barrio como el Entrevías madrileño, con todas sus problemáticas pero sin tomar un partido explícito más allá de condenar la violencia, al menos de momento, y explicar el proceso de gentrificación del mismo.
Se puede decir que, visto lo visto hasta ahora, aprueba sobrado en ambos aspectos, en el primero por el tono sostenido de la narración, que dibuja a sus personajes al mismo tiempo que busca el crescendo del suspense, y en el segundo por la ambientación de las partes más costumbristas, esas con vecinas mayores semiconfinadas y burradas racistas tan reales que si se asoma usted por su ventana las podrá escuchar. El peaje son personajes en principio un poco más que vistos, pero el reparto está tan bien elegido (no solo Coronado y Zahera, también Itziar Atienza, Manolo Caro o Laura Ramos, hasta Franky Martín o María de Nati con los pocos minutos que les dan) que se pueden salvar.
Siguen aquí algunos dejes de serie de otros tiempos, como la escena de amor al aire libre de banda sonora a la moda que rompe todos los tonos de la serie de golpe, pero se puede en este caso perdonar porque al menos tiene una utilidad argumental para explicar las decisiones de los personajes. Aunque parte del objetivo, muy evidente, sea dejar a los dos protagonistas jóvenes en pelota picada -y luego a él gritando en calzoncillos encima de un tren, en un momento particularmente ridículo-, vamos a decir que su punto de vista tenía que estar también en la serie, no solo el de sus mayores.
Million Dollar Torrente

El punto fuerte, volvemos a ello, es tener a los dos monstruos de la naturaleza en una historia hecha para que se luzcan, aunque se refocile en todos los tópicos posibles. Tirso es un personaje de Clint Eastwood y Coronado lo sabe, pero tiene el puntito ibérico de comer de menú en su bar e insultar con prosopopeya castiza. En cuanto a Ezequiel, el poli corrupto con el pico de oro, es una especie de invitado llegado desde el cine quinqui -aunque con mucho filtrito de Instagram-, casi como un compañero de los cafres de Brigada Costa del Sol, pero más sensible al dinerito del narco. Queda por ver qué hacen con la inspectora jefe, el narco hortera o la madraza limpiadora, también plantillas sobre el papel.
Los peligros, así pues, son dos, como los tonos anteriores. El primero, y más evidente, el de haber tirado tanto de arquetipos que se vuelva predecible e incluso tópica a un nivel estúpido -porque en realidad ya vamos a empezar con una violación para motivar a un personaje masculino, y Tirso fácilmente puede convertirse en un José Luis Torrente con afición por la ducha-, pero de momento parece que sus personajes y situaciones pueden ser más complejos. El segundo, entregarse a la historia de amor y el culebrón de los personajes jóvenes para contentar a una audiencia que, aparentemente, ni estaba aquí ni se entusiasmó tanto con Vivir sin permiso y sus tics similares.
Terminando con ello: el primer capítulo de Entrevías apunta muy buenas maneras, y no solo por las cifras de audiencia que ha logrado, sino por la coherencia en el tono de lo que propone. Si es una de las series de la temporada y un giro hacia un género negro local más sucio y realista y menos de urbanización de lujo o estetización neonoir, lo dirán los siete episodios que nos quedan por ver. Desde luego en este primer episodio se ha ganado que tengamos paciencia suficiente para ver si lo consigue.


Jose A. Cano