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Críticas

Chicho o Mientras el cuerpo aguante (una comedia didáctica): La banda sonora de la Transición

Cuarenta y cuatro años después de su estreno, la segunda película de Fernando Trueba vuelve a los de cines con la libertad y la música por delante
Crítica de Chicho o Mientras el cuerpo aguante (una comedia didáctica)

Es difícil, cuando se ve una película como Chicho o Mientras el cuerpo aguante, restaurada en 2026 y estrenada originalmente en 1982, no pensarla como un documento simbólico de una época. Una década, la de los ochenta, marcada en España por la Transición, que Fernando Trueba desgrana a través del símbolo político y cultural que supone Chicho Sánchez Ferlosio y su música.

Acompañando durante unos días a Chicho, su compañera Rosa y algunos de sus amigos, Chicho o Mientras el cuerpo aguante, era un retrato de artista, en el que la música es una consecuencia más que una razón de ser. Las conversaciones sobre sus afiliaciones políticas, su concepción de los políticos españoles, la Biblia, etc., son lo que alimenta la película y la imbuye de una vida de la que la música surge naturalmente.

No es un extraño Fernando Trueba al documental musical, siendo Chicho o Mientras el cuerpo aguante su segunda película, posteriormente realizaría películas como Calle 54 (2000), sobre la escena jazz y latina, y recientemente completaba Bajañí, que pasaba por el Festival de San Sebastián fuera de competición. Fernando Trueba iniciaba con Mientras el cuerpo aguante una forma personal e íntima de acercarse a la música, dando a este espacio para que empapase lo demás, la vida.

Una película caótica ¿o libre?

<strong>Chicho o Mientras el cuerpo aguante (una comedia didáctica)</strong>: La banda sonora de la Transición 1

Chicho Sánchez Ferlosio en la cama confesando que es donde más tiempo pasa, que su único trabajo son las actuaciones callejeras que hace con Rosa… Esa secuencia, un monólogo sosegado, en el que Chicho habla de dinero, pasión y arte, establece las bases de lo que será la película. A diferencia de su último documental, el centro de Mientras el cuerpo aguante son las conversaciones.

Trueba deja divagar, hablar, contradecirse, reír y bromear. La película está atravesada, no sólo por la admiración al arte del cantautor, sino por un deseo de escuchar a Chicho. La cámara se aferra a su cuerpo y voz en planos fijos que solo necesitan de él para ser completados, adquirir tridimensionalidad y aristas. Solo la presencia magnética de Chicho Sánchez Ferlosio desborda la pantalla.

Más que una musical Fernando Trueba rodaba un retrato de una persona, íntimo y privado, en el que la cercanía pasa por poder hablar de cualquier tema, sobre un juego de mesa, de política, de drogas, de religión… Existe en Chicho o Mientras el cuerpo aguante una libertad que impregna toda la película. Una libertad que nace probablemente de la propia figura de Chicho.

Pero también una cualidad salvaje e incierta de la propia película, pues tiene más de cinta doméstica que de documental musical. Fernando Trueba realizaba una película conformada de trozos, fragmentos de discusiones, y son las breves y pocas interpretaciones musicales lo que la ancla, lo que recuerda que esa voz ronca y áspera es también una herramienta de fascinación.

Mientras que el cuerpo aguante eternamente

<strong>Chicho o Mientras el cuerpo aguante (una comedia didáctica)</strong>: La banda sonora de la Transición 2

Chicho Sánchez Ferlosio, con su vivacidad, se convierte ahora, en 2026, como en parte ya lo era en 1982 cuando se estrenó originalmente, en un símbolo de una época. Funciona, de hecho, Mientras el cuerpo aguante como un documento de un periodo ya inexistente, de un tipo de personalidad y artista extinta y lugares que pese a seguir ahí están realmente desaparecidos.

El 1982 todavía era una prueba de cierta incertidumbre y de esperanza por una libertad que la Transición parecía podría garantizar. En 2026, como documento, funciona como recordatorio de una posibilidad que se nos escapó de los dedos. El documental de Trueba es un pedacito de historia emocional española.

Es hacia el final cuando la voz de Trueba hace acto de presencia en la película —como voz en off— para decir: «los retratos contienen el alma de la persona, hay personas que no permiten que se las retrate, por si la influencia en la realidad es nefasta».

Existe una verdad sobre el retrato cinematográfico: que siempre será incompleto. Sin embargo, quizás no hay una necesidad de completarlo. Al final, la imagen se congela sobre un espejo en que el rostro de Chicho es reflejado. El gesto cinematográfico de Trueba no es congelar a Chicho, ni convertirlo en un símbolo revolucionario o rebelde, es la capacidad de reconocerlo en 1982 y 2026 como un alma eterna.

Ana Jiménez Pita

Ana Jiménez Pita

Crítica y programadora de cine, ha formado parte del equipo de programación de Filmoteca Española, y colabora en medios como Revista Mutaciones, Cine Divergente, Caimán. Cuadernos de cine o en programas como Tarde de Perros.