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La supervisión de posproducción: el nuevo engranaje clave del audiovisual español

©Román Trostyanchuk/ECAM
El auge de las plataformas de streaming no solo ha transformado la forma en que vemos películas y series, también ha cambiado cómo se hacen. Uno de los cambios en los flujos de trabajo que han traído servicios como Prime Video o HBO Max a la industria española es la aparición de figuras profesionales como la del supervisor/a de posproducción. Un puesto que, en menos de una década, ha pasado de ser prácticamente inexistente a convertirse en imprescindible.
En Netflix lo tienen claro: en todos sus proyectos debe haber alguien encargado de coordinar y revisar cada una de las fases implicadas en la posproducción de una serie o película. Supervisar implica en la práctica gestionar equipos y calendarios. «Diseñar la posproducción significa planificar cómo se van a desarrollar todas las etapas posteriores al rodaje, para entregar los materiales en tiempo y forma», resume Marian Briozzo, supervisora de posproducción y coordinadora del Máster en Supervisión de Posproducción de la ECAM.
Atenta a las necesidades del sector, la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid sigue con esta titulación para dar respuesta a la creciente demanda de este perfil, clave para que el complejo puzle de planos, tratamientos de imagen y sonido que componen películas como La sociedad de la nieve encaje a la perfección… y dentro del presupuesto. Un oficio entre la técnica y la gestión que, como dice Briozzo citando a su compañero Eladio Fernández, convierte a quien lo ejerce en «experto en todo y maestro en nada».
La supervisión de la posproducción: de la invisibilidad a la presencia constante
La consolidación de esta figura en el audiovisual español ha sido progresiva, y en muchos casos, todavía está en marcha. Así lo explica Pedro Lozano, coordinador de posproducción en Elamedia y también del Máster de la ECAM: «Es una figura que, aunque existía en la práctica, no tenía un peso específico en el organigrama. Era como que en el momento en que el director de producción terminaba el rodaje, él lo dejaba en un laboratorio o donde fuese y las cosas se iban haciendo». Por suerte, señala Lozano, «en los últimos años se ha empezado a dar bastante más importancia a la posproducción en general y, en particular, a esta figura de coordinación y supervisión».

Auténtica pionera y autodidacta en el oficio a partir de su experiencia en Estados Unidos, Marian Briozzo vivió en primera persona el surgimiento del puesto de supervisión de posproducción tal como se entiende hoy: desde sus orígenes en la dirección de producción hasta su integración y especialización actual. «Se empezó a traducir literalmente del inglés post-production supervisor cuando aterrizaron las plataformas en España, y desde ahí hemos ido evolucionando», explica.
Con el crecimiento general de la industria y la magnitud de las producciones impulsadas por las plataformas, se ha hecho cada vez más común ver a supervisores de posproducción en los créditos. Aunque su trabajo se centra en la fase final —montaje, VFX, etalonaje, formatos—, su intervención idealmente arranca mucho antes: «Lo más importante ahora es que se encargue el diseño de posproducción lo antes posible. Si es sobre guion, mucho mejor», insiste Lozano. Conocer el proyecto desde esa fase temprana permite anticipar dificultades de efectos visuales o definir el tono narrativo, aspectos fundamentales para planificar tiempos, recursos y costes.
«Este oficio no lo puede cubrir cualquiera»
Con experiencia en títulos como Irati (2023) o Segundo premio (2024), Lozano asegura que empezar a trabajar temprano permite abaratar costes y «encontrar al mejor equipo posible para cada proyecto». Briozzo añade que los supervisores también deben participar en la elaboración de presupuestos y en el diseño del proceso de entregas (deliveries) para distribuidoras: «No solo nos encargamos de la parte técnica, también intervenimos en la planificación financiera, el calendario de pagos, la selección de proveedores, la gestión del equipo técnico, ajustes, entregas…».
Una formación completa (y continua)
La consolidación del puesto y la creciente demanda de profesionales cualificados han traído consigo un reconocimiento progresivo de que se trata de una especialización con herramientas y conocimientos propios, que necesita de ciertas garantías. Para Briozzo es clave «dignificar este oficio y que se entienda que no lo puede asumir o cubrir cualquiera».
El Máster de la ECAM, único en su tipo en España, propone un recorrido integral por todas las fases de la producción audiovisual. «La idea es estructurar el curso de forma cronológica, desde el inicio de una producción hasta las entregas finales, para que el alumno salga con una visión muy clara y completa de cómo funciona todo el proceso», detalla Lozano. El programa incluye clases «de producción pura y dura», una parte «más técnica», en contacto con directores de fotografía o técnicos de imagen digital (DIT), y formación en tareas administrativas y organizativas.
Dada la naturaleza transversal de este trabajo, el perfil del alumnado es variado. «Suele ser gente más adulta, con experiencia previa en el sector audiovisual o que ha estudiado ya algo relacionado con el cine», señala Lozano. Briozzo distingue dos grandes grupos: «Hay un perfil enfocado a la producción que viene más de la gestión, incluso de empresariales y económicas, de gestión de empresas audiovisuales o incluso de la parte legal. Y luego hay uno más técnico: montadores, ayudantes de montaje, diseñadores de sonido…».

Ambos coordinadores coinciden en que la formación no termina con el Máster. El aprendizaje continuo es indispensable en un sector en constante cambio, tanto tecnológico como económico. «A partir de lo que se hace en el Máster, empieza una formación continua que les va a acompañar a lo largo de toda su vida profesional», concluye Marian Briozzo, animando a dejar atrás el síndrome del impostor «sin complejos» y a embarcarse en una carrera «apasionante y en constante evolución».


Arturo Tena


