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Análisis

Datos y contexto: tres vídeos para explicar las subvenciones al cine español

Utilizamos algunas de las explicaciones más virales que se han dado sobre el tema para aclarar cifras y desmentir algún tópico sobre las ayudas directas e indirectas a las películas españolas
Subvenciones al cine español Salvados ayudas directas ICAA

Como cada año, cuando llegan los Goya vuelve la polémica recurrente en torno a las subvenciones al cine español. O más que polémica, la acusación contra un grupo de profesionales de dicho sector con determinadas opiniones políticas de ser «unos subvencionados». Basta una búsqueda no especialmente bien planteada en internet para encontrarse artículos de diverso pelaje al respecto de este mantra habitual para cargar contra toda la industria. A veces, o casi siempre, rescatado coincidiendo con un discurso como el de Almodóvar en los Feroz.

La semana pasada un programa dedicado por Salvados, de La Sexta, al cine español incluía una explicación del profesor Francesc Vilallonga, de la Universidad Ramon Llull, en la que desgranaba algunos aspectos de las ayudas al cine español. El mismo se hizo rápidamente viral en redes, con el sosiego que suele caracterizarlas, sobre todo cuando se trata de temas que se perciben como «políticos» o, al menos, partidistas, es decir, que afectan hipotéticamente a la intención de voto de alguien.

En Cine con Ñ hemos seleccionado tres vídeos sobre el tema para sacar tres grupos de datos con sus conclusiones en torno a lo que son las «subvenciones» al cine español. Números y contextos repetidos hasta la saciedad, pero quizá de nuevo necesarios de repasar y actualizar en este año en que las nuevas y también polémicas Ley General del Audiovisual y Ley del Cine cambian algunos aspectos y aumentan las cuantías sobre el particular.

Los números de las subvenciones al cine español

El profesor Vilallonga aprovecha bien sus dos minutos para poner en contexto la inversión pública en el cine español, sea vía ayudas, y su peso en la economía nacional. El audiovisual supone un 0,72% del PIB de España, unos 8.400 millones de euros, y moviliza 72.000 empleos directos a través de las 6.700 empresas de todo tipo dentro del sector. Eso contando solo las profesiones, digamos, «propias» del mismo, como técnicos, intérpretes, realizadores, productores, etc., pues también da empleo indirecto a carpinteros, transportistas y un largo etcétera.

El doctor en Comunicación también aclara que una subvención solo puede cubrir entre un 50 y un 80% del presupuesto de una película. Se sobreentiende un dato clave, que en otro vídeo posterior se explicita aún más: la cuantía de las ayudas directas depende del dinero que ya tenga asegurado el proyecto de la película. Tampoco se añade que muchas tienen límite. Por ejemplo, las ayudas selectivas del ICAA, que «premian» criterios más artísticos que otras, no pueden conceder más de un millón de euros, y casi nunca se alcanza esa cota máxima. Alcarràs, de Carla Simón apenas recibió 450.000 euros.

Y luego, la comparativa. España está muy lejos de invertir tanto en su cine como lo hacen las cinematografías fuertes. Como apunta el vídeo, incluso con el subidón de la Ley del Cine, que sitúa las ayudas directas en más de 100 millones por primera vez en la historia, seguimos lejos de Francia (700), Reino Unido (500), Italia (400) y Alemania (200). En Estados Unidos se calcula que solo el estado de California subvenciona con incentivos fiscales en más de 330 millones de dólares a su industria, aunque este es otro tipo de ayuda que habría que aclarar aparte.

Sin contar ayudas a la distribución o protección de las salas, que también son mucho más altas en Francia, Italia o EEUU, es evidente que que España va a la cola en cuanto a inversión en su propio audiovisual. E incluso se podría criticar que las medidas que el Gobierno está implementando para el futuro «Hub Audiovisual de España» buscan más convertir nuestro país en una plataforma barata para rodajes extranjeros que en un país productor. Una especie de equivalente en rodajes cinematográficos a llenar el centro de una ciudad de alquileres turísticos, que son muy beneficiosos para unos pocos rentistas locales y los disfrutan extranjeros, pero hacen la vida imposible a los vecinos de toda la vida.

Las condiciones para recibir las ayudas

Javier P. Martín, entonces periodista de eCartelera, intervino en debate de forma más extensa en 2020 con un vídeo de más de 10 minutos en el que intentó despejar tópicos al respecto y responder a opinadores de otras disciplinas —el escritor Pérez-Reverte o el grupo musical Taburete— que parecían que sus propios sectores o ellos mismos de manera directa o indirecta también recibían ayudas del Estado. Algunas cifras están desactualizadas por los últimos cambios legislativos, pero las cubre la explicación de Vilallonga.

Del video de Martín extraemos una aclaración necesaria: los criterios para conceder las ayudas directas a la producción. El ICAA, como se puede consultar fácilmente en su web, tiene dos tipos: generales y selectivas. Ambas son sobre proyecto y se basan en algo básico: que la existencia del proyecto sea viable, en primer lugar por tener asegurada parte de la financiación y la distribución y luego por la trayectoria previa de sus responsables (directores y productores, de ahí que sea tan importante a veces tener premios y estar en festivales). Las selectivas también puntúan criterios de relevancia social (cuotas de minorías, lenguas cooficiales, óperas primas), pero ambas obligan a que el filme se estrene en salas en un plazo de nueve meses.

Martín también recuerda por qué no se utiliza el criterio de taquilla a posteriori: el fraude. Los tribunales han llegado a condenar a productores y distribuidores por «sesiones fantasmas», autocomprarse entradas y otros trucos para inflar las cifras y, en este caso sí, hacer rentables películas que no lo serían de otra manera. Con el actual modelo una película puede estrellarse igual y llevar a la ruina a sus responsables, como cualquier otro negocio, el Estado entiende que el retorno existe en forma de puestos de trabajo, impacto económico de la inversión e impacto cultural.

Las otras «subvenciones» que no son al cine (español)

En este fragmento de una entrevista a David Trueba el veterano guionista y director pincha en hueso, aunque comete el error de mencionar solo a partidos de la derecha, PP y Vox. Los partidos políticos, el sector automovilístico, los proyectos mineros en Extremadura y Castilla y León, el turismo o la agricultura también están subvencionados, mucho más en proporción que cualquier sector cultural, y muchas veces a fondo perdido por parte del Estado, además por necesidad.

El audiovisual, como todos los demás, recibe una serie de ayudas indirectas, más parecidas, aunque mucho menores, a las mencionadas de EEUU, en forma de rebajas de impuestos o directamente exenciones como incentivo para rodar en uno u otro lugar —un importante dato que no se trató en Salvados—. Se hace con las las plataformas internacionales, y por eso en los estudios de Netflix en Tres Cantos se ruedan producciones estadounidenses o el western de HBO Max The English solo tiene británicos al director y el reparto, pero todo su equipo técnico y sus paisajes son más españoles que la paella.

Hilando con los puntos anteriores, un par de ejemplos muy bien escogidos por Javier P. Martín: la enésima secuela de Transformers o el estreno Marvel más random recibieron 20 millones de dólares solo en ayudas indirectas. Eso es más del doble que el presupuesto total, público o privado, de As bestas, de Rodrigo Sorogoyen, y Alcarràs, de Carla Simón, juntas.

La rentabilidad económica no ofrece muchas dudas, o las distintas [Inserte Nombre de Región Española Aquí] Film Office no se darían guantazos por atraer rodajes con apoyo de sus cámaras de comercio y confederaciones de empresarios locales. Pero es que la cultural tampoco: Alcarràs es un municipio de 9600 habitantes en la provincia de Lleida cuyo nombre ahora se conoce perfectamente en Berlín y en Los Ángeles, y ese orgullo local ha convertido a la película en un éxito de taquilla para una producción independiente.

Retomando un argumento de Martín, una industria española más fuerte, capaz de dar mayores ayudas a mayores presupuestos para historias propias, da lugar a más tipos de películas. Si se ha criticado la serie Sin límites por sus escasos medios —un producto donde Amazon utilizó a RTVE para poder financiarlo— y es la de más presupuesto por episodio de la historia de España, ¿cómo queremos un cine épico patriotero como el francés o el estadounidense? En una simplificación con la que esperamos apelar a la apertura de miras de todos los públicos, cerraremos este análisis aconsejando que quien quiera una trilogía sobre las hazañas de Blas de Lezo en cines, que pida más subvenciones para el cine español.

Portada: Captura del vídeo explicativo del programa Salvados sobre las subvenciones al cine español.

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).

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