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La presidencia de Mariano Barroso: navegar entre crisis, plataformas y el legado de las Residencias

El presidente saliente de la Academia es el primero en terminar su mandato en 15 años y deja la búsqueda de la estabilidad y de dinamizar la institución como principal herencia

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El 4 de junio acaba el mandato de la presidencia de Mariano Barroso en la Academia de Cine. La renovación de la mitad de la Junta Directiva pone el cierre a cuatro años de presidencia (2018-2022) personificadas en el director, el primero que cumple con el tiempo previsto en el cargo desde hace más de 15 años. Ya solo por eso, «la cara visible» del cine español durante casi un lustro se convierte en uno de los presidentes más importantes de los 16 que han pasado por la institución. Solo Antonio Giménez-Rico (19891-1992), José Luis Borau (1994-1998) y Enrique González-Macho (2011-2015) pueden igualarle en longevidad en los 36 años de historia de la Academia.

Los números cantan: estabilidad es la primera y repetida definición sobre el paso de Barroso y su equipo por la organización. En un puesto que quema rápido por su exposición y complejidad interna -algo que él mismo ha confesado que le hizo preguntarse alguna vez qué hacía allí-, el cineasta ha hecho de su simple presencia, en los buenos y en los malos momentos, su principal característica. Un «estar ahí» para tener los menores sobresaltos posibles y, paradójicamente, para poder hacerse invisible de vez en cuando.

Pero un legado de cuatro años no se puede resumir en una relativa tranquilidad institucional que, allí fuera, la pandemia hizo saltar por los aires a menos de la mitad del mandato. Desde hace años, el trabajo al frente de la Academia se mide más bien en su postura y relación con los cambios que se están produciendo en un sector en permamente redefinición. Primero fue Internet y la piratería, luego llegó la crisis de las salas, el aterrizaje de las plataformas… el presidente es la voz oficial de la industria ante los retos del futuro. Y siempre están los Goya, claro.

Presidente en tiempos de cambio

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Fotograma de ‘Criminal’ (Mariano Barroso, 2019)

Barroso llegó a la presidencia por accidente. Literalmente. La presidenta Yvonne Blake sufrió un ictus la noche de Reyes de 2018, y él, como uno de sus vicepresidentes, asumió su labor en funciones. Seis meses más tarde, con los académicos agotados por los relevos y dimisiones, el relevo se oficializó en unas elecciones en las que fue el único candidato, acompañado por Rafael Portela y Nora Navas como vicepresidentes.

La salida de Blake, que murió poco tiempo después, era el colofón a unos años -aún más- extraños en la Academia, que había encadenado la dimisión repentina de González-Macho unos meses después de haber renovado mandato y la llegada y posterior salida de Antonio Resines por discrepancias con la Junta Directiva. Barroso aterrizaba en el cargo con el mayor respaldo en votos de la historia, prometiendo una institución más abierta a los cambios y a los retos para el cine español que ya ponían encima de la mesa las plataformas de streaming. «Una casa de todos» que, además, quería desmarcarse de las polémicas políticas que tanto habían marcado el inicio de los 2000.

Barroso asumía un perfil bajo que contrastaba con la época González-Macho, siempre muy directo en su comunicación pública y beligerante contra el IVA cultural y lo que sucedía en el ICAA durante los gobiernos del PP. El nuevo presidente se situaba a la expectativa con el cambio de Gobierno y prefería un discurso más suave y dirigido a la interna. Frente a las reticencias tras la llegada de Netflix en 2015, Barroso, además, asumía ya la coexistencia con las plataformas sin recelos ni ninguneos.

Empezaba la política de puertas abiertas con las plataformas en su primer discurso como presidente en los Goya 2019, algo que demostraba él mismo dando ejemplo: venía de hacer El día de mañana (Movistar Plus+) en 2018 y en 2019 dirigió Criminal para Netflix y repitió con Movistar en La línea invisible. Un presidente de la Academia de Cine que viene de hacer una serie para Netflix era un símbolo fuerte para todos, tanto para los entregados al streaming como para los que tenían sus dudas de qué modelo de futuro se estaba alimentando, después acelerado por la pandemia.

Los logros de las Residencias y la descentralización

Junta Directiva de la Academia de Cine
Mariano Barroso, en los Goya 2020.

De esa época inicial es el que se destaca -junto a un programa de ayudas a la investigación– como el mejor legado de Barroso en la Academia: las Residencias de la Academia. Un programa de apoyo al desarrollo de proyectos audiovisuales para el que consiguió el apoyo de la Junta Directiva a los pocos meses de asumir el cargo y firmando con rapidez el acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid. Tres años después se ha convertido en una referencia para los creadores que buscan dar el paso para hacer realidad sus películas o series, y ahora, además, la Academia intentará llevarlo fuera de Madrid con los Encuentros Academia de Cine.

En los últimos tiempos se ha intensificado esa voluntad de salir de la capital por parte de la Academia, escenificada con el inicio de las actividades en Barcelona. La descentralización es la otra gran huella del paso de Barroso por la institución, que ha visto cómo las distintas Academias a nivel comunidad se iban haciendo su sitio ante la poca atención del núcleo madrileño. El hecho de que los Goya no se hayan celebrado en Madrid en estos años –en 2023 tampoco lo harán– muestra esa voluntad por vertebrar la actividad en más territorios y atendiendo a la realidad del sector a nivel estatal.

Barroso ha salido vivo del balance de la gran fiesta del cine español y principal escaparate de la Academia. Los Goya se han mantenido como referencia en una época en la que los premios de cine parece que no interesan tanto. Se pueden contar en positivo las dos galas presentadas por Andreu Buenafuente y Silvia Abril, con buen recibimiento y grandes datos de audiencia (por encima del 25% de share), e incluso la gala de la pandemia, la de 2021, con Antonio Banderas y María Casado, que bajó en número de telespectadores pero fue muy aplaudida. La única que no consiguió el favor crítico fue la de este 2022, pero que en cambió sí que volvió a las audiencias de anteriores ediciones.

La complicada gestión de la pandemia

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Gala de los Goya 2021. Fuente Academia de cine

Y llegó la pandemia. Como todos, la Academia se quedó en shock y fue improvisando. Aunque lanzó un canal para el confinamiento, la institución tenía el reto de atender a las urgencias económicas que se estaban creando en la industria. Pero su primer movimiento real llegó un mes después del inicio del Estado de Alarma. La Academia apoyaba la línea de ayuda urgente a los profesionales de Netflix. Las críticas se empezaban a escuchar porque, mientras en el resto de Europa ya se estaban movilizando fondos públicos para el sector, en España las instituciones no daban cobertura. La Academia se movía, con manifiestos, cambios y nuevas normas para los Goya, por ejemplo, pero con dificultades.

La caída de las fichas de dominó por la crisis llevó -o al menos eso se esgrimió en su momento- al que es, seguramente, el punto más negro y tenso de la presidencia de Barroso. Tres trabajadoras en ERTE acabaron en la calle y se cerró la revista en papel de la Academia en mitad del verano de 2020, con unos despidos que se declararon después improcedentes. La Academia alegaba motivos económicos para prescindir de ellas, causados por el descenso de la actividad por el coronavirus. Mientras, lamentaban las trabajadoras, se abría una cafetería en su sede de la Calle Zurbano.

La situación y las formas de los despidos causaron malestar entre algunos académicos, que criticaron en la Asamblea General la situación e incluso amenazaron con una asamblea extraodinaria. Las cuentas de la entidad eran, de pronto, un problema cuando en 2019 se hablaba de superávit, y se pidió revisarlas. Aunque, como pasa en todas las polémicas, la situación se calmó, aún se señala como el punto más bajo para esta presidencia.

Ahora la presidencia de Mariano Barroso se despide criticando con dureza la nueva Ley Audiovisual que tiene en pie de guerra a todo el sector. Una nota final reinvidicativa que no se corresponde con lo que ha sido su gestión, siempre dispuesta a evitar sobresaltos y apagar fuegos, a llevarse bien con todos y buscar estímulos de puertas para dentro en una institución árida para el que tiene que tomar decisiones.

Se abre así una nueva etapa en la Academia de Cine, en la que los candidatos a relevar a Barroso (que tampoco descarta volver) apuestan por dar continuidad a varios de sus logros -Residencias, descentralización, estabilidad, huida de las polémicas- y reparar algunas de sus cojeras -representación de los técnicos, mayor presencia institucional-. Veremos qué valor le da el paso del tiempo a quienes tuvieron que dirigir la institución en tiempos difíciles.

Foto de portada: Mariano Barroso, en los Goya 2017 – Rubén Ortega; CC-BY-SA

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