Santiago Segura es sinónimo de taquillazo. Los datos de recaudación tras el estreno de su última película, Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra, lo han vuelto a poner de manifiesto: en tan solo cinco días (se estrenó el miércoles pasado) ha superado los 2 millones de euros de recaudación. Con 389.000 espectadores acumulados, el film lidera la taquilla del fin de semana en toda España y, según el ranking de Comscore, se convertiría así en el mejor estreno español del año 2020.
Con su buen resultado, Padre no hay más que uno 2 impulsa la taquilla global que crece en un 165% con respecto al fin de semana anterior. Se trata, sin lugar a dudas, de una muy buena noticia para todo el sector, que lleva reivindicando con fuerza los cines como espacios seguros en un contexto marcado por los rebrotes de la Covid-19. Precisamente, el recrudecimiento de la crisis sanitaria fue el motivo del adelanto del estreno de Padre no hay más que uno 2 al pasado miércoles 29 de julio, decisión que se ha revelado como un acierto en términos comerciales.
Hay que recordar que la primera parte de la saga dirigida y protagonizada por Santiago Segura ya obtuvo el favor del público. Y es que Padre no hay más que uno fue la película española más taquillera de 2019 con 14 millones de euros de recaudación. De momento, esta segunda entrega se sitúa en la misma estela en cuanto a popularidad, mérito extraordinario si tenemos en cuenta la baja afluencia a los cines debido a la pandemia.
Fotograma de ‘Padre no hay más uno 2’, de Santiago Segura
El cine español suma el 75% de la recaudación en la taquilla del fin de semana
Las buenas noticias para el cine español no se limitan al film de Segura. Superagente Makey, que ya cosechó buenos resultados en su estreno la semana pasada, junto con Voces también forman parte del top 5 de películas más vistas del fin de semana. En total, las películas españolas suman un 75% de la recaudación, una estadística que nos sitúa en la senda de otros países vecinos como Francia, donde las producciones nacionales están impulsando la recuperación del sector tras el confinamiento.
A partir de ahora, solo cabe esperar que los buenos datos de taquilla se mantengan en las próximas semanas y progresivamente crezca el número de espectadores en esta ‘nueva normalidad’. De esta forma quedarían desbaratadas las funestas previsiones que auguran un descenso en la recaudación del 40% para las salas españolas en 2020. Parece que se empieza a ver la luz al final del túnel.
Sus premios en Venezia el año pasado (FIPRESCI y Mejor dirección en la Sección Orizzonti) la pusieron automáticamente en el punto de mira para el calendario de estrenos de 2020. Hablamos de Blanco en blanco, película del hispano-chileno Théo Court, que viaja a la Tierra del Fuego para hablar sobre uno de los episodios más cruentos del colonialismo del siglo pasado en Latinoamérica: el delgenocidio del pueblo selknam. Unas matanzas por el territorio documentadas por los propios colonizadores de la época, y que ahora Court transforma en un personal descenso a los infiernos con atmósfera de western.
Además de las posibilidades que ofrecía la Tierra del Fuego a nivel estético, lo que llamó la atención de Court para hacer la película fueron precisamente las fotografías de las matanzas de indígenas que dejó para la posteridad uno de esos «conquistadores», el rumano Julius Popper: «Me interesó mucho la autorrepresentación que había en ellas. Entonces se utilizaban cámaras de placas, que no permitían captar la instantaneidad del momento. Había que representar el momento a fotografiar y esperar mucho. Esa idea de la manipulación de los discursos me pareció fascinante, incluso por el símil que existe con el propio cine», explica el director de Blanco en blanco a Cine con Ñ.
«Sobre el colonialismo se asientan las bases constitutivas de las civilizaciones»
Aquellas imágenes de Popper y sus mercenarios en acción, tomadas por un fotógrafo aún anónimo en 1887, se conservan porque fueron un obsequio para el presidente de Argentina de la época, e incluso el propio Popper presentó el álbum en una exposición dedicada en un museo. «No se escondían en absoluto», asegura Court, «había una voluntad de glorificar la idea de la civilización sobre estos territorios. Ahí estaba la posindustralización que llegaría con el mundo ovino: Tierra del Fuego se convirtió en uno de los lugares más importantes del mundo para la extracción de lana a partir de aquellas matanzas de principios del siglo».
A partir del exterminio de los selknam en Blanco en Blanco, Théo Court reflexiona sobre el papel del colonialismo en la historia: «Sobre el colonialismo se asientan las bases constitutivas de las civilizaciones. En la película hablo de Chile, pero el proceso es global. Este tratamiento de las colonias, de los pueblos originarios, se ha repetido constantemente en todas las partes del mundo. El genocidio selknam no sucedió en el siglo XV; fue hace 100 años, muy cercano a nuestra historia. Hay que ver también cómo se trata a ciertos pueblos originarios hoy día».
Court asegura que en ese sentido cree que es importante recuperar el episodio para la historia oficial: «La historia oficial de Chile y sus gobiernos no han hecho nada por darle un nuevo significado a este genocidio. Se ha justificado en pos de la industrialización del espacio, nada más, pero omitiendo el horror de lo que ocurrió allí. Si seguimos manteniendo esas cargas, que vienen desde la colonia incluso, vamos a seguir con esa culpa y ese odio. Y es algo que nos vamos entregando generacionalmente unos a otros».
Desde una mirada personal, el director de Blanco en blanco se sirve de un personaje externo que llega a esta zona de explotación y muerte. Pedro (Alfredo Castro) es un fotógrafo que viaja a la Tierra del Fuego para hacer las fotos de la boda de un ausente latifundista de la zona. Pero pronto, debido en parte a sus propias obesesiones, su situación va cambiando. «Me gustaba la idea de tener un voyeur de ese mundo. Un personaje que manipula esa realidad expuesta para poder habitar con ella», dice Court, que va introduciendo a su protagonista en las oscuridades de una estructura perversa que lo impregna todo.
«Pedro pasa a ser una especie de gelatina moral con respecto a lo que está sucediendo. Un hombre que va moldeando sus facultades y pensamiento principalmente para sobrevivir dentro de un sistema que avala el horror», explica el director, que insiste en que no hay que irse muy lejos en el tiempo para ver esta justificación: «Salvando las distancias, hoy vemos como trabajamos a diario para un sistema en el que no creemos. Por ejemplo, vendiendo productos. Y lo acabamos haciendo también».
El título de la película, Blanco en blanco, evoca la idea de que estamos sujetos a una eterna repetición de la historia. «Es esta página que volvemos a escribir una y otra vez. Podemos modificar ciertos elementos, pero seguimos estando sujetos a algo más grande que es lo que nos determina», dice el director. La película, tras retrasar su estreno previsto en marzo, llega ahora a los cines como una de las apuestas de autor para el verano.
No pudo ser para el año que viene, pero sí será para el siguiente. Valencia consigue la ansiada sede de los Goya 2022, que funcionarán como colofón a la celebración del llamado Año Berlanga, una serie de actos con los que la Academia conmemora en 2021 el centenario del nacimiento del Luis García Berlanga, referente histórico del cine español y uno de los fundadores de la institución. Los galardones más importantes de nuestro cine se entregarán en la ciudad natal del director de El verdugo.
Desde la capital del Turia se esperaba que la sede llegara ya en 2021, que es técnicamente el Año Berlanga -el director y guionista nació en 1921-. El anuncio de esta celebración por parte del presidente de la Academia en su discurso de los Goya, las reuniones, los cantos de Sirena desde las autoridades y el reconocimiento de esa posibilidad por parte de la propia entidad hacían de Valencia la principal candidata para la 35 Edición de los Premios Goya. Pero la aparición de una propuesta alternativa y las circunstancias vinculadas a la pandemia del coronavirus significaron un replanteamiento de esos planes iniciales.
Antonio Banderas y María Casado. Fuente: Academia de Cine
El «escenario colaborador», preludio de la sede de los Goya 2022
Finalmente ha sido Málaga otra vez la elegida, con Antonio Banderas y María Casado como maestros de ceremonias de una gala que se celebrará de forma inusual debido a las restricciones impuestas por la COVID-19. Eso no impedirá, sin embargo, que Valencia y Berlanga no vayan a jugar su papel en los Goya 2021: la Academia ha anunciado que el Palau de les Arts será también «escenario colaborador» de los Goya 2021. La Academia detalla que habrá «una conexión en directo» con el Palau «con una actuación especial, que será uno de los grandes momentos de la ceremonia» para inaugurar los homenajes al cineasta valenciano.
La entidad asegura que esta forma de celebrar el centenario de Berlanga a lo grande se extenderá a todo el 2021 y que Valencia como sede de los Goya 2022 será su culminación final. Ya hace dos semanas se inició un primer acercamiento de lo que será el circuito de homenajes al responsable de Plácido: la Academia puso en marcha las Ayudas a la investigación cinematográfica Luis García Berlanga, un programa de ayudas a la investigación cinematográfica del patrimonio histórico del cine español con una dotación de 12.000 euros.
Akelarre, de Pablo Agüero, y Courtoom 3H (Sala del Juzgado 3H), de Antonio Méndez Esparza, serán las dos películas españolas que competirán en la Sección Oficial del próximo Festival de cine de San Sebastián. Además, se podrán ver completas dos series nacionales en el gran escaparate del certamen en su 68 Edición: Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen, que se programará fuera de concurso, y Patria, creada por Aitor Gabilondo, que se verá en una proyección especial. En total habrá 14 producciones con alguna participación española que, si todo va bien, se verán en San Sebastián del 18 al 26 de septiembre.
El Festival apuesta por dos películas de dos directores sin gran nombre en España pero que ya tienen una trayectoria a tener en cuenta. Courtroom 3H (Sala del Juzgado 3H) es la tercera película del madrileño Antonio Méndez Esparza, que ya estuvo en San Sebastián con sus premiadas Aquí y allá (2012), que ganó el Gran Premio de la Semana de la Crítica en Cannes, y La vida y nada más, con la que recibió el Premio Fipresci. Ahora regresa con una película en el terreno de la no ficción sobre un tribunal especial de Florida que trata casos familiares relacionados con menores de edad.
Fotograma de ‘Sala del Juzgado 3H’, de Antonio Méndez Esparza
Por su parte, el argentino Pablo Agüero llega con esta producción rodada en euskera y castellano en tierras vascas. Akelarre es un drama histórico sobre un juicio por brujería en el País Vasco durante el siglo XVII que protagonizan Amaia Aberasturi yÀlex Brendemühl. Agüero es un viejo conocido del Festival, en el que ya había competido con 77 Doronship (2009) en New Directors y en la Sección Oficial con Eva no duerme (2015). Hay que recordar también que Rifkin’s Festival, la nueva película de Woody Allen rodada en San Sebastián y con participación española, inaugurará el Festival fuera de concurso.
Por otro lado, las series españolas llaman a la puerta con fuerza en el mayor escaparate del Festival, aunque sin entrar en competición. Se podrá ver fuera de la pugna por la Concha de OroAntidisturbios, la miniserie de Rodrigo Sorogoyen para Movistar + sobre una brigada policíal española, y Patria, la esperada adaptación de la novela de Fernando Aranburu sobre el impacto y la trayectoria de ETA que ha creado Aitor Gabilondo (Vivir sin permiso, El principe) en exclusiva para la plataforma HBO.
Fotograma de ‘Antidisturbios’, la serie de Rodrigo Sorogoyen
Tres nuevos directores españoles y Juan Cavestany en otras secciones del Festival de San Sebastián
Más allá de la Sección Oficial, la parte del Festival con más presencia española es New Directors, dedicada a primeras o segundas obras de sus creadores. Tres películas estatales competirán por ser la ganadora de esta sección. Aquí llegarán Ane, el debut de David Pérez Sañudo sobre la relación entre una madre y una hija desaparecida, Campanadas a muerto, segundo trabajo de Imanol Rayo que cuenta el descubrimiento de un cráneo en un caserío, y La última primavera, película de la holandesa Isabel Lamberti centrada en las vicisitudes de una familia que vive en la Cañada Real madrileña.
Fotograma de ‘Un efecto óptico’, de Juan Cavestany
Destaca la presencia de la nueva película de Juan Cavestany (Gente en sitios, Vergüenza) en Zabaltegi-Tabakalera, la sección más abierta a la experimentación del Festival. Aquí el director presentará Un efecto óptico, filme que coloca a una pareja (Pepón Nieto y Carmen Machi) en un bucle temporal cuando ambos deciden viajar de Burgos a Nueva York. Además, en Tabakalera se verán tres cortos españoles: Correspondencia, una serie de cartas fílmicas entre Carla Simón (Verano 1993) y la chilena Dominga Sotomayor, Ya no duermo, de Marina Palacio, y Autoficción, de Laida Lertxundi.
El Festival destaca también el pase benéfico que se producirá en Donostia de El verano que vivimos, un drama romántico dirigido Carlos Sedes que protagonizan Blanca Suárez y Javier Rey. Por último en la Sección Perlak se verá El agente topo, documental de la chilena Maite Alberdi sobre un hombre mayor que se infiltra como espía en una residencia de ancianos que también tiene participación española.
Nadie tiene más experiencia en España que Santiago Segura en esto de estirar el chicle. El director y actor ha dominado las continuaciones -una estrategia comercial poco valorada en Europa pero sin complejos fuera- a base de éxitos, demostrando que podía hacer hasta cinco películas sobre un personaje como Torrente y que se perciba como natural que pueda haber una sexta. Ahora vuelve a probar en la secuela conPadre no hay más que uno 2, que repite en versión familiar la fórmula que ya puso en práctica en Torrente 2: Misión en Marbella: si os gustó algo de la anterior, os lo voy a dar multiplicado por tres sin darle muchas vueltas. Y el resultado se resiente.
La trama de Padre no hay más que uno, reciclada de una película argentina, era bastante sencilla. La madre de una familia numerosa se va de vacaciones sola y el padre se mete en muchos líos tratando de gestionar a sus hijos hasta su vuelta. Del punto A al punto B. En Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra la estructura pretende ser algo más compleja y diversificada, pero eso complica también que salga bien. Aunque hay dos novedades principales que vehiculan la película (un nuevo hijo y la suegra), Segura se esfuerza por introducir novedades y pequeñas subtramas dentro de la historia, sobre todo centradas en los pequeños.
El principal problema de esta secuela en realidad es que todos esos esfuerzos argumentales buscan compensar el hecho de que no tiene nada concreto que satirizar. El trasfondo crítico que había en torno al personaje de Javier (Segura) -el rol ausente de los hombres en las labores de cuidados- está prácticamente desactivado en esta segunda parte con él ya «rehabilitado». Sí, Javier sigue siendo un poco obsesivo, torticero y mentiroso porque si no no habría película, pero ya no existe un juego con un gran tema social de fondo, que es una de las características clásicas del cine cómico de Segura. Pese a los esfuerzos de introducir referencias a problemas de nuestra época como el del cuidado del medioambiente, ninguna referencia es orgánica a la historia.
Esta carencia se suple sobre todo haciendo muy protagonistas a los hijos de la familia, con aún más presencia y chistes que en la primera parte. Las secuencias y gags sólo con «mayores» en Padre no hay más que uno 2 están reducidas al mínimo, mientras que se les da un rol casi omnipresente a las ocurrencias de los más pequeños. Lo que en la original era la frescura clave para que funcionara el conjunto y una forma de explotar la vis cómica de Segura como réplica en apuros de los niños, aquísus chistes y secuencias se suceden uno detrás de otro. Una acumulación que puede hacer las delicias del público infantil, pero resta algo más de lo que suma a nivel humorístico.
Es verdad también que lo que hace de esta película una secuela sin tema, dispersa y algo excesiva en su búsqueda del abrazo familiar, no la hacen desastrosa si se la ve como comedia por separado. Segura sostiene la nada con ritmo risueño y oficio hasta la mitad de la película, y cuando la dinámica de los niños va decayendo aparece el personaje de Loles León para salvarlo todo: una suegra perfecta que le da a todas las secuencias una energía extra que te acaban llevando hasta un final digno y con un simpático giro de guion de guinda.
La valentía de estrenar una película tan grande en cines con la que está cayendo, que es enorme, no debería distraernos del producto final que se va a ver en el cine. Padre no hay más que uno 2 lo fía todo a multiplicar algunos de los aciertos de la primera parte, pero esta vez no tiene números reales con los que hacer la cuenta. Segura pierde una de sus señas de identidad (la crítica social de fondo) y la suple con un oficio cómico que será suficiente para que la película funcione en taquilla -especialmente entre el público más pequeño-, pero que deja sabor a poco.
Una de las series españolas más esperadas del curso es 30 monedas, creada y dirigida por Álex de la Iglesia para HBO. Hoy la producción ha sido noticia por dos motivos: el primero es que ha sido seleccionada para participar, fuera de competición como evento especial, en el próximo Festival de Venecia, que se celebrará del 2 al 12 de septiembre. La segunda es que HBO ha aprovechado el tirón de la noticia del certamen para desvelar un primer teaser completo y fotogramas de la serie a través de sus redes sociales.
En estos 25 segundos de promoción de 30 monedas vemos a varios de los protagonistas de la serie, sobre todo al actor Eduard Fernández, caracterizado con una larga barba. Fernández interpreta al padre Vergara, un exorcista y exconvicto que vive en un pequeño pueblo donde aparecen una de las 30 monedas por las que, según la Biblia, Judas traicionó a Jesucristo. Esta aparición de la moneda pone en marcha una persecución para hacerse con la moneda y una serie de fenómenos paranormales. Según se puede entrever en este breve vídeo, el pasado del padre Vergara jugará un papel en esta serie formada por ocho capítulos.
30 monedas, la segunda serie de Álex de la Iglesia
Además, en las imágenes promocionales hechas públicas hoy vemos a los actores Megan Montaner y Miguel Ángel Silvestre, que serán también importantes. El reparto lo completan intérpretes como Macarena Gómez, Carmen Machi -que también aparece fuzgamente en el clip-, o secundarios como Pepón Nieto, Francisco Reyes, Manolo Solo, Jaime Ordóñez o la joven Mafalda Carbonell. Todos formarán parte de esta producción que aún no tiene fecha de estreno, pero que llegará previsiblemente después de Patria, que se empezará a emitir en la plataforma el 27 de septiembre.
30 monedas será la segunda serie de Álex de la Iglesia. La primera fue hace más de una década: Plutón BRB Nero (2008-2009), una serie cómica de ciencia-ficción que tuvo dos temporada en TVE. Ahora su segundo proyecto serializado, que ha vuelto a escribir con su habitual Jorge Guerricaechevarría, formará parte del catálogo de HBO, que sigue dando espacio a sus producciones españolas tras El pionero, Foodie love, En casa o la reciente Por H o por B. Las siguientes en la lista para el otoño son Patria y, previsiblemente, 30 monedas.
No deja de ser curioso como ciertos acontecimientos que ocurren en nuestro país son recordados fervientemente por todos nosotros y como otros, sin embargo, caen en el olvido con tanta facilidad que hasta asusta. Por eso si nos referimos al naufragio de El Santa Isabel, donde 213 personas perdieron la vida en las costas gallegas en el año 1921, es como si nos hablaran de una noticia de última hora ya que no sabíamos ni que esa tragedia hubiera acontecido. Así, la directora coruñesa, Paula Cons, ha sabido bucear en la historia de su Galicia natal en La isla de las mentiras para reflotar una historia injustamente olvidada; quizás por la posible negligencia que había detrás, por la identidad de las “heroínas” (mujeres y de espacio rural) o por el poco interés que despierta hablar de víctimas mortales.
Toda la acción de la película transcurre en la isla de Sálvora, donde los transatlánticos hacían escala para recoger emigrantes que se dirigían, en mayor parte, al continente sudamericano. Allí en una noche de niebla, El Santa Isabel naufragó. Pero el naufragio solo es el punto de partida para que la rueda gire y se nos muestre la vida de los habitantes de un pueblo recóndito de la geografía española donde todos se conocen y todo se oculta.
La isla es un personaje más, debido a que toda la puesta en escena está supeditada a sus paisajes. Los personajes quedan empequeñecidos ante la grandeza del plano general en el que la atmósfera del pueblo se apodera de la pantalla: aquí son los sonidos de la naturaleza los que hacen que la imagen hable. En estos momentos de depurada fotografía, estética impecable, extrema pulcritud y ritmo pausado es donde la película respira toda la verdad y naturalidad que la historia requiere. En contraposición a estos instantes, se encuentran las escenas con mayor alma de thriller, donde el poder de la música empaña ese maravilloso ambiente y enfatiza de manera recurrente las acciones de los personajes.
Más allá de la importancia capital del paisaje, La isla de las mentiras radiografía diversos componentes que van desde las clases sociales de la época en las zonas rurales del territorio español, recurriendo al temible yugo de los terratenientes de principios de siglo; pasando por las pesquisas periodísticas del personaje interpretado por Darío Grandinetti para intentar desentrañar el misterio que rodea al naufragio; hasta poder ser una mirada en términos de género y de cómo las mujeres estaban oprimidas en casi todos los aspectos de su vida. Es encomiable ver cómo una directora debutante en la ficción es capaz de encajar tantas temáticas, y tan diversas, en una misma obra audiovisual.
Por ello estamos ante una película plagada de temáticas y de detalles casi imperceptibles, como el graznar de los pájaros o la fuerza de unas manos amasando pan, que consigue transportarnos a otro tiempo, aquel donde las miradas de sus protagonistas nos infringen el miedo y el temor a lo desconocido, a no saber que hay mas allá de su casa, de su isla. Y con esa pausa calmada, repleta de incertidumbre, la cineasta cierra La isla de las mentiras, consiguiendo abrir muchas puertas y no cerrando casi ninguna.
El cine valenciano reciente se está ganando que «lo valenciano» sea un adjetivo y no sólo un decorado de fondo. Impulsadas por un renovado sistema de financiación pública, últimamente han aparecido películas que presumen de las peculiaridades locales de la Comunidad, usando incluso la incentivada lengua local (ahí están La banda, La inocencia o la pendiente de estreno La boda de Rosa). Ahora llega, en clave urbana y difuminada en su valencianidad, Amor en polvo, que salva los muebles pero que no coge vuelo para destacar como variación libidinosa de una comedia romántica.
Amor en polvo plantea una situación a cuatro en la que una pareja le propone hacer un intercambio a dos amigos que no se conocen entre ellos. Pero la noche de sexo no acaba saliendo como ellos esperan. La película se presenta como provocación modesta y accesible, en la que se exploran las relaciones de pareja a través de tensiones sexuales, equívocos y giros inesperados. Con pocas localizaciones, la apuesta busca hacerse fuerte a través de sus diálogos y la interpretación de sus cuatro actores. Una operación complicada, que tiene que estar muy bien planteada y rozar la perfección, y que aquí no termina de desarrollarse.
Hay que reconocerle a la película un empaque digno en la construcción de los diálogos, donde se percibe la agilidad al escribir del director y guionista Juanjo Moscardó Rius -que ya exploró las relaciones en su guion para Juegos de familia (Belén Macías, 2016)-, al que se suma el acierto de incorporar la mirada de dos buenas guionistas como María Mínguez (Vivir dos veces) y María Laura Gargarella (No tengas miedo). Pese a que se coquetea con la artificialidad de las situaciones, Amor en polvo mantiene casi siempre un equilibrio en las conversaciones para que el interés se mantenga vivo y no demasiado artificial dentro de un planteamiento con las patas cortas.
El segundo acto es el tramo en el que mejor funcionan los omnipresentes diálogos. Les favorece seguramente el montaje alterno que usan Suso Imbernón y Moscardó en esta parte: vamos saltando por las dinámicas que surgen entre estas dos parejas, que están en escalones de su relación muy distintos. Pese a que el humor no arranca, el toma y daca a dos se atreve a crear tensiones de todo tipo y que luzcan sus interpretaciones, donde el menos inspirado sea quizás un esforzado Luis Miguel Seguí, que claramente no es la mejor elección de casting para el personaje que interpreta.
Pero los principales gags y giros de la historia se reservan, como es lógico, para el último tercio de la película, donde todo termina por desatarse con el sexo como principal fuente humorística. Y ahí se le terminan de ver las costuras a una historia que no es lo suficientemente provocadora e inteligente como para que sus bruscos cambios de rumbo funcionen. La simpática tensión anterior entre modelos de relación y sexo va desapareciendo, y el ritmo de la película se termina por disipar mientras se busca cerrar los conflictos.
Es una lástima que no se pueda ver Amor en polvo en valenciano fuera de su Comunidad, tal y como estaba previsto en un principio. La película habría introducido un estímulo diferente que en parte supliría al de una trama con un enredo entre cuatro personajes que no es lo agitador que pretende ser. Nada molesta en su construcción, interpretaciones o diálogos, pero el humor se queda a medias en sus pretensiones, lo que termina por desactivarla.
Aunque el túnel de los cines es aún incierto, se vislumbran algunas luces. Superagente Makey era la primera prueba de fuego para las salas, que estaban viendo que la reapertura no estaba dando, ni de lejos, los números de venta de entradas de antes de la pandemia. Aunque aún a niveles muy bajos, la película de Atresmedia ha devuelto algo de optimismo: la taquilla de Superagente Makey ha impulsado que la taquilla general pase de 81.000 espectadores a 140.000 el fin de semana pasado.
La comedia dirigida por Alfonso Sánchez y protagonizada por Leo Harlem ha sido nº1 en cines durante su fin de semana de estreno, con 264.562€ de recaudación y44. 909 espectadores, según datos de Comscore. La revisión de las comedias policíales norteamericanas de los 80 se aúpa con 939€ de recaudación media por copia, un dato que en condiciones normales sería malo para una película de Antena 3. El duro golpe de la pandemia convierte a estos datos en algo que celebrar, dadas las circunstancias.
Por su parte, la primera película española con potencial para abrir la lata, La lista de los deseos, ha caído en su tercer fin de semana en salas. Tuvo un pobre inicio (59.000€ en su estreno) pero entre las tres películas más vistas, el filme de Álvaro Díaz Lorenzo cayó un 73% en su tercer fin de semana y acumula 199.014€ de recaudación, con una durísima media de 74 espectadores por copia. Un balance triste para la comedia con María León, Victoria Abril y Silvia Alonso, que apuntaba a mucho más antes de todo esto y que ha tenido que pagar el precio de haber llegado quizá demasiado pronto.
Fotograma de ‘La lista de los deseos’, de Álvaro Díaz Lorenzo
Superagente Makey, el primer paso para que el cine español tire de la taquilla
Los nuevos brotes que están surgiendo en toda España y el nuevo cierre de salas en municipios de Cataluña afectados han vuelto a encender las alarmas en un sector que aún está en proceso de reconstrucción, que, a tenor de los datos, será lenta. Por lo pronto, ya ha provocado dos movimientos: por un lado, el adelanto al 29 de julio del estreno de Padre no hay más que uno 2, sobre la que están puestas muchas esperanzas comerciales, y el aplazamiento sin fecha de Uno para todos, que debía llegar el día 31.
En Francia, el cine nacional está ofreciendo el primer gran empuje para la recuperación. En los primeros diez días, las taquillas francesas reciieron a un millón de espectadores. Unos grandes números que se sustentaron en la confianza en sus películas francesas a falta de los grandes estrenos de Hollywood, que se siguen retrasando. El cine español, superagentes y Santiago Segura mediante, espera poder dar también con la tecla para que la gente vuelva al cine.
Acababa de empezar el año 1921 cuando un gran buque de vapor, el Santa Isabel, se hundió en las costas de la isla de Sálvora (Galicia). Murieron más de 200 personas en el naufragio de aquella noche de enero. Casi 50 pudieron salvarse gracias a la intervención de cuatro habitantes insulares, especialmente de tres mujeres que se lanzaron al mar arriesgando su vida. Casi 100 años después se estrena en Filmin La isla de las mentiras, un thriller que se inspira libremente en en este «Titanic gallego» y que reivindica un lugar para las mujeres olvidadas por la historia.
La historia de lo que ocurrió con el Santa Isabel es semidesconocida en España, Galicia incluida. «Yo pensé que no era verdad, no había escuchado nunca hablar de ello», comenta a Cine con Ñ la directora de La isla de las mentiras, Paula Cons, que asegura que llevaba ya tiempo estudiando la historia de Galicia, pero no fue hasta que visitó una exposición reciente cuando la descubrió. «Me quedé totalmente alucinada al saber que semejante tragedia era cierta. La gente en Galicia no es consciente; imagínate en el resto de España».
Exposición dedicada al naufragio del Santa Isabel. Fuente: Filmax
¿Por qué se quedó en el olvido este trágico naufragio que sí ocupó portadas en la época? Cons asegura que hubo una mezcla de dos factores: la voluntad de tapar el asunto por parte de las autoridades, que tuvieron su cuota de responsabilidad en lo ocurrido, y por el hecho de que las heroínas de esta historia fueran mujeres y no hombres: «Es más fácil manchar el nombre de una mujer. Dijeron que ellas se habían aprovechado de los muertos, que habían sido las que les habían cortado los dedos para quedarse con los anillos y los dientes para quedarse con el oro. El heroísmo puede pervivir si no se le echa paladas de tierra encima», dice la directora.
La directora, periodista de formación y oficio, reflexiona también sobre otras razones para que el nombre de muchas mujeres que hicieron cosas extraordinarias se haya quedado fuera de los libros de historia: «Tiene que ver también con cómo se nos hacía sentir a las mujeres. Las de la película, y otras muchas, no sentían que tenían que ser reivindicadas o que estaban haciendo algo importante. Simplemente actuaban según su escala de valores y lo que pensaban que tenían que hacer. Si tú misma no te revindicas en una sociedad que te ha hecho creer que no tienes por qué ser reivindicada es todo mucho más complicado».
Paula Cons en el rodaje de ‘La isla de las mentiras’. Fuente: Filmax
La isla de las mentiras se coloca por tanto en una pequeña tendencia del cine español reciente por recuperar a mujeres para la historia. Elisa y Marcela, la reciente María Solinha -las dos también gallegas- o la pendiente de estreno La vampira de Barcelona coinciden en rescatar del olvido o rehabilitar la memoria de sus protagonistas femeninas. «No es casualidad que hayan surgido este tipo de películas», dice Cons, «la sociedad se está moviendo en este sentido, el público empieza a aceptar este tipo de historias y entonces se acepta que se las financie y se ponga ahí el foco».
Cons crea una ficción cercana al thriller de misterio alrededor de estas tres heroínas: María (Nerea Barros), Josefa (Victoria Teijeiro) y Cipriana (Ana Oca). Ellas y sus actos se van convirtiendo en el centro de las sospechas, que se desatan a partir de la investigación de un periodista argentino (Darío Grandinetti) que acude a la zona para contar los hechos. Cons: «Me enamoré de la figura de ellas tres, y vi que el hueco que quedaba por rellenar eran las emociones y los sentimientos de los personajes; ese hueco estaba alrededor de ellas». El 24 de julio llega a la plataforma Filmin, que vuelve a acoger un nuevo estreno español pensado para las salas.
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