Películas españolas 2026
‘Moscas’ y las ventajas de culpar al constructor

Moscas cuenta la vida de Luis Machi, un empresario argentino de la construcción (Ernesto Alterio) corrupto y corruptor. Arrogante y egocéntrico, hace y deshace a su antojo entre políticos y poderosos de la Argentina, siempre pensando en su propio beneficio. Un día, en la carretera, Machi pincha la rueda de su coche y descubre que hay un cádaver en su maletero. ¿Quién es esta persona? Y, sobre todo, ¿quién le está intentando tender una trampa colgándole, literalmente, el muerto?
El equipo (Aritz Moreno a la dirección, Javier Gullón al guión) de la endiablada Ventajas de viajar en tren (2019) repite jugada en una nueva comedia trepidante y muy negra. La película es también un original de Vix, la plataforma de streaming latina que sigue apostando por hacer coproducciones entre España y distintos países en Latinoamérica como vía de entrada al mercado hispanohablante. En este caso, con el clásico socio a.N, (antes de Netflix): Argentina.
Presentada en la Sección Oficial del Festival de Sitges, en Moscas los españoles están sobre todo «detrás» (dirección, guión, fotografía, etc….) mientras que los argentinos «ponen la cara» (actores y actrices, ambientación, carácter, comentarios sobre la situación del país…) en esta ágil y explícita adaptación de Que de lejos parecen moscas, una novela argentinísima, escrita en presente, que retrata con aún más mala baba las corruptelas, vicios y decadencias de la clase dirigente del país.
El mal patrón argentino

La estrategia de Gullón en Moscas es mantener una línea en presente (lo que hace Machi tras descubrir el cádaver durante 24 horas) mientras vamos descubriendo qué es lo que sucedió en el pasado que le podría haber llevado a esta situación, todo seccionado a través del protagonismo de distintos personajes secundarios en sus recuerdos. Finalmente, lo que se traza no es un ‘whodunit’, sino el retrato moral y psicológico de un ser mezquino que prefiere encontrar un culpable al que castigar antes que solucionar un problema.
La película se centra así en el arquetipo del turboempresario despreciable y sin escrúpulos y le va dando un aspecto más universal que el de la novela, donde se daban detalles más concretos y malévolos de la sociedad y la historia argentina, añadiendo un contexto clave del neoliberalismo local que en la película, como mucho, está sugerido en algunas pinceladas. Al éxito de la operación contribuye el rey absoluto de la función, un Ernesto Alterio que mantiene la repulsión siempre en alto, haciendo equilibrismo con la caricatura y no resultar una especie de versión argentina de su personaje en El cuarto pasajero (Álex de la Iglesia, 2022).
Es verdad también que Moscas cae en el esquema cómodo de dibujar su particular y maléfico El buen patrón (Fernando León de Aranoa, 2021) o El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) sin apuntar al sistema de forma directa, regodeándose en la posible satisfacción morbosa del espectador, que se puede quedar contento viendo caer a un rico impresentable. Es una suerte que Moreno parezca ser consciente de esta dinámica facilona para su protagonista, y por eso, junto a Alterio, intenta darle un poco más de espesor a través de distintos detalles que lo salvan de ser un punching ball cómico para la superioridad ética.
Moscas y miserables

El director español al final consigue que todo más o menos case a través de la indecencia de su protagonista: tanto la road-movie paranoide y cloaquera en los límites de Buenos Aires como el retrato sardónico de la vida empresarial desde lo alto del distrito financiero de la capital. Aunque la película no presenta la planificación estética y de movimientos de cámara de su ópera prima (incluso hay perezosos planos de recurso), Moscas sigue dando muestras de que Moreno es un director habilidoso, incluso cuando las dinámicas y las estructuras rápidas del thriller comercial corten un poco las alas.
Porque sí, Moscas es una película algo más comodona en el fondo que la novela, que señalaba más las estructuras de poder en Argentina y era más inmisericorde con el lector, y que Ventajas de viajar en tren, que se atrevía a ir un poco más allá en determinadas decisiones formales, apoyada en un libro ya de por sí extrañísimo. Pero es igualmente una película más que disfrutable si se lee como afilada comedia de la miseria moral y como thriller cada vez más estrambótico y violento.

Arturo Tena