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Análisis

El mediometraje reclama su sitio en el cine español

La ampliación de minutos en las categorías de cortometrajes en los Goya y la apuesta por películas como 'Sóc vertical pero m'agradaria ser horitzontal' invitan a desdibujar los límites de los formatos cinematográficos
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El cine español quiere ensancharse. Por lo menos, en las categorías, etiquetas y circuitos que establecemos desde la industria y los medios. Un cambio en las bases de los Goya 2024 abrió la puerta: las películas que pueden optar a las categorías dedicadas a los cortometrajes (ficción, documental y animación) se amplían a 40 minutos, añadiendo 10 más a lo que venía siendo la norma y entendimiento común para definir un corto hasta ahora (30 minutos).

Es la llamada a la puerta y la reivindicación de lo que se entiende como ‘mediometraje’, ese temido formato entre los 30 y los 60 minutos del largo, condenado habitualmente al purgatorio y que ahora puede encontrar nueva y más vida. Como abanderada del cambio aparece la que ya puede ser nominable este año: la película Sóc vertical pero m’agradaria ser horitzontal (Soy vertical pero me gustaría ser horizontal), una película dirigida por María Antón Cabot (disponible en Filmin), que ha venido con una gran trayectoria por festivales y que dura exactamente 39 minutos.

Esta comedia feminista con toques de ciencia ficción, que imagina un encuentro entre Sylvia Plath y Belén Esteban en Benidorm, ha conseguido romper ciertas ideas preconcebidas. No solo por mezclar dos figuras más cercanas de lo que pudiera parecer, sino también porque ha logrado ser relevante más allá de las cajas prefabricadas del minutaje, encandilando por allí donde ha pasado desde 2022.

Lo que plantea el buen camino de la película de Cabot es un cambio que saca de cierto limbo de visibilidad y reconocimiento a determinadas películas que, muchas veces, ni la prensa ni el sector saben cómo ubicar. Por aquí lideran el cambio los festivales de cine, la avanzadilla de nuestro audiovisual. Proliferan las bases y programaciones cada vez más abiertas a admitir a los mediometrajes entre los cortometrajes seleccionables o directamente intentar llevar a cabo la verdadera misión de fondo para muchos: desdibujar las divisiones artificiales entre cine de primera o segunda división según su duración.

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‘Sóc vertical pero m’agradaria ser horitzontal’

Más allá de consideraciones, para otro análisis, de si es bueno o no que se meta en el mismo saco a películas de 10 minutos con películas de 40 en un sector que cada segundo puede costar miles de euros, certámenes como Márgenes (donde Sóc vertical pero m’agradaria ser horitzontal ganó el Premio del Público), el D’A Film Festival (Premio Un Impulso Colectivo 2023 para La mecánica de los fluidos, de Gala Hernández) o incluso la sección Zabaltegi-Tabakalera (aquí ha competido este año otro mediometraje ilustre de este año como Mamántula, de Ion de Sosa) del Festival de San Sebastián, invitan a borrar ciertas limitaciones autoimpuestas a la hora de hacer y catalogar las películas. Algo, por otra parte, inevitable en el mar de imágenes en el que vivimos.

Es un movimiento casi natural en festivales de cine documental, donde vemos habitualmente mediometrajes en sus programaciones. Sin ir más lejos, en uno de los festivales de no ficción más importantes del país, como el navarro Punto de Vista, se alzó con el Gran Premio Punto de Vista a la Mejor Película de 2022 el mediometraje francés Baleh-baleh, de Pascale Bodet.

Otro de los casos que ha puesto sobre la mesa qué pasa con el incómodo formato del mediometraje es el reciente de Pedro Almodóvar. En los últimos años, el director de Dolor y gloria o Madres paralelas ha estrenado también dos películas que no son largometrajes: La voz humana (2021) y la reciente Extraña forma de vida (2023), ambas con una duración exacta de 30 minutos.

Cuando se anunció el proyecto del wéstern queer de Almodóvar, varios medios, como este que leen, describieron la película como un mediometraje. Lo hicimos porque así hablaban de ello desde El Deseo cuando presentaron la idea en el Festival de Venecia: Almodóvar aseguraba que lo que ha terminado siendo Extraña forma de vida iba a durar, y fue muy concreto, 45 minutos. Finalmente, el montaje final del filme fue de 15 minutos, como decimos.

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Jason Fernández, Ethan Hawke, Pedro Almodóvar, Pedro Pascal y José Condessa en el rodaje de ‘Extraña forma de vida’. Foto: Nico Bustos/El Deseo

Aunque no tiene mucho sentido especular cuáles eran las intenciones reales de Almodóvar o de cómo cambiaron por el camino hasta el montaje final, la realidad es que el manchego planteaba con naturalidad una película fuera del canon. Es cierto que todo lo que rodea a Almodóvar hay que meterlo en un saco diferente al resto de los «mortales», pero no lo es menos que nadie levantó una ceja ante la posibilidad de que un importante presupuesto como el de este proyecto pudiera durar lo mismo que un capítulo estándar de una serie (otra de las posibles claves para la normalización del formato).

En un momento en el que se debate, precisamente a partir del impulso de Almodóvar, si los cortometrajes españoles deberían volver a las salas de cine comerciales (próximamente, en el foro Emergente!), los mediometrajes reclaman salir definitivamente del ostracismo y los marcos preexistentes. Si la parada final de Sóc vertical pero m’agradaria ser horitzontal está en Valladolid el 12 de febrero puede ser un nuevo punto de partida.

Portada: Sóc vertical pero m’agradaria ser horitzontal (Soy vertical pero me gustaría ser horizontal).

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_