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Más española que la tortilla de patata: Lina Morgan explicada a nativos del siglo XXI en 4 películas y una serie

La gran actriz y empresaria teatral madrileña fue un icono del cine y la televisión durante casi cuatro décadas que dejó su sello en una forma de entender la comedia familiar

Lina Morgan

Seguramente habrán visto el vídeo viral (uno de esos que en realidad es viral de nicho): un joven en un concurso televisivo descartando a Lina Morgan como propietaria del Teatro de la Latina en Madrid porque “es estadounidense” y el presentador incluso bromea pronunciando el nombre de la artista con acento inglés. Luego, tras el fallo garrafal, se justifica: el chico apenas tiene 23 años y no conoció a la actriz, una tonta del bote que de tonta no tenía un pelo, como se llega a decir en el mismo corte.

Aprovechando el aniversario del fallecimiento y en la sempiterna labor de servicio público que nos caracteriza, recomendamos cuatro películas y una serie de televisión para que la Generación Z —o la que sea por la que vayamos ahora— descubra a una cómica todoterreno que triunfó en cine, teatro y televisión:

LA TONTA DEL BOTE (1970)

María de los Ángeles López trabajaba ya con 11 años, en plena posguerra, ayudando a su padre sastre a coser uniformes militares, la misma edad con la que empezó a estudiar danza con el sueño de convertirse en vedette de revista, admirada por los espectáculos del Teatro de La Latina, cerca del que vivía su familia (así lo recuerda una placa en la parada del Metro la Latina de Madrid). Su carrera como actriz empezó en los escenarios, sobre los cuales, influenciada por la argentina Niní Marshall, empezó a interpretar a personajes ingenuos pero también ingeniosos, acrobáticamente patosos y cuyos gestos hacían llorar de risa al público. Por aquella época elige su nombre artístico: Lina Morgan. Lina como diminutivo de Angelines y Morgan por el pirata Morgan de los tebeos de El cachorro que leía junto a su hermano José Luis.

Su primer papel en cine lo tendría en 1961, como secundaria en El pobre García (1961), una de las pocos títulos como director de Tony Leblanc. El primer protagonista le llegaría en 1969, con Soltera y madre en la vida, y el éxito un año después con esta Cenicienta castiza basada en una obra de teatro musical de Pilar Millán Astray (y que ya había sido adaptada al cine dos veces antes). Un personaje y un guión a su medida fueron responsables: la huérfana Susana, a la que todos consideran tonta pero de buen corazón, se ve obligada a servir en la casa de huéspedes de la señora Engracia, atendiendo los caprichos de sus sobrinos malcriados. Hasta que llega como residente el apuesto Felipe, nada menos que Arturo Fernández, un galán teatral con mala fama pero que verá en ella a una bailarina y cantante natural nacida para el estrellato.

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LA DESCARRIADA (1973)

Ni una lista de cine de los 60 y 70 sin una comedia de Mariano Ozores ni la presencia de José Luis López Vázquez. Con el cineasta rijoso por antonomasia Lina Morgan ya había rodado La graduada (1971), parodia cañí rodada a rebufo del éxito de la película que todos ustedes están pensando. Pero esto va más allá: Nati es una prostituta… virgen, ya que solo charla con sus clientes, que se dedica a ello para sacar adelante a sus tres hermanitos pequeños. López Vázquez interpreta a Florencio, el surrealista proxeneta al que se puede ver en toda su gloria en el vídeo, y con el que la protagonista acaba desarrollando una relación amorosa igual de sui generis.

Un papel y una comedia muy representativos del tipo de humor de la comedia popular de la época, casi siempre provocativo pero poco, y más bien paródico para quitar hierro a determinados temas y proponer moralejas bienpensantes y familiares. La Nati de Lina Morgan no está lejos de su tonta del bote ni otros personajes en general: ingenua pero no estúpida, comprende perfectamente las situaciones en las que se mete pero sale de ellas con desparpajo y algo de bondad. Una versión aún más edulcorada del personaje clásico de Alfredo Landa y que recoge una tradición de la picaresca española que pasa por el astracán o el teatro cómico del XIX, con protagonistas humildes pero con una gran capacidad de improvisación y cuyos buenos sentimientos los redimen de todo.

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IMPOSIBLE PARA UNA SOLTERONA (1976)

Casi todos los grandes éxitos de Lina Morgan tenían un componente de tragedia, pero su tono general solía ser ligero y desenfadado. Comedias de evasión que metían el punto justo de drama para emocionar al público pero cuyo objetivo era la carcajada sobre todas las cosas. Y aunque el argumento de Imposible para una solterona, dirigida por Rafael Romero Marchent, no parezca distar tanto del de muchas de esas grandes comedia, su estilo no puede estar más alejado, con una protagonista que sufre la soltería en la mediana edad como un castigo social debido a su (presunto) sobrepeso y en la que los personajes, pese al final más o menos “feliz”, no tiene la redención bondadosa de otras historias.

Fue uno de sus pocos intentos de explorar el melodrama, que le funcionó algo mejor sobre las tablas pero con el que fracasó en pantalla. Quizás porque el público la tenía asociada a papeles más paródicos, quizás porque no encontró el director que decidiese convertirla en su protagonista dramática, Lina Morgan acabó ejemplificando mejor que nadie como, entre las grandes estrellas de la comedia de la Transición, ellos —Landa, López Vázquez o José Sacristán— tuvieron la oportunidad de reconvertirse en actores “serios” y ellas, no. Aunque su popularidad era tan grande y su asociación a la comedia familiar tan estrecha que se libró de caer en el olvido, como si ocurriría con las divas del Destape, en el que nunca participó.

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VAYA PAR DE GEMELAS (1983)

De hecho en aquellos años Lina Morgan había decidido retirarse del cine, cuyos cambios no acababan de encajar con su estilo de personaje e historia, y dedicarse por entero a la revista. En 1975 se convirtió en empresaria al fundar una compañía asociada al Cine Barceló, y en 1978 cumplió su viejo sueño de adquirir el Teatro de La Latina. Allí representó durante tres años con gran éxito esta obra de teatro con la que giró reventando aforos por toda España. RTVE la convirtió en telefilm rodando una representación completa y con público, en lo que permitió a la vedette torear al cine de la época y recuperar su conexión con el gran público.

El argumento es la clásica historia de gemelas separadas al nacer y de personalidades muy diferentes, ambas por supuesto interpretadas por la vedette, una premisa que repetiría en 1995 con Hermana, ¿pero qué has hecho?, última película de la carrera de Pedro Masó, con la que Morgan regresaba al cine tras casi 20 años ausente, y en la que directamente se escalan las personalidades de los personajes principales hasta tener a una de las hermanas monja y la otra cabaretera. Su renacimiento como icono popular en esa década llegaría ya vía televisión, pero sin abandonar el formato de la revista, lo cuál nos lleva a su éxito en la época de las series familiares.

HOSTAL ROYAL MANZANARES (1996-1998)

Para la privada Lina Morgan había protagonizado Compuesta y sin novio (1994), una comedia de 13 episodios con argumento y protagonista muy similar a los de sus comedias de solteronas de los 60. Pero Hostal Royal Manzanares, en La 1 de TVE, fue más allá. En la época del prime time interminable y las comedias familiares de repartos multitudinarios, esta revista grabada —aunque sin canciones— unía el vodevil, a sus personajes de modositas listas que se despendolan un poco cuando llega el guaperas adecuado y la pesca de arrastre en el target televisivo propia del momento.

Hostal Royal Manzanares duró 60 episodios divididos en cuatro temporadas emitidas en apenas dos años y medio y con cifras de audiencia de 7 millones de espectadores que ahora serían imposibles. Fue su último gran triunfo y el que la dejó como cómica icónica para una generación más de españoles, hija y nieta de la que había ido a verla al cine 30 años antes. A partir de ahí volvería a su faceta empresarial y teatral y al semiretiro, de manera que sus últimas apariciones televisivas se limitarían a cameos estelares, como su recordada Menchu de Aquí no hay quien viva allá por 2005.

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Por supuesto, acabo de la única forma posible. Agradecida y emocionada, les doy las gracias por venir.

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