Clásicos de nuestro cine
De Pilar Miró a Hollywood parando en ‘Obaba’: el viaje de Javier Aguirresarobe, el artesano invisible de la fotografía

Javier Aguirresarobe, en una entrevista. ©Canal Europa. Montaje: ©Cine con Ñ
Javier Aguirresarobe (Eibar, 1948) es uno de los dos directores de fotografía que ha recibido el Premio Nacional de Cinematografía, junto a José Luis Alcaine, y el último hasta ahora en lograrlo, en 2004. Cuenta con seis Premios Goya, un Oso de Plata y un Premio Especial del Jurado en Sebastián. Ha rodado con Pilar Miró, Alejandro Amenábar, Montxo Armendáriz, Imanol Uribe… y con Woody Allen o la mismísima Marvel —repasa los créditos de Thor: Ragnarock (2017) si no nos crees—. Pero seguramente él preferiría que no estuviésemos hablando de todo esto.
El vasco es uno de esos artesanos y concienzudos especialistas que están casi obsesionados con desaparecer en la propuesta del director. Entre sus consejos para principiantes más repetidos destaca una frase literal: «Nosotros somos un instrumento. No tenemos que ser protagonistas». En su opinión de veterano, si alguien sale de una película más impresionado por la imagen o la composición que por la narración en sí misma, el director de fotografía ha fallado en su trabajo. Que es ser una pieza más de un equipo, al servicio de una idea.
Quizás esa conciencia de ser parte de un todo que debe trabajar armónicamente, como una orquesta o un equipo de fútbol, es la que le ha permitido trabajar con tantos y tan diferentes directores a lo largo de su carrera y dar lo mejor de sí para cada uno de ellos, recogiendo premios por películas que no se parecen en nada. La lucha de Javier Aguirresarobe es contra la uniformización. Admirador de las posibilidades de la tecnología digital, él, que empezó en el celuloide, lamenta que haya servido para que todas las imágenes parezcan iguales.
Javier Aguirresarobe: noir, barroco y natural
Javier Aguirresarobe trabaja detrás de una cámara desde los años 70, colaborando en los primeros largometrajes de Imanol Uribe ya en la Transición (El proceso de Burgos, La fuga de Segovia), pero el reconocimiento empezó a llegarle en los 90 a raíz de su trabajo junto a Pilar Miró. Por Beltenebros, estrenada en 1991, gana su primer Goya a Mejor Fotografía, su primera Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos y el Oso de Plata en Berlín. Una historia negra en plena posguerra, adaptación de la novela de Muñoz Molina, que el eibarrés retrata con luces de cine noir clásico.
A partir de ahí vendrían una serie de títulos con un pie en lo más artístico y experimental y otro en un cine comercial del que nunca ha renegado. Justo después del Goya trabajaría en los interiores y exteriores de El sol del membrillo (1992), el aclamado documental de Víctor Erice antes de la larga pausa de este en su carrera en el largo hasta Cerrar los ojos (2023). En esa misma década continuaría trabajando con Uribe —Días contados (1994) y Bwana (1996)—, Miró —El perro del hortelano (1996)— o Armendáriz —Secretos del corazón (1997)—, pero también con talentos emergentes como Manuel Huerga —Antártida (1995)—-, Juanma Bajo Ulloa —La madre muerta (1993)— y Javier Fesser —El milagro de P. Tinto (1998)—. Lo mismo aportando luz y colores vivos a un barroco español idealizado que mimetizando las texturas del indie americano de la época.

Hay que recordar que Aguirresarobe se mudó a Madrid originalmente para estudiar óptica y ayudar a su hermano a poner una tienda de gafas. Solo que, ya convertido en óptico, empezó a trabajar en periódicos y, de ahí, a estudiar cine. Su manejo de las lentes y la luz ha estado siempre con un pie en la fotografía clásica y ha tenido algo, por confesión propia, de intuitivo, nacido del amor al cine de las viejas salas de celuloide. Entre luces muy artificiales y las naturales que haya más a mano, elige siempre las segundas, y algunas de las películas citadas antes, como Bwana o El perro del hortelano, lo demuestran.
Un director de fotografía hace las Américas
En 1993 Javier Aguirresarobe se sienta con compañeros de especialidad como Alex Catalán, José Luis Alcaine, Kiko de la Rica y Xavi Giménez y funda la Asociación Española de Autores de Obras Fotográficas Cinematográficas (AEC), fundamental en los últimos 30 años de nuestro cine. También da el salto internacional, en este caso en compañía de Amenábar y dos de sus grandes éxitos: Los otros (2001) y Mar adentro (2004), con las que gana sendos Goya. Por entonces rueda la que es, de momento, su última nominación a los galardones de la Academia: Obaba (2004), de nuevo con Montxo Armendáriz.

A partir de ahí títulos como El puente de San Luis Rey (2004), de Mary McGuckian, o Vicky Cristina Barcelona (2008), de Woody Allen. De este último se convertirá en colaborador asiduo, además de en un nombre habitual en superproducciones de Hollywood, como la de la saga Crepúsculo. En 2009 rodará uno de sus trabajos más destacados, La carretera, la adaptación de la novela de Cormac McCarthy dirigida por John Hillcoat. Un drama postapocalíptico en el que utiliza su habilidad con la luz (en un mundo sin sol) para retratar la lucha por la supervivencia y la esperanza… además de la espectacular interpretación de Viggo Mortensen.
Con 75 años, Javier Aguirresarobe continúa trabajando y, como siempre, junto a grandes directores. Entre sus últimas películas, otra adaptación literaria, en este caso de Ernest Hemingway: Al otro lado del río y entre los árboles (2023), de Paula Ortiz, en la que explora el blanco y negro. Al mismo tiempo tiene pendiente un nuevo largometraje con el norteamericano Chris Weitz, con el que ya trabajó en Operation Finale en 2018.
Javier Aguirresarobe ha demostrado en todos estos años ser un artesano único, versátil como pocos y amante del trabajo en equipo, que sigue demostrando su capacidad de adaptación y de poner un poco de luz a las buenas historias.
Puedes ver todas las películas de Javier Aguirresarobe como director de fotografía en la colección especial de FlixOlé.


Jose A. Cano

