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El milagro de J. Fesser y la ópera prima que nos voló la cabeza en 1998

En la colección de óperas primas de FlixOlé, ‘El milagro de P. Tinto’ bebió sin disimulo lo mismo de la animación clásica norteamericana que de los tebeos españoles de los 50

El milagro de J. Fesser y la ópera prima que nos voló la cabeza en 1998 1

La animación y el uso de las entonces nuevas tecnologías se abrían paso a trompicones en el cine español de los 90. La comedia, más allá de Almodóvar, se constreñía a las claves de lo que triunfaba en las series de enredo y ligoteos de televisión. La cultura oficial renegaba del viejo humor de Bruguera, de la mezcla de géneros o del absurdo, y referenciar a la cultura popular anglosajona en la que se estaban criando dos generaciones de españoles parecía aún un pecado. Y entonces, un milagro.

Javier Fesser era un respetado cortometrajista con un mundo propio bastante original, pero se lo conocía más como el hermano menor de Guillermo, entonces ya famoso como parte del dúo Gomaespuma. Ya tenía un Goya por Aquel ritmillo (1995) y en 1992 había fundado Películas Pendelton, pero resultaba difícil que un corto trascendiese más allá de ciertos círculos. Por eso en 1998 se destapó con un primer largo, incluido ahora en la colección de 80 óperas primas de FlixOlé

Ahora online, El milagro de P. Tinto sentó en la sala a 1,1 millones de espectadores y recaudó el equivalente en pesetas a unos actuales 4,1 millones de euros. Ese año competía en la taquilla con pelotazos como Torrente, el brazo tonto de la ley, La niña de tus ojos o Abre los ojos, así que sólo se hizo con el Goya a Mejores Efectos Especiales. Pero había demostrado algo: que se podía hacer una película así, tanto a nivel tecnológico como temático, y que el público respondía.

P. Tinto volador no identificado

El humor absurdo, cafre en el fondo pero blanco en la forma, las referencias a la cultura popular o la parodia gamberra del franquismo se unieron con una estética entonces única que bebía sin disimulo lo mismo de la animación clásica norteamericana que de los tebeos españoles de los 50. Luis Ciges, en uno de los mejores papeles de su carrera, logra aunar la inocencia torpona del catetillo español con la del héroe involuntario de este tipo de historias. Y la banda sonora, simplemente, lo clava.

El milagro de P. Tinto se convirtió rápidamente en una de esas películas que crean chascarrillos populares. “Po que po que” o “Papa papito”, las tontorronas y al mismo tiempo faltosísimas bromas a base de confusiones idiomáticas que abrían y cerraban el filme, se convirtieron en meme antes de que supiésemos que existía la palabra. Y, lejos de la corrección política de otros tiempos, algún adolescente de la época sigue jugando a las cartas y anunciando un “ful de negros chinos”.

Al mismo tiempo, contribuyó a revivir el género, a demostrar que el público español podía aceptar otras voces propias alejadas de un tipo de drama y comedia más institucionalizado. Si unos años antes, con Acción Mutante (1992) y El día de la bestia (1995) había abierto camino Álex de la Iglesia, de alguna manera Fesser demostró que ese nicho no era tal, que se podía trascender lo que falsamente se etiquetaba de “fantástico” o “terror”. 

J. Fesser, una voz única 

No es de extrañar que cinco años después Javier Fesser firmase La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003). En primer lugar, porque la esmerada producción de El milagro de P. Tinto demostraba que se podía llevar las historias de Ibáñez al cine con actores de carne y hueso sin que quedase ridículo -o solo ridículo por exigencias del guión-. En segundo, porque el humor del madrileño ya era el de Bruguera, con mamporros, equívocos, chistes incorrectos… pero fondo tierno.

Este estilo se mantendrá con matices a lo largo de toda la carrera de Fesser, permitiéndole rodar una película tan complicada como Campeones (2018) sin ser ni ñoño ni faltón. También llevar a buen puerto su Historias lamentables (2020), una descendiente directa de El milagro P. Tinto en todos los aspectos, pero pasada por el filtro de la mayor edad y oficio de su autor.

El milagro de P. Tinto es ya un clásico del cine español por mérito propio, cuyo humor ha envejecido igual de bien o mejor que sus efectos especiales y su estética, cosa que todos los títulos de su estilo en la época no pueden decir. Una ópera prima con todo lo que se le puede pedir: descaro, disfrute, soluciones que nadie había probado antes, calidad cinematográfica… y un cambio definitivo en las reglas, para siempre. 

Puedes ver El milagro de P. Tinto en la colección de óperas primas disponible en FlixOlé.

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