Reportajes | D'A Film Festival 2025
Invasión pequeña’: la normalidad es un cuento (de ciencia ficción)

Frame de 'Invasión pequeña'.
Cantante que ha ido transicionando a cineasta, el realizador Miguel Ángel Blanca (Magaluf Ghost Town, Autodefensa) lanza al espectador al vacío en su nueva y estimulante película: Invasión pequeña. No proporciona un contexto mediante rótulos introductorios ni voces en off explicativas. Nos sumergimos, sin ayudas ni indicaciones, en los videos que ha grabado Jesús, una persona probablemente desconocida para el espectador.
Vemos a este hombre joven preparando una reparación de su bicicleta, jugando con sus perros o paseando por una aparente tierra de nadie en la costa alicantina. Le vemos, también, escrutando esa invasión pequeña que da título al filme: la aparición de presuntos turistas y expats en los lugares solitarios por los que transita. Estas imágenes cotidianísimas están enrarecidas por un sutil velo posapocalíptico, como si el fin de la burbuja inmobiliaria española hubiese sido el fin de todas las cosas humanas.
Puede intuirse que el protagonista tiene algún tipo de condición que influye en sus maneras de comunicarse, en su relación con la emotividad, pero no menciona ninguna etiqueta que clasifique a la persona. El cine que trata de personas o personajes de ficción con neurodivergencias a menudo intentan limar esas divergencias para estimular que la audiencia sienta proximidad. Invasión pequeña no busca forzar las semejanzas, sino que lanza señales diversas, especialmente en un duro momento en que aparece la muerte y una gestión de esta que puede perturbar o distanciar a la audiencia. Implícitamente, cuestiona la idea de una normalidad única.
Elaborar una ficción con metraje encontrado real
Blanca descubrió a través de un amigo común los vídeos que Jesús Manresa Puche subía a su perfil de Instagram. Eran centenares y centenares de vídeos de cotidianidad organizadísima, paseos, música, perros y cruising en la costa alicantina. Cuando le cerraron el perfil a Manresa, el realizador realizó sus pesquisas para localizarle a través del estudio de sus vídeos. Finalmente, llegó hasta él con una propuesta de documental-ficción, o de ficción construida a través de metraje encontrado real.
Blanca trabajó con una gran cantidad de metraje. No se ha filmado nada nuevo para la película, pero Invasión pequeña incluye algunos añadidos guionizados puntuales, en forma de voces en off o sonidos, a los vídeos de Manresa. El director define el resultado como «una ficción confeccionada a partir del material de Jesús, un cuento de ciencia ficción. Y Jesús ha sido generoso porque le ha parecido bien este procedimiento». Para Manresa, «se han introducido elementos pero han distorsionado poco lo original, si es que lo han hecho algo. Se han introducido pocos elementos para darle un sentido que altera poco lo grabado originalmente».
Esta estrategia no es nueva en la trayectoria del autor de Quiero lo eterno: «En Magaluf Ghost Town también introduje cierta ficción para hacer avanzar la trama, siempre de manera acordada con los protagonistas», afirma el director. Durante el proceso de confección de Invasión pequeña, surgieron y se potenciaron hilos con el filme que trataba del templo del balconing. También en este nuevo filme, los turistas y expats de lujo devienen presencias más bien inquietantes y poco deseadas: «El extranjero que se instala aquí y que monta hoteles me interesa como un villano del capitalismo», afirma Blanca.
Invasión pequeña: Chema García Ibarra en la cabaña de la bruja de Blair
El resultado artístico puede tener puntos de contacto con las obras de Chema García Ibarra (Espíritu sagrado). El filme de Blanca también está marcado por el distanciamiento emocional, también transmite una especie de estupefacción donde el humor sin comedia convive con el golpe dramático. En ambos casos, las neurodivergencias o los trastornos tienen algún tipo de presencia, como también lo hace una especie de ciencia ficción cotidianísima. Según el autor de Invasión pequeña, «Chema está en la película. ¡También es de Alicante! Y a ambos nos gustan los personajes que parecen extraños a priori, pero que quieres conocer».
La mencionada Magaluf ghost town incluía en su título un guiño al mundo de los fantasmas. Algunos momentos de Invasión pequeña podrían formar parte de una película de terror de estilo found footage, con una cabaña que podría pertenecer a El proyecto de la bruja de Blair (1999) en versión cruising. Blanca explica que «montando las imágenes de esa forma, con ese tempo, se lee como terror. Vemos a alguien con una linterna en un bosque por la noche e imaginas que sentirías miedo, pero si estás haciendo cruising vas superliviano».
«Donde termina la comodidad, empieza lo desconocido»
Manresa matiza que este tipo de encuentros en el bosque realmente pueden generar inquietud en la vida real porque «puede haber ruidos, hay oscuridad…». «Las primeras veces hay miedos», explica, «pero, al repetir, el miedo se pierde y queda lo que aporta en positivo. Como he he ido muchas veces, estoy familiarizado, pero la persona que lo ve en la pantalla no sabe cómo reaccionaría ni lo que puede encontrar».
Blanca apunta que uno de los temas de la película es ese: Invasión pequeña va de otras formas de vivir y de relacionarse, de gestionar las necesidades. «Desde el punto de vista de un heterosexual cobardica como yo, la puesta en escena de estos encuentros, con oscuridad y anonimato, es como de película de terror, pero me parece una forma de relacionarse interesante para salir de nuestro patio de confort». «Donde termina la comodidad, empieza lo desconocido. Pero si algo no afecta negativamente a nadie, está bien hecho», afirma Manresa.
En una escenas del tramo final del filme, que incluye sexo real y explícito, se ven dos gestos que se suceden con mucha rapidez. Mientras Jesús está practicando sexo con otro hombre, un tercero lo observa, se masturba y se va sin decir nada. En paralelo, aparece un gesto de ternura: «Hay contraste entre este hombre que aparece, se masturba, eyacula y se va, y otro hombre que pone la mano y yo le toco la mano. Es un gesto muy breve pero que tiene significado. Estoy aquí y te hago compañía. En el cruising hay de todo, es una representación de la relación de las personas, pero comprimida en unos instantes», considera Manresa.


Ignasi Franch
